¿Quiénes son Mecano y por qué tienen resaca de champán?

Las animadversiones al grupo no son de hoy, no vienen del reciente aluvión mecanomaníaco con el musical, la reedición de las obras completas, las versiones y los remixes. El grupo ya contaba con detractores desde el lanzamiento de su primer álbum homónimo, en 1982 ¿recelo ganado a pulso? Grace Morales en este ensayo nos habla con atino de los inicios del grupo, sus implicaciones sociopolíticas y los tejemanejes de la discográfica. Por ISABEL BELDAD


03 julio 2013

 

¿Pero quiénes son estos y por qué tienen resaca de champán? Desde los comienzos, Mecano fue tachado de grupo pijo y para pijos. Una imagen edulcorada, aniñada, nada agresiva –lo que chocaba violentamente con la actitud del resto de grupos del momento–, y un fenómeno discográfico de tres jóvenes que no pasaban de los 22 años y alcanzaban en menos de tres meses las 300 000 copias vendidas. El libro “Mecano 82: La construcción del mayor fenómeno del pop español“, escrito por Grace Morales (Mondo Brutto) y editado por Lengua de Trapo dentro de la colección Cara B, es un ensayo –ilustrado con entrevistas a músicos, periodistas y declaraciones de los propios protagonistas rescatadas de otros publicaciones– que ahonda en la dinámica, la ambición y la repercusión social del grupo en sus inicios, con un estilo crítico que se aleja de la exaltación biográfica a la que estamos acostumbrados.

 


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Mecano, el milagro pop de la democracia, fue el primer grupo español en arrasar no solo en Sudamérica, también en Europa donde alcanzaron un millón de copias de “Mujer contra mujer” en países como Holanda o Francia. No solo no dejaban de sonar en la FM, lo hacían en cualquier acontecimiento social que se preciara: bodas, verbenas, actos oficiales… Llegaban a todo tipo de público, a todo tipo de estratos sociales y edades, causaban furor tanto en la jet set y los altos cargos –pasando por el Príncipe y las Infantas– hasta el extrarradio y los pueblos pequeños. Los hermanos Cano y Ana Torroja lo tenían claro y no ocultaban su ambición por el triunfo, le pese a quien le pese, aunque sembraran críticas y les tacharan de pijos moñas o de “no ser auténticos”, el grupo no era solo un entretenimiento, nada de tocar para pasárselo bien, era una apuesta artística y empresarial, lo hacemos bien o no lo hacemos. Entendían la música de la forma más profesional posible, querían ser un grupo de éxito y para ello trabajaron duro, Ana hasta llegó a apuntarse a clases de canto y danza. Este despliegue de medios en sus discos, y sobre todo, en sus conciertos, acompañado de esa actitud aniñada y cursi con estética New Romantic de los primeros discos era lo que les alejaba del resto de grupos de La Movida. Aparte de los roces o envidias con Alaska y su troupe aparte –que también recoge el libro–, por parte del grupo también había vocación de separación de todos los grupos de la llamada Nueva Ola, cuando preguntan a Ana Torroja sobre la necesidad de una gran producción para los discos y directos de Mecano, ella contesta “Sí, nosotros es que no somos cutres…” (refiriéndose a la calidad de los grupos o “grupetes” de entonces). Con declaraciones como esta, y otras que el libro incluye, o la del vanagloriado Nacho Cano que afirmaba que la movida estaba llena de “porquería madrileña” se fueron ganando los mismos odios que pasiones despertaban.

 

El ego inmensurable de Nacho Cano, quien componía y manejaba los hilos en mayor medida, es difícil de aplacar y hasta algunos de los más fans del grupo (como es el caso de quien escribe) guardamos cierta antipatía inevitable hacia el pequeño de los Cano (ojo, en lo personal, amén de las alegrías que nos haya podido dar como músico y compositor). Un poso que no se queda en los comienzos y dura hasta hoy, no solo por la ostentación y ambición por las riquezas y el éxito, también por sus tejemanejes con la SGAE, o ese despliegue de músicos y cantantes del que hacía gala cuando presentaba sus cuatro discos “en solitario”, o su número de circo en la gala homenaje a Miguel Ángel Blanco. Más allá de todo esto, es innegable su talento como compositor, el uso magistral de los teclados y el POP con mayúsculas, pop del que perdura. En varias ocasiones se les ha comparado, con más o menos acierto, con Vainica Doble, quizás por esa sensibilidad lírica y melódica. Mecano es perfección en melodía, armonía y ritmo. Letras soñadoras, a veces surrealistas, a veces con pequeños giros de humor absurdo, historias de perros que viajan al espacio, de unos héroes de la Antártida, del Dalái Lama, ¡de Napoleón! Referencias históricas que algunos conocimos gracias al grupo (quizás debido a la edad temprana de la mayoría de nosotros cuando los conocimos, lo que hacía más fácil conectar con ese “infantilismo kitsch”).

 

En palabras de Javiera Mena, que también hace su aportación al libro hablando de Aidalai “Me parecía de otro planeta, nunca había escuchado algo así, no sabía de dónde habían sacado ese sonido que viajaba por los parlantes de un lado a otro y tenía ganas de saber cómo estaba hecho, solo quería escucharlo una y otra vez, muy galáctico y perfecto. A veces rebobinaba esa parte (el comienzo de “El Fallo positivo”) para escucharla muchas veces. Después, con las otras canciones me iba trasladando a distintos lugares: ritmos latinos, electro, momentos de oscuridad, piezas instrumentales… era mejor que ver una película”.
A todo hay que sumar la figura de la girl-front Ana Torroja con esa androginia que fue construyéndose con el paso de los años y los discos. También el hecho de que los hermanos Cano no adaptaran las canciones a su cantante y ella tuviera que cantar en masculino, algo podemos leer de muchas formas, pero que sumaba al misterio del grupo. Esos bailes y esa voz dulce y evocadora (para algunos, irritante). Pero para reconocer el talento de la cantante solo tenemos que hacer el intento de imaginar algunas de las letras más moñas-bolero de Jose María Cano, como “Cruz de Navajas” interpretadas por alguien que no fuera ella.

 

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