Criterio al cubo

Desde hace casi tres lustros y sobre tierra abonada por artistas y poetas, Imanol Bértolo ha ido consolidando el lúcido catálogo de Papeles mínimos. Su último brote, una colección de libros que dará muchas alegrías Por Gorka Elorrieta


13 febrero 2014

 

¿Cuándo empezaste en esto de la edición? ¿Por qué te hiciste editor?
Empezamos con unas plaquettes que hacíamos, y hacemos, con artistas y escritores que por la razón que fuese nos interesaban sus trabajos: Mercedes Cebrián, Ana Juan, Matz Mainka, César Fernández Arias, Martín López-Vega, Jordi Teixidor, Luis Muñoz…

 

¿Y en qué año creaste Papeles mínimos?

Creamos Papeles mínimos el año 2000-2001. Echábamos en falta este tipo de publicaciones, y eso fue lo que nos animó (a Montse Lago y a mí) a dedidicarle atención cuando teníamos tiempo y algo de dinero extra.

 

¿Por qué ese nombre?

El nombre procede de esas plaquettes de las que te hablaba. Las primeras que editamos llevaban el nombre de duplex papeles mínimos, porque eran dos personas las que colaboraban (un escritor y un artista) y se trataba de un papel plegado en cruz, algo mínimo. Del primer número (el nº 0) sacamos 300 ejemplares impresos por las dos caras a una tinta, y la mancheta en color la serigrafiamos en el taller de un amigo, Manolo Gordillo. Después pasamos a sacar 500 ejemplares, a dos tintas, pero ya sin la mancheta serigrafiada, que realmente era un lujo pero llevaba su tiempo de elaboración. Más tarde empezamos a editar Los monos de duplex, en tamaño todavía más pequeño que el duplex, justo la mitad, un A-4 (folio) plegado en dos, y que está dedicado en exclusiva a un solo escritor, de ahí lo de monos. [Por cierto, lo de duplex sin acento es porque lo queríamos lo más limpio posible, flotante, sin viseras].

 

¿Cuáles son vuestras señas de identidad?
Las señas de identidad, si éstas existiesen, las van dando las publicaciones en sí mismas. Algo imprescindible es el disfrute y el colaborar con escritores y artistas cuyo trabajo nos guste, apostar por algo que veamos que puede ser interesante, que pueda aportar algo.

 

Editar, sinónimo de…

Entender al escritor, de apasionarse por una obra, eso es lo que nos mueve. En tiempos de Goethe era como el mismísimo diablo, que esquilmaba a los autores…

 

 

En el catálogo –apartado libros- hay un título de narrativa, un poemario y un libro de dibujos. ¿Se sumarán nuevas obras pronto?
Sí, alrededor de la primavera sacaremos un libro de poesía, Siempre es de noche en los bolsillos, de Tomás Salvador González, y sacaremos la 2ª edición de la novela Lento proceso, de José Luis Cancho. También tenemos pendiente en gráfica un libro con estarcidos de escritores, de Damián Flores.

 

¿Te marcas un número de publicaciones al año o depende principalmente de una cuestión económica?
Tenemos como idea sacar cinco o seis títulos al año, siempre y cuando demos con obras que podamos defender totalmente. Y sí, la parte económica también tiene su peso.

 

Háblanos de esos “libros” de artistas más exclusivos…
A veces, con algunos artistas con los que hacemos los duplex surge la oportunidad de editar algo más: troqueles, serigrafías, esculturas… Así surgen esas ediciones de las que me hablas.

 

Un libro que guardas con celo o al que le tienes especial cariño en tu biblioteca personal
El Primer libro de tapas de Luis Seoane, un opúsculo sobre tipografía, La copa de cristal, de Beatrice Warde, alguna primera edición del poeta Ángel González… Libros variopintos.

 

 

Coméntanos algunos pros y contras de la edición independiente
Contras ninguno. Y a favor todo, tienen ganas, oxigenan el ambiente. Enfrente están las grandes editoriales que acaparan toda la visibilidad. Cubren esos espacios que no olfatean los grandes grupos, aunque sean inmediatamente absorbidos. Tienen más de apuesta personal que corporativa. De cualquier manera siempre han existido, de una manera o de otra. Ante una posición hegemónica y dominante surge una respuesta para cuestionarla. El vivir en los intersticios, como Peter Handke. Salirse del foco, crear otros.

 

¿Qué dos o tres pequeñas editoriales destacarías por su trabajo?

No me gustaría hablar de ninguna en particular, porque en su mayoría el estar ahí ya es un logro, con mucho esfuerzo y seguro que ilusiones. Hablaría más de abrir nuevos focos no hegemónicos, creo que por ahí van un poco los tiros. Y todas contribuyen a ello, con más o menos fortuna, la realidad es obstinada.

 

¿Piensas sumar nuevas temáticas a las tres existentes? No sé. Ensayo, teatro…
No estamos cerrados a ningún tipo de formato. A mí personalmente los diarios es un género que me gusta.

 

¿Cuántas personas forman actualmente la editorial?  

Podemos decir que el núcleo duro lo llevamos Montse Lago y yo, pero a partir de ahí hay muchas personas alrededor del proyecto, apoyándolo, en Madrid, en Donostia…

 

Imagino que os llegan muchas propuestas pero… ¿lo que tenéis ahora en catálogo mayoritariamente nace de una apuesta personal?
Es cierto que llegan muchas propuestas e intentamos atender a todas, y no siempre es posible. También intentamos que las cosas que nos van llegando las lean otras personas, además de nosotros. En la colección de poesía y en la de gráfica no hay problema, hay unos poetas maravillosos en este país y unos artistas estupendos. Donde más dificultad encontramos es en narrativa. Y sí, lo que tenemos ahora en catálogo es una apuesta personal.

 

 

Brevemente… ¿cómo se hace un libro en Papeles mínimos? Por ejemplo, el muy recomendable ‘Retrovisor’, de Martín López-Vega. 
Mira, por casualidad la imprenta con la que trabajamos prefiere que encarguemos por nuestra cuenta el papel, así que los papeles del interior, las cubiertas y sobrecubiertas los gestionamos directamente. Las sobrecubiertas las sacamos de la imprenta para serigrafiarlas en un taller y de ahí salen otra vez para ir a la encuadernadora. Las tipografías las vas sopesando, pruebas con unas y con otras, hasta que das con una que pueda funcionar con todas las colecciones, y eso nos ocurrió con la tipografía norteamericana Eames. Nos gustaría utilizar una hecha aquí, que hay unos tipógrafos estupendos, pero por un problema o por otro no fue posible, pero no cejamos, si surge alguna que se pueda adaptar a nuestros libros… Todo el proceso de maquetación y diseño también lo hacemos nosotros. Tenemos un pequeño equipo con el que colaboramos en la corrección de textos. La distribución también la llevamos nosotros, trabajamos con algo más de sesenta librerías. Este viene siendo el proceso de nuestros libros. Antes están los encuentros con los autores, la alegría de dar con un buen material, las discusiones, los puntos de vista, los peros, el título, la vuelta a corregir… Con Martín López-Vega siempre es fácil trabajar, es rápido, generoso, dispuesto y como poeta una debilidad mía y creo, por lo que dices, de otras muchas personas. Personalmente he sido feliz editando Retrovisor.

 

Soñando… ¿qué te gustaría haber editado?
A bote pronto, dos escritores muertos, uno norteamericano, Raymond Carver, y otro del país, el poeta Ángel González.

 

¿Qué es lo que peor llevas del trabajo de editor?
No sabría que decirte, te podría decir la parte administrativa, pero teniendo buenos textos, buenos libros, se eclipsa cualquier otra consideración.

 

¿Y cuándo te has sentido inmensamente satisfecho?
Personalmente siempre tengo algún pero que normalmente me callo, algo que mejorar en el próximo, y siempre es así. La posible satisfacción viene por poner un buen texto, una buena obra, en circulación. El contenedor, el continente, no sirve, como mucho acompaña. Lo importante es el texto, la obra, la tripa.

 

Por último, dinos dos librerías madrileñas que te gusten especialmente
Sería injusto dar nombres. Están surgiendo muchas librerías con estrategias diferentes para mantener el hilo con los lectores y acercarse a los que no lo son, como experimentos de laboratorio, eso muestra inquietud ante el panorama actual, cómo reubicarse. Y solo por el hecho de esa experimentación ya merecen consideración. De cualquier manera sí que en Madrid tendríamos que homenajear a Visor, Alberti, La Central, Panta Rhei, Machado y tantas otras.

 

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