Cerrojazo a la incultura

Con el comienzo de año ha llegado a su fin la cuenta atrás fijada por la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1991, lo que obligará a muchos locales a cerrar sus puertas para siempre. Hacemos un repaso por algunas de las salas míticas de Madrid que han echado el cierre (o están en peligro de echarlo) en los últimos años. Por Ángela Cantalejo


07 enero 2015

Foto: Café Central.

Foto: Café Central.

 

Este año que comienza me he propuesto ser muy optimista a pesar de que, a partir del día 1, en el centro de Madrid, hemos podido ver algunos locales emblemáticos echando el cierre como consecuencia de la cuenta atrás fijada por la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1991. Desde una visión puramente capitalista, las rentas antiguas de 4.000 o 5.000 euros para locales que se encuentran localizados en calles, plazas o esquinas privilegiadas de la capital pueden resultar muy bajas. Pero creo firmemente que si uno es propietario de alguno de estos locales debería pensar cómo quiere ser recordado: si como un lobo feroz aunque legítimo de las inversiones inmobiliarias, o como un posible inversor en historia urbana, en comercios artesanos únicos en nuestro país, en heroico (dados los tiempos que corren) mecenas cultural de espacios como el herido de muerte Café Central… Sí, no perdamos el norte, alguien con 4.000 o 5.000 euros de renta mensual ya puede vivir holgadamente. Y sí, es posiblemente una rentabilidad ínfima si lo comparamos con las ganancias de arrendar superficie a los magnates de la ropa en cadena. Pero, oigan, en un mundo ideal en el que no ganaran (siempre) los intereses económicos, estos propietarios se irían a la cama cada día sabiendo que están haciendo un bien mayor a su comunidad que a su bolsillo. Y eso debería ser una alegría inmensa.

 

Pero lo que nos lleva al caso es, precisamente, el posible cierre de uno de los templos del jazz de nuestro país, ubicado en la plaza del Ángel, y que ha servido de escenario para innumerables fuera de serie como Chano Domínguez, Tete Montoliu o Paquito de Rivera: el Café Central. Seguirá abierto hasta que haya una sentencia judicial firme. Mientras, arrendado y arrendador están negociando una nueva renta que sea beneficiosa para ambas partes. Pero, echando la vista atrás, el cierre del Café Central es sólo uno más de las innumerables pérdidas musicales que hemos vivido en los últimos años en cuanto a locales con solera se refiere.

 

Esto de los iconos musicales tiene que ver mucho con el manido desencanto generacional que uno arrastra y que bien podríamos llamar, con más precisión, “envidia cochina a la generación inmediatamente anterior a la tuya”. En mi caso, es un ferviente resentimiento hacia los nacidos en la década de los 70 aunque eso suponga reconocer en canal que pertenezco a los innombrables 80 y que mi despertar musical se inició con los casettes de Mecano que mi padre ponía en el coche. Una pena. La cosa tendría solución si no fuera porque el comienzo de mi adolescencia coincidió con el girl power voceado por las Spice Girls y la caída de ojos de Nick Carter. Sí, fue la consecuencia inmediata de aquel año monstruoso de finales de los noventa en el que Kurt Kobain decidió pasar a mejor vida haciendo que todos nos volviéramos alegres por fin y empezaron a aflorar las boys bands y las carpetas forradas con fotos de Mark Owen, Leo di Caprio y River Phoenix. No es un pasado para estar orgullosa, desde luego, pero uno no puede renegar de lo que ha sido siempre que quiera resarcir el daño en un pequeño homenaje a esas salas, más allá de la aclamada Rockola, que se convirtieron en leyenda mientras yo era aún una niña.

 

Foto: web Templo del Gato.

Foto: web Templo del Gato.

 

Una de ellas, el Templo del Gato, celebra en 2015 su 30 aniversario aunque ya no es ni la sombra de lo que fue, con alguna actuación esporádica pero sin permiso ya para realizar conciertos. Esta sala pequeñita, cuna del punk rock patrio e internacional, albergó un concierto de Offspring en junio de 1993 para menos de 200 personas en el que se fundieron los plomos y hubo que suspender el directo hasta que se arregló el estropicio. Nada que envidiar a otro templo, la desaparecida sala Revólver, en la que actuaron grupos que ahora llenan estadios como Green Day, aunque a esta sala ubicada en la calle Galileo siempre se la recordará por programar, en esos primeros años del grunge donde en España se escuchaba a La Buena Vida, El Inquilino Comunista o Surfin’ Bichos, a unos casi desconocidos Pearl Jam que tocaron en febrero del 92 para un aforo medio vacío de solo 300 personas. Tan solo tres meses después, Mudhoney, los pioneros del movimiento que luego puso de moda Nirvana, actuaban por primera vez en España también en Revólver. Hoy, es una sala de música latina llamada El Gran Caimán. En fin.

 

No acabaremos este repaso sin mencionar al “Canci” (Sala Canciller) por la que pasaron grupos como Iron Maiden, Black Crowes o los Ramones y cuya puerta sigue hoy luciendo un hermoso candado desde el año de su cierre, allá por 1994.

 

cm san juan

 

Tampoco queremos olvidarnos de numerosos ciclos estupendos de jazz o flamenco organizados por el Colegio Mayor San Juan Evangelista, “El Johnny”, en esa dorada época en la que los universitarios españoles escuchaban algo más que reggaeton. Hoy, en cese temporal de su actividad, El Johnny se mantendrá en el recuerdo de muchos por ser uno de los espacios culturales más importantes de Madrid, Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, y que hizo sonar la voz del gran Camarón de la Isla por última vez. Desde la Fundación San Juan Evangelista intentan dar de nuevo esplendor a sus actividades y revitalizar una de las agendas musicales más ricas de la ciudad. Porque hay cosas que no valen dinero.

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