Christian García Bello. Ahora no es pretérito todavía.

La galería Formato Cómodo acoge hasta el 11 de noviembre la exposición “Ahora no es pretérito todavía” del artista Christian García Bello, un ejercicio estético sobre la introspección, el tiempo y el espacio. Por Nerea Ubieto.


24 octubre 2017

Entrar a la exposición “Ahora no es pretérito todavía” de Christian García Bello en la galería Formato Cómodo, produce una sensación de recogimiento e intimidad: alienta al silencio. Las paredes de la galería acogen las obras de una manera personal, conteniéndolas sutilmente, como si hubieran sido tratadas ex profeso para la ocasión. Y, aunque no es el caso, puesto que el acabado de los muros es casual, sí ayudan a construir el efecto ceremonioso buscado por el artista: “mi intención cuando expongo es colonizar el espacio y que adquiera cierta perspectiva de liturgia a través de las piezas y la iluminación“.

 

Vista de la exposición.


 

La muestra está articulada en torno a una serie de esculturas y dibujos en los que prevalece un carácter austero vinculado a los monumentos románicos que García Bello ha visitado recientemente en Galicia y, concretamente, a la arquitectura cisterciense caracterizada por la ausencia de adornos y el ascetismo riguroso. Esta filosofía de la eliminación de lo superfluo tiene mucho que ver con el procedimiento de trabajo del artista para hablar del paisaje desde la escultura y sin caer en el mimetismo. Deduce los conceptos clave anulando cualquier estrategia de representación, restando elementos hasta llegar a lo más esencial: la línea del horizonte, el acto de observar, de recorrer… En definitiva, aquello único e intransferible que sucede en el interior de uno mismo y que es fundamental a la hora de proyectar los sentidos en la obra de arte. “Tengo la ligera sospecha de que no todos vemos igual, pero hemos llegado a una convención en la que nos entendemos para describirlo. En el acto está la importancia, es por ello que el peso de las piezas reside precisamente en el intervalo a cargo del espectador: en su forma de mirar, no en el objeto externo, sino en los mecanismos internos”.

 

Derecha: “Hornacina”, óleo, grafito y cera sobre papel, 2017. Centro: “Amenaza”, óleo, grafito y cera sobre papel, 2017. Izquierda: “Allá arriba”, óleo, grafito y cera sobre papel, 2017.


 

La reflexión sobre el paisaje interior lleva al artista hasta el libro de “Las Confesiones” de San Agustín donde, además del relato autobiográfico, el filósofo medieval se pregunta acerca de grandes temas, como el tiempo, desde su posición cristiana: “(…) si nada pasase no habría tiempo pasado; y si nada sucediese, no habría tiempo futuro; y si nada existiese, no habría tiempo presente. Pero aquellos dos tiempos, pretérito y futuro, ¿cómo pueden ser, si el pretérito ya no es él y el futuro todavía no es? Y en cuanto al presente, si fuese siempre presente y no pasase a ser pretérito, ya no sería tiempo, sino eternidad“.(San Agustín de Hipona. “Las confesiones”. Librodot.com. p.75)

 

La temática en las piezas, más allá de la abstracción del tiempo, están conectadas con el catolicismo, no tanto desde una intencionalidad religiosa, sino cultural. Las referencias a las escrituras sirven como claves simbólicas para que el espectador descifre el discurso, así como señas identitarias que sitúan al artista dentro de un contexto determinado. En los dibujos, de carácter más intuitivo, se adivinan alusiones a las construcciones románicas: hornacinas, ábsides, arcos… En las esculturas, los títulos nos aportan una orientación más concreta.

 

“Milladoiro”,Grafito y aceite de linaza sobre madera de castaño, Betún sobre madera de pino y herrajes, 2017.


 

En el caso de la pieza situada estratégicamente en el centro de la galería, “Milladoiro”, la referencia es doble, por un lado los montículos de piedras originarios que se encontraban en los cruces de caminos –normalmente coronados por una cruz–, y por otro a la raíz de la palabra relacionada con el acto de humillar o humillarse, inclinarse ante algo en posición de rezo. De ahí, la escala de la obra que, en lugar de llegar a la altura de los ojos, nos obliga a inclinarnos ligeramente para mirarla.

 

“La caída” es una cruz en la que la viga oblicua alude al tercer travesaño de la cruz ortodoxa que se utiliza para unir los pies separados de cristo. Justo enfrente, la escultura titulada “Un pie sobre otro”, nos remite a la tradición cristiana, donde la crucifixión se lleva a cabo de esta manera. La pieza “solo está narrando la parte de los pies, por eso la posición de la pieza es elevada, casi como un crucifijo doméstico”.

 

“Un pie sobre otro”. Grafito y aceite sobre madera, 2017.


 

Al final de la exposición, casi escondidas, se sitúan dos espléndidas piezas solo para curiosos: “Atlántico” y “Santa Lucía”. En comunión con el resto de la muestra, revelan tan solo unas pinceladas y dejan lo demás abierto, pero con una direccionalidad clara: la del hacia adentro, el camino de la introspección.

 

Derecha: “Atlántico”, óleo y sal sobre papel, 2017. Izquierda: “Santa Lucía”,grafito y aceite sobre madera, 2017.


 

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