Chalayan en Madrid

En ocasiones, las grandes novedades relacionadas con la moda vienen, precisamente, de la mano de otras disciplinas. ¿A santo de qué, si no, iba a venir a Madrid algo relacionado con Chalayan (que no sean sus diseños para Puma)? Por Carlos Primo y Leticia García


13 febrero 2013

 

El diseñador turco chipriota, niño bonito de la moda conceptual y experimental allá por los 90 (y sigue) es el autor de la pieza de video “Place to Passage”, que hoy miércoles 13 a las 20 h se proyectará en un espacio tan poco habitual como las pantallas gigantes de la plaza de Callao, habitualmente dedicadas a publicidad y promociones.

 

El video en cuestión refleja a la perfección ese terreno fronterizo en el que se mueve Chalayan desde sus inicios. No hay que olvidar que es un diseñador de moda, pero que su nombre saltó a la palestra (y a los libros de Historia de la Moda) gracias a sus juegos conceptuales que, alejados de la opacidad de belgas y japoneses, proponían mensajes muy claros y, lo que es más importante, imágenes que se quedaron grabadas en la retina de toda una generación de amantes de la moda.

 

En 1995, recién salido de la escuela (Central Saint Martins), creó un blazer blanco con ribetes que imitaban los bordes rojos y azules de los sobres destinados al correo aéreo, y Björk se la puso en la fotografía de la carátula de Post. La mezcla entre humor y moda, diseño y juegos semánticos parecía estar ya en la mente de Chalayan, que en 2000 presentó Afterwords, una de esas colecciones que, al igual que las mejores de McQueen y Margiela, sintetizan a la perfección la atmósfera de experimentación que impregnó el cambio de siglo. En lugar de una pasarela normal, los invitados al desfile se encontraron con un espacio acondicionado como el elegante salón de una familia burguesa. Las modelos entraron en escena, pululando por el salón con muestras de nerviosismo. Y, ante la mirada de los asistentes, comenzaron a “vestir” los muebles. Una mesa baja, por ejemplo, se convirtió en una falda monumental. Y, al poco tiempo, no quedaba nada en la estancia: todos los muebles habían pasado a ser prendas de ropa. En un momento clave para la historia contemporánea, Chalayan, que había sufrido a través de sus familiares la dureza del conflicto turcochipriota, había logrado traducir a la moda el concepto nada fashion del refugiado, de los miles de personas que cada día se ven obligados a abandonar sus hogares y a llevarse encima todas las posesiones que fueran capaces de transportar.

 

 

Los primeros 2000 son los años de apogeo de Chalayan, que facturó unas cuantas colecciones memorables. Una de las más recordadas es, sin duda, la de primavera de 2007. Para ella, contó con la colaboración de los técnicos de efectos especiales de películas como Harry Potter, que crearon sofisticados mecanismos cinéticos para dotar de movimiento a cada prenda. En las imágenes del desfile vemos vestidos que se transforman de un modo delicado y casi orgánico, que recuerda a los movimientos de la naturaleza pero también a las locuras de la era espacial, Rabanne incluido. El resultado son varias de las imágenes más impactantes y poéticas de la moda contemporánea, a la altura de los robots pintores de Alexander Mcqueen o de los insectos fabulosos de Mugler. ¿Necesitaba la moda de la calle prendas que se movieran solas? Posiblemente no. Pero lo que Chalayan intuyó, y sigue demostrando hoy, es que la moda es mucho más que ropa y que, en ocasiones, el público está más ávido de imágenes impactantes y de mundos visuales innovadores que de nuevos cortes, prendas o colores. De ahí surgen proyectos como este video, curiosamente exhibido en el contexto de una feria de arte. Y es que “Place to passage” (2003), al igual que el resto de los vídeos creados por Chalayan (“Temporal meditations”, “Anaesthetics”,”Absent presence”, etc) está mucho más cerca del mensaje y los recursos propios del vídeoarte que de cualquier fashion film al uso:

 

El lugar de paso de Chalayan es una distopía tecnológica fragmentada en cinco pantallas. Una modelo que se cambia de ropa y realiza el resto de actividades cotidianas mientras pasea toda velocidad metida en una especie de cápsula. Conduce por edificios y parajes emblemáticos de Londres y Estambul, pero también por paisajes vacíos, tal vez desolados, hasta volver al punto de partida, el párking, a esperar a que comience una nueva jornada y, con ella, nuevos lugares de paso. Este relato futurista puede contemplarse desde cinco puntos de vista distintos: el subjetivo de la protagonista, dos planos laterales, una plano cenital y un plano subjetivo hacia atrás que nos sugiere una mirada hacia el pasado, o lo que es lo mismo, a nuestro presente.

 

Resulta interesante darnos cuenta gracias a este y otros muchos ejemplos, que la moda quizá no sea arte, pero puede dar lugar a obras de este calibre a partir de ella. Aunque lo que más interesante resulta es que Madrid acoja este tipo de iniciativas y lo haga en uno de los lugares más transitados de la ciudad. Si les gusta la moda, el arte, o simplemente quieren presenciar algo diferente, vayan. Puede que este hito tarde mucho en repetirse.

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