Dar cera, pulir cera

Catulo y un alambicado prólogo abren la obra de las obras de Nacho García, dan la réplica a la guasa afilada, sirven de puerta a un corpus hilarante, atomizador de los más heterogéneos asuntos pop, cargado de hallazgos, a veces lúcidos y contundentes, a veces sencillos juegos de espejos. Un tótum revolútum muy recomendable.
Por Gorka Elorrieta


06 noviembre 2013

 

Hace ya unos meses que la editorial Fulgencio Pimentel editó “Pulir“, este título híbrido, a caballo entre la tira humorística, la ilustración, el cómic y otras representaciones del arte… Difícil catalogar/resumir unas páginas que provienen de otros tantos folios desordenados por la habitación de Nacho García -no parece difícil no, pero quédense con su nombre-. Hay chistes (muchos), ironías ácidas (bastantes) e ideas locas (un buen puñado). Hay presidentes de gobierno dibujados “a lo Johnny Ryan” y canciones que le han hecho llorar. Hay, incluso, hilos íntimos de los que tirar; como el que deja su querida Abbe Lane de 1957.  “Mis editores se marcaron la labor titánica de intentar poner orden dentro de todo el sindiós que es ‘Pulir’ y creo que lograron una cierta armonía, por lo que recomendaría leer el libro de principio a fin al ritmo que cada cual estime oportuno. Aunque por supuesto cada cual tiene el derecho de hacer con las cosas que tiene entre las manos lo que le de la puta gana siempre que eso no entre en conflicto con ningún artículo de la Constitución Española de 1978.”

 
Atravesada la dedicatoria, en la puerta de entrada al mundo, hecho libro, de Nacho García se puede leer una inscripción latina: Odi et amo. Quare id faciam, fortasse requiris. Nescio, sed fieri sentio et excrucior. (Odio y amo. Quizás te preguntes por qué hago esto. No lo sé, pero siento que así ocurre y me torturo). Vamos que nos vamos. No se asusten. No duele.

 

Para quien no tenga ni idea del asunto… ‘Pulir’ está lleno de…
Amor, dolor, alegría, tristeza, el bien, el mal, un retrato de Ricky Martin y muchas otras cosas interesantes para el sano equilibrio y crecimiento del espíritu.

 

¿Cómo llevas esto de la prensa, las entrevistas, que te fotografíen, las reseñas, que te diseccionen tu obra? Allá vamos…
Es divertido. La mirada ajena sobre la obra propia es algunas veces esclarecedora y otras muchas veces desconcertante. Echo de menos críticas malas, creo que la falta de críticas malas es un problema del sector del cómic y la ilustración. Sueño con que despierto y alguien ha catalogado ‘Pulir’ como “una puta tontería dibujada por un tonto del culo” en la sección de cultura de un suplemento dominical. Pero estoy contento con las reseñas y las críticas, especialmente porque muchas han sido escritas por gente que admiro y respeto y quiero y su beneplácito es pura alegría para mí. Cuando leí la reseña de Juarma (héroe e ídolo) sentí que todo mereció la pena, por ejemplo.

 

¿Cuánto tiempo separa el primer dibujo de la página más actual del libro?
En la página de agradecimientos hay un dibujo de dos cisnes que coloreé con tres o cuatro años, y gran parte del libro está elaborado este mismo año 2013, así que unos 23 años. Dentro de, digamos, el contenido, estimo que lo más antiguo datará del 2009 aprox. Lo estimo porque estos dibujos no estaban fechados ni ordenados cronológicamente, así que es complicado de saber.

 

 

 

¿Disfrutaste algo en el proceso de organizar/ordenar… publicar ‘Pulir’?

En la recta final pasé días enteros generando material nuevo y revisando material antiguo como un loco. Algunas cosas entraron, otras no, pero lo pasé bien. Parece mentira que diga esto porque aquellos días me sentía totalmente desbordado, por esto y por otras cosas que ocurrían en mi vida. Pero salí airoso de todo y aprendí. Fue como una película previsible. También fue divertido sentarme con los editores frente a cientos de folios sin orden ni concierto y reír y pensar qué coño vamos a hacer con todo esto y que me invitaran a desayunar unos bocadillos muy ricos.

 

¿Qué mirada/impresiones te devolvían tus dibujos más antiguos?
Muchos me gustaban y muchos otros me parecían porquería. Ahora algunos dibujos de los que más reacio me encontraba a publicar me gustan mucho, y veo alguno de los nuevos que me empeñé y me encabezoné en que salieran y pienso en que tal vez tendría que haberlos enfocado de otra manera o descartarlos. Y mañana será al revés, no hay tu tía con eso. Y además da igual, lo que yo piense o deje de pensar sobre mis dibujos da completamente igual.

 

¿Por qué te animaste a sacar todo esto a la luz? ¿De quién partió el primer empujón?
Cuando conocí a César (César Sánchez, editor de Fulgencio Pimentel) y le enseñé algunos de mis dibujos, me dijo que tal vez podríamos hacer algo, que le enseñara más cosas. Yo me puse muy contento y un día le llevé mis carpetas con un montón de folios con dibujos, bocetos, apuntes, tebeos y demás. Mi intención no era publicar esos dibujos, ni podía imaginar algo así, sino más bien que se hiciera una idea más extensa de “lo que hacía”. Me dijo que no hacía falta que moviera un dedo más, que con todo eso teníamos material de sobra para hacer tres libros. Yo me quedé de piedra, me pareció bien publicar “algunas” de esas cosas, me pareció mal publicar otras, me pareció bien redibujar algunas de esas cosas, me dijo que no redibujara nada. No le hice mucho caso y redibujé muchas cosas, algunas colaron, otras no. Y así durante mucho tiempo. No sé, fue un caos encantador.

 

 

Publicar tu primer libro con una editorial tan exquisita como Fulgencio Pimentel es empezar bien arriba… Además de enorgullecerte, ¿no te “asusta” un poco?

No. Fulgencio Pimentel son, mucho antes que mis editores, mis amigos. César Sánchez es una de las personas más inteligentes y generosas que conozco. Daniel Tudelilla es íntimo mío desde hace muchos años y además de ser el mejor rotulista de España y parte del extranjero es también una maravillosa persona. Me da igual si parezco un tiralevitas, es la verdad y nada más que la verdad, qué le vamos a hacer. Estoy orgulloso de que sean mis editores, pero sobre todo estoy orgulloso de que sean mis amigos. Mientras hacíamos el libro a ratos pensaba fríamente las cosas. Para mí, Fulgencio Pimentel es la mejor editorial española, y estoy seguro de que lo seguiría siendo si no les conociera de nada. Han publicado a algunos de mis autores favoritos, algunas de mis obras favoritas. Para mí, el diseño y el tacto de las cosas son muy importantes, y ellos son unos maestros para eso. Así que, recapitulando, Fulgencio Pimentel es la mejor editorial de España, son mis amigos y me han publicado un libro. A ratos me sigue pareciendo una alineación de los astros demasiado rarita, pero algo así simplemente evidencia que hay veces que cosas buenas pasan en la vida. Así que no hay que temer, no temamos… ¡Os convido a no temer!

 

¿Cómo se queda uno al entregar el libro, después del trabajo que supuso y del ingente material que dejas ahí dentro?

Bueno, es que yo no entregué nada, es cierto que trabajé bastante en el libro porque había muchas cosas que solucionar, pero esencialmente el libro ya estaba terminado incluso mucho antes de que ni yo supiera que iba a publicar un libro (extraños conceptos mesiánicos). Ya estaba hecho para mí, claro, los que se pegaron el auténtico trabajo de “hacer” el libro fueron mis editores. Son lo mejorcito. Muy válidos.

 

Pasados ya unos meses desde su publicación, ¿algo de autocrítica?
No. El libro me gusta muchísimo más ahora que cuando salió. Ya no me causa la ansiedad que me causaba entonces hojearlo y mirar los dibujos, donde encontraba problemas en casa centímetro cuadrado de cada dibujo. Ahora no quitaría ni añadiría nada. Eso no quiere decir que esté satisfecho con el total del libro, pero no quitaría nada. Hace muy pocos días me senté a leerlo de principio a fin y me percaté de que creo que era la primera vez que lo hacía. Para mi sorpresa me gustó bastante, me pareció una puta locura tan extraña que me sentí orgulloso de ser yo el del nombre de la portada. Me dije a mí mismo: “A veces eres un imbécil encantador, pequeño”.

 

¿Y ahora qué?
Pues seguiremos insistiendo haya donde haga falta hacerlo. No creo que un libro sea el principio ni el final de nada, hay que seguir trabajando mucho (a ver, sin pasarse, hay que relajarse, relájense amigos, relájense por lo que más quieran) porque lo mejor siempre está por hacer. Ese cliché del tamaño de la catedral de Sevilla es verdad. Esto no termina nunca. Es muy aburrido y es muy divertido a la vez. Es lo que hay.

 

¿Te apetece cambiar? No sé, ponerte con una historia al uso, una ficción, algo más guionizado… ¿O es algo que no te interesa?
No sé. No creo que nadie se siente en una mesa y diga “en fin, hace un día precioso, voy a cambiar mi manera de trabajar” sino que las cosas van fluyendo de manera natural, por las características de los encargos que tengas en ese momento, por la cultura que tú mismo estés consumiendo, por tu humor, no lo sé. Ahora mismo no me apetece mucho hacer algo como lo que dices, pero eso puede cambiar mañana. Puede cambiar si me apetece hacerlo, pero sobre todo puede cambiar si alguien me ofrece una suma desorbitada de dinero. Puedo escribir una adaptación al cómic de “El Código Da Vinci” para niños, lo haría. Soy una gran mentira.

 

 

Encuentras siempre inspiración en… 

La cultura popular siempre inspira. Es un abanico casi infinito que va desde utilizar la opción “Página aleatoria” en la Wikipedia a las exposiciones de dibujos infantiles navideños.

 

Si hablamos de influencias, no puedes obviar a…
Los tebeos de Juan Carlos Ramis fueron reveladores en mi niñez y es muy probable que sin ellos no estaría haciendo lo que hago ahora.

 

Últimamente te has reído mucho con las historias de…
Muero de risa y de amor con los cómics de “Megg, Mogg and Owl” de Simon Hanselmann. Podéis leer un montón de ellos en su web . Es lo más.

 

Dibujar es sinónimo de…
Es sinónimo de todo lo demás. He dibujado durante toda mi vida, a ratos es aburrido, a ratos es divertido, a ratos es revelador y a ratos es una bobada, como la vida misma.

 

Cuando dibujas/creas algo, ¿a dónde te interesa llegar?
A Cuenca. No sé. Depende. Cada vez te interesa llegar a lugares diferentes, lo que se hace de diferentes maneras. Aunque cuando trabajo no tengo la conciencia de estar llegando a ningún sitio, no es algo que me importe.

 

¿Cuándo sabes que el dibujo ya está, que no puedes ni quieres ir más allá, que la idea está ahí, encerrada, por absurda que sea?
Simplemente lo sabes. Sabes que si continúas o añades más es muy posible que te lo cargues todo. Muchas veces continúas y lo jodes. Otras no añades más por miedo a estropearlo y queda cojo. Otras encuentras el equilibrio. Es un proceso mental que se va aprendiendo, difícil de verbalizar. Digamos que es una movida tocha que lo flipas.

 

 

 

Como el libro está dedicado a tus padres… ¿Qué les ha parecido?
Les gusta. Están acostumbrados a lo que hago, ya me conocen. Hay dibujos que miran con cara rara, pero a mí me pasa lo mismo, creo que al conjunto de la sociedad le pasa lo mismo. Mis padres son dos personas maravillosas a las que les debo todo, así que era fundamental dedicarles el libro, y yo me siento orgulloso de que se rían con él y lo defiendan a capa y espada.
¿Dibujas a diario? No lo pienso como algo que programes sino como algo natural, innato, casi inconsciente, algo que haces incluso mientras haces otra cosa…
Sí, lo procuro. Hay días que no dibujo nada, pero pocos. Y, sobre lo que dices, hay veces que garabateo mientras veo series, por ejemplo, y así siento que estoy desdoblando el tiempo de alguna manera. Menuda bobada.

 

¿De dónde carajo salen algunos tus personajes, tus dibujos? Unos parecen venir de una idea consciente y a partir de ahí la trabajas, otros de algo más etéreo e ignoto, algo como un sueño/pesadilla… A veces parecen pura experimentación formal (una estrella fugaz), a veces se repiten (se vuelven “rostros”, gestos conocidos con los que convives)… 

No lo sé. Yo me siento y los dibujo. Por supuesto que salen de algún sitio porque nada se crea por ciencia infusa. Así que sospecho serán la consecuencia de una amalgama de todo lo que amo, me gusta o me divierte y también de todo lo que odio o me repugna.

 

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