10 preguntas a… Miren Doiz

Miren Doiz se considera pintora porque piensa y construye de manera pictórica en su práctica artística, en la que explora los límites extremos de la pintura. La artista explica esta relación con la pintura, su trayectoria profesional, sus referentes y más.  Por Nicola Mariani.


15 marzo 2018

“Pintura” es la palabra clave de la obra de Miren Doiz (Pamplona, 1980). Pintura entendida en un sentido muy amplio y poco canónico; un sentido que enfatiza el aspecto compositivo y el uso del color, renunciando conscientemente a la bidimensionalidad, al gesto y a las herramientas tradicionalmente asociadas a esta técnica creativa. El trabajo de Doiz es un claro ejemplo de pintura expandida, que se sale del marco para invadir literalmente el espacio, incluyendo en la obra objetos encontrados, materiales reciclados y la experiencia directa del espectador, que termina “habitando” la obra misma.

 

El personal lenguaje creativo de Doiz explora los límites extremos de la pintura, enriqueciéndose de vocabularios típicos de otras disciplinas, como la escultura, la instalación o la arquitectura. Sus obras, en este sentido, rozan la ausencia de pintura, pero siguen manteniendo con ella un vínculo sutil y a la vez fundamental. A este propósito, la artista afirma: “Me considero pintora, porque creo que mis ojos, mi manera de mirar, de construir, sigue siendo pictórica”.

 

Recientemente obra suya pudo verse en ARCO, en el stand de la galería madrileña Moisés Pérez de Albéniz. Además, participó en Open Studio, presentando trabajos nuevos en el Estudio Caunedo, donde expuso junto con Esther Gatón, Rubén M. Riera, Sofía Montenegro y Carlos Monleón. Actualmente está desarrollando una investigación personal dentro del programa de becas de la Real Academia de España en Roma. El resultado de esta residencia se expondrá este verano en la capital italiana y el próximo año en Madrid. En la entrevista que se puede leer a continuación, hablamos con Miren de este proyecto, de otros anteriores, de su idea de pintura, de sus referencias artísticas, de trampantojos y mucho más…

 

Miren Doiz. Fotografía: Pedro Albornoz.


 

En este momento te encuentras en la Academia de España en Roma, donde residirás durante unos meses para desarrollar un proyecto de creación artística denominado “Reediciones”. ¿En qué consiste dicho proyecto y cómo lo has planteado?

 

Es un proyecto que parte de una obra anterior en la que, debido a la gran cantidad de catálogos editados de unas ayudas a la creación del año 2007, que acaban en mis manos, comienzo a trabajar con ellos sobre una idea que plantea la idoneidad o no de la descontextualización de la obra a través de su reproducción gráfica, e incluso la misma razón de ser del propio objeto catálogo y que además me permitía revisitar mi propia obra a través de él. Así la reproductibilidad, alteración y ausencia de contexto daban lugar a una obra nueva.

 

A partir de ahí, en Roma, pretendo utilizar los catálogos y memorias de la Academia para acercarme al trabajo de anteriores becarios a partir de este objeto residual como es el catálogo y para generar mi propia obra. En este caso hay años de los que existen muchos ejemplares, y que puedo intervenir o utilizar sin problemas y en otros casos, me serviré de escaneados e impresiones. Hace poco también pensé en la idea de los pop up, estos libros desplegables, y me parece bonita la idea de que se salgan y se extiendan. En el fondo se trata de hacer el camino inverso, volver a desplegar por el espacio lo que está contenido en la publicación.

 

¿Cuándo y dónde podremos ver expuesto el resultado de este trabajo?

 

El 22 de junio se celebra una exposición en la Academia en Roma y el próximo año en Madrid, en fecha y lugares que todavía no están confirmados.

 

 

La revisión de tu propia obra es un tema que en los últimos años está siendo bastante central en tu trabajo. Me refiero, por ejemplo, a la exposición “Dejar de pintar cómo lo hacía antes” (galería Moisés Pérez de Albéniz, Madrid, 2016) o el proyecto “Acabar con todo para empezar de nuevo” en el que estás inmersa desde el año pasado. A propósito de este último proyecto, me comentaste: “Lo que pretendo es acabar con todos los materiales y objets trouves que tengo en el estudio para después volver a replantearme mi práctica artística”. ¿Crees que tu trabajo necesita una catarsis, una regeneración, por así decirlo? ¿Quieres evitar el riesgo de repetir fórmulas y convenciones estilísticas que podrían afectar a la credibilidad de tu personal lenguaje creativo?

 

No me lo tomo como una catarsis o una regeneración, sino casi como una metodología que me permite avanzar. Supongo que sí que trato de forzarme al cambio, de repensar mi manera de hacer, pero no por cuestión de credibilidad, sino por seguir manteniendo esa chispa, esa sorpresa, ese querer seguir para ver dónde te lleva, y que en el caso de la repetición o de la ausencia de cierta investigación yo pierdo un poco.

 

En 1970 John Baldessari quemó todas las pinturas que había creado entre mediados de los años cincuenta y mediados de los sesenta, marcando un antes y un después en su carrera artística. ¿En qué fase crees que se encuentra actualmente tu trayectoria?

 

No sé… Espero que en la primera parte… y para algunas cosas todavía sigo siendo emergente… [risas] Yo sigo trabajando sin plantearme mucho esas cuestiones, no sé, paso a paso veré dónde me lleva.

 

 

Varias veces has afirmado que te consideras “pintora”, si bien a partir de una práctica creativa que cuestiona continuamente las reglas y las teorías tradicionales de la pintura. En tus obras, de hecho, tiendes a incluir la dimensión espacial, el volumen, los objetos, piezas de mobiliario y todo tipo de material. ¿Sigues considerándote pintora? ¿Ha cambiado tu relación con la pintura a lo largo del tiempo?

 

Me considero pintora, porque creo que mis ojos, mi manera de mirar, de construir, sigue siendo pictórica. Creo que tiene que ver mucho con mi relación con el color; aunque existe pintura sin color, éste sigue considerándose una cualidad pictórica, y para mí es importante.

 

A propósito de tu trabajo, se ha hablado de “pintura espacial”, “pintura expandida” o “pintura expansiva” (como tú la defines). Pablo Flórez habla también de “pintura habitada”; no sólo porque se sale del marco del cuadro y de la bidimensionalidad (para invadir paredes, techos y suelos) sino por las implicaciones participativas, experienciales y performativas que ella conlleva. En palabras de Flórez, lo que consigues en tus obras es “reincorporar al espectador, al habitante, a un espacio que parecía anestesiado”. Dicho de otra forma, el espectador entra a formar parte de la obra misma, como un elemento más. ¿Cuánta importancia tiene el papel del espectador en tu concepción del arte?

 

Mi pintura desde el principio fue habitada, de hecho mi primera serie de espacios pintados se llamaba “El cuadro habitado”. Yo empecé pintando espacios privados que realmente eran vividos, en los que mis amigos y yo pasábamos muchas horas. Eso es lo que yo quería trasladar, por eso muchas de mis primeras intervenciones iban acompañadas de mobiliario, de sofás, de luces a veces cálidas, porque yo quería que el espectador se sentase y estuviese un rato en esos espacios “alucinados”, que viviese la experiencia. Tan importante como que el arte es un modo de expresión y comunicación y para ello es necesario un receptor, pero tampoco creo que sea solamente el espectador propiamente dicho, sino también las personas que te rodean y ven tu proceso, tu evolución a veces en lugares más íntimos que una sala de exposiciones.

 

 

Además de en ARCO, en febrero expusiste también en Estudio Caunedo, dentro del marco de Open Studio. ¿Hacia dónde crees que te está llevando tu nueva línea de trabajo desarrollada en el estudio?

 

Pues formalmente, y dado que uso parte de esos materiales, tiene mucho que ver con “Dejar de pintar como antes lo hacía”, pero incorporando otros elementos, como el papel que cubrió la fachada de esa exposición en la galería Moisés Pérez de Albéniz. De manera que también hay un lapso temporal del que nos hablan los materiales, es el papel reciclado en un determinado momento que inmediatamente se incorpora al catálogo de materiales usados.

 

Otra vía creativa que trabajas es la del camuflaje, la mimesis y el trampantojo. Pudimos ver un estupendo ejemplo de ello en la obra site specific que realizaste dentro del marco de la colectiva “Ocho cuestiones espacialmente extraordinarias”, que comisarió Virginia Torrente (Tabacalera, Madrid, 2014). ¿Crees que tu pintura se está moviendo hacia la invisibilización? ¿Has entrado en una fase, por así decirlo, “minimalista”?

 

La idea del trampantojo, siempre estuvo ahí. En mi serie “El bus de Juan” también aparece, aunque de una manera más “tímida”. En ese caso sí que busqué una invisibilización total, era una idea que en ese espacio por sus particularidades funcionó muy bien. La idea era retroceder en el tiempo, volver a un estadio anterior del espacio… Pero no es algo que pueda aplicar en general a mi pintura, quizá lo de “minimalista” puede ser, yo sí que me veo más depurada, no tan explosiva cómo era antes mi pintura. No sé, supongo que más madura…

 

 

¿Cuáles son tus principales referencias artísticas?

 

Esta es una pregunta a la que nunca sé contestar. Mis referencias van cambiando, en esas cuestiones cambio de opinión continuamente, y además no sólo en las artes visuales, sino también en la música o en la literatura. Tampoco creo que tenga unas referencias a las que vuelva reiteradamente… Sino artistas que me gustan muchísimo y son muy variados… Gordon Matta-Clark, Agnes Martin, Angela de la Cruz, Wolfang Tillmans, Daniel Buren, José Guerrero, Jessica Stockholder, Isa Genzken, Angel Bados…

 

¿Se puede vivir del arte, hoy en día, en España?

 

Se puede malvivir, si lo entendemos como un amplio abanico que va desde lo que recibes por participar en exposiciones, que en mi caso muchas veces se trata de obras site specific, a venta de obras, a talleres que puedes impartir, a algún trabajo para publicidad, o como guía de exposiciones o monitora de talleres infantiles en museos… y aun así es complicado. Así que exclusivamente de mi trabajo, como artista, no.

 

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