Biblioteca Madriz: Un cuarto propio y Libracos

Cristina Serrano de la librería nómada Un cuarto propio y Silvia Hijano del estudio editorial Libracos comparten su pasión por los libros y, aunque se trata de dos proyectos diferentes, resulta prácticamente imposible hablar de una sin hacerlo de la otra. Por Javier Yohn Planells.


30 mayo 2017

Cristina Serrano y Silvia Hijano se conocieron en 2010. Serrano vio el trabajo de Hijano y la llamó para que impartiera un taller de encuadernación en Ciudad Real, dónde estaba en aquella época Un cuarto propio. “Y nos hicimos amigas desde el primer día y luego nos pusimos a organizar”, dice Serrano. Hijano recuerda lo rica que estaba la sepia, “no sé por qué, estaba buenísima la sepia en Ciudad Real”, y las dos estallan en risas.

 

Estamos una antigua carbonería de la calle Mazarredo que ahora acoge el estudio editorial Libracos, de Silvia Hijano, y Un cuarto propio, la librería nómada (y mucho más) capitaneada por Cristina Serrano. Se sientan en dos viejas butacas de cuero rojo rodeadas de muebles en penumbra repletos de papeles, libros, herramientas, espejos, velas e incluso una calavera o un sombrero de copa steampunk.

 

 

La relación entre Libracos y Un cuarto propio es simbiótica. En el sótano, Cristina Serrano imparte sus talleres. En una pared hay un mural de Mariajo Ilustrajo en el que pone “Una habitación con vistas”; en la otra, una pizarra con anotaciones en tiza. Por su parte, “Cristina aporta toda la agenda cultural que hay ahora en el local, sale de ella… porque yo es que no me entero de nada. Yo soy más de cartones”, dice Hijano. “Sí, luego yo intento cortar un papel y me sale torcido”, dice Serrano. Y vuelven a reír.

 

Cristina Serrano trabajó durante quince años en el sector turístico, pero le encantaba escribir y “de pequeña siempre estaba cogiendo libros. Quería hacer algo relacionado con lo que me gusta”. Como librera de una tienda online no trabaja con mucho stock, va eligiendo con una máxima: “Un libro que te deja cicatriz, que no te deja indiferente”. En Un cuarto propio se puede encontrar novela, poesía, ensayo y también una sección de Tesoros. “Hay poquitos, lo importante es que se cuide la edición, algunos están hechos a mano”.

 

Pero Un cuarto propio, según reza la web, es algo más que una tienda que vende libros. Por un lado, ofrece laboratorios de escritura.

 

¿Por qué se llaman laboratorios?

 

CRISTINA- Porque curso me suena muy formal. Talleres, no sé… Y lo que hacemos es experimentar. Si es que lo de las palabras, creemos que sabemos usarlas, de pequeño empiezas a hablar y escribir y te emocionas con las palabras y luego las dejamos ahí, aparcados. Yo enseño a ponerlas en su sitio, dependiendo de lo que quieras transmitir, de tu proyecto”.

 

Cristina Serrano. Fotografía: Javier Yohn Planells.


 

Y funcionan, “se crea muy buen ambiente y hay gente con la que llevo ya casi tres años”. De hecho, Serrano lleva sus laboratorios en la maleta por toda la geografía española.

 

El tercer rincón de su cuarto propio es el club de lectura que se celebra en el bar Juan Raro, en Lavapiés. “Cierro varios meses, pongo el libro y la fecha, y viene el autor a comentarlo con los lectores. Somos unos quince y cada vez participan más. El último fue con Luis Goytisolo, que vino desde Tarragona”, dice Serrano.

 

 

En la lista de colaboradoras de la web y en las fotos de las actividades de Un cuarto propio prácticamente sólo hay presencia de mujeres…

 

C- Ya, lo he pensado muchas veces, pero no sé por qué. Por el nombre, no. Porque sea yo mujer, tampoco. A veces me han dicho: librería de mujeres. No, ni es una librería feminista, ni de mujeres. La única explicación que encuentro es que a lo mejor nosotras nos relacionamos más, nos apuntamos a más cosas…

 

SILVIA- En mis cursos los hombres que se apuntan es porque tienen relación profesional, porque son ilustradores, trabajan en una agencia… Las mujeres, no. Las mujeres se apuntan porque les apetece hacerlo.

 

C- Una vez una alumna me comentó que a los hombres les cuesta más decir que no saben hacer las cosas [risas]. Pero, no, yo no creo que sea nada. No sé.

 

S- A lo mejor hay otro sitio que son todo hombres. Y todavía no nos hemos mezclado [risas].

 

Silvia Hijano. Fotografía: Javier Yohn Planells.


 

Silvia Hijano nunca imaginó tener un local tan bonito. Empezó en Patrimonio Nacional y fue rotando por donde ha podido, adaptándose, hasta llegar a este estudio de encuadernación casi a orillas del Manzanares. “Llevo 14 años viviendo de hacer libros y ya no sé hacer otra cosa. Bueno, de hacer libros, de hacer cursos, pero todo tiene que ver con el libro”.

 

Su objetivo sería “tener gente contratado todo el tiempo, podríamos hacer millones de cosas”. Ahora son cinco personas que van entrando y saliendo de una manera más o menos estable, dependiendo del proyecto. Libracos trabaja con agencias, haciendo servicios a empresas, y “cada vez es una aventura nueva”, pero a Hijano le gustaría hacer cosas fuera de eso, producto propio que sólo se puede permitir cuando tiene dinero. Aún así tiene algún “proyecto secreto” que no puede contar y una colaboración con un grupito de gente de Google Campus para hacer libros en pop-up con realidad aumentada.

 

Fotografías: Javier Yohn Planells.


 

Hoy en día las dos viven haciendo lo que les gusta aunque eso implique compartir piso, no tener baja laboral, ni paro, ni pensión, ni hacer planes o pensar demasiado en el futuro. “Yo haré esto hasta que no me guste. Mi madre siempre dice que si solo falta dinero entonces no falta nada”, dice Hijano. Cristina Serrano, por su parte, se imagina “haciendo lo mismo pero de otra manera, siempre estoy transformándome”.

 

Antes de acabar la entrevista, hacemos la única pregunta que es fija en las entrevistas de Biblioteca Madriz.

 

¿Un libro sobre Madrid o de un autor madrileño?

 

C- Pues voy a aprovechar para lanzar un mensaje [risas]. Lo primero que he pensado es en Luces de bohemia, que a mí me fascinó. Y es que no hay una edición bonita, así que lanzo un mensaje a los editores: que hagan una edición bonita e ilustrada de Luces de bohemia.

 

Fotografía: Javier Yohn Planells.

 

Salimos a la puerta. La fachada pintada de verde está custodiada por Justo, el conejo, el espíritu familiar de Libracos, que se ha convertido en una celebridad del barrio. Hijano le cambia la ropa al muñeco de vez en cuando y los niños se paran a charlar con él a la vuelta del colegio. Justo es traficante de libros y a su lado siempre hay un cesto de libros a disposición de cualquiera lo suficientemente sigiloso para cogerlos.

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