Di lo que quieras. Haz lo que quieras. Andrea Galaxina.

Andrea Galaxina acaba de publicar “¡Puedo decir lo que quiera! ¡Puedo hacer lo que quiera! Una genealogía incompleta del fanzine hecho por chicas“, una autoedición sobre el contexto del fanzine feminista en nuestro país. La fundadora de Bombas para Desayunar también da algunos detalles del próximo Pichi Fest y habla sobre el departamento de fanzines de la Biblioteca de Mujeres. Por Ana Flecha.


14 septiembre 2017

Andrea Galaxina llega a nuestra entrevista desde Moncloa. Viene de hacer unas fotocopias, no penséis mal, y las deja en la mesa para cortarlas, doblarlas y graparlas más adelante. Lleva haciendo fanzines desde 2007. En 2010, funda la microeditorial Bombas para Desayunar con la que ha publicado 51 referencias desde entonces. Esta semana ve la luz “¡Puedo decir lo que quiera! ¡Puedo hacer lo que quiera! Una genealogía incompleta del fanzine hecho por chicas“, un libro que ella misma firma y edita.

 

 

Hola, Andrea. Empecemos con un tema de actualidad: ¿Nos podrías hablar un poco de tu libro? ¿Qué encontraremos en él? ¿De dónde surge la idea de escribirlo?

 

Hola, Ana. Te cuento. La idea del libro viene de lejos; cuando acabé la carrera en 2010 (hice Historia del Arte) planteé hacer una tesina sobre el fanzine, pero en la universidad la propuesta no fue acogida con mucho entusiasmo. Entonces me olvidé un poco de la idea de abordar una investigación formal, y me dediqué a hacer fanzines y a establecer contacto con otra gente que también los hacía. En ese periodo, escribí alguna cosa, pero muy pequeña: algún artículo y así, pero sin pretensión de que fuese algo más grande. Hace un par de años, empecé un máster de Historia del Arte Contemporáneo, y ahí sí que me decidí a retomar la idea que había planteado hacía cinco años y que había dejado aparcada. Podríamos decir que el esqueleto del libro es el trabajo de fin de máster. La acogida del trabajo en sí me resultó decepcionante, lo que hizo que estuviese muy triste durante muchos meses, pero a la vez tenía el convencimiento de que ese trabajo merecía un final feliz. Una vez que logré superar la decepción del máster, decidí volver a enfrentarme al trabajo, que era un texto académico, darle un par de vueltas, completar algunas cosas que por el encorsetamiento del contexto universitario había tenido que dejar de lado, cambiar el registro, y publicarlo. El libro está dividido en tres partes: en la primera, hago un contexto general del fanzine; en la segunda, hablo del papel que las mujeres jóvenes han tenido en la configuración de diferentes subculturas, en el feminismo y cómo esto ha sentado las bases para la producción de fanzines hechos por chicas; en la tercera, me meto de lleno en lo que es el fanzine hecho por mujeres y hago una caracterización de estas publicaciones, apunto antecedentes generales y ahondo en lo que yo llamo la genealogía incompleta, que consiste en señalar algunos hitos que yo, personalmente, considero que han sido importantes para la historia del fanzine hecho por chicas en el Estado español. No tengo la pretensión de que en el libro esté todo, porque soy consciente de que no es posible que lo esté, y tampoco digo que lo que se recoge en el libro sea necesariamente lo más importante, pero sí que creo que todos los acontecimientos que aparecen son lo suficientemente valiosos para que estén puestos negro sobre blanco, como dirían en Sálvame.

 

Volvamos de Sálvame a la universidad. ¿Cómo ha sido la experiencia de escribir un texto, digamos, académico, sobre un tema tan poco académico como los fanzines?

 

Evidentemente se me plantean y se me han planteado muchos conflictos. Escribir sobre fanzines en un marco académico —y ya no solo académico, sino formal, que es lo que supone publicar un libro con su ISBN y todas esas cosillas— muchas veces me hace preguntarme si no estaré traicionando la esencia de lo que supone hacer fanzines, que es producir al margen del sistema. Por otro lado, no puedo obviar el hecho de que el fanzine, como medio y como testimonio está entrando ya, desde hace algunos años, en la institución. Ante esa realidad inevitable, a lo mejor está bien que quienes introduzcan el fanzine sean aquellas personas que tiene relación directa con el medio, y que no van a dejar que se desvirtúe su significado.

 

Algunos de los fanzines que aparecen en “¡Puedo decir lo que quiera! ¡Puedo hacer lo que quiera! Una genealogía incompleta del fanzine hecho por chicas”.


 

En “¡Puedo decir lo que quiera! ¡Puedo hacer lo que quiera!” citas muchos fazines que han sido y son un referente para ti. ¿Cómo descubriste los fanzines? ¿Cuál fue el primer fanzine que llegó a tus manos? ¿Y el primero que hiciste?

 

Los fanzines los descubrí a través de la música. Hace 15 años o así, era muy del indie-pop y siempre quería descubrir grupos nuevos y tal. Buceando en internet, encontré una web en la que vendían un fanzine que traía un cedé con muchas canciones de maquetas de grupos (en concreto lo quería por la canción “Cuando besó a la cosa del pantano” de Parade) y lo compré. El fanzine se llamaba (y se llama) “El Planeta Amarillo” y eran tres tomos que recopilaban reseñas de discos y de conciertos y entrevistas a grupos. Había reseñas de cosas que yo admiraba muchísimo, pero que eran tan underground que no salían en las revistas de música que yo pudiera comprar en un quiosco en Cantabria. Ese fue mi primer contacto con el fanzine, y flipé. Ver “El Planeta Amarillo” me ayudó a darme cuenta de que una revistilla como las que se hacen cuando eres pequeño puede ser algo muy guay, muy interesante y muy inspirador. Y, sobre todo, algo a lo que también me ayudó de alguna manera, es a darme cuenta de que no estaba sola, en un contexto de ser adolescente, fan del indie, en un pueblo de Cantabria. A partir de ese primer contacto, fui comprando más fanzines y aficionándome al medio, y unos años después, ya en la universidad, en el 2007, hice “Patita de fauno” con mi amigo Jose. Ese fue mi primer fanzine.

 

Acabas de sacar también una guía de cómo hacer fanzines. ¿Existe una forma de hacer fanzines? ¿Cuál es el objetivo de la guía?

 

Existen muchas formas de hacer fanzines, cada persona tiene su propio método, pero me apetecía compartir la forma en la que los hago yo, y también algunos problemas que te sueles encontrar cuando te pones a ello. Además, a mí, como lectora, me gusta mucho el tema de las guías y creo que compartir la manera en la que haces algo forma parte de la filosofía del do it yourself, dentro de la que se inscriben los fanzines, para la que es importante no solamente hacer tus propias cosas por ti misma, sino también contribuir a que se difunda el conocimiento sobre cómo hacerlas. Esa es la piedra angular de la connotación política que tienen los fanzines: que la línea que separa a la gente que hace fanzines y la que los lee no existe. Esto quiebra uno de los principios fundamentales del capitalismo, que es la separación entre quienes producen y quienes consumen.

 

 

Entonces queda claro que el fanzine es anticapitalista, pero ¿cuál es la relación de los fanzines con el feminismo?

 

Los fanzines y el feminismo han tenido una relación muy estrecha, sobre todo a partir de la tercera ola, que empezaría más o menos a principios de los años 90. En un movimiento tan importante para el feminismo y la contracultura como fue el riot grrrl, los fanzines sirvieron como herramienta para dar cuerpo a parte de la teoría que después iba a vertebrar este feminismo de tercera ola. Como cuento en el libro, además, en lo que se refiere a los antecedentes del fanzine, muchos de estos protofanzines estaban relacionados con espacios de productividad de las mujeres, como pueden ser los clubes de fans que, aunque nunca se les ha prestado mucha atención y siempre se les ha visto como algo un poco frívolo, en realidad funcionaban como lugares de sororidad y empoderamiento, en los que se estimulaba la creación cultural de las chicas, que probablemente no encontraban un espacio para ello en casi ningún otro lugar. Ya en nuestro contexto, los fanzines han servido para difundir el feminismo a mujeres jóvenes o que vivían alejadas de los centros culturales.

 

Ya que has sacado el tema de los centros culturales, hablemos de Madrid. ¿Cómo es la escena en la capital? ¿Hay algún festival o evento fanzinero que disfrutes especialmente?

 

En Madrid hay mucha gente haciendo fanzines, pero sí es cierto que se echa de menos que exista una especie de escena más conformada, como la hay por ejemplo en Barcelona, donde hay ciertos elementos que ayudan a estructurar la escena, como Fattbottom (que es una tienda de fanzines) o el Gutter Fest, o la que hay en Valencia, con el Tenderete. Lo cierto es que en Madrid sí que existen festivales de autoedición y de cómic, pero todos tienen un poso institucional, y les falta ese espíritu do it yourself que tienen los festivales que he citado ahora. En abril de este año, organicé el Breve encuentro de fanzines, en Vaciador (aprovechando una de las fiestas de Aplasta tus gafas de pasta), con la idea de que diese origen a un festival más grande. Vino mucha más gente de la que esperábamos, lo que nos demostró la necesidad de un festival de fanzines autogestionado en Madrid. Después de varios meses de reuniones, creo que ya puedo decir que los días 27 y 28 de octubre (si no hay cambios de última hora) se celebrará el Pichi Fest.

 
¿Pichi? ¿Como el chulo que castiga?
 

Ja, ja. Sí. Es un juego con el rollo castizo de la ciudad y la idea es un poco subvertir al personaje que hay detrás de la palabra “pichi”. En los próximos días, iremos anunciando todo lo relacionado con el festival y lanzaremos una convocatoria para quienes quieran poner un puesto. Ya nos podéis seguir en Facebook, en Twitter y en Instagram, aunque todavía no hay mucho contenido.

 

¿Cómo cambia la dinámica de hacer y distribuir fanzines desde un pueblo de Cantabria a hacer lo mismo desde aquí?

 

En lo esencial, siendo sincera, no cambian mucho las cosas, porque para mí hacer fanzines es un ejercicio bastante solitario, y copisterías hay en todos los lados. Además, el principal canal que utilizo para vender mis fanzines es por correo postal. Lo bueno que tiene vivir en Madrid, es que mucha gente fanzinera o bien está aquí, o bien para en algún momento por aquí, lo que me permite tener una conexión mucho más fuerte y más cercana con ellos. Aparte de esto, aquí hay tiendas que venden fanzines, como La Integral, Molar, La Negra o Traficantes de Sueños, y eso siempre está bien.

 

 

Hace un par de semanas lanzaste un llamamiento para que las chicas que hacen fanzines te hicieran llegar sus donaciones para la Biblioteca de Mujeres. ¿Qué es la Biblioteca de Mujeres? ¿En qué consiste este departamento de fanzines del que te encargas?

 

La Biblioteca de Mujeres es uno de los proyectos más maravillosos con los que he tenido la suerte de cruzarme. Como creo que hace unos meses se habló en Madriz sobre la Biblioteca, no os voy a aburrir contando lo mismo, y voy a centrarme en mi experiencia con el proyecto. Conocí a Marisa en julio, en la presentación de un fanzine, y empezamos a hablar. Le doné a la Biblioteca unos cuantos fanzines de Bombas para Desayunar, y ahí se planteó la posibilidad de que la Biblioteca contase con un “departamento” de fanzines. Eso fue algo que me llenó de entusiasmo, y me puse manos a la obra para empezar a recopilar fondos para este nuevo departamento. Hice un llamamiento público y la respuesta ha sido increíble: muchas chicas me han escrito para donar sus trabajos; también gente que tiene fanzines en sus casas y que no sabía qué hacer con ellos los ha donado a la Biblioteca. Ahora acabo de hacer una especie de catálogo online en el que subo fotografías de todos los fanzines que voy recibiendo y así, por un lado, la gente que dona ve que sus fanzines están a buen recaudo, y el resto de gente puede conocer estos fanzines y el fondo del departamento de fanzines de la Biblioteca de Mujeres. Al igual que el resto de la Biblioteca, el departamento de fanzines es importante porque recoge el testimonio de una manera de producir cultura que no tiene visibilidad en otros espacios.

 

¿Crees que se nos ha quedado algo en el tintero? ¿Hay algo más que quieras decir?

 

Animo a toda la gente que haya sido capaz de leerse todo esto a que apoye la Biblioteca de Mujeres hablando de ella y haciendo presión en la medida de sus posibilidades para que la Biblioteca logre tener un espacio propio, que es algo por lo que se lleva luchando durante muchos años y que realmente es necesario para construir nuestra memoria colectiva. También aprovecho para hacer un poco de publicidad y os animo a que me compréis el libro y los fanzines nuevos que he sacado en Bombas para Desayunar y a que os animéis también a hacer vuestros propios fanzines.

 

Gracias, Andrea. No te molesto más. Te dejo que prepares los fanzines que has dejado encima de la mesa.

 

Gracias a ti y gracias a Madriz por la entrevista.

 

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