Biblioteca Madriz: Olmo González

Tras pasar por el fotoperiodismo, la fotografía documental y autoeditar sus propios fotolibros, Olmo González se adentra en los medios digitales  como photobooktuber en su canal de Youtube, en el que reseña fotolibros, fanzines y libros de fotografía. Por Javier Yohn Planells.


03 agosto 2017

Contacto con Olmo González por correo electrónico. Para la entrevista, le pido quedar en algún sitio de Madrid que le defina un poco, que tenga importancia para él. Pero vive en Leganés y Blank Paper, la escuela de fotografía en la que trabaja, está cerrada por vacaciones. Propone: “Donde maquino mis planes es online, delante del ordenador. La harías por videoconferencia?”. Así que quedamos para hablar por Google Hangouts.

 

Es una situación extraña, no es lo mismo que una entrevista en persona. A pesar de la imagen que ocupa toda la pantalla sigue habiendo una distancia entre nosotros. Tampoco es lo mismo que por teléfono, precisamente porque nos vemos, podemos interpretar los gestos, las reacciones, aunque aparecen pixelados y sincopados. Igual que el sonido, que sale enlatado y frágil de los altavoces.

 

“Supernova”, autoedición, 2013.


 

Olmo González trabajó muchos años como fotoperiodista y ahora, laboralmente, está más centrado en la comunicación y en la gestión cultural. Sin embargo, nunca ha dejado de trabajar con imágenes, de publicar fanzines como “Fin de la cita” o fotolibros como el íntimo “Supernova”. En su web hay una cronología: Fotoperiodista hasta 2013. Fotógrafo documental hasta 2014. Artista hasta 2015. Le pregunto por ella.

 

Clasificarnos como fotoperiodistas, o fotógrafos o artistas… es un poco una trampa, ¿no? Porque al final, ¿de qué depende que seas una cosa u otra, que seas profesional y vivas de ello, o que te interese?”. Y explica: “No es una cosa tan definida y, con perspectiva, lo pongo un poco a modo de broma”.

 

González cuenta que sí notó un cambio al dejar de trabajar en el periódico “y empezar a hacer fotos de manera personal, totalmente libre. […] En el fotoperiodismo se establecen muchos límites y yo empecé a sobrepasarlos de una manera muy natural. Luego hubo más cambios pero dejar de ser fotoperiodista sí me pareció un poco simbólico”.

 

En la biografía de su web ha puesto que ahora se dedica a investigar “sobre los efectos de la distribución de imágenes en internet”. Durante toda la entrevista, hace capturas de pantalla de nuestra conversación. No avisa, aprieta una tecla y un sonido como de obturador cruza la distancia que nos separa y salta por mis altavoces. Yo le aviso de que le haré fotos en algún momento de la entrevista.

 

Fotografía: Javier Yohn Planells.


 

¿Entonces cómo puede contribuir la imagen a contar las cosas? O a cambiarlas…

 

Creo que la gente ya está respondiendo de alguna manera. El fenómeno de los memes tiene que ver con esto. Una de las cosas que creo que tiene que pasar es que cambiemos el imaginario colectivo. Hasta ahora venía un imaginario impuesto desde arriba hacia la masa. Sigue pasando, pero ahora está conviviendo con un cambio de paradigma.

Lo que está pasando ahora es que mucha gente llega a un nivel de interacción, de participación con las imágenes… no sólo a producirlas. Hay verdaderas corrientes de gente que está conectada en redes sociales y de pronto llega un golpe visual por algo que es noticia, y de pronto modifican esa imagen y la llevan a su terreno mediante otra estrategia. Muchas veces se lo llevan al humor pero otras veces se lo llevan al activismo. Es una respuesta al intento de manipular el imaginario.

 

Hoy en día, con los móviles, la cantidad de medios online, etc., ¿no existe una sobreproducción de imágenes? ¿Cómo nos movemos con tantas imágenes?

 

A ver, a mí me parece maravilloso. Ahora va todo mucho más rápido y es difícil de controlar. Una de las cosas que dice … [aquí la conexión se entrecorta y no se entiende el nombre del autor], un artista que habla de esto, es que hay una ola gigante de imágenes que van pasando una tras otra… Y lo que nos dice es que a lo mejor no tenemos que intentar producir más agua para esa ola, a lo mejor lo que tenemos que hacer es aprender a surfear por esas imágenes. Me parece interesantísimo que cualquier cosa sobre la que quieras buscar información, la encuentras. Sobre cualquier cosa de la que quieras imágenes vas a acabar encontrándolas. Es verdad que tiene un reverso extraño, ¿la sobreexposición a las imágenes qué efecto nos produce?

 

 

Aquí la conexión se corta por primera vez, justo cuando le pregunto por su recién inaugurado canal de Youtube en el que habla sobre fotolibros. Desde hace unos meses, Olmo González es photobooktuber, aunque es un término que probablemente no exista y que suena demasiado a Generación Z. “Me he puesto a hablar de algo que para mí es muy natural, yo estoy mirando todo el día libros, y comprando, y hablando sobre ellos.”

 

Olmo reseñando “Wannabe” de Elisa González Miralles en su canal de YouTube.


 

¿Por qué decidiste montar el canal?

 

Youtube tiene mucho de tradición oral, de contar historias, te ven la cara… Me parece interesante que eso está funcionando con la gente más joven. Tiene que ver con nuestros orígenes, cuando no había escritura.

Es un terreno que me parece interesante experimentar en primera persona porque hay algo que me parece importante. En el activismo pasa mucho, que te dicen “yo no voy a hacer esto o no voy a meterme en este campo porque creo que eso alimenta el capitalismo, o el sistema o es algo negativo”. Intentar vivir de esa manera aislada sin experimentar las cosas desde dentro, te hace vivir en una burbuja donde realmente no entiendes las cosas. Es interesante experimentar las cosas desde dentro.

 

¿Qué tiene el fotolibro, por qué te parece tan interesante ese formato?

 

Hice una exposición y me di cuenta de que me daba igual vender la obra o no, lo que quería es que la gente la viera. Y me di cuenta de que la exposición era más limitada que el libro. Entonces hice libros y le llegó a mucha más gente. Y cuando llegué a Blank Paper vi que estaba rodeado de libros y dije: ‘me tengo que quedar aquí’ [risas]. Es verdad que el fotolibro es otra jaula, como dice Julián Barón, que tiene sus limitaciones, pero es que ya me gustan tanto… No puedo pensar que voy a dejar de comprar libros, de hacer libros, de leerlos. No me sale.

 
 

En una entrevista, González dijo que estaba buscando “una manera de seguir haciendo fotografías sin que mi conciencia estalle en pedazos”. Sigue trabajando en ello. “Con cada imagen que hacemos se materializa, se congela o se fija lo que nos pasa por la cabeza y cómo nos relacionamos con el mundo”, explica.

 

“Control”, autoeditado, 2016.


 

“Me parecía difícil hacer un retrato sin juzgar a la persona. Por ejemplo, me fui a hacer fotos abstractas, de arquitectura, porque me parecía menos violento, violento entre comillas. Ahora mismo en Leganés no me sale hacer fotos con la cámara profesional porque violenta mucho a la gente. Este proceso ya me lo llevo más allá, me gusta trabajar con el móvil. O ahora que estoy hablando contigo, hago una captura, es apropiarme de tu imagen pero aquí estamos en un contexto en el que sale de una manera un poco más natural”. Aprieta el botón. Click.

 

Le pregunto por la tensión entre ser crítico con el sistema y al mismo tiempo estar bien considerado dentro de ese sistema. Por ejemplo, exponiendo en PHotoEspaña como hizo él en 2016 con su fotolibro “Control”. Pero cuando González está explicando que él lleva una vida precaria y que no tiene claro qué es el éxito, la conexión se va para no volver.

 

Después de varios intentos de conectar el portátil, decidimos seguir la conversación desde otro ordenador sin cámara, por chat. Y por chat, la barrera de la tecnología de repente parece más fina, distorsiona menos la conversión. Acabamos la entrevista casi como si fuera una conversación entre amigos:

 

 

 

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