AGATHA CHRISTIE. MADRID DAYS.

Con motivo del aniversario de la misteriosa desaparición de Agatha Christie, rendimos homenaje a la escritora convirtiendo esta vez Madrid en un gran tablero de Cluedo. Por Diego Parrado.


03 diciembre 2013

Un día como hoy, la noche del 3 de diciembre de 1926, Agatha Christie arrancó su Morris Cowley negro y se alejó a toda prisa de la casa que compartía con su entonces marido en Sunningdale. El vehículo apareció días más tarde en la cuneta de una carretera de Guildford, abandonado cerca de un lago; de la escritora, sin embargo, no había ni rastro. ¿Se había suicidado ahogándose en el lago? Tras un despliegue policial sin precedentes (incluso Sir Arthur Conan Doyle participó en la búsqueda valiéndose de la ayuda de una médium), la Dama del Crimen apareció al cabo de once días en un hotel de Harrogate, registrada como Mrs Teresa Neele. Era el nombre de la amante de su marido, aunque Agatha no recordaba por qué lo había usado, ni nada de lo sucedido. Se habló entonces de una estrategia publicitaria, de un intento de fingir su asesinato a manos del coronel Christie y, tiempo después, de que la escritora había sufrido una “fuga psicogénica”, ese extraño fenómeno por el que una persona se cobija en la personalidad de otro, y que varias décadas después inspiró a David Lynch su “Carretetera perdida”.

 

 

Pero supongamos (y es mucho suponer) que la misteriosa señora se coló en un agujero de gusano, viajó sin proponérselo al futuro y fue a parar al Madrid de nuestros días. Con motivo de su improbable visita, travestiremos la capital esta vez a la inglesa, aun a riesgo de que a Garci se le ocurra una nueva película. Si durante los próximos días se topa con una dama de aspecto anticuado, algo despistada entre los voluntarios de las oenegés y las mascotas de Sol, tómela de una mano y, ¿por qué no hacerla sentir como en casa? Háblele de los crímenes de nuestra ciudad mientras dan el siguiente paseo. Cuéntele que Madrid es un enorme tablero de CLUEDO.
Que se ha cometido un asesinato y que…

 

FUE EN EL INVERNADERO.
Nuestra primera parada será el Real Jardín Botánico. Si entramos por la Puerta de Murillo y giramos hacia la izquierda, llegaremos al invernadero: cactus, flores tropicales y plantas carnívoras crecen al abrigo de los sofocados cristales haciendo las delicias de cualquier aficionado a la botánica, lo que es casi lo mismo que decir que de cualquier inglés. Sin embargo, nuestra compañera, que sin duda conoce los fabulosos Kew Gardens de Londres, tal vez se sienta algo decepcionada por el tamaño de su homólogo madrileño. Será ese el momento de mostrarle un pequeño secreto: la Estufa de las Palmas, el viejo invernadero del siglo XIX al que se accede por una discreta puerta que muy pocos visitantes cruzan; la Estufa de las Palmas o de Graells es uno de mis cinco o diez rincones favoritos de Madrid.
Al fondo de la húmeda estancia, pasada la selva de palmeras y helechos, hay un pequeño estanque junto al que uno puede sentarse y cobijarse del frío durante un buen rato los meses de invierno. Si uno confía en la discreción de los pececillos de colores, es un lugar perfecto para los secretos. ¿Ha oído hablar por casualidad la señorita Christie de los Marqueses de Urquijo? Su asesinato en 1980 parece salido de una de sus novelas, señora; parece “El misterioso caso de Styles”.
Pero, ¿qué novelas? ¿Qué caso de Style? La señora Christie insiste en que es Teresa Neele, de Ciudad del Cabo, no una escritora.

 

 

FUE EN LA BIBLIOTECA.
Sin duda sus libros favoritos le hagan recordar su verdadera identidad. Entre las novelas favoritas de Agatha, estaban las de Dickens o Conan Doyle, que podremos buscar entre los estantes de la preciosa Librería Bardón (Plaza de San Martín, 3). Igual de inspiradora resulta la biblioteca del Museo Cerralbo, de cuyas ricas estanterías sería un lujo caer desplomado, víctima de algún veneno. En este museo, además, puede contemplarse la valiosa colección de antigüedades que logró reunir el Marqués de Cerralbo (Calle Ventura Rodríguez, 17), un político que compartía la principal afición de Christie: la arqueología. Es posible que, contemplando los “relojes misteriosos” del salón, nuestra amiga recuerde al detective belga de puntiagudos bigotes que le dio la fama: Hercules Poirot, así como sus aventuras por Egipto o a bordo del Orient Express.

 

 

FUE EN LA COCINA
Un buen pastel de carne reforzará el recuerdo de su héroe. Los jueves, puede degustarse un delicioso Sheperd´s Pie en el Bristol Bar (Calle del Almirante, 20), uno de los pocos restaurantes británicos que podemos encontrar en Madrid. Otro más popular es el de Los Chuchis (Calle Amparo, 82), en Lavapiés. Aquí el plato estrella es el Slow Roasted Pork, que a buen seguro no llevará ni una pizca de estricnina.
“C´est formidable!”, diría el belga.

 

 

FUE EN EL SALÓN
El té de las cinco servirá para culminar nuestro propósito: templar sus celos y recuperar la memoria de nuestra compañera; convencerla de que es mucho mejor ser Agatha Christie que la tal Teresa Neele, diga lo que diga su marido. Un buen sitio para este asunto es el “Living in London”, el salón de té sito en el número 4 de Santa Engracia. Lo pediremos con mucha crema, tal y como le gusta a nuestra escritora favorita. ¿Recuerda ahora su infancia en Torquay, sus días en la Cruz Roja durante la Gran Guerra? ¿A su hija Rosalind? Agatha, Agatha… Se divorciará del coronel y conocerá a un hombre mucho mejor, un arqueólogo que le dará sus mejores años e inspirará sus novelas más logradas. Olvídese ya de Teresa Neele. Es sólo una tormenta en una taza de té, querida.

 

 

FUE EN LA SALA DE BAILE
¡Agatha! Será la escritora inglesa más leída de todos los tiempos. Más incluso que Shakespeare, ¿puede creerlo? Vayamos a celebrarlo al Bar Cock (Calle Reina, 16), el club de estilo inglés que abrió Emilio Saracho en 1921 y que regentó el mismísimo Perico Chicote hasta la apertura de su propio local. Un gin fizz para mí y, para ella, ¿tienen una botella de crème de cassis? Era la bebida favorita de Poirot, si mal no recuerdo… Y ahora déjeme que le de las gracias por sus libros. Solía prestármelos mi amiga Eva en verano, la primera vez “El espejo se rajó de lado a lado”, mi favorito. Disfrutaba sus novelas muchísimo, especialmente los días de tormenta. Pero, en fin, señora; es hora de que regrese a 1926. ¡Si ni siquiera ha escrito “Diez negritos” todavía!
Goodbye, Agatha.

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