Chueca vs triball

Me acabo de cambiar de barrio, y no me refiero a que me haya hecho lesbiana de repente, que ya se andará… No, me he mudado a cinco calles de mi anterior hogar. He pasado de Chueca a Malasaña. Y mi vida ha cambiado. En algunos aspectos para bien, en otros, para peor. Por Diana Aller. 


20 septiembre 2013

 

Desde que se comenzara a llamar Triball a las calles del eje Fuencarral-Gran Vía- Corredera Baja de S. Pablo, comencé a sospechar que algo turbio se movía por allí. Algo tan artificioso como ese nombre, no podía ser desinteresado.

 

Y en efecto lo que hoy es una asociación de comerciantes bien organizados, comenzó con unos muy marcados intereses de especulación inmobiliaria del barrio. Pensaban que erradicando la prostitución, por ejemplo, los inmuebles se revalorizarían.

 

La prostitución en esta zona viene de siempre, las meretrices “de toda la vida” comentan y saludan desde sus posiciones en la calle Ballesta, más dueñas del barrio que cualquiera de las inmobiliarias que pretende sacar tajada de estas calles.

 

Conviven estas mujeres con espacios dedicados al ocio y al trabajo, a la cocina home-made y a la venta de prendas de diseño único. Malasaña es hipster y Triball ha sabido mantener admirablemente bien el aire pueblerino de sus comercios con la modernez hiriente, que aquí parece menos moderna y menos dañina.

 

Vengo de Chueca, zona que ahora, una vez pasada de moda, resulta exquisitamente maravillosa. Quienes tenemos perro nos saludamos cortésmente allí. Ancianos y familias conviven entre semana por un barrio recogido y amable, que en fines de semana se llena de despedidas de soltera, maricas de Elche y visitantes del caduco exotismo gay… Todos dejan divisas en tascas de toda la vida y locales horteras y supuestamente punteros. Es una mezcla agradable, inocente y muy tierna del centro de Madrid. La plaza del Rey, está tomada por jovencísimas lesbianas, chicos con camisetas sin mangas y trabajadores de la industria publicitaria que se sientan en sus terrazas a charlar.

 

Yo estaba hecha a las cañas a 1 euro con tapa de Los Jiménez, al saludo diario de Isaías en la puerta del Día% de la calle Infantas –desde que llegó en patera a España este es su lugar-, a chicos que se sienten libres, al Tigre y sus Erasmus hambrientos, a restaurantes orientales, alemanes altísimos que mezclan su homosexualidad con nuestro clima, y a señores y señoras de mucha edad convertidos en clásicos del barrio. Una Chueca cada vez más decadente y hermosa, poblada de razas y olores, y que invita a echarse a las calles con cada rayo de sol.

 

He tenido que dejar una casa pequeña y trasladarme a Malasaña, perdón, Triball, donde tengo más metros cuadrados y mayor cercanía del colegio de mis hijos, que como todos los padres saben, al final resulta el epicentro social de la vida familiar.

 

Me gusta el barrio. Los acabados son más cutres, y no hay nada señorial ni vestigios de tontería. Eso me hace sentir muy a gusto. También el que haya poco tráfico, el que se mantengan casas, prostitutas y comercios con solera, y como he dicho antes, que convivan en esta extraña y pacífica armonía.

 

Ahora bien, me ha dado mucha rabia leer el boletín para los vecinos de Triball. Aquí también se pretende posicionar a la ciudadanía contra el botellón, pero nadie habla de las mafias extranjeras que lo sustenta, se va directamente contra los jóvenes, igual que contra las prostitutas.

 

Las soluciones, en ambos casos, pasan por el consumo y la especulación… Y eso no me gusta del barrio. A mí no me importa que haya mujeres de la calle ni gente disfrutando de su tiempo de ocio. Las calles son nuestras, no lo olvidemos. Y la responsabilidad de hacer un buen uso también es del todo nuestro.

 

En el citado boletín de Triball, aparece un anuncio de la nueva apertura de un local. Algo siempre digno de aplauso. Se suma a la política de modernización que en absoluto rechazo. Aunque no sea mi estilo de vida, celebro que la zona esté llena de talleres y cafeterías con bicis, que se vendan broches hechos a mano y tartas caseras… Pero me parece que roza el mal gusto, un texto promocional tan lleno de anglicismos y tan separado del espíritu del barrio al que me acabo de incorporar. Juzguen ustedes.

 

Con esto me despido…Y nos vemos por Malasaña.

 

Gorila: el refugio triballero del “street art”

Tal parece que triBall coleccione esos bares y restaurantes de tendencias que tanto gustan al barrio y a sus visitantes. Con la inauguración de Gorila (Corredera Baja de San Pablo, 47) , la zona del triángulo de Ballesta gana un nuevo espacio a tono con el ocio del siglo XXI: bar y tienda a un mismo tiempo, espacio para encuentros after work o para aprovecharse de sus descuentos en la happy hour, desayunos y un lugar ideal para el co-working, santuario para el street art y una oportunidad para aprovecharte de su servicio take away, cuando tengas prisas y quieras llevarte algo a casa. Ambiente desenfadado, entre el vintage más gamberro y el grunge más amable, Gorila entra en la ruta de los espacios con garra, en el barrio más trendy de Madrid.

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Comentarios:

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NAcho says:

Pues me parece un barrio perfecto para toda la gente de tu estilo, no se de que te quejas…

Javi says:

Al que ha escrito el panfleto habría que darle un whole lot of stick en todas las espaldas

Monsieur Comeclavos says:

¿El Gorila? Está ubicado exactamente en el mismo sitio donde hasta hace un año boqueba desesperadamente el anterior templo “cool” de la birra y el moderneo (esa máquina de Street Fighter) llamado The Wall.

http://www.traveler.es/viajes/rankings/galerias/madrid-sin-prisa-sin-pausa/174/image/8125

Más de lo mismo ¡Que les vaya bonito!

Laura says:

Pues yo he estado varias veces, y hay modernos, señoras, guiris, estudiantes, perros, bebés…, vamos de todo.
Además que queréis, estáis hablando de Malasaña. Gracias a todos estos “hipsters” y locales “cool”, el barrio se ha llenado de color, y está repleto de locales de jóvenes emprendedores que le ponen ganas.
A lo mejor preferís volver al barrio de antes, ese que estaba lleno de yonkis, el que era insalubre e inseguro. Quizás preferís la “esencia” y la tendencia “retroyonki”, esa si que es “cool”.

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