Coco Dávez: “Viendo mi colección, me di cuenta de que faltaban mujeres”

Sus primeros pasos en el arte fueron en digital con base de grises y turquesas, después los lápices y óleos, la tinta y la ilustración clásica… Hasta que llegó “Faceless”, la colección que desbarató todo su mundo y le valió los 47,8k de seguidores que tiene a día de hoy, su reconocimiento en el mundo del arte y de la moda y su aparición en el videoclip de Sabina. Hablamos con Valeria Palmeiro, la pintora de moda en Madrid. Por Sandra Bódalo. Fotografía de portada: © Erea Azurmendi.


14 Junio 2017

Nos adentramos en esa línea invisible que separa (o une, según se mire) el barrio de las Salesas con el de Chueca. Una zona repleta de vida, donde puedes encontrar desde un vestido vintage o un paipai japonés hasta un suspiro de limón o un bocadillo de jamón marinado con una copa de champagne. Sus calles estrechas están repletas de historias dignas de escuchar, y otras que no tanto. Hoy, nos adentramos en el atelier de una joven pintora que en poco tiempo ha conseguido convertirse en un “rostro” más que familiar. Sobre todo desde que protagonizó el videoclip Por Delicadeza de Joaquín Sabina. Se trata de Coco Dávez, aunque su verdadero nombre es Valeria Palmeiro.

 

Al entrar en la habitación, uno se da cuenta de que cumple con todas las expectativas que alguien imagina que debe reunir el estudio de un artista. Cuadros colgados, obras apiladas en el suelo, recuerdos trotamundos, libros y, como no, un caballete y un lienzo desnudo a la espera de ser cubierto. En su interior nos espera una madrileña menuda, morena y con una sonrisa inmensa con ganas de hablar y (¿por qué no?) de reír.

 

© Coco Dávez.

 

Primera pregunta obligatoria que ya debes de haber explicado hasta la saciedad. ¿Por qué Coco?
 

Coco Dávez nació cuando tenía catorce años y quería ser diseñadora de moda, y me parecía que mi nombre era un poco raro, aunque pensándolo mejor siempre tiene más gancho un nombre extraño, que uno corriente. “Coco” surge de mi personaje favorito de Barrio Sésamo, mientras que “Dávez” de una mezcla de apellidos que formé con un amigo. Así que la primera vez que abrí una red social —no me acuerdo si Fotolog o MySpace— fue bajo este nombre y así todos los perfiles que me he abierto; y en el momento que me contactaron por primera vez para colaborar con un medio fue como Coco. Y claro, ya no hubo manera de quitarse esto. De hecho, hace poco puse mi nombre real en Facebook y a partir de entonces, la gente ha empezado a enterarse de cómo me llamaba realmente [ríe].

 

Entonces, ¿en tus inicios te decantaste por la moda?

 

Sí. Yo dejé de pintar con trece años y quería hacer algo relacionado con la moda. Me pasaba todo el tiempo diseñando figurines y prendas, y más tarde empecé a involucrarme más en ese “mundillo” y a conocer cómo es la industria desde dentro. Ya sea como fotógrafa en la London Fashion Week o con diseñadores, y me empezó a desencantar bastante. A día de hoy sí que me gustaría hacer algo relacionado con la moda, ya que con la pintura y la fotografía está muy ligado… Sería abrirme un hueco en ese sector, pero no como se entiende la moda hoy en día. Además, cuando empiezo un proyecto, no me gusta que ninguna pata cojee y me gusta estar al mando de todo. Al final mi trabajo es muy solitario… Yo no sé coser, ni patronaje… así que me sentiría insegura. De hecho, tengo una máquina de coser estancada ahí desde hace tres años y no tengo la paciencia.

 

¿Cómo te describirías actualmente? ¿Fotógrafa o pintora?
 

Artista polifacética.

 

© Coco Dávez.


 

¿Ves alguna diferencia entre la Coco pintora y la fotógrafa?

 

Pues no veo tanta diferencia porque veo mis fotos y también son muy coloristas, tienen ese aire alegre que tienen mis pinturas. Y de alguna manera, con Instagram, intento que tanto una foto como mis pinturas lleven mi firma, que se me reconozcan. (…) Hace poco intenté hacer unas fotos en blanco y negro y pensé “son muy bonitas, pero no me siento identificada”.

 

Tu colaboración más reciente ha sido con Malababa, podemos ver tus cuadros en sus escaparates de la calle Santa Teresa. ¿Cómo ha sido este proyecto? ¿Pensaste tú las mujeres icónicas que representar?

 

Sí, las pensé yo. Desde la marca sí que me pidieron que Frida Kahlo estuviera representada, y que fueran todas mujeres porque al fin y al cabo Malababa es una firma hecha por y para mujeres. Al principio pensamos hacer una versión nueva de personajes ya creados, pero repasando mi colección me di cuenta que faltaban mujeres. Porque al final, sobre todo por la historia, casi todos los referentes que yo tengo son masculinos porque no hemos tenido mucha voz años atrás. Así que fue un ejercicio para mí. Frida Kahlo, Iris Apfel, Tilda Swinton, Marina Abramović y Grace Jones fueron las elegidas. Con las inserciones de piel y la elección de los complementos…fue un trabajo muy divertido y a día de hoy creo que es uno de los proyectos que más me gustan.
 

Fotografía: © Erea Azurmendi.


 

¿Y cuándo llegó “Faceless” a tu vida?

 

“Faceless” llegó en diciembre de 2015. Y desde entonces… ¡no sé cuántos cuadros he hecho porque hay miles de tamaños!

 

¿Cuáles fueron los primeros “Faceless”?

 

Patti Smith, David Lynch y Picasso. Patti fue la primera de todos y la menos reconocida. Realmente todo surgió como un error… yo nunca había utilizado acrílicos y me apetecía volver a coger los pinceles, me compré mis cuatro colores primarios y escogí una foto de ella con su novio en un fotomatón. Ella aparecía con flores en la cabeza, que no es la imagen que tenemos de Patti Smith. Estaba ahí haciendo su retrato con su cara, sus ojos… y fue un desastre absoluto (Ríe). Pero como me daba pena tirar todo, así que me puse a rellenar toda su cara de rojo y me encantó el resultado. Me di cuenta que sin cara lo seguía viendo, y se me encendió la bombilla: ¿si hago un personaje más representativo se le reconocerá? Y le siguieron David Lynch y Picasso. Fue un boom.

 

¿Y cómo surgió la colaboración con Joaquín Sabina?

 

Me llamó la productora, que ya me habían propuesto a Sabina y a Sony y solo quedaba yo por decir que sí. Y la verdad es que fue como un regalo, porque a mi él me encanta. El vídeo se grabó aquí, en mi estudio. Fue una jornada normal de trabajo. La segunda parte es entregarle el cuadro a Sabina, pero todavía no hemos podido.

 

 

Por último, el arte siempre ha tenido sus más y sus menos. ¿Cómo valoras la industria en España?

 

En España, el mundo del arte está muy atrasado, lamentablemente, como ocurre con muchas otras cosas. Es verdad que a raíz de la crisis, la ilustración comenzó a funcionar muy bien y a encontrar su hueco. Llegó un momento en el que la gente no se podía permitir “la gran obra”, pero sí que era más accesible tener ilustraciones, serigrafías u obras de pequeños autores, que nos ha dado cancha para darnos a conocer.

 

¿Y qué piensas de las galerías?

 

Pues yo empecé con una galería en septiembre y en enero me fui porque no me gusta nada la manera de trabajar de las galerías. Estoy a favor de exponer en ellas porque te abren las puertas a un mundo menos accesible, pero me parecen un poco abusivas todas las condiciones que ponen. A mí al menos no me salían las cuentas. Además, que no va con mi forma de ser. No sé enviar toda mi obra y esperar que se venda. No sabes la ilusión que me hace recibir un encargo y saber quién lo hace, por qué, de dónde… Todo el proceso es importante. Es despedirme de una obra, que incluso envuelvo con un papel de regalo que hago yo. Es un ritual.

 

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