Boye, el documental

Hablamos con Sebastián Arabia, director de “Boye”, el documental que repasa la vida de Gonzalo Boye. Por María Aller


27 julio 2016

Gonzalo Boye es una de esas personas cuya vida merece como mínimo un documental: condenado injustamente por el secuestro de Emiliano Revilla, participante en los casos tan mediáticos como el del 11M o el de Edward Snowden y editor de la revista Mongolia. Por fin alguien lo ha hecho posible. Hay que agradecer a Sebastián Arabia que haya dirigido este documental, que se estrena el 29 de julio, y que trata única y exclusivamente la figura de este letrado.

 

 

¿Cómo nació la idea de hacer un documental sobre Gonzalo Boye?

En realidad no me llega. O sí, no sé. Nosotros estábamos haciendo una serie de documentales en la cual entrevistábamos a Gonzalo. Una cosa bastante informal, pero muy interesante. Conocía la figura de Gonzalo por todo el tema de los juicios del 11M. Gustavo Ducasse (el coguionista de Boye) y yo hicimos dos entrevistas con él en 2014 y nos llamó mucho la atención en un momento dado. Ambos nos llevamos la misma impresión de que algo había. No teníamos ni idea de qué. Solo que era un personaje que nos había intrigado. Entonces, en un momento empezamos a fantasear con la posibilidad de hacer una película sobre él. Nos documentamos un poco más, y vimos qué había contenido. Y un día se me ocurrió ponerle un mensaje a Gonzalo y quedé con él. Se lo iba a proponer, pensando que él iba a recapacitar por un tiempo con esa idea. En cambio, en quince minutos me dijo que sí. Ahí llamé a Gustavo para decirle: “me he tirado a la piscina con esto, y resulta que sí, que lo tenemos”.

 

¿Te intimidó tu personalidad?

No me intimidaba, pero sí que se caracterizaba. Sí que recuerdo que la primera vez que nos reunimos, cuando todavía no estaba la idea del documental, me llamó más la atención el personaje, porque hubo un momento que me pregunté “¿Soy yo quien está valorando a este señor o es él quien me valora a mi?”.

 

¿Te lo puso fácil?

Sí que es cierto que Gonzalo es difícil de definir. Yo siempre he visto al personaje como un personaje de acción: alguien que por su propia naturaleza está acostumbrado a la acción, pero al hecho de estar en activo, no de volar camiones. Forma parte de él hasta cierto punto, sin entrar en la idea de luchador. Esa conjugación puede dar la idea de una persona con el objetivo de intimidar, pero no lo es. En el trato cercano, de hecho, es complicado no tener proximidad. Yo soy introvertido y tiendo a marcar las distancias, con él me fue muy fácil tener cercanía.

 

¿Qué crees que fue lo más difícil de preparar junto a él?

Creo que, como a todos, la parte más compleja fue hablar de lo más personal. La niñez, la familia, en un contraste directo con el resto de su vida –como su sentencia o vida en prisión- entiendo que es lo más duro. Gonzalo es un personaje al que no le gusta enseñar mucho esas “debilidades”. Lo que tenía eran muchas ganas de hablar, y nosotros llegamos en el momento adecuado.

 

¿Qué fue lo que más te interesó?

¿De todo? Lo que más me llamó, y creo que se desvela a lo largo de toda la película, es el tema. La idea –en su más amplio espectro- de justicia, y en sus diferentes puntos de vista. Era muy interesante ver el ciclo vital de Gonzalo. El personaje me interesaba aparte del documental: tan poliédrico, tan complejo… Mi preocupación era cómo trasladar esas sensaciones que habíamos tenido nosotros con Gonzalo a la hora de entrevistarlo a los espectadores. Y sin generar un artificio de “multiversiones” de un suceso que aparentemente da una sensación más cercana a la verdad. No nos interesaba hacer ningún relato de eso. De ahí vienen cuestiones narrativas como que Gonzalo mire a cámara, etc. De hecho, ya estábamos en la producción, y todavía no teníamos claro cuál era el tema de nuestra película. Y en un momento de grabación, dijimos: “Este es el tema de la justicia”.

 

boye

 

El final queda bastante abierto. ¿Qué querías mostrar con ello?

Él lo que hace es un gesto de una cierta sonrisa, que forma parte de su personalidad. Él es muy así, y hasta cierto punto le convence la idea de generar alguna respuesta sin pregunta. Para mí era el final perfecto para un personaje, en el cuál, visto toda la trayectoria previa, tiene mucho que mostrar de aquí a 20 años; no es una película de alguien que en media hora se va a morir. Por eso me gustaba el gesto que dice “esto no ha terminado” y el propio tema está muy abierto. Es posible que el día de mañana nos encontremos con que hay novedades. Aparte, hay una cosa de Gonzalo, que no lo digo desde el punto de vista negativo, y es que es estratega, y esto forma parte de su propia profesión. Por eso, en el seguimiento que hacíamos de él, nos preguntábamos “Sobre esto que está hablando, ¿cuál será su siguiente paso?”. Veíamos que algún paso ya lo tenía claro, no es un improvisador. Por eso la pregunta abierta era una conformación de cosas que era la síntesis final del personaje.

 

Ya son tres documentales, ¿Qué huella te ha dejado hacer estos proyectos?

Mi conclusión personal, y es inherente al perfil como director, es que las cosas son más complejas de lo que a nosotros nos gustaría que fueran. Desde la primera vez que puse detrás de la cámara para un documental me he sentido como un invitado, porque me he criado en la ficción, pero la sensación de que cada vez das un paso más hacia adelante.

 

¿Te llama más la ficción entonces?

La ficción ha sido mi casa y lo seguirá siendo. Pero se metió Boye de por medio. Ya tenemos en marcha un par de proyectos de ficción, no sé para cuándo. Lo que pasa es que me he encontrado con un género que como espectador me encantaba, pero que no me llamaba como director. Pero gracias a hacer estos documentales me he encontrado con eso que comentaba antes: da igual si es política, o relaciones personales. Las cosas son muy complejas en el fondo.

 

Si tuvieras que hacer otro documental sobre otro personaje, ¿a qué personalidad escogerías?

Tengo una pero no te la voy a decir (ríe). Porque ya veremos si lo hacemos y tampoco quiero adelantar muchos acontecimientos, y que se nos asuste.

 

¿A quién recomendarías ver Boye?

Uf. Sinceramente, nunca me lo han preguntado y nunca me lo he planteado.

 

Bueno, opciones hay…

Sí, sí, pero al final uno acaba recomendando las cosas a alguien específicamente porque creo que puede sacar algo. Como director, cuando acabas un proyecto, solo ves errores y problemas y tampoco te ves muy “recomendador” más allá de promocionarlo. Pero sinceramente, me has dejado k.o. con la pregunta. Muchos espectadores me han dicho que hay lecciones valiosas en el documental. Cada uno saca de las películas sus propias conclusiones. No era nuestra intención dar lecciones ni sacar conclusiones de verdad absoluta. De hecho, del cine documental me gusta la idea de recoger el testimonio, y que por mucho que quiera, no puede ofrecer más verdad que cualquier otro planteamiento. Igual en un tiempo se me ocurre alguien a quién recomendarlo.

 

pasaporte

 

¿Hay mucho de la película que te hubiera gustado mejorar?

Sí, siempre, pero todos. En mayor o menor medida. Y depende de la película. Siempre hay una mirada crítica sobre lo que se hace. Hay un espacio de tiempo, en el que tu película es perfecta en tu cabeza: no hay problemas. En el momento de producción en sí, vas a lograr completar un tanto por ciento de lo que tenías en tu cabeza. No es una frase hecha, es una verdad que el cine es un trabajo de equipo y a lo largo de las fases hay muchísimas aportaciones nuevas. “Boye” ha mejorado mucho con el equipo. Terminas haciendo algo muy parecido a lo que tenías como idea. También está el tema del presupuesto. Yo hubiera necesitado seis o siete veces más presupuesto que con el que contaba. Pero la conclusión es ¿el producto final funciona? Si es sí, perfecto.

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Comentarios:

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Andrea says:

Vi esta documental en el Atlantida Festival de Palma de Mallorca y solo puedo decir una cosa: ESPACTACULAR

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