Creadora de micropoemas

Desde Saldaña llegó a Madrid. Era el año 82 y recuerda: “quería la posibilidad de convertirme en mí misma”. En ese momento la capital era Movida y se podían hacer muchas cosas distintas. Se tomó algún paréntesis de Madrid en Berlín y Londres para después volver a esta ciudad. Aquí, como ella dice, ejerce de sí misma. Fue taquillera del teatro Alfil, cantante de rock, tuvo un fanzine, es locutora de radio y devino en micropoetisa, Ajo Micropoetisa. Por: Ilda Mosquera.


11 abril 2014

Foto: Marina Sorín

 

¿Recuerdas como comenzaste a ser micropoetisa?

Yo escribía para quitármelo de en medio. Mi amiga Lara López me pidió que los leyera en su programa en Radio3. Cada día leía uno. Mi amigo Víctor Crémer los leyó un día y se los enseñó a un editor de Luz Roja y publicaron mi primer libro.

 

¿De dónde surgen tus micropoemas?

De todos los sitios. Leer el periódico, de libros, de mirar las noticias. Otras veces me quedan pensamientos de cosas que he soñado y los ordeno en palabras, como puedo.

 

¿Te consideras escritora?

No soy escritora, soy micropoetisa. Las micropoetisas tenemos que salir por la noche. Los micropoemas tienen que ver con el rock más que con la literatura. Yo vengo del rock que significa insolencia, atrevimiento, valentía. Es un intento de modificar las cosas. Yo tiro del sentido del humor, es la única herramienta que quita hierro a las cosas de verdad.

 

¿ Hay varios tipos de micropoemas?

Yo tengo dos vertientes. Una ligera que juega con las palabras y el doble sentido. Esa la suelo ejercitar cuando estoy de buen humor. Lo más intenso ocurre cuando estoy triste. Enfadada no escribo. El enfado da pocas cosas. Cuando estoy triste traduzco lo que siento a palabras. Es una vía de escape a las preocupaciones. Yo practico mucho la autoparodia, a veces me río mucho de mí, para no matarme. Es la vida. ¿Cómo te curas de la vida? Pues viviendo.

 

¿Has servido de terapia a mucha gente?

Sí, hay gente que me lo dice. También hay parejas que se han conocido en mis micropoemas. Y también hay quien los hace suyos para la conquista. En el fondo, mis micropoemas se le podían haber ocurrido a cualquiera.

 

¿Por qué dices que tienen cabaret?

Por el humor, por la música, por las lucecillas. Por el ambiente rojo que quiero conseguir. El doble filo de muchas cosas que digo. La gente muchas veces se ríe a los cuatro segundos.

 

Además con los micropoemas haces microshows ¿ En qué consisten?

Son una conversación. Un dialogo entre música y palabra. Me sacan otros ritmos. Ahora me voy a Méjico a hacer unos cuantos con Julieta Venegas al piano. Tienen parte de rock, de cabaret. Le he quitado al recital la somnolencia y la solemnidad.

 

¿Cómo los preparas?

Yo improviso muchísimo. Improvisar está penalizado. Cómprate un vuelo hoy a París, te sale más caro que si lo haces hace tres meses. Pero si lo compras con ese tiempo igual hoy no quieres ir a París y te preguntas que haces con un vuelo comprado. Yo he encontrado mi voz propia, la he tenido que buscar todos estos años. Fui cogiendo seguridad. No es fácil ser “yo” pero es divertido y caro. Tiene que ganar el momento, hay que dejar de evitar lo que te pasa en el momento de improvisación. En un microshow en un pueblo de Tarragona, lo que acababa de vivir hizo que me pasara el recital llorando. Me quitaba los mocos con la manga y la gente se reía. Si lloro, pues lloro. Tenemos tanto pudor por llorar… A partir de ese momento, me siento muy segura en el escenario. Por eso me gusta subir, me encuentro dueña de mí misma y de la situación. ¡Además tengo tanta suerte con los músicos!

 

¿Cómo los eliges?

Tiene que haber algún vínculo personal. Amigo mío o de alguien.

 

¿Qué cosas te acompañan en el escenario?

Llevo cosas que me gustan, objetos fetiche que no me quito de encima, las maracas de opio, los besos de papel, pompas de jabón, las lucecillas… Me pongo tacón y pintalabios, es como un ritual. Mi momento favorito es encima de un escenario.

 

¿En qué tipo de lugares sueles actuar?

En un garito de punk, en la plaza del pueblo, en un teatro, en una capilla. La micropoesía es para bodas y ex-comuniones.

 

¿A qué sitios vas más?

A Cataluña: Barcelona, Tarragona, Gerona. Tienen tradición de poesía oral y de recitales. Son los más sensibles a la vanguardia. Tienen tradición de música experimental.  Me han respetado todos mis trabajos y me han querido. En Madrid hay una dictadura de las multinacionales conservadoras.

 

¿En Madrid cuáles son tus escenarios?

El Café Berlín y La Casa Encendida.

 

¿Y fuera de España?

Méjico, Sao Paulo, Montevideo, Casablanca. En Mayo voy a Nueva York con otros poetas.

 

Además de micropoetisa, eres más cosas…

Hice todo cosas que no sabía hacer y cuando aprendí lo dejé.

 

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