Con José Díaz en los pliegues de la noche

En el hueco creado por un pliegue nos encontramos con José Díaz. En ese hueco, dentro de “Retrospectiva” de Carlos Fernández-Pello en García Galería, José habla sobre su proceso de creación y la relación que existe entre su trabajo y las obras expuestas en esta particular retrospectiva. Por Sergi Álvarez Riosalido.


13 diciembre 2017

José Díaz.

 

Lo múltiple, escribía Deleuze, no es sólo aquello que tiene muchas partes, sino lo que está plegado de muchas maneras. Infinitos pliegues que se desconocen entre sí generan huecos y espacios oscuros, rincones que se encuentran cuando abordan, de repente y por sorpresa, a uno. De este modo, José Díaz se mueve con su pintura entre “el laberinto del continuo en la materia” y “el laberinto de la libertad en el alma”. Entre esos dos pisos del infinito que Deleuze diferenciaba, va y viene José Díaz en el proceso de pintar puesto que, como comenta él mismo, le gusta más pintar que la pintura. En ese sentido, lo que se asocia a la pintura es una manera de hacer, más que el resultado final que se pueda contemplar –sin que esto último se tenga que reducir necesariamente a algo anecdótico-.

 

En el proceso de pintar se activan, en el caso de José, una serie de movimientos y fuerzas para el cual es indispensable un trabajo desde la improvisación libre, a partir de ciertas ideas flotantes reconocibles. Comenta que más que por la pintura él está interesado en pintar y de ese modo ese pintar deviene un forma de hacer que exige un distanciamiento y una reflexión sobre lo que está sucediendo en el lienzo a partir de hallazgos formales. Aun así, aquellas ideas flotantes, que son reconocibles y que se pueden concretar en palabras y conceptos, sirven para adentrarse en un terreno difuso y en un principio inexplorado, porque en un terreno oscuro no quiere decir que no haya nada que no espere ser descubierto.

 

Izquierda: “Black Bubblegum”. José Díaz, 2017. Derecha: Vista de la exposición “Enjundia de gallina, moco de caracol, jugo verde de sapo” en Galería The Goma. José Díaz, 2014.

 

En una de sus exposiciones, José Díaz toma una serie de términos que Ramón Gómez de la Serna empleó para hablar de los cuadros y la paleta de José Gutiérrez Solana para evocar la visión degradada de una época muy determinada y la noche de Madrid. Las referencias que podemos encontrar en la obra de Díaz no se reducen ni mucho menos a esta y así tenemos pinturas como “Los lobos de Ana” y “Deprisa, deprisa”, ambas remitiendo a películas de Carlos Saura, en las que se retrata de una forma muy particular la historia de España y que enlaza con ciertos elementos del imaginario de José.

 

“Moco de caracol, enjundia de gallina, jugo verde de sapo” es ese conjuro de Gómez de la Serna que convoca las alteraciones de la obra, las distorsiones de los trazos y las formas cada vez menos reconocibles. En este sentido, profundizar en estos elementos extraños, en la noche que sustrae determinados elementos en virtud de otros, es profundizar en lo desconocido, en lo que, por falta de información, no se puede situar en una serie de coordenadas. Esta cierta indeterminación acerca la postura de José Díaz con la exposición “Retrospectiva” de Carlos Fernández-Pello en García Galería, aunque ambos aborden esto de lo desconocido desde distintas posiciones, activando una peculiar idea de sentido.

 

Izquierda: “Teleplastia (A)”. Carlos Fernández-Pello. Derecha: “Psalmos de la noche”. José Díaz, 2015.

 

La propuesta de Carlos Fernández-Pello parte de un doble juego al presentar una retrospectiva y llamar así la exposición. Como se apunta en la presentación de la exposición, con esta retrospectiva sucede lo mismo que con los collages de la serie Teleplastia, en los que, haciéndose sujetos de las piezas mismas, generan un hueco, un “material nocturno”. Entre estos pliegues de imágenes, de tiempos, de objetos, ellos mismos vuelven sobre sí haciéndose ellos mismos extraños. Este extrañamiento en la obra de José Díaz se produce como cristalización de la complejidad a través de la pintura. El proceso, comenta José, consta de dos partes: una primera en la que es fundamental la experiencia, aunque sea la de un camino sordo y ciego, y una segunda que tiene lugar propiamente en el estudio; entre las cuales hay un espacio de reflexión. Aunque se produzca una acción improvisada durante el proceso de creación hay una intención de modular y sintetizar una experiencia real, de ahí que José Díaz defina su obra como pintura de carácter existencial.

 

En las obras de Díaz, por tanto, la noche expande su significación y sus matices. Esa confusión que remite a captchas, imágenes digitales deformadas que a través de su codificación evitan la intrusión de spams, remite al efecto de la pareidolia, lo fantástico, el oscurantismo y la anarquía. Todo esto permite salir a José Díaz de una afirmación o negación para generar conflicto y tensión en sus obras: en la noche se pierden las formas y uno no se mueve por la lógica, porque se han cambiado las reglas. En ese underground se crea una nueva forma de conocer, un estado de libertad que se contrapone a la voluntad, un acercamiento a la vida que rompe con las formas estabilizadoras de conocimiento. En la noche se resignifica el signo. Pero al tiempo la noche es algo absolutamente concreto y de ahí lo ligada que está con la experiencia personal de José.

 

Izquierda: “Crash Saga”. José Díaz, 2017. Derecha: “Nightcrawler”. José Díaz, 2015.


 

Como se hacía referencia, José Díaz muestra la afección de una experiencia a través de la pintura y de ahí que defina el proceso de creación e improvisación como un sueño lúcido sin una estrategia. En ese proceso se incorporan las experiencias en la ciudad –una ciudad tecnológica y digital pero también los detritus, la basura y los restos–, situaciones personales que tienen que ver con la rutina del trabajo, con la ansiedad, con el hecho de estar cansado y tener dolor de espalda o estar harto de cortar limones. En las obras de Carlos Fernández-Pello también se inscriben directamente vivencias personales como por ejemplo en unos tableros con viñetas en las que aparecen frases de situaciones o escenas concretas de su vida, además relacionadas entre sí y con las obras del artista. De hecho, la misma exposición a través del concepto de “retrospectiva” juega con la propia carrera artística: se presenta irónicamente una exposición retrospectiva con obra antigua y nueva producción cuando el artista tiene todavía toda una carrera por delante.

 

Vista de la exposición “Retrospectiva” en García Galería. Carlos Fernández-Pello, 2017.

 

La retrospectiva se basa necesariamente en una idea muy específica de tiempo, trazando un recorrido, una línea entre la imagen que proyecta el artista y los materiales que se presentan. Aun así, este tiempo se pliega sobre sí a lo largo de la exposición y esto es algo que, cada uno con sus particularidades, acerca las posiciones de Carlos Fernández-Pello y José Díaz, cuando en la obra de ambos está presente la circularidad y el bucle. En la exposición de Carlos Fernández-Pello ya se ha apuntado brevemente cómo los tableros crean relaciones entre el pasado, el presente y el futuro de la exposición misma, pero también de la obra y de la experiencia del artista. Además en la misma exposición hay una referencia al cuarto capítulo de Watchmen, “El relojero”, que evoca un tiempo múltiple y a la vez simultáneo.

 

Hablando de estos temas, José Díaz recuerda la exposición de Guillermo MoraLos fondos remontan” (2017) en la Galería Moisés Pérez de Albéniz, en la que las obras que podrían ser fondos se colocan al principio de modo que se rompe la jerarquía espacio-temporal y así lo anterior bloquea lo posterior.

 

Izquierda: Página de “El relojero” de Watchmen. Derecha: Vista de la exposición “Los fondos remontan” en la Galería Moisés Pérez de Albéniz. Guillermo Mora, 2017.

 

Díaz toma el trayecto por la ciudad y el movimiento en ella como algo muy distinto a la deriva situacionista que se puede permitir el lujo de caminar sin rumbo fijo. Hoy esa deriva no puede ser si no una deriva burguesa. El andar en la ciudad, lejos de ese paseo tranquilo y apacible, tiene que ver con una automatización, con una rutina, una repetición, y de ahí que la experiencia temporal sea muy distinta en una y en otra. Siguiendo con todo esto, en la exposición “Motorik” (2016) Díaz abordó la idea de lo cotidiano desde la sobresaturación, como si fuera un muro con el que uno se topa una y otra vez. Tomando este término “motorik”, José Díaz invoca el ostinato rítmico de bandas de krautrock en la Alemania Occidental de finales de los sesenta. Esa repetición que es también fluida provoca una sensación similar a la de conducir por una autopista, como en ese momento de “Carretera perdida” en el que se suceden las líneas amarillas pintadas en la carretera y no se divisa un final. Algunas de estas cuestiones están reflejadas en “El sueño de la M30” que podrá verse en Generaciones 2018 en La Casa Encendida y gira entorno a la idea de loop, las discotecas y la delimitación del espacio-tiempo en un adentro en relación a su afuera.

 

En esa repetición sorda y miope de los compases dirarios de la ciudad y de la vida, de la rutina sobresaturada que incorpora el asfalto y los neones, en esa acción mecanizada de apuntar una y otra vez “Heineken x 3”, la reiteración es el trauma y ella misma produce la alienación del individuo. José Díaz no recrimina a la sociedad el hecho de estar alienados sino que desde la propia conciencia de alienación que se sufre, pinta con toda esa infección. Es lógico, que entre sus intereses aparezca la figura del zombi, cuyos rasgos más distintivos son “la alienación, la desaparición total del yo, la negación de la conciencia y el ego, disuelto en la masa”.

 

Izquierda: Vista de la exposición “Motorik” en The Goma. José Díaz, 2016. Derecha: Sin título. José Díaz, 2016.

 

En la pintura de José se da esa no-separación entre lo material y lo más inteligible siendo parte del mismo pliegue, esa continuación entre alma y materia. Desde la afectación de la ansiedad contemporánea y una estética post-apocalíptica enturbia aquello que creíamos claro y distinto, llevándonos a lo profundo de la noche más negra donde se lleva a cabo la diseminación del signo. En una de sus investigaciones, José Díaz partía de pinceladas aleatorias para que, después de definir qué eran, se volviera a repetir la operación modificándose para buscar una nueva. Como en la novela “Fiasco” de Stanislaw Lem, se busca vida en el planeta Quinta Harpyiae, se busca un punto de referencia en la noche pero no se encuentra aun cuando los tripulantes están dotados de la tecnología más sofisticada. Sin embargo hay vida: a pesar de la ceguera de los tripulantes la vida existe. Lejos de esa superioridad por atrapar el sentido de los personajes de “Fiasco”, José se introduce y nos introduce a esa noche desquiciada y fantástica, a ese abismo que se pliega sobre sí mismo, con la libertad absoluta de aquel que se deja sorprender ante lo imprevisible.

19 abril 2018 by IRENE CALVO, ÁNGELA LOSA

En #Ey!Studio


Un grupo de artistas comparten lugar de trabajo e ideas en un luminoso espacio en el distrito de Carabanchel. #Ey!Studio es más que un estudio, es un punto de encuentro.


18 abril 2018 by NEREA UBIETO

Emergencias del acontecimiento


Los artistas Fabian Treiber, Amaya Hernández y Miriam F. Lara reflexionan sobre la perspectiva temporal y la sucesión del devenir en esta muestra.


13 abril 2018 by NICOLA MARIANI

10 preguntas a... Cristina Garrido


La artista multidisciplinar Cristina Garrido investiga a través de sus obras el mercado del arte como material artístico en sí mismo.



Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *