Crónica del V Festival Autoplacer

El sábado pasado tuvo lugar en CA2M la V edición del Festival Autoplacer, un encuentro anual gratuito para reivindicar y celebrar la autoedición, los canales de producción y distribución alternativos y, en general, el concepto de “Hazlo tú mismo” en diferentes ámbitos. En un ambiente inmejorable, y durante todo el día, disfrutamos de conciertos y la presentación de otras iniciativas independientes como fanzines y proyectos de clubbing, video o radio. Por Jorge Navarro


28 octubre 2014

Club Paraíso.

Club Paraíso.

 

Hacía un día espectacular y, por tercer año consecutivo, me acerqué al Festival  Autoplacer. Nada más llegar al CA2M, tras saludar a algunos conocidos, me encontré con que ya había empezado el concierto de Ama Ia, proyecto en solitario de la cantante de Kokoshca y flamante ganadora del concurso de maquetas de este año. Entre las canciones de su nuevo proyecto, más electrónicas y melancólicas que las de su banda de siempre, destaca “Voces“, una pieza de melodía delicada y textura irresistible. Justo después de esto continuaron June y Los Sobrenaturales, banda insignia de Chin Chin Records, comandada por una niña de 12 años e integrada por músicos provenientes de grupos como Ginkas o Kassettes. Aún era temprano y no había demasiada gente, momento perfecto para husmear en las mesas de la tercera planta, ojear fanzines de Monocromo o Las Lindas Pobres, fichar algunos discos en los puestos de Citadel Records o La Integral y subir a refrescarnos en la vermutería de la azotea.

 

Tras un parón para la comida, volvimos a la carga. La gente iba dejándose caer y, mientras esperábamos a que se reanudaran los conciertos, a través de los altavoces se amenizaba al personal con una cuidada selección nueva olera: “Vacaciones en la morgue”, “Trepidación”, “Es especial”, “Accidente”, “Branquias bajo el agua”… Así hasta que a eso de las 17h arrancaron Monotonus. Con la sección rítmico/femenina funcionando como una sola cosa, la guitarra iba dibujando líneas que hacían virar las canciones del kraut al noise sin complejo alguno. El trío madrileño se mostró compenetrado y, tan cómodo sobre el escenario, que por momentos parecía estar en su local de ensayo. Inmejorable comienzo para la tarde.

 

Monotonus.

Monotonus.

 

Tras un rato en la sesión de Ibon Errazkin en el Club Paraíso, la tercera planta fue llenándose de gente. Con una austera puesta en escena, Los Caramelos del tímido y excéntrico Charlie Misterio aportaron sobriedad a la fiesta. No necesitaron más que un par de voces, una viola, una acústica y, en ocasiones, un ukelele y un acordeón para crear el clima propicio en el que poco a poco, y haciendo gala de su clásica mitomanía personal, fueron alternando versiones, que iban del “Centro de gravedad permanente” de Franco Battiato al “Chico con ruedas” de los Patrullero Mancuso o el “Destruye” de Los Ilegales, con temas como “Aeropuerto”, de su repertorio antiguo o “Carmen”, “Pam Pam” y “Las intrigas de Silvia Couski” de su reciente LP para Discos Walden, “Esconde tus alas en la torre fantasma”. Referencias de elegancia minimal que continuarían más adelante con Espanto. Antes de todo eso hubo tiempo para acudir al encuentro audiovisual con los productores de Mapa Sonoro en el salón de actos de la planta baja del edificio, o bien aprovechar para refrescarse y fumar a escondidas  en la azotea, cuidándose mucho de no salir a la calle para no perder la plaza debido al aforo limitado.

 

Los Caramelos.

Los Caramelos.

 

Con algo de retraso empezó John Gray, solicitando la participación del público, que tímidamente fue entregándose a su propuesta de chill wave y R&B. La base frenética sobre la que la voz y la figura del cantante iba quebrándose, hicieron las delicias de las primeras filas, que acabaron lanzándose al baile sin prejuicio alguno. La cosa empezaba a animarse, los tercios a euro iban haciendo su trabajo, los músculos iban desentumeciéndose y, aunque el sonido de los conciertos no era el mejor, pudieron más las ganas de cachondeo general. En el Club Paraíso JM Costa iniciaba su sesión y muchos no quisieron perdérsela. Hasta los ascensores parecían improvisados mini clubs para triunfadores gracias a la Paul Allen Appreciation Society de Julián Cruz y Marian Garrido.

 

John Gray

John Gray.

 

Daban ya casi las 21h cuando Espanto comenzó a desplegar el encanto de su ironía. Los riojanos hicieron honor a su último disco y ofrecieron un sofisticado recital de electro pop con retranca. “Panteras” y “Rock’n Roll”, sencillas melodías con algunas de las letras más brillantes del panorama independiente nacional. Fuera se iba ocultando el sol y dentro ya todo era un gran club de baile. Las luces cambiaban de color para dar la bienvenida a las grandísimas Violeta Vil. Originales, exóticas y poseedoras de un  intenso directo, son una de las mayores alegrías que ha dado la música nacional en los últimos años. “Mujeres Ulaga”, su recientísimo LP para Gramaciones Grabofónicas, es una oscura y exuberante amalgama de sonidos hipnóticos y letras inquietantes que, ejecutado de manera ritual sobre el escenario, genera un gran bucle que obliga al trance. Sin duda, lo mejor de la jornada.

 

Violeta Vil

Violeta Vil.

 

Tras un buen rato alternando la terraza con la pista del Club Paraíso, regresé a la zona del escenario para descubrir que Akron habían empezado ya su show. Los de Barcelona homenajean, en nombre y actitud marciana, a unos Devo o a unos Residents, aunque 100% instrumentales y de aires más latinos. Su aspecto parece sacado de una exótica y retrofuturista peli de serie B, y su música ejerció de inmejorable banda sonora para el final de un festival que se consolida, por quinto año consecutivo, como una cita obligada para estar al tanto de lo que ocurre en materia de autogestión musical y canales de cultura alternativa.

 

Akron

Akron.

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