Biblioteca Madriz: Elisa McCausland

Elisa McCausland deconstruye las mitologías populares para plantear nuevas ficciones feministas en “Wonder Woman. El feminismo como superpoder”. Por Javier Yohn Planells.


30 noviembre 2017

Coincidí con Elisa McCausland en la facultad de Periodismo, compartiendo programa de radio en los estudios precarios de Radio Complutense allá por los primeros dos mil. Cuando aparece para la entrevista, no consigo recordar cuánto tiempo hace que nos vemos, el contacto superficial que permite Internet deforma el tiempo. Durante estos años, Elisa McCausland no ha dejado del todo la facultad, donde se está doctorando. Tampoco ha dejado las ondas; colabora, entre otras, con Radio 3 y participa en el podcast Sangre Fucsia.

 

La excusa para el reencuentro en el café Ajenjo es el ensayo que publicó a mediados de año, “Wonder Woman. El feminismo como superpoder” (Errata Naturae). Del hilo musical llegan bandas sonoras de cine y Elisa McCausland pide un refresco.

 

 

Elisa McCausland sigue la pista de Wonder Woman desde que William Moulton Marston creara el personaje en los años cuarenta. La Mujer Maravilla se convirtió rápidamente en un fenómeno de masas y en un icono aunque desde entonces ha sido perseguida por sus ideas radicales, ignorada por la industria, convertida en serie de televisión o directamente deformada por guionistas poco fieles a los ideales feministas de su creador. Sin embargo, hoy en día el personaje parece haber recuperado fuerzas de la mano de un puñado de interesantes guionistas y el empujón ha llegado con las nuevas y taquilleras películas del universo DC.

 
 

¿Cómo ha sido el proceso de escritura?

 

En el libro hay mucho de lo que he ido recopilando, teorías que ya había trabajado en artículos, tenía más que ver con ponerlo todo en orden y darle un hilo.

 

 
Wonder Woman aparece en la vida de Elisa McCausland de la mano de su madre que era la más aficionada a los superhéroes en su familia y coleccionaba las grapas de George Pérez. “Los cómics ya estaban en casa, estaban ahí, como los libros o el disfrute de la cultura, no hay nada forzado. Ni siquiera permiso, es casi como más de herencia”, dice.
 

El salto del hobby al objeto de estudio es “un salto bastante orgánico”. Y a pesar de todo no ha perdido el disfrute aunque cada vez le resulta más difícil encontrar “eso que me vuele la cabeza” como cuando leyó de adolescente “Watchmen”, de Alan Moore, o “Los Invisibles”, de Grant Morrison. O con “Sandman”, que “para mi yo adolescente fue un auténtico descubrimiento de cómo se podía rearticular la mitología. Y en realidad eso siempre ha estado ahí, siempre me ha gustado la idea de cómo plantear nuevos mitos feministas. De manera inconsciente siempre me han llamado la atención los personajes que intentaban violentar las estructuras”.

 

Ilustración de Natacha Bustos para “Wonder Woman. El femenismo como poder”.


 

En ese sentido, McCausland hace en el libro “una defensa de la cultura popular y de su influencia en la construcción de las mitologías, personales o no. Me parece muy interesante la ficción como una oportunidad de abismo, de extrañamiento que ejemplifica la primera Wonder Woman, ese artefacto amazónico, alienígena, que cuando aparece en el mundo del hombre, en el mundo patriarcal, deja en evidencia todas las estructuras que nos parecen normales pero que, desde su punto de vista, no lo son”. Frente a unos superhéroes como Superman que defienden, en su sentido más radical, el status quo, Wonder Woman lo cuestiona.

 

Elisa McCausland. Foto: Javier Yohn Planells.


 

“Me parece muy potente la idea del mito, del arquetipo de la superheroína”, explica. Y su discurso no se distrae a pesar de la clase de árabe que un profesor imparte a voces unas mesas más allá, ni a pesar de las pistas para descubrir al asesino que van soltando unas señoras que juegan a una especie de Cluedo en la sala contigua. “Para mí, es en esencia feminista pero, claro, si su viaje lo es. Y el viaje tiene que ver precisamente con este autorreconocimiento y revelación del cambio exterior. Pero para cambiar el mundo primero tienes que cambiar tú”. Se trata de un criterio que aplica también al periodismo y la crítica cultural: “si es periodismo y es crítica, tiene que ser feminista; si no, no es periodismo ni crítica”.

 

Volviendo al cómic, Elisa McCausland plantea cómo construir ficción feminista: “Si tratas una ficción que se basa en un mito y quieres hacer algo feminista, y no cuestionas las fuentes de esos mitos o qué representan, no te va a salir porque todo lo que atraviesa ese mito es patriarcal. ¿Qué es lo que hay que hacer? Ir más allá. Ir directamente a repensar las estructuras, comprender por qué las estructuras son como son, verlas y a partir de ahí actuar en consecuencia”.

 
 

Pero Wonder Woman es a la vez personaje y producto…
 

Y eso es lo interesante. Wonder Woman es un ejemplo nítido de cómo ha dialogado el feminismo con una sociedad de mercado, cómo esas tensiones pueden quedar registradas o verse en las distintas etapas del cómic. También es cierto que ha tenido más o menos suerte en función de quién la guionizara. Siempre hay tensiones, negociaciones en una sociedad que a fin de cuentas es la que es, podemos imaginar otros pero somos producto de este sistema. Me parece interesante que perviva un mito barra icono barra producto barra marca como WW porque habla de nuestras posibilidades e imposibilidades, de cómo ser y cómo estar.

 

Ilustración de Carla Berrocal para “Wonder Woman. El femenismo como poder”.


 

Marston creó Wonder Woman con la colaboración de Elizabeth Holloway y Olive Byrne, quienes eran, además, los otros dos vértices de su relación poliamorosa. Elisa McCausland defiende que no son una excepción, que siempre ha habido mujeres en el mundo del cómic. “Hay que preguntarse por qué no eran visibles. Hay lectoras, ha habido autoras… No sólo eso, dentro de la propia estructura ha habido muchas secretarias, muchas editoras pero haciendo trabajo de machaca, ha habido entintadoras, ha habido coloristas, pero… no estaban en el frente, en el primer plano”.

 
 

¿Es lo que os llevó a crear el Colectivo de Autoras?
 

Sí.

 
¿Qué tal os ha ido?

 

Bien, hemos visto cómo ha habido un cambio de clima de opinión desde la resistencia previa en gente que antes no te imaginarías que ahora se suman al discurso. Yo ya no sé si es un tema de oportunismo pero sí creo que hay un cambio de paradigma. A mí lo que me preocupa es que se queden en el slogan, que lo que compremos sean cuatro tuits y cuatro lemas, y no vayamos a la esencia. Que al final cambien cuatro cosas para que no cambie nada. Esta es un poco mi paranoia [risas].

 

 

Como siempre, pedimos una recomendación madrileña, un cómic, una autora, una novela. Elisa McCausland nos propone a Angélica Liddell. “En Madrid ha desarrollado gran parte de su actividad artística, vital. Ha sido condecorada recientemente Caballero de las Artes y las Letras [en Francia]. Dice que no hace ‘puto teatro’. Su apuesta es siempre elevadísima. Angélica Liddell ha escrito, mucho. ‘Perro muerto en tintorería: Los fuertes’ es un texto indispensable, así como ‘La Casa de la fuerza’. Pero, para este presente que no acaba, su ‘Trilogía del Infinito’”.

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