Antón Martín: estación hipster

Los modernos peregrinan de Malasaña a los alrededores del metro Antón Martín. Te damos algunas de las principales claves del éxodo. Por Jon Pagola


19 junio 2013

 

Nadie se atrevió a preguntar o quizás nadie se percató del detalle. Nos encontramos en el cine Trueba de San Sebastián y tras el pase de la celebrada película de Jonás Trueba, “Los Ilusos”, de la que ya dimos sobrada cuenta por aquí, a los espectadores que llenan la sala parece que no les llama la atención que prácticamente toda la trama tenga lugar en un minúsculo pedazo de Madrid: ese espacio que pivota en torno al metro Antón Martín, arañando una esquina del barrio de Las Letras y extendiéndose hasta la cima de Lavapiés.

 

Es una zona que parece haber despegado definitivamente coincidiendo con el estreno del segundo largometraje del hijo de Fernando Trueba. Con una Malasaña que se le ha puesto cara de cupcake y con precios cada vez más prohibitivos, Antón Martín se ha convertido en el nuevo destino de moda -con permiso del vecino barrio de Conde Duque- de una considerable parte de la tribu hipster. Damos con algunas claves del éxodo.

 

1. La novedad como atracción principal.Malasaña, Malasaña, Malasaña. Aunque parezca que no, hay vida más allá del barrio que alumbró la Movida y que prácticamente se reinventa cada día. Mola mucho, no cabe duda, y siempre estará en nuestra órbita, pero pocas cosas superan la excitación de descubrir algo nuevo. Y más si es una zona eclipsada durante tanto tiempo por la pachanga y el cutrerío guiri de Huertas y el perroflautismo y el no siempre saludable exotismo de Lavapiés. Antón Martín y compañía emergen como un oasis inesperado.

 

2. Fuera agobios. Cuando cae el fin de semana Malasaña se atesta de gente del barrio y de personas venidas de otros puntos de la ciudad. El agobio es considerable todo el año: en verano cuesta encontrar mesa en una terraza y en invierno es casi misión imposible hacerse con un sitio libre en una cafetería. Sin quererlo, te ves inmerso en un desesperante círculo vicioso. Por el momento, los alrededores de Antón Martín no han llegado a tal extremo y gozan de un soportable nivel de público.

 

3. Comer es más barato. Por lo general, y salvando raras excepciones como el Coco bar de Espíritu Santo no hay color. Probad con las estupendas y generosas tostas del Vinícola Mentridana a pocos pasos de los cines Doré por unos 3 euros con cañas muy bien tiradas y servicio amable. O si nos ponemos en plan finos podemos acercarnos a La Otra Casa de la calle Olivar y cenar por 15 euros lo que ellos llaman “alta cocina para pobres”.

 

4. Vivir es más barato. Hagamos un simple ejercicio comparativo calculando el coste por metro cuadrado entre Malasaña y los barrios de Lavapiés / Huertas en una página como Idealista. En régimen de alquiler, y por debajo de los 10 euros/m2 al mes, Malasaña o la zona estipulada por la web como “Universidad” cuenta con un total de 50 pisos con estas características. Embajadores, que va desde la calle Atocha hasta el sur de Lavapiés, tiene más de 100. El resultado es orientativo y cero científico, de acuerdo, pero sumamente revelador.

 

5. Beber también es más barato. Nada de pagar 9 euros por una copa en el bar Martínez o Kikekeller, ambas situadas por la zona de Triball. En un lugar tan apetecible como bodegas Lo Máximo de Lavapiés un Gintonic de Bombay cuesta 6 euros y si cruzamos la calle Atocha y enfilamos cuesta abajo Lope de Vega encontraremos una curiosa y barata coctelería, “La Brocense”. Es como retroceder varias décadas en el tiempo con una decoración entre afrancesada y del gusto de las abuelas con copas entre 5 y 7 euros.

 

6. La calle León como símbolo de la transformación. Ha ido forjando una acusada personalidad estos últimos años. Situada entre la calle Atocha y la calle del Prado concentra numerosos puntos de interés: los discos, camisetas y objetos pop de La Integral; el buen rollo de La Pizzateca, con libros y música cuidada; la charcutería que es bar o el bar que es charcutería de Casa González; un bar cálido y bohemio como La Piola; el inevitable sushi para llevar de Makitake; y el restaurante de La Mucca, el mismo de la calle Pez, con una carta apta para todos los públicos y bolsillos, entre otros. El conocido locutor musical y agitador pop Jesús Ordovás vive en esta calle, por cierto.

 

 

Historias con Alma – La Pizzateca - from Bomonk on Vimeo.

 

7. El bar de viejos para modernos. Imprescindible que todo barrio madrileño que se precie tenga sus rinconcitos castizos en los que beber cañas bien tiradas, picar queso y embutidos y, lo más importante, juntarse con otros que visten y escuchan la misma música. El Benteveo de la calle Santa Isabel -que hasta hace unos años era un bar de viejos sólo para viejos y en los que los africanos de Lavapiés se juntaban para ver al Barça- viene a ser El Palentino de la calle Pez pero convenientemente aderezado de toque vintage. Un santuario hipster. El templo del moderneo 2013.

 

Girando la calle, en la taberna de Atocha a uno no le entran las mismas ganas de dejarse bigote y hablar de Beach House sin parar, pero tiene su punto y guarda todo el casticismo del planeta. Atención a las gafas cuadradas y empañadas de uno de los camareros: retrocedemos automáticamente a la época de la transición. Bajando por Lavapiés otro punto conocido y que juega en la misma liga –tradicional, barato y del gusto de la parroquia moderna- es la taberna La Mina. A diferencia de los dos primeros, cuenta con terraza.

 

8. Tomo un café y (hago que) leo. Las cafeterías multidisciplinares donde poder comprar un libro, ver una exposición o asistir a una charla también tienen aquí cabida. El que está más a mano del metro Antón Martín es La Fugitiva, en la misma calle Santa Isabel. También merece la pena serpentear un poco y bajar hasta La Infinito, en la calle Tres Peces y donde los niños son bienvenidos, o dejarnos llevar por el compromiso social y político de La Marabunta de la calle de la Torrecilla del Leal, algo más abajo.

 

9. El mercado de toda la vida y algo más. A diferencia de los atropellos para el bolsillo que han perpetrado con los mercados gourmet de Chueca y la zona centro, el mercado Antón Martín ha logrado el milagro de no perder sus raíces de establecimiento de barrio ampliando sus horizontes. Es auténtico, lo que ha sido siempre, con el añadido positivo de que le han hecho un hueco a un curioso puesto que combina la comida con la inquietud cultural Sandwich mixto y a otro sobre gastronomía japonesa (YokaLoka). Como cuando un equipo de fútbol apuesta por la cantera y refuerza el equipo con dos o tres extranjeros de calidad contrastada, vaya. Ésa es la filosofía.

 

10. El Cine Doré. La sede de la Filmoteca nacional merece un punto propio. Primero porque el pasado 19 de diciembre cumplió 100 años de vida como salón de ocio que años más tarde se convertiría en local cinematográfico. Es uno de los focos culturales de la ciudad con entradas a 2,5 euros, bonos de 10 películas a 20 euros y una programación que cuida a las minorías sin dejar de lado a un público más comercial. La singular fachada y la sala principal mantienen vivo el esplendor de otros tiempos. En el Doré se percibe claramente eso que se ha venido llamando la magia del cine y que últimamente anda con la identidad extraviada.

 

11. “El abrazo” de Juan Genovés. Un monumento que honra la memoria de los abogados de Atocha muertos en un atentado terrorista de 1977 por parte de la extrema derecha preside la plaza de Antón Martín desde hace diez años. Se trata de una obra de enorme calado emotivo que el artista valenciano Juan Genovés realizó basándose en su famoso cuadro “El Abrazo”, uno de los grandes símbolos de la Transición. Además funciona a modo de punto estratégico en esta pequeña guía, el punto medio entre la calle León y la calle Santa Isabel.

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19 noviembre 2014 by Marina Sanmartín

Relatos de Extrarradio: Nacimiento y muerte de las lunas pequeñas


Nueva entrega de nuestra sección dedicada a las ficción de extrarradio, hoy con un relato de Marina Sanmartín, con fotografías de Ignacio Evangelista.


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18 noviembre 2014 by PENÉLOPE SARALEGUI

En gastronomía el tamaño sí importa


¿Qué tienen en común un gallego, una salchicha, un queso y 29 km de pizza? Parece surrealista, pero son las insignias de los establecimientos que hemos seleccionado por el tamaño de su oferta gastronómica.


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17 noviembre 2014 by REDACCIÓN

Agenda del 17 al 23 de Noviembre


Arte, literatura, revistas, teatro y ciencia en nuestra agenda semanal, que viene de lo más completita.



Comentarios:

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Alba says:

¡Basta ya! Estoy indignada con este artículo!! ¿¿de verdad hace falta llamarle a todo “hipster”??

Wanna Pink says:

11. La plataforma Wanna Pink recientemente creada por las mujeres emprendedoras establecidas en el barrio y a cargo de locales con un encanto e ilusión especial, muchos ya han descubierto los locales integrantes de esta plataforma hace dos semanas,en su lanzaiento. Son: EL OLIVAR, LA 80, EL GALLINERO, LA BERENJERA, CLUB 33, EL MOJITO, LA TAQUERÍA.
https://www.facebook.com/pages/Wanna-Pink/283030391834289?ref=ts&fref=ts

icanogar says:

Mátense entre ustedes las modernas por el laurel de lo cool, y dejen que vivamos los demás a salvo en sitios auténticos.

PS. La peli de Jonás Trueba es insufrible.

Mercado Antón Martín says:

Genial el artículo, tan sólo deciros que el Mercado se llama Mercado de Antón Martín, no de San Martín.

Thalía says:

Se nota que quien ha escrito el artículo no se ha pasado por el mercado de Antón Martín, porque los asiduos de ese mercado sabemos que lo mejor está en el sótano y se llama Donde Sánchez, un puesto muy popular donde se puede tomar un vino manchego o una cerveza tostada y comprar productos gastronómicos (todo del país) de primera y a precios asequibles (fuet, quesos, hummus, brandada de bacalao, regañás, magdalenas caseras, mermeladas…). Ah, y el nombre del mercado es Antón Martín, no San Martín.

Jon says:

¡El de San Martín es el de Donosti! Se me fue el teclado y la cabeza a mi lugar de procedencia. Gracias por el apunte

Lis says:

La errata del Mercado, es el de Antón Martín. Q lo confundís con el de lavapies, q esta en la calle embajadores. He de comentar q lo despectivo de perroflautas y la referencia de exótico insalubre, sobra. Aún q hay muchos sitios con encanto y la mezcla de lo moderno con lo castizo se hace cada vez más fuerte, a los q hemos elegido vivir aquí nos gusta evolucionar sin intentar ser “moderno postureo malasañero”. Espero no tener q aguantar a los hipster porq se han cansado de el barrio GUAY.

elena says:

Llevo un año en el barrio y me encanta, no hay tanta saturación como Malasaña y para mí es una de las mejores zonas para vivir de Madrid, seas o no moderno.

hipsterdequé? says:

Dios mío, qué sucesión de tópicos!
Modernos en eterna busqueda de autenticidad, panda de paletos.

Wait says:

Para mí Lavapiés-Antón Martín es la zona hipster por excelencia.. Malasaña se ha quedado en una parodia rídícula y demasiado superficial del asunto. Y es gracioso porque en Lavapiés-Antón Martín te arrancarían los ojos si les llamases hipsters. Pero no hay un puto día que no esté en lavapiés que no pase algo que diga… “esto podría salir en Portlandia”.

Maldoror says:

Mirad, es una pena que ayer me esforzase en escribiros un pequeño comentario y no lo hayáis publicado. Teniendo en cuenta que ocuparía escasamente 1 o 2k, resulta lamentable que tengáis a alguien trabajando, seguro que sin cobrar, para que administre los comentarios de vuestra web.
Sólo espero que, si finalmente peregrináis por esta zona, y tal y como os decía ayer, penséis en la incongruencia de vuestro artículo: si en este barrio los alquileres y los servicios son más baratos es, precisamente, por que no viven retrasados mentales cuya única ocupación en la vida es tan pobre como la de un organismo unicelular, que no piensa, no hace nada, y es puro metabolismo en fase larval.
Como doy por supuesto que no publicaréis ni este ni el anterior comentario, haced, por lo menos, el esfuerzo de leer algo que no sea TEO en el Circo.

Uno que pasa y dice... says:

Los modernos siempre ocupando los sitios que otros no-modernos acogieron como suyos he hicieron famosos y “trendys”… ahora va a ser que los chuper-hipster inauguraron malasaña o que eran los que le ponian vida al Taboo, Modafocka, Aenima, Kurgan, vía lactea, ramones etc etc hace 13-14 años, cuando lo unico que se atrevian a pisar era el nastic y con cuidao

Dudu says:

Me ha gustado el artículo, llevo 23 años en el barrio y he visto su transformación día a día, desde la época de los “walking dead” de la droga hasta hoy….sin lugar a dudas está mucho mejor!
Aunque me da miedo que acabe como Argumosa, “pijoflaústica”, por ejemplo, el sábado un salmorejo en La Buca Del Lobo 9 euros!! No volveré jamás!
Tres lugares para comer b
-La Sanabresa c/ Amor de Dios 12, comida casera pagas cada plato que quieras a precio de risa…
-Cafeteria Hamburguesería Neila C/ Santa María 41: mi segundo hogar, todo el género se compra en el Mercado de Antón Martín comes por 3 euros….hamburguesa de la casa!!!
Vaya salmorejoooo y ensaladas a buen precioooo!
-A Cañada c/ Fúcar 20 menú rico, abundante y casero
Uno de los mejores sitios de Cañas y aperitivos de la zona!!!
Un saludo!! :)

Alvaro says:

Si hablamos de locales como alternativa a Malasaña no teneis que olvidar “Mi Madre era una Groupie”, muy cerca del Metro Anton Martin, un Oasis de música Rock Indie y mucho más…

https://www.facebook.com/GROUPIEFANPAGE

Ojos de topo says:

Comparar el Benteveo con el Palentino es como comparar el Jamón ibérico con la mortadela del Día. Basta con mirar el personal al otro lado de la barra y la comida que sirven uno y otro. Como diría Chicote: “es que tú te metes cualquier cosa en la boca”

juan_nadie says:

Que razón teneis.
Modernetes hypsters somos todos, y el que esté libre de pecado … que se quite el pantalón de pitillo !

juan_nadie says:

que razon teneis …
Todos los modernos ( como tu y yo) sabemos que apestamos pedanteria y que estropeamos la inocencia del lugar … vayamos donde vayamos …. y el que este libre de pecado: que se quite los pantalones pitillo!

moderno says:

A los que no os gusten los modernos ya podéis ir emigrando del barrio, nuestra presencia es cada día más abundante, así que nada podréis hacer en contra, sólo emigar a Parla.

Agradezco encarecidamente este artículo poque es toda una guía práctica para modernos como yo, que estamos deseando expandir creepers, top-crops, música, y demás moderneces, de esas que parecen no gustar, más alla de la ya tan manida Malasaña.

Cada día somos más. No os engaéñeis, no derrochéis energías deseando lo imposible.

Paco says:

A ver, el último que ha escrito lleva razón. Si los modernos van a Antón Martín pues que vayan y punto. Malasaña mola un huevo pero también mola ir a otros sitios y cambiar de aires.

loboflauta says:

perroflauta lo sera el padre del autor del articulo. matahipsters en lavapies!!!

Amok says:

Jó, qué superguay. Me encanta mi barrio, a pesar de este tipo de tonterías. Te dedico esta canción, cupcake malasañero:

http://www.youtube.com/watch?v=3LpIXld31NI

(Y pese a tu laboriosa investigación, se te ha escapado que el nombre del mercado es Anton Martín.)

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