Anticrónica de la Mercedes-Benz Fashion Week

Como sucede en cada entrega, acudo de enviada especial de Madriz a la Fashion Week. Como no entiendo de qué va aquello, pregunto a la gente, extraigo mis conclusiones y las escribo para Madriz. Temo que llegue el día en el que sepa de qué estoy hablando. Por ahora, confíen en mi ignorancia. Por Caren Monasterio. 

 

 

 


20 septiembre 2013

Ilustración de un diseño de Roberto Torreta

 

 

Lo que más llama la atención de un evento así es lo feo que es todo. Grande, desangelado, provisional y sin gracia. Claro que, lo mismo el mundo de la moda en España y tal vez en el planeta entero, deba ser así.

 

De hecho la fashion week de Madrid ha coincidido con la de Londres, pero esto no ha supuesto perjuicio para nadie, creo yo. Es como si esto de IFEMA fuera a la vez que la feria de calzado de Elda. En cualquier caso, me he encontrado el mismo evento que las otras dos veces, y como las anteriores, voy a enumerar lo que he percibido en esta tercera:

 

Carlos Sáez, trabajando para Grazia demostró ser generoso, simpático y muy talentoso. ¡Ole por él!

 

Bimba Bosé, sin marido y con más melena está mejor; aunque es un poco armario BESTÅ.

 

-La alfombra gris impregna de agotamiento y cansancio a quienes por allí han paseado sus vulgares palmitos (por cierto ¿qué es un palmito?) en estos días.

 

-“La colección va por dentro” fue el claim más exitoso de la jornada y también el leiv motiv de la fiesta de clausura del Ego. (En la terraza de la discoteca antes conocida como Pachá).

 

-En esta edición más que nunca, salir de IFEMA era como salir de un afters. Los gin tonics se servían desde las 11 de la mañana.

 

-Las blogueras arrancaban cupcakes de palo (que hay que tener cuajo) del stand de la revista Glamour.

 

Mar Flores estuvo simpatiquísima, cercana y muy animada. Ahora me cae bien. Muy bien, de hecho.

 

-En el stand de Samsung criticaban con gracia desde un tablet los estilismos de los parroquianos. Era muy divertido. Además, presentaban sus nuevas cámaras con teléfono incorporado (y no al revés) con su zoom óptico… Había nuevos modelos muy chulos.

 

Ricardo Cavolo es un ilustrador sin gracia que gusta mucho a quienes no entienden de proporción, color y estética. Su dibujo agresivo y chirriante decoraba paredes exteriores del pabellón, haciendo aquello más luciferino aun si cabe.

 

-No entiendo a Hanibal Laguna. Ni a él ni a nadie. Ni los nombres raros que tiene todo el mundo: ¿Sita Murt? ¿Maya Hansen? ¿Teresa Helbig?

 

-El stand de ¡Hola! Simulaba ser una pasarela. El de Grazia un photocall y en el de kleenex personalizaban paquetes de pañuelos como si fueran cuadros de Mondrian. En otro de no recuerdo qué marca, una maquilladora verdulera, con el tono de Rosa Benito cuando se enerva, gritaba “¿A quién le hago un maquillaje sexyyy?”

 

-El lugar donde ocurría todo esto se llama –atención todos- cibelespacio. …Qué sonrojo, por Dios.

 

-Ebay vendía prendas de diseñadores ¿jovenes? ¿noveles? ¿del Ego? No me quedó muy claro, pero había cosas chulas.

 

Vicky Martín Berrocal presentó tres vestidos para Minnie Mouse. Lo juro. Fue alucinante, y Disney encantados. Las fotos de Minnie y Vicky patronando juntas, son de no dar crédito.

 

Eugenia de la Torriente publicó un artículo certeramente demoledor sobre esta edición de la MBFW, que tuvo su réplica en los informativos de televisión española –llamados telediarios- donde les debieron obligar a decir que La fashion week tenía mucha repercusión internacional. Compensaron lo que entendieron como “mala prensa” (y no saludable ejercicio de autocrítica) sacando declaraciones de trabajadoras de revistas chinas que nadie conocía.

 

Mané Mané gustó mucho, aunque no sé si son dos personas, una, o un homenaje al del tupé que acompañaba a Emilio Aragón en su momento de despegue mediático.

 

-De celebrities, mis favoritas fueron Lucía Etxebarria (que fue con su hija) e Isidoro y Toya de “QQCCMH2”.

 

Luis Venegas se cree Andy Warhol. La forma de hablar, lo que dice… Se lo cree, en lo malo, claro…

 

Agata Ruiz de la Prada debe tener becarios fanísimos de Watanabe y Comme des Garçons, porque toda su colección estaba notablemente inspirada por ellos.

 

-El diseñador Etxeberría (no confundir con la afamada escritora) y su fiesta posterior molaron bastante.

 

-En general esta edición ha sido lenta. No se veían burros corriendo de un lado a otro, ni gente estresada ni blogueros apurados porque no llegaban, ni gentes derrapando por la moqueta.

 

-Pepa Salazar (que –insisto- nada tiene que ver con los Chunguitos ni Azúcar Moreno) volvió a ganar el premio Ego. Vino alguien de Mexico, que había ganado allí, de la misma forma que vendrá el ganador/ganadora de Zurich. Es decir, esto es como los intercambios de Gran Hermano con Brasil.

 

-Daba la impresión de que todo estaba hecho con tela de forro de falda. A simple vista muy inflamable. A ver cuando se animan a diseñar con tejidos ignífugos, con lo abrigaditos y seguros que deben ser.

 

-En la cafetería mucha comida pagada y en el VIP unas tristes almendritas que nadie comía.

 

-Absolutamente todo estaba sponsorizado

 

-Como escuché comentar por ahí hablando de IFEMA: “En Madrid Fusión si que se liga, y no aquí”.

 

-El fotógrafo Ramiro E sostenía que “No hay mucha gente, en parte porque ha pillado en pleno fin de semana”.

 

-El alcohol sigue siendo un arma (muy) necesaria.

 

-Entre los famosos “repetidores” yo destacaría dos mujeres muy simpáticas: Tamara Falcó (de Gucci y encantadora) y Beatriz de Orleans. Fantásticas ambas.

 

-Menos blogueros que en otras ocasiones y poco street style.

 

-Los llamados “batablancas” (mozos que transportan burros, llevan sillas y hacen labores de baja producción) siguen siendo los más deseados. Resultan tan inaccesibles, sexuales y con cero pose, que despiertan salvajes instintos entre los asistentes.

 

-Escuché a una estilista comentarle a una periodista “Por la noche son todo fiestas gays”, a lo que la otra respondió “¿Qué esperabas?”

 

Isabel Sartorius no tiene gracia en el vestir. Ni en el vestir ni en nada. Pero yo la prefiero a Letizia, soy de las de Sartorius de toda la vida, qué le voy a hacer.

 

-Este año la tendencia estrella ha sido las birkenstock y la sandalia con calcetín.

 

Francis Montesinos no presentó una colección, sino distintos bloques con su color su música y sus cositas, todo por separado, sin continuidad. Una cosa muy rara, muy valenciana y un poco guay.

 

-El nivel de homosexualidad rozaba el 20% en esta edición.

 

Clara Courel (que se cambiaba de modelito a la velocidad de la luz) retransmitía a todas horas, aunque nadie sabíamos para qué medio.

 

-Para ser modelo hay que tener progenitores de una isla y de un país eslavo. No vale ser de Albacete. Si se tiene padre de Lanzarote y madre de Eslovenia, por ejemplo, es perfecto.

 

-La marca Solán de Cabras trajo a Ramón Freixa, cocinero con dos estrellas Michelín, que hizo un coctel de gominolas y fruta de la pasión al que con humor, acierto y creo que nada de ironía llamó “cóctel de freixa, sabor de amor, pulpa de la fruta de la pasión”.

 

-Los famosos que suelen arropar a David Delfín, no le acompañaron en esta ocasión, y muchos especularon el porqué. El diseñador acudió a ver los desfiles de María Escoté y Carlos Díez Díez.

 

Carmen Lomana solo asistió un día. Se iba con prisa porque llegaba tarde a entregar su artículo de la Razón.

 

-Creo que la conclusión es insípida, incolora e insabora: Esta ha sido ni más ni menos que una edición más. Y ya.

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Comentarios:

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Maria H says:

Creo que ha sido la mejor crónica que he leído después de la de Eugenia. BRAVO!

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