¿Vuelve o no vuelve el cassette?

Analizamos el nostálgico retorno (¿parcial?) de las cintas que han marchado a toda una generación de melómanos. Por JON PAGOLA.


22 abril 2013

“En el cassette se puede grabar cualquier cosa. (…) Es portable y lo podemos llevar a cualquier parte. Puede que sea por su libertad o quizás se deba a la nostalgia pero la vuelta del cassette ha empezado a ser una realidad”. Las supuestas ventajas de las viejas cintas de cassette han sido olímpicamente ignoradas durante mucho tiempo por el público y la industria musical hasta que a finales de la década pasada, coincidiendo curiosamente con el ocaso del CD, el formato que las enterró del mercado, comenzaron a dar señales de vida.

 

2009 marca el año del despegue y algunos influyentes medios de comunicación, caso del diario inglés Telegraph, empiezan a hacerse eco del revival. Aunque su impacto en términos absolutos era (y sigue siendo) marginal algo se empieza a cocer. Más rastreadores del repentino movimiento: los norteamericanos Zack Taylor y Seth Smoots, fascinados por el interés que volvían a despertar las pequeñas cajitas de plástico, deciden embarcarse en el rodaje de un documental. Para su sorpresa, el 28 de enero de 2012 logran más de 25.000 euros a través de una plataforma de crowdfunding gracias a la aportación de 333 personas para poder financiar “Cassette, a documentary” y con el que pretenden “celebrar el pasado, presente y futuro de un entrañable formato musical”.

 

 

El tráiler del documental, del que se ha extraído la cita del párrafo inicial, circula desde hace algún tiempo en la red y la película se encuentra actualmente en fase de edición. Aunque también se llama “Cassette”, no tiene nada que ver con el primer largometraje del director inglés David Paul Irons, de 2012 e inédito en las salas españolas. Irons narra en su debut la historia de una joven adolescente que se refugia en la música en busca de su identidad. Y si nos dejamos llevar por la primera impresión que provoca su tráiler, las cintas juegan en su película el mismo papel decorativo que los jarrones chinos en las casas.

 

En todo caso, sea por romanticismo, estética, moda o por simple gancho comercial, los cassettes han ido tomando cuerpo gracias principalmente al empuje de un grupo de entusiastas coleccionistas que no cejan en su empeño de nadar a contracorriente. De momento, nadie habla negocio o ánimo de lucro y sí, y mucho, de “nostalgia”, probablemente la palabra más recurrente de los defensores del formato; desde el DJ norteamericano Luke Thordarson al navarro Esteban Barazabal, responsable del sello Nosotros los Rusos, ahora rebautizado como San José Tapes, su nuevo proyecto también especializado en cintas pero con música “más experimental”.

 

Su primera referencia es “Acid Crisol”, del inclasificable artista melillense Afrika Pseudobruitismus, y con su compañía anterior ha lanzado tiradas limitadísimas de apenas 50 copias de grupos como Kokoshca, Aliment o Mujeres, que en la mayoría de los casos ya han sido agotadas. “La opción más barata es la de los cassettes”, asegura Barazabal. “Además, está el factor nostálgico: la primera música que escuché era en cassette, grabados de la radio o que te pasaba un colega; era increíble descubrir cosas. Ahora lo tienes todo en internet, lo que es cojonudo y una mierda a la vez”.

 

 

Acid Crisol; primera referencia de San José Tapes

 

No son grandes cifras los que maneja la “industria” del cassette en el mercado español, pero es que ocurre exactamente lo mismo en otros países con mayor tradición musical. En Inglaterra, por ejemplo, la venta de singles de cassette se ha triplicado durante 2012 hasta sumar un total de 604 unidades. Por lo que respecta a las cintas de larga duración, se han despachado 3.823 ejemplares, el mejor resultado en muchos años, siendo un recopilatorio del viejo icono de la chanson francesa Charles Aznavour el artista más vendido.

 

Difícilmente con estos números puede alterarse el mercado. El revival se vive de manera subterránea, romántica, al margen muchas veces del propio sector musical. En este sentido, las Jornadas que organizó recientemente la Universidad de la Rioja, y que contó entre otros con la participación del periodista Fernando Navarro, fueron reveladoras desde el propio título: “Del Cassette a Spotify”. Es decir, el cassette arrinconado como artículo del pasado en unas charlas musicales de cierto prestigio, absolutamente fuera de onda en un  presente marcado por el imperio digital. “Hablaríamos más bien de una segunda oleada pero no de una vuelta en toda regla”, resume Barazabal, que también cita a otras minúsculas disqueras españolas (Ozono Kids y Afeite al perro) con las que comparte filosofía. “Dudo mucho que vaya a ser algo para el gran público y se mantendrá en el underground, como lo ha estado siempre”.

 

Esta vez la diferencia radica en que dentro del circuito independiente sí se han ampliado las fronteras. Ha dejado de ser territorio exclusivo de los punks y la música experimental para adentrarse en el indie y en el garaje con relativo éxito. La asturiana y campestre Lorena Álvarez, una de las revelaciones de los últimos años, reeditó su primera maqueta, “La Cinta”, en un exquisito formato que incluía un cassette, un libreto de acordes y walkman para oír las canciones. Parecida fue la jugada del grupo norteamericano Dinosaur JR que en 2011 reeditó en cassette sus primeros tres álbumes. Las 500 cintas volaron nada más ponerse a la venta.

 

El pack completo de "La Cinta" de Lorena Álvarez

 

 

Entre las compañías extranjeras, y con permiso de Gnar Tapes, la palma se la llevan los californianos Burger Records, los grandes revitalizadores actuales del garaje y la psicodelia. Además de poner en circulación cintas de jugosos trabajos de su vasto repertorio por sólo seis dólares, -compuesto por Black Lips, The Oh Sees o The Growlers, entre otras muchas bandas- el pasado mes de enero lanzaron una original iniciativa: “A Tape a day, ok?”. Fijaos en los nombres de los 31 artistas que han ido sacando, un nuevo cassette por cada día del primer mes del año, que van desde White Flag a ¡Nirvana!

Cartel de la iniciativa "Tape a day, ok?"

 

Pero quizás nada tan llamativo como acabar engordando un fenómeno de una noticia en principio negativa. Cuando desde el prestigioso diccionario inglés Oxford anunciaron que iban a suprimir el término “cassette”, por “obsoleto”, para dar cabida a neologismos como “retweet”, se armó una buena entre los defensores de las cintas y terminó por visualizar al resto del mundo la innegociable pasión que algunos –pocos o muchos, que más da– sienten por las viejas cintas de cassette con las que empezaron a escuchar música en los años 80.

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jose says:

Por lo menos si te rompían podías pegarlas con celo tengo bastantes así y funcionan muy bien jajaja

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