Cabello/Carceller. De los cuerpos a los espacios y la necesidad de contaminar la institución

El colectivo madrileño Cabello/Carceller presenta una retrospectiva en el CA2M que se puede visitar hasta el 7 de mayo,  que abarca prácticamente toda su producción. Hablamos con ellas tras recorrer la muestra.  Por Marta Sesé.


31 enero 2017

Cabello/Carceller, Helena Cabello y Ana Carceller (París, 1963 / Madrid, 1964) inician su colaboración a principios de los años 90. A través de distintas disciplinas, su trabajo se centra en poner en cuestión el sistema de representación hegemónico. Mediante una metodología feminista y queer, algo, en ese momento, prácticamente desconocido en España, y usando estrategias como la apropiación o el relato de ficción, proponen alternativas críticas a una cultura visual hegemónica que tiende a ignorar a las minorías o a relegarlas a construcciones cuestionables.

 

Cabello/Carceller, “Bollos”, 1996.

Cabello/Carceller, “Bollos”, 1996.

 

“Borrador para una exposición sin título (Cap. II) Cabello/Carceller” puede considerarse como una declaración de intenciones del “desvío” que quiere tomar el CA2M bajo la dirección de Manuel Segade, quien, tras un periodo natural de transición entre direcciones, inaugura su llegada con esta propuesta comisarial, que parte de una primera retrospectiva a Cabello/Carceller que pudo verse en el MARCO de Vigo justo un año atrás. Respecto a las diferencias que podemos encontrar entre estos dos capítulos de una misma propuesta, Manuel Segade explica: Hay una cosa que me interesaba en el MARCO y es que ese centro es una cárcel panóptica perfecta, como de principios de siglo XIX. La parte que utilizamos tiene salas gemelas, idénticas. Dividimos la exposición y las salas reproducían el mismo modelo a través de un sistema de dobles que era constante. Aquí, en el CA2M, las salas no son iguales y teníamos que romper esta dinámica. En las salas hay como muescas, podemos decir que las salas están “machihembradas”. Esto permite una contaminación, que la obra no fuese simplemente una pieza que queda bien en las salas y que funcione, sino que contaminase realmente ese discurso queer de la propia institucionalidad que ofrece el museo..

 

Saliendo del ascensor (afectado, por cierto, por la reciente intervención arquitectónica de Andrés Jaque con su proyecto “Acupuntura” y por la también recién estrenada señalética de Dora García), la muestra se inicia con una vitrina de documentación y una cronología que ya marca la primera diferencia. Se trata de una cronología que refiere a un relato social colectivo, el de las artistas y el del propio movimiento feminista y queer, un relato “cronopolítico” en el que la superposición es lo que da sentido a la lectura. Asimismo, la documentación, previene al visitante de hallarse ante una exposición que, más allá del disfrute, le permite adentrarse en una narrativa compleja y política de la que se puede dejar afectar.

 

El principio del recorrido está conformado por el “Archivo: Drag modelos” (2007-en proceso) que discurre por diversas paredes de la muestra hasta culminar en una pieza hecha expresamente para la exposición. El archivo se entiende como una galería de retratos en el que se pretende rastrear la influencia cinematográfica en la construcción de masculinidades alternativas. Para ello, Cabello/Carceller han recorrido diferentes países europeos para encontrar personas con las que colaborar. Éstas son las que escogen un referente cinematográfico masculino para caracterizarlo. En relación al archivo como proyecto colaborativo, Cabello/Carceller me explican: El “Archivo: Drag modelos” es un proyecto en colaboración. Le pedimos a la gente que decida la película. Lo que nos sorprendió muchísimo es que una parte importantísima de la comunidad queer, por lo que vemos, solo ve Hollywood. Solo está el caso de Dina como Ray Sebastian en el que se marca la diferencia. Ella es portuguesa y escogió un director portugués adrede. El modelo de masculinidad que mira el resto de la gente es el modelo hollywoodiense. Ahí se observa un poco como la forma de construcción o de acercarnos nosotras a los cuerpos y a los espacios es también la forma en la que Hollywood se acerca fragmentando realidades.

 

Cabello/Carceller, “Archivo: Drag modelos”, 2007-en proceso.

 

A continuación, los proyectos audiovisuales toman protagonismo. Encontramos “El Estado de la Cuestión_un ensayo performativo” (2015), un vídeo realizado en el interior del Pabellón de la última Bienal de Venecia, espacio donde también se exhibió por primera vez. La trama, construida a partir de cinco actos y retomando metodologías estéticas feministas y queer propias de la serie B, incorpora el espacio significante del pabellón como representante del territorio Schengen y, también, como representante de un país deprimido por una crisis económica fruto de las políticas neoliberales. Siguiendo el recorrido, hallamos, entre otras, “Off Escena: Si yo fuera…” (2010-2011), una propuesta audiovisual protagonizada por cuatro internas del Centro penitenciario Madrid-I de Alcalá Meco en un escenario donde destaca la pintada “Pregunta y habla“, una invitación a la acción que es la antítesis de la traducción al castellano de la conocida sentencia “Don’t ask, don’t tell” empleada por el ejército de EEUU como advertencia discriminatoria dirigida a militares homosexuales.

 

En el pasillo que conduce al último tramo de la exposición encontramos la pieza más reciente de Cabello/Carceller, “Donde todos son culpables, nadie lo es (After Hannah Arendt)” (2017), una reivindicación de la estética camp como espacio estético de resistencia que va acompañada de un listado –susceptible de ser ampliado– situado en la pared y en el que se presentan nombres de víctimas de la LGTBfóbia en España. Dicho listado se activa mediante una performance que se repite diversos días de la semana y que consiste en el nombramiento en alto de los nombres.

 

Cabello/Carceller, “Donde todos son culpables, nadie lo es (After Hannah Arendt)”, 2017.

Cabello/Carceller, “Donde todos son culpables, nadie lo es (After Hannah Arendt)”, 2017.

 

En el último tramo de la exposición se pueden ver las series de fotografías con la carga significativa de distintos espacios. Tanto “Alguna parte” (2000), realizadas en discotecas, como “Sin título (Utopía)” (1998), una serie de fotografías de piscinas que remiten a las pinturas de David Hockney de los años 60. Lo que en el caso de Hockney es una celebración del cuerpo masculino y del deseo homosexual se convierte aquí en un momento transicional en el que las piscinas esperan el augurio de una nueva temporada de baños.

 

Cabello/Carceller, “Sin título (Utopía nº29)”, 1998.

Cabello/Carceller, “Sin título (Utopía nº29)”, 1998.

 

Cabe destacar que entre todo este recorrido que podría hacerse, además, en distintas direcciones, se encuentran también piezas que pertenecen a los primeros años de trabajo de Cabello/Carceller. “Vista parcial” (1995), “Bollos” (1996) y “Prototipo#1: Relojes (Herramienta para artistas que trabajan en colaboración)” (1996) son algunas de estas obras que permiten, justamente, establecer diálogos entre distintos momentos de la trayectoria del colectivo comprobando como algunas de las preocupaciones se mantienen vivas.

 

– Tanto en vuestra trayectoria como en la muestra en la que nos encontramos, se visibiliza un importante giro del hecho de trabajar a partir de los cuerpos a pasar a hacerlo a través de los espacios.

 

Sí, hay un momento de saturación. Nosotras, en los 90, sentimos, en un momento dado, que teníamos suficiente trabajando desde nuestros propios cuerpos de una forma explícita pero también nos dábamos cuenta de que el contexto artístico centraba los discursos de género y los que trabajaban sobre sexualidades siempre con una escenificación de los cuerpos. Nos pareció necesario dar un giro hacia los espacios y mostrar que los espacios también construyen cuerpos, que también desde los espacios se construyen sexualidades. Que esos cuerpos están en un lugar. Lo que ocurre es que están, normalmente, fuera de lugar y fuera de tiempo. Y es ahí donde entra todo el trabajo de las piscinas y de las discotecas, funcionando desde el paréntesis como lugar donde estar. Los cuerpos habitan unos espacios y los construyen y los moldean. La problemática que a nosotras se nos planteaba es que, cuando se mira hacia las sexualidades disidentes, se piensa solo en términos de sexualidad, no se piensa en términos de políticas de la sexualidad que es la forma en la que se reconduce esos cuerpos. Nos preocupaba mucho qué ocurre o qué cultura construyes, qué artes y qué culturas ofreces si solamente dejas habitar los cuerpos en tipos de espacios muy concretos, que son el espacio de la fiesta y la reunión. Los bares han sido espacios muy importantes en la cultura gay y lesbiana pero a veces no te dejan ver más allá. Y se trata de lugares que han construido cosas, por ejemplo, mucha gente no se plantea cómo durante mucho tiempo, cuando estuvo prohibida la homosexualidad, los travestis tenían que trabajar en los bares en condiciones lamentables.Teníamos que socializar en espacios donde no se puede hablar muy alto, donde no se puede “discursar”, solo se puede bailar. Son espacios que, además, te llevan a unas horas que no te permiten habitar otros. Y no estamos diciendo que esto sea bueno o malo, estamos diciendo que nos fijemos en que existe esta circunstancia y en qué lectura se hace de ésta. Porque después es cuando dicen que “solo nos interesa la fiesta”, cuando no te han dejado vivir más que por la noche y a escondidas. Sin olvidar, claro, que nosotros hemos hecho de la fiesta un espacio político.

 

– Siendo pioneras en el trabajo desde lo queer en España, ¿el hecho de “renunciar” a la visibilidad explícita del cuerpo en vuestro trabajo supuso un periodo de incomprensión?

 

Creo que ha sido el paso más difícil que hemos dado. Sí, fue una total incomprensión. Incluso por parte de personas más implicadas en los discursos. No entendieron lo que estábamos haciendo. Es cierto que quienes trabajamos desde lo queer o desde una posición de problematizar los discursos, tenemos una capacidad de adaptación mayor y que, muchas personas que en un principio no entendían lo que hacíamos, enseguida lo empezaron a hacer. Aquí en España no se entendió inicialmente, sin embargo, en el extranjero, aunque también a posteriori, algunas teóricas y teóricos nos han comentado que les parecía que había sido un gesto muy interesante plantearnos la idea de espacio como queer. La particularidad es que no se trata una aproximación arquitectónica sino que es una aproximación en relación a qué poéticas del espacio están marcando nuestras poéticas corporales. Y también, claro, nuestras políticas corporales. Lo que la gente esperaba en un primer momento de nosotras como artistas lesbianas era muy claro. Pero era demasiado fácil caer en eso y hubiésemos perdido el control sobre nuestro propio discurso. La situación es tan incómoda, a veces, que incluso cuando muchos años después se ha hecho una exposición sobre políticas y espacio, como nuestros trabajos hablaban de sexualidad han sido excluidos de la exposición porque, según ellos, “no son políticas”. Desde el punto de vista patriarcal, tanto de la izquierda como de la derecha, para ellos esto “no es política”, son “cositas de las minorías”.

 

Cabello/Carceller, “Alguna parte”, 2000.

 

– ¿Es posible “queerizar” el museo?

 

Sí. Se puede, por ratos. Aquí, en el CA2M, hemos trabajado con total libertad, hemos hecho lo que hemos querido. Nosotras casi siempre lo hacemos así, también fue el caso de nuestro último proyecto en Valencia: ahí también “queerizamos” el museo. Pero lo que más nos preocupa son los museos que no están siendo “queerizados” pero que aplican una pequeñita cuota queer y justifican, así, unas políticas anuales totalmente contrarias. Es muy fácil ahora mismo llegar a un museo y decir que estás haciendo una revisión feminista o queer cuando tienes una programación patriarcal el resto del año. Esta es la única preocupación. Pero sí, nosotras siempre hemos sido partidarias de contaminar la institución. Siempre contamos que, cuando empezamos, no teníamos problemas para exponer si lo hacíamos en sitios muy alternativos. El problema era entrar en la institución, eso ha sido realmente muy complicado. Ahí era donde no querían que estuviéramos. Entonces, en nuestro caso, también por tiempos generacionales, lo radical era contaminar la institución y deconstruirla. Y para eso tienes que infiltrarte asumiendo las contradicciones que ello pueda tener. Pensamos que alguien lo tiene que hacer pues el problema de que la institución lo haga por su cuenta es que al final termina banalizando los discursos. Y ahí está parte de nuestra labor: hacer lo posible para intentar que eso no ocurra.

 

– ¿Cuándo va a salir y qué va a suponer la publicación que estais preparando? ¿Va más allá de un catálogo al uso de la exposición?

 

Si no falla nada saldrá para ARCO. No es exactamente un catálogo. La idea es que sea más bien como un manual de apoyo para conocer mejor el trabajo. Que tenga un recorrido por trabajos que no se han catalogado. Se trata de que exista un volumen al que dirigirte cuando quieras tener información sobre las líneas que atraviesan todos los proyectos y que sea también bastante claro, que sea manejable; que sea una herramienta que posibilite trabajar a la gente que tiene interés tanto en nuestros proyectos como en los discursos que los proyectos trabajan. No lo recorrerá todo, sino que vamos a priorizar aquellos trabajos que ayuden a dar una lectura de la línea que hemos ido siguiendo, pues hay piezas antiguas que dialogan con piezas actuales. Muchos años después hemos seguido lógicas con distintos resultados, pero lógicas que no dejan de ser muy parecidas. Las herramientas para trabajar en colaboración están asumidas, por ejemplo, en muchos proyectos a lo largo de toda la trayectoria. También lo está nuestra manera de tomar el museo o de usar el espacio de exhibición como espacio de producción. Cambian muchas cosas, lógicamente, porque los tiempos pasan, pero hay una serie de ideas o de modos de hacer que sí se pueden rastrear cuando puedes ver el trabajo de una forma más global.

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