Biblioteca Madriz: Amelia García, fotógrafa y editora

Amelia García habla del amor y el desamor en el fotolibro “Querido”. Pero, además de fotógrafa y encuadernadora, Amelia también es editora de Paisana Books, una editorial y distribuidora independiente de fotolibros y fanzines. Por Javier Yohn Planells.


28 diciembre 2017

Amelia García vive en Madrid desde hace cuatro años aunque el entusiasmo con el que habla rebosa por su acento murciano. Amelia García es fotógrafa, encuadernadora y también fundadora de la editorial Paisana Books. Hemos pedido café en Sana Locura para hablar de su primer fotolibro, “Querido“, una obra que habla del amor (y del desamor) a través de fotografías y cartas privadas intervenidas que Amelia García ha rescatado de su pasado.

 

Trabajar con un material personal no ha sido fácil. “Sacarlo afuera me costaba, he tardado dos años en hacerlo. Sobre todo por el que dirán, la parte morbosa que pueda tener el libro.” Por eso, verlo por fin publicado “ha sido una especie de liberación. Ya lo puedo compartir con todo el mundo”.

 

Amelia García. Fotografía: Javier Yohn Planells.


 

Hacemos rápido la inevitable pregunta morbosa: ¿Qué opinan tus ex-amantes del libro? “Todos quieren una copia. Les ha parecido bonito que ese material que estaba muerto tuviera otra oportunidad. Les ha parecido una manera hermosa de terminar con esas cartas, con esas fotos, compartirlo con otras personas”.

 

Pero Amelia insiste en que, aunque “Querido” esté construido con su archivo personal, “lo que trato es impersonalizar el archivo, lanzar un mensaje universal, hablar del ciclo del amor, de cómo nace, cómo evoluciona y cómo termina. Osea que el mensaje final no habla de mí, habla de los amores que todos hemos podido tener. Así que cuando termino el proceso de transformarlo y de crear el mensaje nuevo, ya puedo decir que no tiene que ver conmigo sino con todos”.

 

Para ello, tapa rostros y cuerpos con tinta china en las fotografías, tacha párrafos de las cartas de manera que quedan huecos y retazos de historias que el lector puede rellenar con las suyas propias. Y hay, también, flores. Muchas flores: coloridas y carnosas, en la naturaleza y en ramo, flores en plenitud que van decayendo al pasar las páginas. “Son la columna vertebral del libro”, explica. Representan “el ciclo amoroso: el patrón de florecer, marchitarse y morir corresponde al de la naturaleza”.

 

© Amelia García – Querido.


 

“Querido” nació como proyecto para la escuela IED pero continuó trabajando en él en su paso por Blank Paper (ahora Dinamo Visual Lab). Hubo varias maquetas y al final quedó un libro de 100 páginas a todo color, con tapas blancas “porque quería que se manchara. Tiene un poco el toque de diario personal y los diarios tienen que estar sobados. Tiene que romperse, ensuciarse”. Sólo hay 100 copias y no habrá segunda tirada. “No lo voy a volver a hacer. Ahí se queda”, dice.

 

El amor es un tema recurrente en la obra de Amelia García. También lo trabajó en un proyecto anterior, “Del amor ni rastro”: junto a Alberto Torres Wilson iba recopilando fotografías de parejas que encontraban en el rastro y que se convirtieron en un fanzine. “El amor es una fuente de la que hay mucho que sacar, y hay mucho que se ha hecho, pero a mí no es que me inspire pero me da ganas de hacer cosas”, explica.

 

Más que el amor, el desamor. “En mi búsqueda de qué se ha hecho ya sobre el amor, todo lo que he encontrado ha sido hablando desde el punto de vista del desamor. Me siento un poco cobarde, habiendo hablado del desamor y no del amor. Pero creo que cuando estamos en ese punto en que nos han dejado o algo no ha funcionado, ahí es donde encontramos algo donde aferrarnos… Como dice mi compañera Rocío Madrid: ‘Menos prozac y más fotolibros… y fanzines’ [risas]”.

 

Ojeamos el fotolibro y Amelia García se ríe cuando ve su cara casi adolescente en las fotografías. “Ha sido una catarsis total”, dice.

 

© Amelia García – Querido.


 

¿Qué ha pasado con las cartas, las tachaste de verdad, hiciste copias…?

 

En principio la idea era destruirlas, claro [risas]. Lo que pasa es que para llegar al punto en cómo quería ir transformando el material tuve que hacer muchas pruebas. Hice fotocopias, fui tachando las copias… y lo que pasó al final fue que no me atreví [risas].

 

¿Esto se puede contar?

 

No, no, se puede contar… [risas]. Tengo un archivador donde tengo todo el material de “Querido”, están guardadas ahí.

 
 

Para “Querido”, Amelia García ha contado con otras manos. Sara Arroyo, una de sus compañeras en Paisana, ha ayudado con la edición y el diseño, en el que también han echado una mano Rocío Madrid. La diseñadora María Ramírez ha preparado una edición especial compuesta por cinco cajas pintadas a mano. El fotógrafo Álex Cascallana ha hecho las fotos para el evento de presentación que se celebró en la floristería Orquídea Drácula, Y su dueño, Felipe Carvallo, preparó los arreglos florales de la sesión en la que García vestía con ropa de Heridadegato.

 

No es de extrañar este trabajo en equipo porque cuando le preguntamos por el futuro, por dónde se ve o adónde quiere llegar, ella contesta: “A mí lo que me gustaría hacer, de verdad, es unir fuerzas, seguir trabajando con gente, aprender los unos de los otros. Yo creo que no voy llegar a ningún sitio si no es aprendiendo de los demás. Yo lo veo así”.

 

 

De esta voluntad de ayudar a los demás nace también Paisana Books, “Es una editorial y distribuidora independiente de fotolibros y fanzines… Esta es la explicación técnica… [risas] Pero en realidad Paisana quiere ser mucho más que eso, lo que queremos es ser un espacio de ayuda, o de puesta en común. Queremos que la gente se equivoque con nosotras porque nosotras nos estamos equivocando”.

 

Paisana por ahora sólo distribuye libros que eligen “al detalle, buceamos, nos hemos pasado horas y horas procrastinando en Internet, buscando en editoriales remotas… No es ‘anda, me ha gustado este libro, vamos a publicarlo’, sino que es un consenso entre las tres, que realmente puede encajar con la línea no solo estética, sino con la temática”. De ese consenso salen obras raras, algunas publicadas por editorial, como “Beautés d’Archive” o “Souvenirs du Sphinx”, ambos de Poursuite, y otros autoeditados como “Mountain, waves and skies” de Julie Van der Vaart.

 

Están trabajando en el primer libro propio que publicarán, si todo va bien, en 2018. Será una obra de Silvia Navarro Martín, una fotógrafa canaria que encontraron por Instagram. Me enseña su perfil y estalla: “Es que es buenísima, fíjate, y no tiene ni web. Una joyita por descubrir”.

 

“Beautés d’Archive” de Luce Lebart, editado por Poursuite.


 

Le pedimos, como hacemos siempre, que nos recomiende la obra de alguien de Madrid o sobre Madrid, y quedamos en que se lo pensará. Nos escribe por correo unas horas más tarde: “El primer libro que me ha venido a la cabeza esta mañana ha sido “Girls from Today” de Andrea Savall, no es un fotolibro si no un fanzine. En esa segunda publicación Andrea le pregunta a una serie de mujeres qué supone ser mujer y artista en el 2017. Me parece muy interesante porque de nuevo identifico aquí a la generación de jóvenes que buscamos nuestro hueco”.

 

Amelia García trabaja sobre todo con cámaras de carrete y se define también como encuadernadora. Esta querencia por lo analógico, por lo físico, es una herencia. “Mi padre es fotógrafo, siempre hemos tenido laboratorio en casa, las cámaras que he tenido eran de carrete… Siempre me he rodeado de esta manera de trabajar, procesos artesanales, trabajar con las manos…”.

 

Además, a su alrededor cada vez hay más personas que trabajan así: “Creo que de alguna manera puede ser una reacción a este ritmo incesante de imágenes, pantallas, información por todas partes… Yo creo que trabajando con estos procesos antiguos es una manera de detenerse y de verdad contemplar qué estás haciendo, qué quieres hacer, pensar un poco, bajar el ritmo. Creo que es necesario”.

 

¿Y qué dice tu padre cuando ve tu trabajo?

 

Muchas veces no lo entiende. El tema de fotolibro ahora le está empezando a picar, ya me ha dicho que a ver si le monto algo con sus fotografías estenopeicas. Que de repente me vea hacer un libro con fotografías de flores, no entiende nada. Sí que le cuesta pero poco a poco le voy introduciendo. Tampoco entendía por qué hacía una editorial. Pero también le gusta decir que soy su hija la que ha continuado con la fotografía.

 

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