Brian Eno y 77 millones de obras

Una obra de Brian Eno que se despliega en 77 millones de posibles obras.  Hasta el 22 de marzo en la Sala Alcalá 31. Por Lara Alcz Miranda


22 enero 2014

 

La obra de Brian Eno, 77 million paintings es una obra audiovisual que envuelve al espectador desde el mismo momento en que se adentra en la sala de exposición. Una escapada visual donde se experimenta una continua exploración dentro de la luz y el sonido. A través del color y las posibilidades estéticas de las diferentes combinaciones. Una transformación constante que permite crear una mirada adictiva para el público.

 

Brian Eno es especialmente conocido por su faceta musical. Fue uno de los fundadores de Roxy Music, y uno de los padres de la denominada música ambient a partir de 1973, que más tarde pasó a dedicarse tan sólo a la producción. Motivado por los conceptos de la música ambient que tratan sobre las texturas y las atmósferas que pueden generar los sonidos, se lanzó a la creación audiovisual. Cursó estudios en la Escuela de Artes de Ipswich y Winchester en Inglaterra. Así, a los 17 años creó una obra de luz, que el mismo denomina como “simple” que le motivó a seguir más tarde experimentando con este elemento sumando al sonido, dando lugar a nuevas posibilidades visuales acompañadas por melodías estáticas que marcasen el ritmo de las composiciones.

 

Eno creó esta composición hace 25 años en principio para trasladar una obra artística en pantallas y monitores, que normalmente se emplean para actividades de poco calado, a su modo de ver. Ahora 77 Million Paintings constituye una gran instalación que usa múltiples configuraciones en doce pantallas. Sobre ellas se proyectan una sucesión aleatoria de imágenes que se emplastan aleatoriamente. Unas 300 elementos distintos, tanto sonoros como visuales que se proyectan al azar pero que no fueron creadas de igual modo.

 

La clave de la construcción de esta obra es el método que Brian Eno empleó, el software. A partir de algoritmos el artista ha creado una instalación que aproximadamente da lugar a unas 77 millones de obras subyacentes. Un bucle sin principio ni fin que difumina los límites de la interpretación.

 

El juego de los sentidos es esencial en la sensualidad de la obra, nunca será admirada de igual forma. El espacio sitúa al visitante en un bosque de sonidos inquietantes, a veces naturales, otras veces artificiales que gracias a las imágenes fascina e ilumina. Según Eno, estamos en el tiempo donde somos capaces de mostrar todo aquello que queremos, pero escogiendo siempre qué mostrar. Es en tu propio espacio donde tomas la decisión de hacerlo, por lo que se puede elegir con qué velocidad. Al igual que con la música se decide si hacer una performance en directo o grabarla, en el arte la performance permite una instantaneidad que responde a la rapidez, y el vídeo hace posible trasladar el mensaje más rápidamente y a una escala mayor. Estableciendo una diferencia entre la información visual y el sonido, donde existe una batalla entre la supremacía de la originalidad y la copia única y el papel de la obra en sí y su concepto.

 

En 77 Million Paintings el público no sabe a qué se enfrenta, ni tampoco cuál será el resultado, así que cuando el mismo artista contempla su obra, observa cosas que ni si quiera ha sido capaz de predecir, porque es muy posible que no haya tenido la oportunidad de ver todavía esas 77 millones de combinaciones, es más, quizás nunca lo haga. Por ello, cada uno de los momentos que traslade la obra, serán únicos para el espectador. Todas las experiencias estéticas serán diferentes. Puede que sea una de las características más novedosas de la propuesta, dado que estamos acostumbrados a situarnos frente a obras de arte ya finalizadas, con un discurso cerrado, normalmente completadas en aquel momento en el que son observadas. Sin embargo, la obra de Brian Eno es capaz de emerger y crecer en cualquier lugar, en cualquier momento de exposición y dar lugar a algo totalmente nuevo. Obviamente si que existe un mínimo control sobre lo que es proyectado, porque como se apuntaba anteriormente, el autor decide qué imágenes mostrar y cuáles no, pero no elige las combinaciones. Es una idea diferente a lo que tiende a hacer un artista y también de lo que hace el observador. La cuestión está en que la experiencia del público es también única, y no necesariamente igual a la del artista o a la de otra persona.

 

La instalación experimenta diferentes procesos de cambio también en su montaje, pues cada lugar donde es presentada tiene unas características que no son iguales al anterior. Son diferentes espacios y diferentes lugares que crean ambientes distintos. De hecho, esta pieza ya ha viajado a lo largo de diferentes países. Ha estado expuesta en Sidney, en México DF, en Milán, Abu Dhabi o Tokyo. Ahora, llega a Madrid dentro del programa de Madatac hasta el 30 de marzo.

 

Madatac es la Muestra de Arte Digital y Audiovisual y Tecnologías Avanzadas Contemporáneas, una plataforma internacional independiente para fomentar y difundir el arte audiovisual con nuevos medios. Un festival que hace hincapié en la necesidad de crear circuitos expositivos abiertos, donde la originalidad y la innovación brillen por encima de otros aspectos. Tiene además el objetivo de servir como laboratorio de experimentación real para los artistas y los comisarios de las muestras, y así fomentar una escena donde la crítica, el coleccionismo, la creación, y el entorno académico pueda sentirse incluído. Apoya a nuevos talentos y a artistas con mayor recorrido, que pueden sentirse libres de dar rienda suelta a su inspiración con el fin de ofrecer arte nuevo que se salga de la conformidad y transforme el lenguaje audiovisual. En esta edición se dan cita más de 150 artistas internacionales donde hay varios creadores españoles.

 

Aquí se puede consultar parte de la obra.  Asimismo la exposición estará abierta al público en la Sala Alcalá 31 de Madrid hasta el 22 de Marzo.

 

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