2015: Año Cero

El 2015 que nos gustaría ver. Por Filósofa Frívola


08 enero 2015

simpson

 

Finales de enero. Syriza gana las elecciones griegas. El mundo tal y como lo conocíamos comienza a tambalearse. En unos meses empieza a configurarse lo que será la Unión Soviética Panmediterránea, junto con Portugal, España e Italia. Por fin plantamos cara al imperialismo opresor noreuropeo. Vuelven nuestras monedas. Ciao al euro. Farewell. Aufwiedersehen. Goodbye.

 

Mayo: elecciones municipales en el Estado español. Tania Sánchez Melero es presidenta de la Comunidad de Madrid y Podemos obtiene un 90% de los municipios y ¿recordáis esa escena de los Simpson en la que en la ONU Rusia se llama a sí misma Unión Soviética? Esa en la que le preguntan al portavoz “¿La URSS? ¿pero no se habían disuelto?” a lo que contesta “Eso queríamos hacerles creer buahahahaha”. Pues Pablo Iglesias tres cuartos de lo mismo, aunque tiene que pactar con el PCPE para gobernar, pero el PCPE acepta porque se quedan con los ministerios más cañeros. Gracias a la inversión en I+D, científicas españolas reviven a la momia de Lenin para presidir el congreso. Nunca nadie lo presidió mejor.

 

El insoportable calor estival mesetario tarda en llegar y dura poco. El calentamiento global remite, ¡Al Gore vive! Ya nadie usa diminutivos, no toma cervecitas, y ya no existe tal cosa como “Terraceo en la Latina”. Los niños nacidos a partir de 2013 ni se molestan en aprender la palabra “cucaracha”. Calles limpias: una nueva ordenanza municipal castiga con comerse la mierda del perro cuya ídem no recoja su dueño. Renta básica universal, 700 euros. Encuentro un agradable trabajo de media jornada. Madrid vuelve a ser una ciudad prístina y de colores. Manadas de nazis huyen aterrorizados ante una muchedumbre LGTBA armada con tablas con clavo y antorchas. Ya nadie discute sobre el lenguaje inclusivo, lo acata y dedica esos esfuerzos previos a emplearlo con tino. Saber y Ganar bate récords de audiencia. Los hombres cierran las piernas en el transporte público, y todo aquel que no desea avanzar en la escalera mecánica se sitúa a la derecha. Una pira de juguetes sexistas arde en la Puerta del Sol. Carritos de bebé para niñas y pistolas para niños tiñen de negro la aurora. Apenas se ven franquicias en las relucientes fachadas de los barrios populares.

 

La violencia de género se previene como se debe. Ya no tenemos que llorar a ninguna hermana. Sonrisas por doquier, calefacción para todos. Me imagino escribiendo la segunda parte de este texto dentro de un año, totalmente recuperada de mi depresión, desde el piso que por fin puedo permitirme compartir con mi novio. Tenemos dinero no solo para el alquiler, sino para hacer algún viaje y agenciarnos pilas de libros y ropa confeccionada sin mano de obra esclava. El de “se te ha caído la sonrisa” de la calle Fuencarral desapareció en combate. Ya no hace falta el slalom de solidarios en Callao porque la caridad ha sido sustituida por la justicia social. No se oye ni un silbido masculino desde andamios, coches y aceras. Salgo a la calle con minifalda, despreocupada. No huyo cabreada del cine como solía ocurrir: cada película producida en el mundo hace que la mismísima Alison Bechdel se levante a aplaudir, visiblemente emocionada. Jóvenes y no tan jóvenes estudian lo que aman sin tener que mirarse el bolsillo. La formación profesional por fin forma a profesionales en lugar de a obedientes obreros robot. Los trabajos, todos dignos y de jornadas razonables se remuneran justamente. Nadie se hace un lio con los pronombres de las personas trans, ni ponen caras raras cuando las encuentran en “sus” baños. No aguantamos la respiración cada vez que pasa un coche de policía. Las presas son libres. Hay tiempo para leer, charlar, ver series e incluso perderlo sin sentimiento de culpa.

 

Por fin se pagan (con carácter retroactivo, además) los trabajos de cuidados que se tomaban como algo privado y natural. Los alquileres de comercios de renta antigua se renuevan, y sus codiciosos propietarios son visitados por el fantasma de las navidades pasadas en su cómodo gulag en Soria. Las calles son peatonales, el cielo azul. El metro pasa cada 3 minutos, se han reabierto todas las bocas cerradas con nuevo personal y permanece en funcionamiento las 24 horas los fines de semana. Nuestras mascotas pueden acompañarnos a cualquier lugar. Bancos sin pinchos “antimendigos”, largos, anchos, por doquier. Cientos de árboles nuevos, cuidados y podados con esmero dan sombra a carriles bici infinitos. Tu jefe cobra lo mismo que tú. Qué coño ¡ya no hay jefes! Pero si crees que se la merece, y según el recién reformado Código Penal, puedes darle una colleja al mes al de la cooperativa que se pasa de mandón. Opinas en internet y militas donde se te antoja sin temor a acabar en régimen FIES. La valla de Melilla ha sido derribada. Los CIES son ahora guarderías y centros de día para jubilados. La gente canta, ríe, VIVE.

 

Todas estas cosas había una vez, cuando yo soñaba un 2015 al revés. 

11 diciembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (II)


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10 noviembre 2015 by SABINA URRACA

De Madriz al campo (I)


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21 octubre 2015 by REDACCIÓN

El futuro ya está aquí


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Comentarios:

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Rafa says:

Se da un aire a alguna de las ‘Crónicas Marcianas’.

Charlotte says:

Eres una crack.

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