10 preguntas a… Karina Beltrán

Karina Beltrán es una artista multidisciplinar que se mueve entre lenguajes  híbridos y la búsqueda de la belleza en lo intrascendente, a la vez que descarta etiquetas que puedan limitar su trabajo. Por Nicola Mariani.


27 diciembre 2017

“Una suerte de salvación”, contesta sin dudar Karina Beltrán (Tenerife, 1968) si le preguntas qué es para ella la belleza. Es algo que “nos mantiene a flote” y que vale, no sólo en relación al arte, sino como visión de la vida.

 

Artista canaria, afincada desde hace varios años en Madrid, Beltrán aboga por la primacía de lo emocional en el acto creativo, cuando la tendencia a la “intelectualización” del arte parece estar cada vez más en boga. Su trayectoria artística, que abarca más de dos décadas, se ha desarrollado, con libertad y espontaneidad, cruzando constantemente confines geográficos, técnicas y disciplinas. Su lenguaje, formalmente híbrido, es el fruto de una inquietud que busca la poesía en los intersticios de la vida, esto es, en las pequeñas cosas y en los gestos inadvertidos.

 

Karina Beltrán en su estudio. Cortesía de la artista, 2017.


 

En el trabajo de Karina Beltrán lo visto y lo imaginado, lo encontrado y lo sentido, se diluyen con naturalidad. Evocando la confluencia del ritmo íntimo de las vivencias interiores y del ruido exterior de la experiencia, sus obras convierten, casi mágicamente, detalles efímeros, a veces fragmentos microscópicos, en constelaciones de emociones.

 

En la entrevista que se puede leer a continuación, hablamos con Karina de su visión del arte, de su relación con la pintura y la fotografía, de cómo las etiquetas limitan el trabajo de un artista y de otras muchas cosas. También mencionamos a intelectuales y artistas como Roland Barthes, Paul Valéry, Robert Walser, Louise Bourgeois, Francesca Woodman o Bas Jan Ader entre otros.

 

Karina Beltrán, de la serie “Femme-maison”. Acuarela, lápiz y espejo sobre papel. 21x 14,5 cm, 2017. Cortesía de la artista, 2017.


 

Una vez dijiste: “En el mundillo artístico decir de una obra de arte que es bonita resulta peyorativo, para elogiarla hay que decir que es interesante. Prima más la razón que la sensación”. ¿Crees, en este sentido, que hoy se tiende a “premiar” un arte sin alma, sin emoción?

 

Bueno, no se puede generalizar, pero creo que sí hay una tendencia a menospreciar una obra hecha desde lo emocional, y sobrevalorar el “concepto brillante”, “la palabra” que explica, y, sin la cual, la obra no se sostendría. Un arte intelectual, no emocional.

 

¿Qué es para ti la belleza? ¿Cuánta importancia tiene en tu visión del arte?

 

La belleza es una suerte de salvación. Buscarla y encontrarla cada día, saber reconocerla en lo intrascendente, desde un gesto o una conversación hasta una luz o un color determinados, es lo que nos mantiene a flote. No sólo es muy importante en mi visión del arte, sino de la vida.
Hace poco leí una entrevista al arquitecto suizo Jacques Herzog, del estudio Herzog y De Meuron. Venía a decir prácticamente lo mismo, y no puedo estar más de acuerdo: “Encontrar la belleza y utilizar la creatividad en pequeñas cosas es la única manera de evitar la frustración. Hay belleza en todo, podemos verla o no. La percepción como creatividad es una idea que me interesa. La genialidad me aburre”.

 

Karina Beltrán, “Leer la piel II”. Fotografía, acuarela y bordados sobre papel. Instalación medidas variables, 2015. Cortesía de la artista, 2017.


 

Tu trabajo se sitúa en una frontera muy permeable entre disciplinas y lenguajes (pintura y fotografía, figuración y abstracción etc.). ¿Esta hibridación formal y poética es algo que te planteas conscientemente o es el fruto de un proceso espontáneo?

 

No, para nada, ha sido un proceso totalmente espontáneo. Estudié Bellas Artes, en la especialidad de Pintura, y me dediqué a ella durante diez años. Luego me marché a Londres, estudié en el Chelsea College, y es ahí donde empiezo a utilizar la fotografía como medio. Tengo que decir que fue tal la fascinación que durante otros diez años casi no toqué los pinceles. Coincidió también que, en ese momento, necesitaba figuras, personajes para lo que yo quería contar y tuve claro que eso no me apetecía pintarlo. No iba a hacer nunca una pintura figurativa, así que fue un proceso bastante natural. Digamos que pinto o dibujo lo que no quiero fotografiar y viceversa. En mis últimas series fotografía y dibujo/pintura se muestran juntos, como instalaciones que trazan recorridos. Y esa sí es una decisión tomada conscientemente.

 

Tu trayectoria artística, como acabas de contar, empieza con la pintura. Después vira hacia la fotografía, una disciplina que has estado trabajando durante más de una década. Desde hace unos años has vuelto a usar los pinceles, pero esta vez integrados con técnicas como el dibujo, la misma fotografía o la intervención con hilo de coser, sobre soportes diferentes, como el papel milimetrado entre otros. ¿Cómo ha evolucionado tu estilo artístico a lo largo del tiempo?

 

Pues creo que se ha enriquecido y ha ganado en “libertad”. En este momento de mi trayectoria no me planteo o cuestiono qué técnica debo utilizar. Cada serie o proyecto es distinto, y, en base a lo que quiero expresar, elijo el cómo hacerlo. Tampoco me preocupa lo más mínimo tener un “estilo”.
 

Karina Beltrán, de la serie “Leer la piel II”. Bordado sobre papel milimetrado. 29,7 x 21 cm, 2015. Cortesía de la artista, 2017.


 

¿Cuál es tu relación con la fotografía hoy en día? ¿Te sigues considerando una fotógrafa o esta etiqueta te resulta demasiado restrictiva?

 

Sigo haciendo fotos casi a diario, de manera compulsiva. Pero no estoy a favor de las etiquetas, porque siempre limitan. Preferiría definirme como una artista que utiliza diferentes lenguajes, o técnicas de expresión, entre ellos la fotografía.

 

Tu trabajo artístico guarda una relación muy especial con la literatura y la escritura. Tanto desde el punto de vista de la inspiración que los libros te ofrecen, a través de sus contenidos intelectuales y poéticos, como a un nivel más táctil, sensorial. A propósito de algunas series tuyas más recientes, como “Leer la piel I” o “Leer la piel II” (2013-2015), por ejemplo, hablaste de un trabajo casi caligráfico, de un placer intrínseco al acto de escribir. ¿Me puedes hablar de tu relación con la literatura y la escritura?

 

Sí, muchas veces en la literatura, en alguna lectura, encuentro las claves para desarrollar un proyecto concreto. Detrás de la serie que mencionas, “Leer la piel”, claramente está Roland Barthes (“El placer del texto”, “El susurro del lenguaje”, “Fragmentos de un discurso amoroso”). Incluso te podría mencionar tres citas concretas: “El lenguaje es una piel”, de Barthes; “Lo más profundo que hay en el hombre es la piel”, de Paul Valéry y “Decir nada acerca de nada”, de Robert Walser. Fueron las que inspiraron esta serie. Una serie que plantea la necesidad del roce, de la no palabra, de, conscientemente “quedarse en la superficie”, en esa piel de la que nos habla Valéry. Lo esencial es el placer de escribir, de ejecutar los movimientos, la acción, el dibujo de la escritura, aunque el resultado sea ininteligible.

 

Karina Beltrán, de la serie “Leer la piel I”. Acuarela y bordado sobre papel. 21,5 x 14 cm, 2014. Cortesía de la artista, 2017.


 

Creo que también hay una relación especial, en tu obra, con la música, o la musicalidad. ¿No es así?

 

Sí, me interesan mucho tanto la composición como el ritmo en las obras y en los montajes, la instalación en el espacio expositivo. Las relaciones entre las piezas, las agrupaciones, las distancias, los espacios en blanco, los silencios. Podríamos decir que el resultado final es, porqué no, como una pieza musical.

 

Hablando del ámbito de las artes visuales, ¿cuáles son tus referentes principales?

 

Complicada pregunta, porque han ido variando, y algunos que lo fueron en un momento dado han dejado de serlo. Pero podría mencionar a Klee, a Louise Bourgeois, Julius Bissier, Richard Tuttle, Agnes Martin, en pintura. Luego Francesca Woodman, Bas Jan Ader, Rinko Kawauchi… No sé, seguro que me olvido de algunos muy importantes.

 

Karina Beltrán, de la serie “Femme-maison”. Fotografía-proyección. Medidas variables, 2017. Cortesía de la artista, 2017.


 

En otra ocasión afirmaste: “Muchas veces se ha criticado que mi obra es muy femenina (críticas que siempre provienen de hombres), y yo he contestado a esto que por supuesto, que no puede ser masculina porque soy mujer. Pero me doy cuenta que cuando me lo dicen, utilizan el término ‘femenino’ con un sentido negativo, y más que nada porque relacionan lo femenino con lo frágil, con algo ‘flojo'”.
En una de tus exposiciones más recientes presentaste una serie llamada “Femme-maison”, inspirada en la figura y la obra de Louise Bourgeois. ¿Me puedes hablar de dicha serie y de cómo ves la posición de la mujer dentro del sistema del arte actual?

 

Cierto, ha sido así, pero hace bastante tiempo. Ahora ya no, afortunadamente. Igual no se atreven, jajaja. Pero queda mucho camino por recorrer, salta a la vista. Las cifras están ahí. Y seguimos escuchando argumentos tales como “no tienen nivel”. Lo que sucede es que ya esos argumentos no nos valen, no surten el mismo efecto que hace años.
Femme-maison“, mi último proyecto presentado en la galería Saro León de Las Palmas de Gran Canaria, toma el título de la serie de Bourgeois, pero, en este caso, la casa deja de ser un espacio de asfixia, de conflicto ante la prepotencia masculina, y la mujer toma posesión de las estancias, se apropia de ellas en un acto de reafirmación luminoso, de celebración. Frente a la mujer sometida, la mujer capaz de imponer su propio lenguaje, tanto individual como colectivamente. Como te comenté antes, queda mucho por hacer, aunque se va avanzando. Espero que pronto llegue el día en que este tipo de preguntas no sean necesarias.

 

Karina Beltrán, de la serie “Jardines”. “Jardín-1”. Las Palmas de G.C. Fotografía. 100 x 70 cm, 2016. Cortesía de la artista, 2017.

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