Una librería con vocación de centro cultural

Cervantes y Compañía ha cambiado de manos este verano. Sus nuevos socios, Marina Sanmartín, Alessandra Gatti, Raquel Vicedo y Christopher Holloway, nos cuentan cómo ha sido el traspaso, qué se encontraron al llegar y cómo es el futuro que quieren para la librería (y para ellos). Por Javier Yohn Planells.


31 octubre 2018

La librería Cervantes y Compañía (calle Pez, 27) está llena. La entrevista coincide con la puesta de largo de “Los Caídos” (Sexto Piso), la ópera prima del escritor Carlos Manuel Álvarez. La presentación corre a cargo de Andrés Barba pero es la hora y no han llegado ni autor ni presentador. Mientras los asistentes van bajando a la bodega, hay un ligero ataque de nerviosismo entre los nuevos dueños de la librería. Marina Sanmartín, Alessandra Gatti, Raquel Vicedo y Christopher Holloway sonríen como si hubieran hecho una travesura, piden disculpas porque la entrevista empieza con retraso y se preguntan entre ellos quién tiene el teléfono de Andrés Barba.

 

No hace falta estirar la tensión narrativa: autor y presentador aparecen pronto, descienden a la bodega para reunirse con los asistentes y comienza la presentación. En paralelo, empezamos la entrevista dos pisos por encima, en una especie de terraza interior con vistas a la librería: un paisaje nevado de libros sobre las mesas, sobre los estantes. “Al final se ha llenado, casi no caben”, dice Christopher Holloway. “¿En serio?”, dice Raquel Vicedo.

 

Los nuevos socios de la librería Cervantes y compañía. Fotografía: Javier Yohn Planells.


 

En torno a la mesa, cuatro amigos —Gatti y Holloway son, además, pareja— contando cómo decidieron convertirse en socios y tomar el relevo de Silvia Llano y Oscar García, fundadores de Cervantes y Compañía. “Ha sido una aventura muy rápida, mucho más rápida de lo que pensábamos”, dice Holloway. Mientras hablan, los cuatro se apoyan unos en otros, se dan la palabra, se escuchan y bromean. Casi dan la sensación de que por ahora esa amistad es el único criterio empresarial.

 

Fechas. La oportunidad surgió en mayo, cuando los dueños de Cervantes y Compañía le cuentan a Marina Sanmartín que quieren dejarlo y cambiar de vida. Su intención es que ella les ayude a correr la voz. Y eso hace: se lo cuenta a su amiga Raquel Vicedo quien, a su vez, sabía que Alessandra Gatti y Christopher Holloway buscaban una librería. De hecho, ya habían visitado otra en venta que no les terminó de convencer. Eso fue un jueves y el sábado Holloway y Sanmartín visitaron Cervantes y Compañía. “Salimos de aquí y yo recuerdo que Christopher dijo: ‘Es algo difícil pero es tan bonita’ y ahí dije ‘Ay, Dios mío, nos la vamos a quedar'”, cuenta Sanmartín.

 

El 2 de julio, un lunes, la librería abrió a las órdenes de sus nuevos dueños sin haber cerrado en todo el tiempo de transición (salvo el preceptivo domingo). Ese día, todos menos Marina Sanmartín estaban fuera de Madrid. “Estábamos en Palermo, en la casa del Gatopardo, muy literario, no estábamos en la playa”, explica entre risas Raquel Vicedo. Estaban tranquilos porque en Cervantes y Compañía la que manda de verdad es María Felices, la librera-puente que mantiene comunicados el proyecto anterior y esta nueva etapa. “María es la que tiene la librería en la cabeza”, dice Alessandra Gatti. No está sola. Además de conservar a Felices, ficharon a Simón Andrés que “ha encajado muy bien con ella y con el barrio”, dice Marina Sanmartín. Gatti apuntala: “Contamos con dos libreros que son fundamentales.”

 

Fotografía: Javier Yohn Planells.


 
 

¿Qué os encontráis cuando llegáis, qué decidís cambiar y qué decidís mantener?

 

ALESSANDRA GATTI- Hubo una parte de ¿cómo la hacemos nuestra? Que todavía no es nuestra todo lo que nos gustaría, pero ver un poco cuál es la filosofía de la librería y también cuál es su aspecto. Ahí entró por un lado Raquel, después de un brainstorming entre todos, que escribió un manifiesto muy bonito con el que nos sentimos identificados y que compartimos. Y luego hay un trabajo que está hecho a medias, una reorganización del espacio más acorde a nuestro sentido estético. Y una reforma más importante abajo, con la idea de usar mucho más el espacio.

 

RAQUEL VICEDO- Había muchas cosas que no eran libros y, probablemente porque los antiguos dueños ya se iban, dejaron de hacer pedidos. Cuando llegamos la librería estaba bastante esquilmada. Y fue un trabajo de llenarla y, claro, de pensar qué libros quieres tener, cómo los quieres colocar… Por ejemplo, Marina al escribir novela negra le ha dado muchísimo protagonismo a esa sección.

 

 

También han reforzado el catálogo de editoriales con un perfil más indie como Sexto Piso, en la que trabajó Raquel Vicedo como editora, y el resto del grupo Contexto de Editores. “En fin, equilibrar para que haya todo tipo de libros, para que cualquier persona pueda encontrar lo que busca, dentro de lo que nosotros pensamos…”, explica. También han mimado la segunda mano, poniendo orden, escogiendo libros en buen estado, ajustando los precios, cuidándola “como si fuera primera mano”.

 

Además del trabajo de cara al público, se reparten otras tareas fundamentales que llevan a cabo en los márgenes de sus trabajos. Alessandra Gatti, de origen suizo, se centra, por su experiencia laboral en una agencia de relaciones públicas, en la agenda y la organización de eventos. Christopher Holloway, británico, es el dueño y señor de los excels en los que llevan las cuentas, aportando su experiencia como empresario (actualmente es consejero delegado de Nexo Residencias). Marina Sanmartín, escritora y también editora, está muy pegada a la librería e imparte talleres como el de novela negra que ya va por su segunda edición.

 

El día empieza siempre con un “¡Buenos días, socios!” de Sanmartín en el grupo de WhatsApp que crearon al empezar la aventura. Se llama bookshop. Luego “hay mucho de apagar fuegos, algunos muy básicos y otros… De, ‘oye, compra una botella de vino’ hasta ‘¿has fregado el baño?’”, explica Raquel Vicedo. “Es como llevar una casa. Hay que llenar la nevera, hay que limpiar el baño y hay que comprar papel higiénico”, dice.

 

Fotografía: Javier Yohn Planells.


 
 

¿Cómo veis a la clientela, qué tal la acogida?

 

RAQUEL VICEDO- El feedback que he tenido de la mayoría de la gente es que hemos encontrado un equilibrio muy bueno entre mantener el espíritu que existía y poner nuestro granito de arena. La gente no siente que ha llegado a un sitio extraño pero le gusta lo nuevo, le motiva.

 

MARINA SANMARTÍN- También hay un cliente muy interesante en el que nosotros queremos trabajar un poco, que es el cliente de este barrio de toda la vida. Señoras que vienen y se sientan aquí abajo porque están agotadas de ir al mercado. Entonces se sientan, igual se compran un libro o no, igual hablamos de libros con ellas, y eso le da un valor a este espacio.

 

CHRISTOPHER HOLLOWAY- Sí, es un espacio de intercambio de cultura.

 

RAQUEL VICEDO- Un sitio agradable en el que estar.

 

ALESSANDRA GATTI- Nos gusta mucho este punto de la comunidad. Somos personas a las que nos gusta hacer barrio, hacer comunidad, crear lazos. Esta dimensión muy humana, cotidiana, creemos que es super importante. Además, lo va a ser cada vez más porque Malasaña va a ser cada vez más turístico.

 
 

Llevan también ese ideal a sus redes sociales, a las que han dado un impulso, creando secciones que están centradas en la literatura “pero no solo, queríamos que fuera bastante multidisciplinar”, explica Vicedo. Recomendaciones que vienen de la librería pero también de invitados ilustres que graban un vídeo que luego se comparten en los canales de Cervantes y Compañía. “Me gusta pensar que estamos construyendo algo que ahora parece banal pero que dentro de cinco años va a tener un valor increíble”, dice. Tampoco se olvidan de “potenciar las mujeres, darles visibilidad. Es muy importante”, señala Vicedo.

 
 

Pasado un tiempo prudencial, ¿tener una librería es como lo esperabais?

 

MARINA SANMARTÍN- Creo que lo mejor ha sido que ha habido un punto de inconsciencia. Nos hemos lanzado al vacío sin tener todo esto que ya empezamos a tener. No hemos dicho a nada que no. ¿Queremos tener exposiciones? Pues antes de tener el sistema expositivo cerramos una exposición con Fernando Vicente. ¿Queremos hacer una fiesta? Pues en julio, antes de tener pintado lo de abajo, cerramos una fecha. Hemos trabajado así desde el momento que decidimos hacernos con la librería.

 

 
 
En ese punto de inconsciencia también hay planificación. La idea más ambiciosa es, quizás, dar más empaque a los cursos y talleres que ya realizan “poniéndolo todo bajo un paraguas que fuera una escuela un poco más organizada, tratar los cursos como seminarios independientes pero que fueran parte de algo con una cierta entidad”, dice Vicedo. Pero hay más: convertirse en “una galería de arte de verdad, por eso hemos puesto los rieles [risas]”, cuenta Gatti, montar un coworking y hasta lanzar un sistema de portería a disposición de los vecinos.

 
 

¿Cómo veis el futuro de la librería?

 

ALESSANDRA GATTI- El ideal de futuro sería convertirse en un centro cultural, donde la gente venga incluso si no compra un libro.

 

RAQUEL VICEDO- Vengo a ver qué pasa, porque igual hay un curso, hay un concierto, una exposición, o porque voy a encontrarme con gente que sé que me cae bien, que me mola… Ese es un poco el objetivo, que la gente pase porque es un sitio agradable y siempre hay algo.

 
 

Antes de terminar la entrevista, pedimos que ejerzan de libreros con una recomendación madrileña (un autor, una editorial, una novela). Marina Sanmartín se lanza: “Morir no es lo que más duele” (Espasa), de Inés Plana. Novela policíaca, claro. Holloway recomienda uno con un punto solidario porque los beneficios de “El tsunami tecnológico” (Deusto), de Ángel Bonet, van destinados a la Fundación Irene Villa. Alessandra Gatti apuesta por “Don Quijote de la Mancha”, de Cervantes pero en la edición renovada por Andrés Trapiello (Destino). Y Raquel Vicedo recomienda “El paisaje habitado” (La línea del horizonte), una recopilación de ensayos sobre el paisaje de Carlos Muñoz Gutiérrez.

 

Desde la bodega llegan los aplausos de despedida de la presentación de Carlos Manuel Álvarez y Andrés Barba. Como si esa fuera la señal convenida, acabamos la entrevista. Lo último que registra la grabadora son las risas de estos cuatro amigos, ahora socios, que descienden la escalera y se mezclan con los clientes de Cervantes y Compañía.

 

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