Diseño de Chichinabo

Con Patricia y Miguel el término “chichinabo” adquiere una dimensión totalmente nueva y fascintante. Por Juan Sardá


15 Junio 2012

Ante la idea tan “antigua” de un diseño internacional, personalidad propia, Chichinabo Inc. es la iniciativa de una pareja de veinteañeros, Patricia Lázaro y Miguel Sánchez Lindo, él diseñador gráfico, ella de moda, que se están abriendo camino con una marca que recupera el encanto de la artesanía y el trabajo hecho a mano para reivindicar y transformar elementos de la cultura popular española más castiza. El propio nombre, a pesar de la confusión de algunos lo dice todo: “Hay gente que sigue pensando que es, literalmente, “chichi” y “nabo”, pero surge de esas cazuelas pobres en las que había “chicha” y nabo” – explica Miguel en su atestada casa-taller. Prosigue: “En realidad España fue de Chichinabo muchos años y ahora parece que estamos volviendo. Se trata de recuperar una estética y una forma de hacer que había sido despreciada como poco cool.

 

Recuperamos lo rancio para darle una vuelta. “La primera colección estaba inspirada en los bares de viejos y ahora nos basamos en los cruceros y en su decadencia. También nos podríamos haber fijado en Benidorm o en Marina D’Or”. Comenzaron con platos, manteles y servilletas cuando Javier Blasco, de L’habilleur en Chueca, apostó por ellos ciegamente y les pidió una pequeña colección para vender en su tienda. Lo han vendido casi todo, y han amortizado la inversión, así que ahora expanden el negocio y en breve pondrán a la venta nuevos pañuelos, platos, mini neceseres y tazas. También están haciendo vajillas para bodas y actúan por encargo. “No nos limitamos a un solo producto sino que aplicamos el concepto Chichinabo a cosas muy distintas”, añade Patricia.

 

 

“Parte de la dificultad es que utilizamos productos españoles y eso encarece mucho el precio. Además, no es fácil encontrar proveedores directos porque casi no queda industria”, añade Miguel. En tiempos del low cost de Ikea, reivindican el valor del mueble como un objeto valioso: “Antes los muebles formaban parte de la herencia porque eran buenos, ahora todo es de usar y tirar”. En el futuro próximo, quién sabe, podrían fabricar ceniceros o mecheros de mesa, dos objetos casi desaparecidos que quieren reinventar. Si al principio veían una cierta ironía en su propuesta, ahora tienen otra perspectiva: “A medida que te vas metiendo ves que había cosas que estaban despreciadas pero que son muy bonitas. Hay un diseño popular fantástico. En Nueva York ves cómo un bar puede mantenerse ochenta años muy parecido, se van sumando los objetos no se sustituyen, crea un cierto poso. Aquí en los años 80 lo tiramos todo abajo para ser modernos y pusimos pladour”, dice Miguel. “Está surgiendo un sentimiento en el mundo del diseño de crear cosas más cálidas. Lo vemos en esos bares de Malasaña que están recuperando muebles viejos y ya no buscan esa “modernidad” de antes”.

 

Platos de Chichinabo

 

Bandejas inspiradas en cruceros costumbristas

Pañuelo de seda con motivos náuticos

 

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