Derivas nocturnas por Madrid #1. Buscando electrónica oscura

Una nueva sección que toma el pulso a diferentes escenas nocturnas de la ciudad. Tras la repercusión del artículo “Agonía y muerte de la escena gótica madrileña“, que mejor que indagar en los locales de la electrónica más oscura. Por Elena Cabrera. 


27 diciembre 2013


La Parada de los Monstruos

Vallehermoso, 41

Después de perdernos un poco por la cuadrícula de Argüelles, aparcamos el coche en Vallehermoso para tomarnos una primera cerveza tranquila en La Parada de los Monstruos, un bar decorado en homenaje a las películas de terror, donde la música es buena y hay un pinball de Drácula. Es el sábado previo a la Navidad y son las nueve y media de la noche. Cuando llegamos a la puerta, nos recibe la chapa —primorosamente decorada— de la puerta bajada. “¡No puede ser!” le digo a Alberto, “¡acabo de mirar su Facebook y parecía abierto!”. “¡El Facebook de La Parada de los Monstruos es lo que está abierto!, ¡el bar ya no!”. Nuestra salida comienza con un estrepitoso fracaso (*). Hoy nos sentimos como Gary King y sus Cuatro Mosqueteros en The World’s End y tomaremos una pinta en cada bar hasta que el mundo acabe. Por darle una segunda oportunidad —”lo mismo hoy abren tarde”— nos vamos a tomar unas croquetas al Imperio. Al hacerlo, pasamos delante de la Copérnico y, por las pintas de la gente que hace cola para entrar no atinamos a adivinar qué tipo de ambiente lo visita. Cenamos en El Imperio, que está casi enfrente de la mítica Revolver de Galileo y lloramos un poco por los tiempos perdidos sobre las tortitas de camarones. Después de cenar, volvemos a La Parada y sigue sin monstruos. Abandonamos el barrio.

 

Kramer
Plaza de Comendadoras, 1

Caminamos hacia abajo dirección Malasaña, por lo que cruzamos Conde Duque con el objetivo de hacer una parada (no tan monstruosa) en el Kramer, un nuevo bar en el que los miércoles, viernes y sábados pincha, acodado en la barra con su portátil, el mismísimo Luis Prosper (curriculum: los grandísimos Breton Armada, los olvidados Oviformia y Heroica, ¡el compositor de medio Una temporada en el infierno, por Dios bendito, uno de nuestros discos favoritos de Fangoria!). Hoy está pinchando elegantes canciones vaporosas de los ochenta, al estilo Wishful thinking de China Crisis. Miro a la parroquia buscando gabardinas de cuellos subidos, pañuelos al cuello, pantalones chinos blancos y camisas abrochadas hasta el último botón del cuello. “¿Te has fijado en la media de edad?” me pregunta cruelmente Alberto. ¡No me había fijado! Es increíble pero con lo viejos que somos y parecemos los más jóvenes. Salvo por el camarero. Hay un grupo grande que parece una cena de empresa o una reunión del bloque de vecinos. Ambiente no hay, la verdad, aunque los sillones están todos ocupados y se mueven los gintonics. Nos fijamos en la decoración: las paredes están cubiertas por madera roja abajo y papel pintado con dibujos de un callejero, encima. Asientos dispares. Parece un bar de Brooklyn. ¿Por qué se llamará Kramer?, nos preguntamos. ¿Por Wayne Kramer? empezamos a decir, a lo loco, ¿por Kramer el de Galaxie 500?, ¿por Kramer contra Kramer? [risas]. ¡Un momento! ¡Hay fotos de Dustin Hoffman y Meryl Streep en las puertas de los baños! [fin de las risas].

 

666

Valverde, 10

Nos adentramos en Malasaña, tentados estamos de entrar en el bar de rock’n’roll Weirdo, siempre una apuesta segura pero nos aguantamos las ganas porque no es el objetivo de hoy. Nos dirigimos a la sala Ya’sta para ver qué tal está “el seis” desde que lo hacen ahí. De camino miramos a ver qué hay hoy: “Crematoria party”. Industrial, electro dark, gothic metal, EBM, doom metal, Noise, Black Metal. Uf, vamos, va, lo que sea, a muerte. A ver cómo está. Vemos salir a la directora de la Semana Gótica de Madrid, malo no será. Llegamos a la puerta y no nos dejan pasar. No es que hayan puesto mi careto cruzado con una cruz en el poster de los que tienen prohibida la entrada, como le pasa al mencionado Gary King, por culpa de mi último artículo. Entrar, nos dejan entrar, pero ya no al 666, que lo están desalojando, sino a lo que viene después, que la chica de la puerta define como drum’n’bass, house y algún otro estilo que no pagaría por escuchar ni aunque estuviera absolutamente borracha. Hemos llegado tarde, cierran a la una. Bajamos los escalones del Ya’sta y prometemos volver a una hora más light y con una sesión también más ligera que la de hoy.

 

Fetén Club

Ballesta, 12

Guiados por los comentarios de mi polémico artículo, decidimos ir a buscar ese Fetén, a pesar de su nombre, donde supuestamente pincha a veces dj Morgis, el que fuera residente del Dark Hole. Recorremos Ballesta de arriba a abajo y no lo encontramos. Saco el móvil, busco el número. Es el 12. Un bar llamado Virtual. Nada más en la puerta. En fin, entramos. Está vacío y no sabemos si nos hemos equivocado pero la música suena esperanzadora, algo electrónico que no podemos reconocer. Suena bien. Huele a lejía y la cerveza cuesta cuatro euros pero hay cortinas de terciopelo cubriendo las paredes y unos botes de cristal colgando que no entendemos. La sesión va evolucionando y para cuando suena Décima Víctima y Aviador Dro el sitio ya me ha conquistado. Hay poca gente, tres góticos, algo de juventud. El dj selecciona buenas canciones y mezcla muy bien aunque alcanza el clímax con hits como Love Will Tear Us Apart o Blue Monday que ante el poco aforo parecen concesiones innecesarias. Él es Christian C, es el promotor del club, me explica cuando me acerco a preguntar si pincha habitualmente. Me pregunta mi nombre. Elena. “¿Cabrera?”, dice. Eeeh, sí. “Claro, la del artículo”. Ahora no sé qué es lo que va a pasar, si me va a cantar las cuarenta y a intentar convencerme de que la escena gótica madrileña está fenomenal de salud y pasan cosas maravillosas y tal. No lo hace. Pero me habla de que el Fetén hoy está flojo pero otras veces no se puede ni bailar. Y me da una pista de otro sitio para descubrir. El Fetén abre, milagrosamente, hasta las seis. En cambio esta pareja de cronistas vividores abandona un par de horas antes para desandar lo andado y llegar de nuevo a Vallehermoso donde nos espera nuestro coche, el avispón verde, superviviente de una noche más. El mundo no acaba hoy.

 

 

(*) Unos días después y tras buscar por internet alguna noticia que me confirmara o no su cierre, pregunto en Twitter qué ha pasado con el bar y @quiqueare me contesta que ha cerrado hace un par de semanas. Una lástima y una salva en su honor.

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Comentarios:

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The Observer says:

Hay gente para todo. No sólo es que haya góticos, es que los hay nostálgicos de la “movida gótica”. Es tan kitsch que escuece

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