Diarios de verano: Un verano sin twitter

Temporada estival sin hacer log in. Por Filósofa Frívola


15 agosto 2014

dead-twitter-bird

 

Morirse debe de ser algo parecido a irse de twitter, solo que mucho más permanente (sabemos por experiencia que la inmensa mayoría de las personas que amenazan con abandonar alguna red social recae en los primeros meses). La vida en twitter sigue, pero tú ya no estás. Al principio te llora mucha gente, se acuerdan de ti con frecuencia, te envían mails de apoyo que agradeces en el alma, se cagan en tus haters, en los acosos obsesivos y en todas las razones que han motivado tu marcha. Tus amiguinchis siguen diciendo cosas graciosas, metiéndose en flames, relacionándose, tirándose los tejos, montando quedadas. Pero tú ya estás fuera. A la larga se acaban olvidando de ti, como es absolutamente lógico y, en el fondo, deseable: lo que realmente querías era desaparecer y desintoxicarte por completo. Pues enhorabuena: es posible. Aunque pagas un precio, y es que echas mucho de menos a la gente maja. Como lei por ahí una vez “facebook es para amigos que se han convertido en desconocidos, y twitter es para desconocidos que se convierten en amigos”. Es muy cursi, pero es muy cierto. Os llevo en el corazoncito, y me acuerdo de ustedes cada día, palabrita.

 

Los primeros días sin twitter (se cumplen ahora dos meses desde mi partida) fueron espectaculares. Me creció pelo nuevo y fuerte. Mis allegados estaban sorprendidos de la facilidad con la que me deshice de un invento que ellos creían imprescindible para el normal desarrollo de mi vida diaria. No contaban con el factor hartazgo. Y es que tengo que darle la razón al telediario y a su erre que erre cansino con los peligros de las redes sociales. Twitter es una distopía postapocalíptica en la que una panda de descerebrados se ha hecho con el control, y dan vueltas a tu alrededor, armados con cadenas, subidos en minimotos. Sólo sobreviven los privilegiados que llevan las riendas, los que tienen la piel lo suficientemente gruesa como para aguantar la violencia constante, los equidistantes y los que te reprochan que hayan podido contigo.

 

¿Aguantar? ¿De qué? ¿Cuánto pagan? Yo es que mire usted no le debo nada a nadie. No quiero ser la heroína de nadie. No es mi intención dar lecciones de fortaleza y coraje, porque soy blanda y cobarde. Por eso me fui de twitter. Porque no podía más. Ser punching bag de una panda de frustrados está muy mal pagado. 

 

Los que estén de mi lado no necesitan mis explicaciones. Y los que buscan hacerme daño me echarán de menos al principio, pero seguro que encuentran una nueva víctima a la que dejar una bolsa de caca en llamas en la puerta. Internet le pertenece a esa gente, a los que dejan bolsas de caca y les hace mucha risa. Y yo aprecio demasiado mis veranos como para andar envejeciendo 10 años de un golpe cada vez que hago log in. Admiración y respeto absoluto por quienes seguís luchando la batalla eterna. A mí me vais a perdonar, pero necesito meter los pies en agua con sal y tumbarme al sol serrano a no pensar en nada. Luego ya si eso, cuando me aburra de ser feliz, cuando me canse de estar en paz, solo entonces, quizá volváis a leerme en formato 140 caracteres.

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