Dirty Works cumple un año: “Montar la editorial ha sido rejuvenecedor”

Hace un año, esta pequeña editorial hacía su aparición en el panorama librero del país con un objetivo muy claro: publicar sólo los libros que les gustan, sacar los libros que nadie saca y cuidar la traducción hasta la última coma. Hablamos con Javier Lucini, uno de los cuatro integrantes de esta “banda de atracadores de bancos”, como a ellos les gusta definirse. Por Javier Yohn Planells


14 junio 2016

Dirty Works

 

La voz de Javier Lucini al teléfono no es la que esperas cuando piensas en uno de los fundadores de la editorial Dirty Works. Es amable y alegre, y te dice que acaba de sacar al perro para poder hacer la entrevista con calma. Tampoco te esperas que tenga perro, claro. Aunque quizás es un rottweiler y Javier lo ha paseado de resaca y embutido en la chupa de cuero, a pesar de que son las siete de la tarde y caen 35 grados sobre Madrid. Entonces sí, algo así sería digno de lo que se te viene a la cabeza cuando piensas en el editor de una casa que publica “literatura sureña, white trash, realismo sucio”.

 

En realidad, Dirty Works es una banda de cuatro: Rosa van Wyk, Nacho Reig, Iban Sainz Jaio y el propio Javier Lucini. La semana pasada celebraron a lo grande que cumplen un año con una fiesta-presentación. Se trajeron de Estados Unidos a sus autores Alan Heathcock y Mark Richard, invitaron a cerveza y bourbon, hubo música en directo, y casi casi tuvieron que recordar al público que habían ido a Tipos Infames a hablar de sus libros.

 

Javier Lucini

 

En la página web de Dirty Works, explicáis que la idea de montar una editorial nació en un bar, esperando un tren. Y esa es la primera pregunta: ¿esa historia es verdad?

True story. Yo llevaba quince años en otra editorial, Acuarela. Estaba hastiado de cómo funcionaba todo. Nacho venía rebotado del cine y estábamos con Rosa en el bar La Esquinita, en Ópera. Rosa fue al baño y Nacho me preguntó cuánto costaba producir un libro. Cuando volvió Rosa de baño ya teníamos la idea. Ella nos miró y nos preguntó si no sería la típica conversación de bar, de arreglar el mundo, pero a la semana estábamos montando la sociedad, el ADSL… Fue bonito porque para los tres ha sido rejuvenecedor. Y además es una unión de fuerzas genial. Nacho es perfecto con la producción, Rosa con el diseño, Iban hace las ilustraciones de las portadas…

 

Dirty Works es un nombre pero además parece una declaración de intenciones

Manejábamos varios nombres y ahora, cuando vemos la lista, el típico brainstorming, damos gracias a Dios por no haberlos elegido. La verdad es que el primer libro fue el de Larry Brown, se llama “Trabajo sucio” y marcaba la línea editorial. La idea de la editorial era sacar lo que nadie sacaba con Larry Brown como santo patrón. De hecho, Nacho siempre decía que si le tocaba la lotería me encargaría la traducción de “Trabajo sucio”, una única edición sólo para él.

 

¿Hay público para sacar los libros “que nadie sacaba”?

La acogida ha sido muy buena, había un público cautivo a la espera de que se publicara esta literatura. Al principio nos costó porque con una editorial nueva todo son sospechas, pero luego la familia ha ido creciendo poco a poco, boca a boca. Todavía tenemos que dar un saltito para poder vivir de esto pero ha habido un punto de inflexión con la feria del libro de Madrid y la fiesta de cumpleaños.

 

En este año, ¿habéis hecho todo lo que queríais hacer?

El objetivo era sacar mínimo seis libros este año para poder mantenernos y lo hemos hecho. Si logras hacerte un espacio en las librerías tienes que mantenerlo y lo hemos conseguido. Para el año que viene, la idea es publicar otros seis.

 

¿Y lo habéis hecho como queríais hacerlo?

No queríamos trabajar para otros, queríamos hacer las cosas bien, pagar bien a nuestros colaboradores, editar bien los libros… De hecho, había problemas con el diseño, en las librerías pensaban que lo nuestro era tipo novela negra. Pero hemos sido bastante cabezotas y cuando solo llevábamos tres libros la gente ya nos identificaba, no sólo por el diseño, también por el tipo de literatura. Hasta el punto de que los dos últimos la gente ya los compra porque confían en nuestro trabajo. Es una lección que hemos aprendido de Servando Rocha, de la editorial La Felguera, que ha conseguido construir una secta en torno a sus publicaciones.

 

Hace unos meses leía un post de los editores de Libros del Ko donde reflexionaban sobre su labor, cinco años después de montar la editorial. Decían esto: “Que la editorial iba en serio uno lo empieza a comprender cuando lo primero que hace por la mañana, antes de recitar a Rilke, es consultar la tabla de ventas de la distribuidora”. Una cosa es decir: voy a montar una editorial y otra cosa montarla, ¿no?

Nosotros al principio fuimos muy macarras, no nos importaba que el libro fuera comercial. Tuvimos una reunión con la distribuidora que nos decía que no se lo poníamos fácil, que no usábamos estrategias comerciales. Nos enseñaban fajas y nos decían: mirad, tenéis que poner algo así. Pero es que somos muy antifaja. Aún así, hemos pensado mucho en cómo llegar a la gente sin usar las técnicas del Antiguo Régimen. Una de las cosas que nos gusta es la relación con el librero. Hemos renunciado al envío de ejemplares a prensa para viajar y seducir al librero, enseñarle nuestros libros, emborracharle. Pero nos lo dicen: no ponéis nada en las solapas, las biografías de los autores son muy literarias, tenéis cuatro páginas de cortesía en negro que no usáis… La única concesión que hemos hecho ha sido una cita de Benicio del Toro.

 

DW

 

Cuando veo fotos vuestras pienso: más que una editorial parece una agencia de management de bandas de rock.

Es verdad, es verdad, la estética es un poco así. Queremos tratar de no cambiar de manera de ser, de no relacionarnos con determinada gente que no nos interesa. Y además, están sucediendo cosas, aparecen otras editoriales, va a cambiar el viejo esquema de hacer las cosas. Es curioso que hayas dicho eso porque al principio decíamos: Sacamos un libro y hacemos un cartel y nos vamos de gira, como si fuera un disco, y hacemos presentaciones que sean eventos, celebraciones. Queremos cambiar las cosas para pasarlo bien nosotros. Y luego es que nosotros somos así, tenemos esa mala pinta.

 

¿Cuáles son vuestros planes de futuro?

Seguir en la misma línea. Sacar seis libros más, dos de autores que ya tenemos. Además, publicaremos a la primera autora “dirty”, que había mucha expectación. Y seguir creciendo, libro a libro.

 

En la web decís que uno de vuestros sueños es conocer a vuestros autores, haceros amigos y compartir unas birras. ¿Se ha cumplido?

Sí, más allá de nuestras expectativas. De nuestros autores, todos han muerto menos dos, Alan Heathcock y Mark Richard, y a los dos los hemos traído a España y los hemos emborrachado y los dos son encantadores. De hecho, nos decían que les gustan más nuestras ediciones que las que han hecho en Francia o Alemania, que tenían conocidos dispuestos a comprar el libro aunque no entendieran el español. De Zeta Costa no sabemos qué pasó con él, se dice que murió asesinado por el cartel mexicano o de sobredosis, pero seguro que nos hubiéramos llevado bien, igual que con el hijo de William S. Burroughs, por su manera de vivir. De Larry Brown, Richard nos contaba que era el mejor de todos y que nos hubiera tumbado bebiendo.

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