Búsquese enemigos de su altura

No soy especialmente cinéfila, pero el otro día vi “Rush”, la película sobre la rivalidad entre Niki Lauda y James Hunt, los pilotos de fórmula 1 que triunfaban en los 70. Me gustó, porque tiene buen ritmo y la vi muy bien acompañada. Pero también porque me hizo pensar. Por: Diana Aller.


01 abril 2014

 

Me hizo pensar en lo sana y estimulante que puede ser la rivalidad. Si no han visto la película o desconocen la historia, les cuento: en 1976 dos pilotos se disputan el título de Fórmula 1. Se trata del mujeriego, alocado y salvaje James Hunt, todo un animal instintivo sobre ruedas, y Niki Lauda, austriaco, millonario (por lo visto nieto de un gallego llamado Juan Lauda Crespo), serio y finísimo en cuanto a técnica y precisión. Sus caracteres antagónicos chocan desde el minuto uno, y surge entre ellos una competencia que les mantendrá en constante duelo. El afán de superación de uno, se basa en ganar al otro. De hecho, en la película se refleja excepcionalmente esto, cuando Niki Lauda se recupera en el hospital con unas curas chunguísimas que soporta estoicamente mientras ve por televisión la fulgurante trayectoria de su oponente.

 

A todos nos ocurre algo parecido: No hay nada que nos estimule más que un enemigo, un ex , un contrincante  o un/a ex de un/a ex… Coco Chanel dijo “Las fiestas se hacen para quien no invitas”; y esa rabia, en efecto, es un motor más motivador que cualquier estímulo positivo.

 

En Madrid tenemos un clarísimo ejemplo literario de tejemanejes, odios y –como en “Rush”- soterradas admiraciones. El Madrid de las letras está lleno de rincones y anécdotas de Lope de Vega y Quevedo, que como buenos madrileños y chulos, se lanzaban puñales motivados por la rivalidad. Para añadir más tensión Góngora (que era cordobés) andaba también por allí, dotando al Barroco de poesía y desengaño, y llevándose a matar con Lope de Vega.

 

Recomiendo la visita a la casa museo de Lope de Vega, donde resulta fácil encontrar vestigios de una época de lirismo literario y de engrandecimiento de la lengua. El escritor, defensor de una poesía clara, atacaba a Góngora, más intrincado y farragoso, pero desde la más profunda admiración (“Canta, cisne andaluz, que el verde coro del Tajo escucha tu divino acento”).

 

Quevedo, el más ácido de esta terna, arremetió con su particular estilo chulesco contra uno y otro. De hecho, llegó a comprar la casa de Góngora (estaba enfermo y arruinado por las deudas de juego que había contraído) solo por el placer de ganar a uno de sus contrincantes. Quevedo también escribiría un epitafio, del andaluz. Eso sí, cuando  aún no había muerto (“Este, que en negra tumba, rodeado / de luces yace muerto y condenado / vendió el alma y el cuerpo por dinero / y aún muerto es garitero… / La sotana traía / por sota, más que no por clerecía; / hombre en quien la limpieza fue tan poca / (no tocando a su cepa) / que nunca que yo sepa, / se le cayó la mierda de la boca”.)

 

Y así, creciendo como enemigos en el Siglo de Oro español (de hecho concentrado en Madrid) los más prolijos y grandes escritores se dispensaban insultos en verso y trabajaban sus figuras literarias para superarse unos a otros.  Sin embargo, se tenían un aprecio desmesurado y en privado se defendían y leían. Porque el trasfondo, lectores todos, es la admiración. Como la que se profesaban Niki Lauda y James Hunt. Amor y odio como equiparación del yo.

 

Decía Jorge Luis Borges “Elige bien a tus enemigos porque, tarde o temprano, acabarás pareciéndote a ellos”. Y seguro que es verdad ¿O ustedes no tienen enemistades de altura?

 

…¡Y cuán enriquecedoras son!

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Comentarios:

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juanete says:

Felicidades el epitafeo más que epitafio de Quevedo a Gongora es muy bueno y refleja la realidad de la vida las envidias que nos tenemos los seres humanos,pero como hablas en el artículo tambíen se respetaban y admiraban y lo que hacian era competir a ver quien escribia mejor, y tenia más sabiduria y buen humor . Ademas son muy valientes por que lo hacian viviendo todavía los dos, ademas me siento identificado con Gongora, pero mi caso era al contrario era un Cordobes el que se metia con un Toledano llamandole cosas parecidad.

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