Diarios de verano: “Maravilloso agosto”

Hay veranos y veranos. Mientras medio mundo anda de vacaciones hay quien está disfrutando de un maravilloso verano de mucho trabajo y mucho crecimiento. Este es el diario de verano de Diana Aller. 


23 agosto 2013

 

Agosto en Madrid es rotundamente maravilloso. Los rayos inmisericordes de sol abrasan el asfalto, los perros y los humanos que los pasean. Vivimos al ritmo que marcan los aires acondicionados y las piscinas municipales. Hay menos coches, menos urgencia y más silencio. Casi todos los años agosto me pilla trabajando. Este también. Trabajo en un reality de televisión, que además se llama “Campamento de Verano”. Así que, abstraerme del periodo en el que vivo es imposible. Trabajo muchas horas seguidas y vengo a casa prácticamente solo a dormir. Arrastro sueño y cansancio.

 

A veces me creo que soy una madre insensible, porque apenas tengo tiempo de echar de menos a mis hijos. Como cada verano, se van un mes entero a la costa galaica, donde cenan sardinas, corretean por la plaza del pueblo, trasnochan y se bañan en el mar. Lo que yo puedo ofrecerles en agosto en Madrid es bien distinto, así que, no llego a sentir culpabilidad, sólo ausencia.

 

El curso comienza en septiembre y no en enero. El año se está desperezando ahora y se levantará en breve. Por eso, este periodo es la matriz de lo que vendrá después. En verano se cierran y abren ciclos vitales, se gestan sentimientos, se cuantifican los afectos, se planifican las tareas. Este verano, sin apenas esperarlo, estoy arrancando una etapa maravillosa. Han cicatrizado las últimas heridas de guerras olvidadas y han florecido imprevistos amigos que me han sostenido hasta aquí.

 

Ahora mismo S. C. y J. están a mi lado, tecleando sus portátiles, en perfecta sincronía afectivo-laboral. Soy muy afortunada, porque vivo rodeada de personas que inspiran, contienen, ayudan y me hacen la vida fácil. Sobre todo, me hacen reír, algo que da sentido a mis interminables jornadas en Telecinco, a la ausencia de mis retoños y a mi estabilidad emocional.

 

Agosto tiene algo de fascinante y luciferino. Las parejas empiezan o acaban. Comienzan guerras y se firman paces. Descarrilan trenes y nacen niños. Y los informativos dan cuenta de incendios, tasas de empleo ascendentes y calor en la península.

 

Estoy preparando una mudanza, he cancelado viajes, he olvidado exnovios, paseo a mi perro, proyecto artículos viajando en un tren de cercanías, me río en el trabajo, bebo cerveza muy fría, envío whatsapps de cortesía y también de amor, he llorado, calculo alegrías, he desayunado en bares que no conocía y me emociono con tonterías, porque las cosas importantes me dan igual.

 

Este verano lo recordaré como el verano en el que desperté, pese a no dormir apenas. Es y fue el verano de la esperanza. Se me agolpan los proyectos y los planes. Me falta tiempo, me sobran ganas y sueño con dormir.

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