Cristina de Middel: “La fórmula que he encontrado es no tener fórmula.”

Desde el apabullante éxito de Afronauts hasta hoy, la fotógrafa Cristina de Middel se ha consolidado como una artista que sigue sus propias reglas. Por Cati Bestard.


19 Abril 2017

Afronauts

 

Si buscas el nombre de Cristina de Middel (Alicante, 1975) en Google te aparecen como nombres relacionados Joan Fontcuberta, Ouka Leele o Chema Madoz. Y es que de Middel en pocos años se ha ganado la consolidación de la que gozan artistas de una generación anterior. El volumen de trabajos que ha creado durante los cinco pasados años ha dado para mucho, incluso para “Muchismo”, por referenciar la exposición que pudo verse el verano en Photoespaña. De Middel es ahora felizmente representada por la galería madrileña Juana de Aizpuru. Sobre sus inicios, su metodología, el fracaso del periodismo y otras teorías varias versa esta entrevista.

 

¿En qué momento te enamoraste de la fotografía como medio?
Nunca me había llamado mucho la atención, era mi hermana mayor la que estaba haciendo fotos y con la típica rivalidad entre hermanos lo que le gustaba a mi hermana a mí no, entonces la fotografía era lo suyo y yo al final terminé en Bellas Artes y hacía dibujo. Hubo un momento en que me di cuenta que necesitaba tener referencias visuales para dibujar después y entonces en ese momento empecé a hacer fotos de lo que pensaba que iba a dibujar después. Así me monté un laboratorio en el baño y cuando probé de revelar una foto por primera vez allí si que ya fue todo claro. Fue en el año 1998.

 

¿Cómo recuerdas tu experiencia como fotoperiodista y cómo esa experiencia influenció tu futura práctica en la que pones en duda la supuesta verdad que una fotografía representa?
 
Empecé a trabajar en el diario de Ibiza alrededor del 2002. Me costó muchísimo entrar en el mundo de la prensa, había mucha competitividad y siendo mujer pues más. La primera vez que me aceptaron un reportaje fue una matanza del cerdo en Ibiza en El Mundo. Al principio fue emocionante, por fin había conseguido estar en el mundo de la prensa pero al año y medio o dos años de estar metida en ello, me di cuenta de que había entrado pero de que también iba a salir. Lo tenía muy idealizado y no fue lo que esperaba.

 

¿Cómo fue el reportaje de la matanza?
 
Tengo todas mis fotos guardadas, un archivo enorme, y la verdad eran muy malas. Mi archivo fotográfico era muy malo, yo no sé porque me apoyaron tanto mis jefes, si yo solo iba copiando el estilo de otros. Eso sí, aprendí muchísimo. Estuve nueve años en prensa y mejoré, las últimas fotos eran mejores que las primeras, pero hice bien en irme porque no hubiese llegado a ningún sitio. Toda la parte técnica, toda la práctica la aprendí en prensa y esto ahora me facilita mucho la vida. Lo que no aprendí allí es a cómo contar historias.

 

¿Crees que el mundo del periodismo te hizo dudar de la realidad de la imagen y entrar en el mundo de la ficción más convencida?
 
Sí, si no hubiese sido por el periodismo no tendría nada que decir. Porque en ese momento me di cuenta de que a mí para el periodismo no funcionaba porque carecía de historia, el periodismo se basa en cifras no en historias.

 

Imagen del libro Afronauts

 

Una de las cosas que me llama la atención de tus proyectos es que dentro de tus ficciones cuentas la historia del outsider, de lo no contado, ¿cuál es tu proceso de investigación?
 
Precisamente es cuando hay algo que no cuadra o por ejemplo cuando hay demasiadas teorías de la conspiración. Por ponerte un ejemplo, ahora ha salido Shaquille O’Neal, el jugador de básquet, que dice que la tierra es plana, que este señor diga que la tierra es plana me parece fascinante. Eso puede ser el inicio de un proyecto para mí, o los periódicos y las noticias falsas, los grandes errores, los super fracasos, pero no los fracasos que tienen consecuencias trágicas. Los errores de juicios por ejemplo, es una forma de aproximarse al mundo en que vivimos, si no tienes sentido del humor lo pasas muy mal en el mundo que nos ha tocado. Hace falta mucha ironía, cinismo y sarcasmo para sobrevivir. Siempre hay un punto no de burla, pero si entiendes un poco los géneros literarios, pues de comedia, que para mí es mucho más difícil que el drama porque requiere encontrar un tema serio sobre el que te puedes reír y que te pueda aportar debate.

 

Y leer el periódico ya es un drama en sí mismo…
 
La prensa está centrada en el drama del drama, por un lado dicen que está agotado el sistema, que la gente ya no reacciona, que tiene que estar el cadáver del niño fresco en la playa para que la gente reaccione. Pero es que llevamos cincuenta años desde la guerra de Vietnam enseñando imágenes cada vez más duras pero no te está dando ninguna solución, porque al final tú no puedes hacer nada, te sientes culpable, pero no va a cambiar nada. Al final la gente dejar de estar interesada en estar informada, me pasa incluso a mí, para qué me siguen informando si no puedo hacer nada, si lo único que puedo hacer es votar cada cuatro años para que siga haciendo lo que le da la gana la persona a la que he votado. En este sentido, la fotografía no va a salvar el mundo ni tiene una gran responsabilidad en que esta situación cambie. A mí me gustaría que los medios de comunicación y la fotografía, dentro del rol que en esto lo toca jugar, despertasen en la audiencia la posibilidad de que ellos primero tienen que formar su propio criterio y aún pueden hacer algo. No en plan unicornios y arco iris, si no es que tú puedes hacer algo, pensar que es lo que realmente se puede hacer. En vez de investigar el drama y cómo es de profundo el agujero en el que estamos, pues que empiecen a decirnos hacia dónde podemos ir.

 

Party

 

Te refieres a buscar más el construir la utopía, la alternativa…
 
Es lo que hace falta, yo creo que es un poco el ciclo que ha tenido siempre el arte, que ha pasado del postmodernismo al modernismo. Estamos en una temporada de paso, de transición, el problema es que el modernismo que está llegando ahora –esta es mi teoría que podría dar fruto a una teoría de conspiración total– responde a esa necesidad que tiene la gente de pensar metafísicamente como ocurrió en el modernismo con hadas, duendes, etc. En esta época en la que nos ha tocado la gente se acerca a los extremismos religiosos, toda la espiritualidad que necesitamos para poder digerir el agujero en el que estamos, en vez de irse hacia utopías como la de Huxley se está yendo a las Iglesias evangelistas o a la radicalización del islam, por citar algunas. La gente se está agarrando a formas espirituales cuando tendría que estar soñando a otro nivel, de encontrar soluciones. Y todo esto para hablar de foto…

 

This is what hatred did

 

Si, aquí ya no estamos en terreno foto…
 
Es lo que pasa muchas veces con mi trabajo, y a mí me gusta que sea así, yo quiero que sea superficial, no te voy a descubrir en mis fotos la verdadera fórmula de nada, voy a hablar de hidrógeno y nitrógeno pero no voy a hablar de sus fórmulas. Me parece muy interesante la superficie de las cosas. Muchas veces soy consciente de que la gente dice que no profundizo, lo único es que quiero que sea un trabajo accesible y que la gente pueda entenderlo y llegar a conclusiones, que sea un viaje de ida y vuelta.

 

Abres una puerta a diferentes lecturas, algunas más superficiales o de primera vista pero otras más profundas. No creo que tu trabajo sea superficial porque solo el cuestionar la realidad o ficción de una imagen sigue siendo un ejercicio absolutamente necesitado
 
Creo que también es un debate que tiene a lo mejor veinte años más como mucho de duración, dentro de veinte años la entrevista que vas a escribir tú dirán fíjate hace 20 años aún estaban escribiendo esto. La cosa va a cambiar tanto, solo con todo lo que está pasando con Trump ahora.

 

Es que Trump es una ficción convertida en realidad…
 
El estado de shock en el que podemos estar todos es culpa de la prensa, no me has informado de lo que está pasando en la mitad del país, yo tengo una visión totalmente sesgada de lo que está pasando en el país. Estoy mal informada de lo que es el país, a pesar de la cantidad de horas que mi retina se pasa delante de la información. Descubrimos el mundo a través de Facebook donde parece que todo el mundo está tan de acuerdo contigo, estamos en nuestra burbuja.

 

Las redes sociales nos aislan más de lo que es diferente a nosotros, porque nos asocian a personas con intereses similares…
 
Y si alguien diferente se cola entre nuestros contactos lo denuncias o lo bloqueas.

 

Cuando empiezas un proyecto, como, son actores, ¿cómo encuentras a los protagonistas?
 
Normalmente preparo un poco la producción, las localizaciones, la ropa que quiero que lleven…Yo creo que trabajo un poco como en prensa, excepto Afronauts que sí que sabía que necesitaba protagonistas africanos, normalmente me voy al sitio y busco a la gente que en mi imaginación podría ser protagonista y les cuento la historia. La diferencia es que adapto de la realidad lo que yo necesito y pago a mis modelos.

 

¿Cómo son de importantes los viajes en tus proyectos?
 
Siempre me ha gustado viajar muchísimo y lo bueno que tiene poder hacer las fotos que te de la gana y vivir de ello, no super bien, pero vivir de ello dignamente, es ya un privilegio. Ahora estoy bajando mucho, pero para mí el viaje es fundamental porque estás con los sentidos muy despiertos, estás haciendo un esfuerzo mental para entender el sitio al que has llegado, el idioma que hablan, yo noto como en mi cabeza las neuronas se van conectando una con otra, te pone en un estado fuera de confort y cuando llevas cinco años sin parar pues es una sensación muy extraña, que me gusta pero que tiene sus consecuencias también. Para mí el viaje es súper importante también porque nadie me conoce, nadie espera nada de mí, puedo hacer lo que quiera. Me costaría muchísimo hacer un proyecto en mi barrio o en Alicante por lo que dirían, pero si llego a Mozambique, no me conoce nadie, ya piensan que estoy loca y todo se convierte en un juego. Aquí a Río de Janeiro llegué y quería retomar clásicos del periodismo como son las favelas que siempre se han definido como peligrosos, y quería intentar retratarlo de otra manera y vine aquí buscando las favelas y tuve que venir un par de veces hasta que conseguí entrar al nivel que necesitaba.

 

This is what hatred did

 

Parece que has construido un poco tu propia utopía de vida.
 
A ver, a nivel de carrera es difícil decir a qué nivel estás, no puedes decir estoy en cinturón negro, pero para mí la prioridad número uno, la primera fase fue vivir de la fotografía, que todo el dinero que ganase en mi economía unifamiliar viniera de la fotografía, que no tuviese que poner copas, que limpiar platos u otras cosas. El segundo paso fue vivir de la fotografía que me gusta, no tener un jefe. El el tercer paso, que espero alcanzarlo en algún momento antes de morirme, es vivir bien de la fotografía que me gusta.

 

Cuando antes decías que tus primeras fotografías eran malas malas malas, me sorprende porque creo que en tus proyectos te mueves con bastante facilidad entre el retrato, el bodegón, foto de estudio, exterior, paisaje…demuestras una gran versatilidad.
 
Realmente todo es lo mismo, es como cuando escribes algo decides escribirlo en mayúsculas o en letras góticas.

 

Muchos fotógrafos te dirían que esto no es tan fácil.
 
El problema es que muchos fotógrafos creen que esto está mal, que tienes que tener un estilo, que se tiene que reconocer tu trabajo, yo creo que muchos son muy capaces de hacer esto perfectamente, yo no soy ningún fenómeno de la técnica, lo que pasa es que a mí me da igual. Yo si quiero que me reconozcan, quiero que sea por la historia, o porque te genera dudas o porque es divertido, pero no porque mis fotos son azuladas. Tener un estilo reconocible, qué aburrimiento. A lo mejor podría haber cogido la fórmula de Afronautas y seguir aplicándola, me hubiese ido fenomenal, estaría en el nivel tres de mi carrera pero estaría aburrida. La fórmula que he encontrado es no tener fórmula. Si hubiese estado diciendo blanco y negro es lo mejor, pues no estaría aquí.

 

Cuando lanzaste la primera edición de Afronautas, se agotó prontísimo y los precios del mercado de segunda mano se dispararon. ¿Te preocupa perder el control del producto?
 
Lo del libro, a ver si te digo que me preocupa siempre me puedes decir pues haber sacado más y ya está, pero no es tan fácil. Hubo circunstancias que hicieron que hasta el año pasado en realidad no pudiera sacar la segunda edición, si hubiese podido lo hubiera sacado enseguida. A mí me pareció totalmente ridículo, de hecho yo me enteré un poco tarde, pero es que es gente que es coleccionistas a nivel muy alto, también me parece ridículo que se paguen 300 millones por un cuadro de Picasso o que un señor se compre un cepillo de dientes de oro. Son mundos que yo no entiendo, hay gente que está a un nivel distinto al mío y a mí ni ni me interesa ni nada. Esos precios del libro se han vendido a lo mejor una vez, lo que pasa es que como nos gusta le hemos dado mucha bola, yo no creo que fuera para tanto pero tampoco lo he seguido muy de cerca. En cuanto he podido he sacado la segunda edición y si se acaba en un par de años sacaré una tercera edición y ya está.

 

Muchismo

 

En este sentido, la fotografía como objeto confronta la misma problemática porque, en general, puedes reproducir tantas veces como quieras.
 
Pasa igual con las serigrafías, los grabados, la obra seriada, yo creo que la fotografía la puedes reproducir todas las veces que quieras pero no la puedes reproducir con el mismo papel, a ese tamaño, con las mismas calidades técnicas. Yo creo que es el mercado del arte, si yo antes alzaba mi ceja o las dos cejas con el mundo de la prensa, ahora que llevo ya unos años en el mercado del arte estoy un poco igual. Pero dentro de todo ese mar de confusión intento hacer las cosas sin que me creen demasiadas contradicciones. De una foto pues hacer unas cinco, ponerle un precio que sea más o menos normal y ya está. Pero también hacer una foto es muchísimo trabajo, imprimirla, todas las cosas técnicas que lleva, la galería, la feria, la firma, el certificado, es complicadísimo y muy aburrido muchas veces. Yo la lección que he tenido en estos años es que hay que delegar a gente que sabe, que es profesional, ahora tengo la suerte de estar con Juana de Aizpuru, una galería que es muy profesional con la que estoy aprendiendo muchísimo. Yo pensaba que ya estaba dentro y no estoy y lo mejor es acabar el proyecto, pensar en cómo tiene que presentarse y verse y después dejarlo en manos de profesionales. Lo que no voy a hacer es intentar entender, porque necesito mi cabeza en otro lado.

 

Estuve el verano pasado en Photoespaña en Muchismo, ¿cómo fue ese ejercicio de mirar atrás en todo tu archivo más inmediato y construir una nueva narrativa a partir de él?
 
Si le tuviera que dar un título sería “que a gusto me quedé”. Porque habían sido cinco o seis años de actividad frenética, no solo de viajes pero de creación, estaba con dos galerías, me subí a todos los carros y al final me encontré con que tenía para llenar 30 salas. Quise aprovechar para abrir también un poco el debate del mundo del arte, el valor de la copia única, cómo puede ser que esté vendiendo una copia a 6.000€ o 10.000€ diciendo que es la última que queda y tengo cinco más en mi almacén, que a ver que son distintas, que no están hechas de la misma manera, pero son iguales. Entonces quise jugar un poco entorno a la reproducción de la fotografía. No estoy criticando el mercado del arte, pero si haciendo un poco de mea culpa, es que tengo todo esto. Al mismo tiempo que hacía esto intentar descubrir cómo funcionaba un proyecto con el otro, crear un inventario audiovisual. Luego mucha gente que me da consejos en España me han dicho que produzco demasiado, que es superficial, así que dije pues mira, voy a hacer una exposición que se llame Muchismo, un término basado en la cantidad no en la calidad, y voy a hacer lo que me da la gana. Un exorcismo creativo también para que se entendiera un poco la saturación mental en la que estaba. Si que es verdad que después de esta exposición he entrado en una fase completamente distinta, acabé una fase, no solo a nivel creativo, pero sí en el modus operandi, en la manera en que hago las cosas y la manera en la que me presento.

 

Aunque la fotografía ha sido un medio en el que las mujeres han sido históricamente sido muy activas, sigue siendo difícil que tengan visibilidad. Tú sigues siendo un poco la única mujer en el panorama español que saca la cabeza a un nivel en el que predominan los hombres, ¿por qué crees que esto sucede?
 
Yo creo que porque realmente no es que no haya tenido conciencia de género pero sí he tenido la inconsciencia de que me da igual. Si que he sido consciente de que por ser mujer se me han abierto muchas puertas y se me han cerrado muchísimas más, pero me ha dado igual. Hace un año o dos me estoy dando cuenta de que necesito tener una parte más activa en esto, tal vez porque considero que puedo tener una voz, hasta hace poco no me consideraba en situación de decirle a nadie lo que tenía que hacer, mi trabajo está en hacer preguntas y no en dar respuestas. Pero ahora dentro de la ironía y del lenguaje y la manera en la que me gusta hablar, sí que lo he hecho con una serie que se llama Gentleman’s Club, que es una serie de retratos a clientes de prostitutas y me centro más en cómo se visibiliza la mujer en los medios de comunicación en este caso con otro gran tema que es la prostitución. Puse un anuncio en un periódico en Río y le pagaba dinero a clientes de prostitutas que se dejasen fotografiar, era como invertir el negocio, yo les pago a ellos para que ellos me den algo suyo que es su imagen y me los llevé a hostales. Hay muchas fotos de prostitutas y cero fotos de sus clientes, vamos a poner un poco de balance. No solo porque sea mujer sino porque creo que cualquier persona en su sano juicio a la que se le presente delante esta realidad debería tener la misma reacción. Incluso cuando hablan de mafias de tráfico de personas salen las mujeres. Si la imagen te tiene que explicar la historia, lo está haciendo muy mal. Cualquier persona al margen de que sea mujer o hombre debería estar de acuerdo conmigo.

 

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