Clavoardiendo: el punto de encuentro de la fotografía

Nace en Madrid una nueva revista digital dirigida a los amantes de la fotografía, que pretende convertirse en punto de encuentro para los diferentes mundos que hoy conforman esta disciplina. Un lugar para hablar de fotografía como lenguaje, como espacio creativo. Por Ruth Patiño


09 Febrero 2016

El pasado jueves se presentó en Madrid Clavoardiendo Magazine, casi a la vez que sus primeros contenidos llegaban a internet. Teníamos muchas ganas de preguntarlo todo, pero las inauguraciones nunca son un buen lugar, hay demasiada gente bebiendo vino. Así que le hemos pedido a su director, Roberto Villalón, que nos dedicase un rato para preguntarle todo lo que queríamos saber.

 

Lo mejor de Clavoardiendo es que no tiene prejuicios. Los que tenemos la suerte de vivir a ratos en ambientes técnicos sabemos también de la desgracia de esa gente que solo habla de píxeles, diafragmas y resolución y que lo usan como una gran barrera para olvidarse del lenguaje. No hay nada más triste que un técnico muy capacitado que no tiene nada que contar. Clavoardiendo apuesta, precisamente, por el lenguaje: “el medio condiciona, pero no determina”, dice Roberto.

 

ClavoA1

 

¿Qué hacías antes de Clavoardiendo?

 

Vengo de ser fotógrafo durante 20 años. Aunque estudié periodismo, la casualidad hizo que me hiciera fotógrafo. Entré en El Correo como becario, tras pasar por el Diario Vasco, y me asignaron esa sección. Al principio no me gustó la idea, yo quería escribir, hasta que descubrí que era una de las secciones más interesantes de un periódico. Después me ofrecieron seguir trabajando como profesional. Lo bueno de ser fotoperiodista es que puedes acceder a muchos mundos alejados de tu vida, aprender de gente de la cultura, política, la calle… Y además, parece que no se me daba mal. Siempre me gustó hacer retratos y reportajes, cuando eran con un poco de tiempo. Yo soy de Euskadi y en esa época, aquello era una fuente constante de noticias. Lo malo es que en la prensa española no se valora el papel del fotógrafo. Todos los medios presumen de gráficos, pero ninguno trata con respeto a los fotógrafos y su trabajo. Cuando me vine a vivir a Madrid, trabajé varios años en el Qué!, un periódico gratuito, no muy bueno, pero con muchísimos lectores. Hasta que empecé a colaborar en El Asombrario. Primero fue como fotógrafo, para pasar también a hacer entrevistas a los mejores fotógrafos de la “Nueva Fotografía Española”, desde Ricardo Cases a María Sánchez, de David Jiménez a Lurdes R. Basolí… Y vi que aquello se quedaba corto, que había un hueco para una revista digital dedicada en exclusiva a la fotografía como expresión artística y profesional.

 

¿Es un proyecto personal o de equipo?

 

No. La idea sí, pero es un trabajo en equipo. Esto no sale adelante si dependiera de una única persona. Hay un equipo detrás. Una revista de fotografía tenía que ser estética y para ello hemos contado con Miguel Rodríguez en la dirección de arte. Había que saber difundirla en redes, algo que hemos hecho con la dirección de Henar León. También hay que coordinar el contenido y las secciones, y para ello cuento con Ana Zaragoza y Rubén H. Bermúdez. Y por supuesto, los más de 20 colaboradores que van a escribir de diferentes aspectos de la fotografía, ellos nos aportan variedad, profundidad y calidad.

 

¿Por qué Clavoardiendo?

 

Porque hacía falta. Hay muchas webs y muy buenas que hablan de fotografía, pero se preocupan más de las cámaras, o de los tutoriales. No hay un sitio que hable más de la fotografía como lenguaje, como espacio creativo. Tampoco hay un medio que aúne cualquier género de fotografía, que lo mismo te hable de fotógrafos que se dediquen a las bodas, a moda, fotografía arquitectónica o que exponga en galerías. Falta conexión entre las distintas disciplinas de la fotografía. Aspiramos a ser un lugar de encuentro entre todos los que amamos la fotografía para que todos podamos aprender de lo que hacen los demás, sin etiquetas que nos delimiten.

 

¿Y de dónde viene el nombre?

 

Buscábamos algo que fuera fácil de recordar, que aportase un poco de humor, que tuviera doble sentido. Y me acordé de nombres como Ajoblanco (la revista), Malayerba (la barbería) o Mieldeabeja (el fotolibro de María Sánchez). Tampoco quería que fuera claramente fotográfico, me gustaba dejar abierta la puerta a otros contenidos. Y bueno, la situación de la fotografía y el periodismo es la que es, esto es también una especie de última oportunidad, una esperanza a la que te agarras con el fin de salvarte.

 

¿Qué esperas de este proyecto?

 

Soy consciente de lo complicado que es sacar un nuevo medio y más si eres independiente, como es nuestro caso. Pero hemos tenido muy buena acogida. Había mucha expectación ante nuestra salida y en el acto de presentación. Espero que lleguemos a ser una referencia en el periodismo cultural nacional, el medio donde a los que les gusta la fotografía busquen cada mañana.

 

Instagram-fotografosweb

 

Haznos un recorrido por el magazine. ¿Qué es lo que no podemos perdernos?

 

La revista va a dos velocidades. Por un lado, cada día o cada dos días habrá un contenido en profundidad nuevo: un artículo de opinión, un reportaje, una entrevista, una crítica… Contenidos que se pueden leer con calma en cualquier momento, que no caducan. Pero también habrá noticias más ligadas a la actualidad: presentación de libros, exposiciones, premios. Los contenidos atemporales los dividimos e incluimos en Mundo Foto, donde hablamos de todo lo relativo a la fotografía de una manera más estricta. Incluimos consejos, como las claves para pedir una beca o cómo hacerte Sociedad Limitada. En la parte de opinión puedes encontrar las columnas de autor o los análisis de exposiciones y de fotolibros. No es habitual que haya crítica fotográfica y nosotros aspiramos a que sea algo habitual en nuestra revista. No tanto por poner nota a las cosas, sino por aprender a entender por qué se valoran unos trabajos frente a otros. También tenemos una sección llamada Periferia donde incluimos contenidos que no hablan de fotografía, pero que creemos que pueden ser interesantes para que un fotógrafo amplíe su mirada. Y como queremos estar en contacto con los lectores, hemos creado una sección en la que pueden enseñar sus proyectos.

 

Cuéntanos cosas de los colaboradores.

 

Este ha sido el aspecto principal de la web, sus colaboradores. Buscábamos personas que tuvieran diferentes visiones de la fotografía, que pudieran hablarnos desde distintas áreas. Gente capaz de hablar de un fotolibro, de una exposición, de cómo enfrentarse a un proyecto, de cuestiones de género en la fotografía o consejos legales. Hay historiadores, fotógrafos de bodas, fotoperiodistas, editores, periodistas, profesores, artistas… Gente con cosas interesantes que contar y ganas de hacerlo. Tenemos incluso firmas anónimas como son los Cienojetes, que aportan un poco de humor ácido.

 

¿Sin el trabajo de qué fotógrafos no podrías vivir?

 

No soy mitómano, te diría que ninguno en especial. Cuantos más trabajos conozco, más abierto estoy a fotógrafos diferentes, poco ortodoxos. Pero creo que hay que conocer a los clásicos. Ahora hay mucha tendencia a buscar nuevas fronteras fotográficas, pero primero hay que entender de qué va esto de la fotografía. Voy a nombrar a dos: Eduardo Momeñe y Bill Owens. El primero por su visión de la fotografía, soy momeñista convencido. El segundo, bastante desconocido, por su influencia en mi trabajo personal.

 

Foto: Bill Owens.

Foto: Bill Owens.

 

¿Por qué haces fotos?

 

Por la necesidad de comunicar y porque es una forma de acceder al mundo. La cámara es para mí como el brebaje en “Alicia en el país de las maravillas”, me permite penetrar en mundos que no son el mío para luego contarlos a mi manera.

 

¿Que esperas de una buena foto? Y, ¿qué buscas cuando la haces?

 

Una buena foto es aquella que te lleva a un lugar de tu memoria, que te evoca un sentimiento. La fotografía es un lenguaje muy limitado, se pueden contar muy pocas cosas con ese rectángulo que contiene una imagen, pero esa es la magia. Son mensajes muy simples que pueden ser muy emocionantes. No sé si hago buenas fotografías, lo que sí sé que hago es desplegar una forma de ver el mundo que espero que conecte con el espectador.

 

¿Cuánto de importante es la técnica?

 

Lo justo para que te permita contar lo que quieres contar. Ni la cámara ni la técnica son importantes si no hay nada que contar. Las películas de Pixar son prodigios técnicos, pero sus películas serían maravillosas incluso dibujadas a carboncillo.

 

¿Instagram es fotografía? ¿Y Facebook?

 

Todo es fotografía. Lo importante no es el medio, es el mensaje. En un libro puede haber las cuentas de una empresa o el “Ulises” de Joyce, el medio condiciona pero no determina. Y en redes hay gente haciendo cosas maravillosas. Os recomiendo los artículos que hace Henar León sobre cómo hay fotógrafos que han sacado todo el partido a las redes sociales.

 

¿Qué te inspira además de la fotografía?

 

Personalmente, lo que más me inspira es la gente. Por eso tengo debilidad por los retratos. Me fijo mucho en cómo se comporta la gente en sociedad, como despliega sus rituales sociales. Pero un fotógrafo tiene que tener los ojos bien abiertos para leer, ir al cine, ver la tele e investigar. El oído para escuchar música, conferencias, conversaciones… Las manos para el trabajo y el abrazo y, sobre todo, la mente y el corazón para contaminarse del mundo y enriquecer su visión de las cosas. Sólo así tendrá una mirada propia. Yo tengo un proyecto para el que me inspiré en El Bosco, los vídeos de REM y la publicidad institucional. ¡Todo vale!

 

¿Dónde te ves a ti y a Clavoardiendo dentro de diez años?

 

Nunca he sido buen adivino, pero espero poder estar disfrutando la vida, con lo bueno y malo que la vida siempre trae. A Clavoardiendo lo veo manteniéndose con la frente alta. Creo que en diez años habrá crecido lo suficiente como para ser una referencia del periodismo cultural. Sólo espero que dentro de diez años no nos digan eso de “Clavoardiendo, tú antes molabas”.

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