Becas Celso y Manolo: ¿Artista? ¿Pero eso da de comer?

La popular tasca del barrio de Chueca lanza las Becas Celso y Manolo, con las que quieren dar un empujoncito a jóvenes artistas, reinventando de paso el concepto del mecenas alimenticio. Por Sabina Urraca


28 marzo 2016

Tasca Celso y Manolo.

Tasca Celso y Manolo.

 

Eres un joven artista recién llegado a la capital. O quizás lleves ya aquí un par de años, buscándote la vida, de after en after, alimentándote de tortellinis del Dia, bebiendo litronas de Mahou, sobreviviendo en una realidad que a veces resulta un pelín demasiado real para los sueños que pueblan tu joven cabecita. Poco a poco, vas abriéndote camino: ya no eres teleoperador (¡hurra!), ya has organizado alguna exposición, ya parece que algo despunta allí en el horizonte… pero sigue habiendo un deje de tristeza en ese triunvirato de arroz-pasta-huevos fritos del que te alimentas.

 

Y resulta que justo ahora que tú sientes que estás harto de tu pasta y de tu arroz, pero que vas justico de dineros y no te queda otra, resulta que la Tasca Celso y Manolo, situada en la calle Libertad del barrio de Chueca, decide hacer un homenaje a aquellos jóvenes artistas que llegan a la capital buscando una oportunidad. Y aquí es donde entra en juego ese plato de tortellinis del Dia que te mira insulso desde tu regazo mientras ves una serie en el portátil. Te lo vas a comer en un plis, aunque te quemes la lengua, y te vas a poner a rumiar una ideíta que quizás te saque de la santísima trinidad de la pasta con tomate y queso. Porque han llegado las Becas Celso y Manolo para dar un empujoncito a jóvenes artistas de distintas categorías. Aquí tienes las bases. Estas becas reinventan la maravilla del mecenas alimenticio y te entregan, con ese “tú crea, que ya te lleno yo el plato”, una oportunidad sincera, jugosa, matérica, en forma de infinidad de comidas, tapas, meriendas, desayunos, en la Tasca Celso y Manolo. Para que tu tía no vuelva a soltarte aquello de: “¿Artista? ¿Pero eso da de comer?”.

 

Hablé con Carlos Zamora, actual propietario de Celso y Manolo e impulsor de las becas, para que me contara más sobre esta maravillosa idea.

 

Carlos Zamora con Celso y Manolo Argüelles en la fachada de la tasca.

Carlos Zamora con Celso y Manolo Argüelles en la fachada de la tasca.

 

Me han contado que vuestra tasca tiene una historia bastante curiosa. ¿Podrías contármela?

 

Hace muchos años, un chaval de 17 años llamado Celso dejó su Asturias natal, se montó en un camión de carbón, y se plantó en Madrid. Encontró trabajo en la calle Libertad, en un bar llamado Casa Juanito. A los ocho años de trabajar en ese bar, decidió comprarlo. Y así fue como su hermano Manolo, que trabajaba en la mina allá en Asturias, se unió a su hermano en esa aventura hostelera madrileña que se llamó Bar Restaurante Argüelles. Pasaron 45 años de cañas, tapas de croquetas y clientela habitual, y llegó el día en el que Celso y Manolo, ya conocidísimos por todo el barrio, se jubilaron. Y ahí es cuando decidimos alquilarlo nosotros. Entonces nos dimos cuenta del importante lugar que ocupaban en el barrio los propietarios del bar, así que decidimos ponerle su nombre a nuestra tasca. “Tasca Celso y Manolo”. Esto provocó una muy buena acogida en el barrio. Era un cambio, pero mostrando respeto a algo que se había mantenido sin cambios muchos años. La de la farmacia, el del bar de al lado… para todos eran familiares Celso y Manolo. Yo creo que esto nos ha dado buena suerte.

 

¿Cómo surgió la idea de las becas Celso y Manolo?

 

Cuando vimos que la Tasca Celso y Manolo se iba consolidando, que ya teníamos ciertos beneficios, pensé que debíamos hacer algo diferente. Decidimos que estas becas se llamasen “White cards” en contraposición con las “Black Cards”, porque queríamos dejar ver nuestra transparencia. Nosotros somos un negocio que no paga en negro, todo el personal trabaja 40 horas y descansa dos días. Tenemos un beneficio muy ajustado, pero decidimos que una parte teníamos que destinarla a un proyecto así. Pensamos en disciplinas que estuviesen un poco dejadas de lado en Madrid, como el videoarte o el collage. Y nos gustaba la idea de que nuestra tasca fuese un lugar en el que los artistas pudiesen invitar a amigos a comer, juntarse con gente para discutir proyectos, e incluso, quién sabe, citarse con un representante o con alguien que quisiese exponer su obra. Vimos que el tipo de público que tenemos iba a agradecer que se invirtiera en eso.

 

Tasca Celso y Manolo.

Tasca Celso y Manolo.

 

¿Cuál es el nivel de implicación de los antiguos propietarios, Celso y Manolo, en estas becas que, como el bar, llevan su nombre?

 

A ver, es que con Celso y Manolo llevamos una relación bastante estrecha. Celso, por ejemplo, pasa todos los días por la tasca, a ver qué tal vamos. Para ellos fue muy significativo que le pusiésemos su nombre al local. Cuando se lo dijimos, se emocionaron. El día que firmamos el contrato, lloraron. Date cuenta que nos traspasaban su legado: nos pasaron sus recetas, su forma de hacer las cosas… El primer día que abrimos, nos presentaron a todos sus clientes habituales, comimos juntos… Y ahora, con lo de las becas, pues imagínate. Sólo te digo que, por supuesto, serán ellos los que entregarán los premios.

 

¿Para qué maravillas dan los premios Celso y Manolo? ¿Qué podrán comer los premiados?

 

Pues podrán utilizar el importe de su premio los días que ellos quieran, en los momentos que quieran. Una de nuestras especialidades ahora mismo es el chuletón de tomate. Es un tomate gigante, de unos 600 gramos, que puede ser de Teruel o de Huesca, del que se corta un filete al que se le añade papaya, mango, aguacate, tomate deshidratado y piñones. Y también tenemos unos taquitos de pez de roca empanados, y caza de Cantabria. La mayoría de nuestros platos son comida de tasca. Tenemos unos arroces que llamamos arroces anárquicos, que van cambiando, y que pueden llevar jamón, chorizo, morcilla… Trabajamos siempre con muy pequeños productores, con gente que hemos ido conociendo por el camino, y siempre intentando tirar hacia lo ecológico. Y luego tenemos vinos sin sulfitos, que es una cosa novedosa en Madrid. Son vinos que no llevan conservantes. Cuanto peor sea un vino, más sulfitos necesita. El nuestro no los tiene, o sólo trazas, y no te deja resaca.

 

¿Cómo te imaginas Celso y Manolo de ahora en adelante? ¿Crees que estos premios repercutirán en el tipo de clientela que se acerque a vuestra tasca?

 

Estos premios son, en realidad, una forma de dar las gracias a Madrid. Todo vuelve. Madrid nos ha acogido, nos ha dado muchas cosas, y ahora nosotros se lo devolvemos de esta manera, creyendo en gente que, como hizo Celso un día viniendo en su camión de carbón, ha llegado a Madrid en busca de oportunidades.

 

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