Ada Lovelace (y otras mujeres pioneras) en el Espacio Fundación Telefónica

El Espacio Fundación Telefónica acoge hasta el 20 de octubre la exposición  “Ada Lovelace. La encantadora de números”, una muestra que repasa la trayectoria profesional y personal de la inventora de la programación, y que forma parte del ciclo de expos que la Fundación está dedicando a mujeres inventoras poco conocidas u olvidadas. Por María Arranz.


16 Junio 2017

El Espacio Fundación Telefónica dedica, hasta el próximo 20 de octubre, una exposición de pequeño formato a la matemática y escritora Ada Lovelace (1815-1852), que ha pasado a la historia por ser considerada como la primera programadora. La figura de Lovelace, no sólo resulta fascinante por su capacidad para ver más allá de lo que muchos científicos de su época supieron ver, sino también por su particular forma de mirar el mundo, siempre a caballo entre la ciencia y la poesía. Y es que, por mucho que su madre se empeñara en apartarla de lo poético y en darle una educación basada en la racionalidad, Ada, que llevaba en sus venas sangre de poeta –fue la única hija legítima de Lord Byron, al que nunca llegó a conocer–, supo ver el potencial que la imaginación y la poesía tenían también en la ciencia, muy especialmente a la hora de especular con las posibilidades de un invento.

 

Ada Lovelace.


 

La exposición “Ada Lovelace. La encantadora de números”, recorre su biografía a través de textos y objetos de la época, desde su infancia, donde ya empezó a manifestar síntomas de una débil salud (la enfermera y escritora Florence Nightingale dijo de ella que seguramente logró vivir tanto únicamente gracias a la vitalidad de su cerebro), hasta su extensa correspondencia con algunos de los grandes científicos y matemáticos de la época. A pesar de pertenecer a una acomodada familia británica, la formación de Ada Lovelace superó con creces la que recibían las señoritas de aquellos tiempos: francés, alemán, latín, historia, ciencias y matemáticas eran algunas de las disciplinas en las que fue instruida. Una de sus tutoras fue la astrónoma y matemática Mary Somerville –otra figura fascinante donde las haya, puesto que aprendió por su cuenta todo lo que sabía, ya que nunca se le permitió estudiar–. Todo el que conocía a Ada, incidía en su inteligencia privilegiada y su carácter visionario. Otro de sus mentores, el matemático Augustus De Morgan, dijo de ella que, si hubiese sido un hombre, habría podido convertirse en una de las grandes figuras de las matemáticas; el propio Charles Babbage, al que Ada ayudaría a desarrollar uno de sus grandes inventos, la calificó como “hechicera de los números” (de ahí el título de la exposición del Espacio Fundación Telefónica) y, en una carta que le envío a Faraday, afirmó que Lovelace había comprendido la más abstracta de las ciencias “con una fuerza que pocos intelectos masculinos habían conseguido”.

 

Vista de la exposición “Ada Lovelace. La encantadora de números” en el Espacio Fundación Telefónica.


 

El matemático, científico e inventor Charles Babbage fue una de las personas que más influyó en la vida de Lovelace y fue también uno de sus grandes amigos. Su máquina analítica es considerada como el precedente más inmediato de los ordenadores y Ada tuvo un papel decisivo en su desarrollo. Se conocieron cuando ella tenía 18 años y dicen que Ada supo comprender de inmediato la belleza de los inventos de Babbage. Cuando éste comenzó a idear su máquina analítica, pensada para ejecutar cualquier tipo de cálculo matemático y cuya programación se realizaba mediante tarjetas perforadas, Ada y él mantuvieron una constante correspondencia en la que intercambiaban detalles sobre el invento. La máquina analítica nunca llegaría a construirse, pero el único artículo que se publicó sobre ella, escrito en francés, fue traducido al inglés por Ada; en esta traducción, ella añadió toda una serie de notas explicativas que duplicaron finalmente la extensión del artículo original y en las que incluía sus propias reflexiones sobre el invento. Es en estas notas donde apareció mencionado el sistema de tarjetas perforadas que se utilizaría para programar los primeros ordenadores, y que estaba inspirado en las tarjetas utilizadas en el telar de Jacquard. “La máquina analítica teje patrones algebráicos igual que el telar de Jacquard teje flores y hojas”, afirmaría Ada. Sigue habiendo quien se empeña en no reconocerle ningún mérito a Ada y en considerarla como una simple transcriptora de las notas de Babbage, pero lo cierto es, que al analizar la correspondencia entre ambos, las aportaciones de Ada son más que evidentes, algo que el propio Babbage no habría tenido problema en reconocer.

 

El caso es que la exposición de Ada Lovelace no es la primera que este pequeño espacio de la Fundación Telefónica dedica a mujeres inventoras poco conocidas u olvidadas, puesto que en anteriores muestras ya dieron a conocer el trabajo de figuras como Hedy Lamarr –inventora del salto de frecuencia que, a la larga, ha servido para desarrollar tecnologías como el WiFi o el GPS –, Doña Angelita Ruiz –maestra gallega que impartió clases entre los años 20 y los 60 y que inventó la Enciclopedia Mecánica, considerada como una precursora del libro electrónico– o las propias telefonistas que trabajaron en la Telefónica desde sus inicios –una muestra que les sirvió para hablar de la incorporación de las mujeres al trabajo y de su acceso a la independencia económica–. Y esto ha sucedido, en gran medida, gracias a Reyes Esparcia, responsable de Patrimonio Tecnológico y Archivo Histórico, que se encarga de comisariar el contenido de este espacio al que han bautizado como Efemérides y que, originalmente, no era más que un pequeño hall que servía de antesala a la exposición permanente de “Historia de las Telecomunicaciones” que hay a continuación. La idea era montar ahí una pequeña exposición previa, que no tenía por qué tener una relación directa con la telefonía o las telecomunicaciones, pero sí algún tipo de relación transversal –como por ejemplo, las nuevas tecnologías o los inventos–, y que sirviera de acogida e introducción a la exposición de la sala contigua.

 

Vista de la exposición “Ada Lovelace. La encantadora de números” en el Espacio Fundación Telefónica.


 

Tal y como explica Reyes, el hecho de que haya muchas mujeres trabajando en la Fundación es fundamental a la hora de que exista un interés por tratar temas relacionados con las propias mujeres, especialmente con aquellas que, a lo largo de la historia, han querido innovar dentro de las limitaciones de la época en la que les tocó vivir. Además, en el campo científico, el reconocimiento a las mujeres es todavía muy escaso, por lo que un espacio así tiene su importancia. “Queremos que se vea con normalidad que hubo y hay mujeres inventoras”. Y no se trata de un espacio fácil para plantear una muestra, ya que aparte de ser pequeño, los temas que se tratan en las exposiciones no siempre son sencillos de explicar ni cuentan con un gran apoyo a nivel material. “Es la parte más bonita, porque es muy desafiante. Te enamoras enseguida de los temas y empiezas a darle vueltas, a diseccionar la historia para ver cómo la puedes contar en tan poco espacio”, explica Reyes. Además, destaca la red de colaboración que existe entre museos pequeños y lo mucho que se ayudan entre ellos en cuanto al préstamo de objetos.

 

Hedy Lamarr, Doña Angelita, Ada Lovelace… Mujeres de épocas y talentos muy diferentes, pero que tienen en común su espíritu visionario e innovador y que ahora, en Madrid, han encontrado un espacio en el que ver reconocido mínimamente su trabajo. Veremos qué nos deparan futuras exposiciones.

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