Doctor Steam, el cine sigue en Lavapiés

A principios de 2015, este bar comenzaba una nueva andadura en la calle Olivar. Recogían el testigo pasado por el Café Kino y, con un estilo renovado, siguen ofertando cine en el centro de la ciudad. Por María Aller.


15 noviembre 2016

En enero de 2015, entrevistábamos en Madriz a Teresa con mucha pena. Ella era una de las fundadoras del cine Kino, el cual echaba el cierre después de dos años ofreciendo películas en el corazón de Lavapiés. Como ella nos comentó en aquella ocasión, los nuevos dueños tenían intención de seguir con el negocio. Esos nuevos propietarios tienen nombre, Emilio y Eva, que han sabido formatear el bar pero manteniendo la esencia principal.

 
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Como el propio Emilio dice, ellos aterrizaron aquí por una sucesión de circunstancias: vecinos del barrio del Vicente Calderón, vinieron a Madrid hace casi seis años. Enamorado del cine desde pequeño y seguidor de blogs especializados, también trabajó en hostelería. Y justo antes de inmiscuirse en este negocio, estuvo contratado en los Cinesa de la Gavia. De modo que una mezcla de experiencias más casualidades, ha dado lugar a que este sevillano acabara aquí. La paternidad también tuvo algo que ver con esta aventura. Buscando algo más estable, decidieron quedarse con el traspaso, para que digan que es mejor no arriesgarse cuando se tiene hijos. Pero para que esto funcione, son necesarias muchas horas. En un año y nueve meses afincados en el local ya tienen su clientela –normal que se creen vínculos a través de la barra-, y además del Travelling o el Candela, el Doctor Steam ha echado raíces en el centro de Madrid.

 
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No es que al Café Kino le hayan cambiado el nombre: “Decir que dos bares son lo mismo, es como decir que la fanta y la coca-coca es la misma bebida“, comenta Emilio. Y no, porque cada una tiene su sabor y sus propiedades. El nuevo encargado nunca estuvo como cliente, aunque “lo había escuchado de oídas”. Sin embargo, éste se ha hecho con todo el respeto hacia el café anterior. Al fin y al cabo, al igual que esos dos refrescos comparten las burbujas, la efervescencia del Doctor Steam coincide en base con su precedente: exhibir séptimo arte de forma más familiar.

 

Así que, de martes a domingo, Emilio está desde las seis de la tarde en Doctor Steam (o un poco más temprano, si la proyección comienza antes). Eva trabaja en otro sitio, pero le lleva las redes sociales y se encarga de la decoración. Ambos se encargan cada mes de buscar novedades para sus clientes. Como todo bar que se precie, los fines de semana el horario se amplía, ya que el coqueteo con la vida nocturna es indispensable. Y más tratándose de la ubicación. Cuesta hacerse un hueco, todos los principios son duros.

 
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Los propietarios saben que hay más salas en Madrid, pero no existe competencia, principalmente por el emplazamiento. El Steam lleva el ADN de Lavapiés. Su denominación de origen es innata. Lejos del moderneo impostado, este espacio es más personal, al que le han sabido dar toques de su personalidad. Cada mes hay nuevas exposiciones (si se vende alguna de las obras, el dinero es para el artista). Con todo este envoltorio, la pareja ha conseguido encontrar un término medio entre un antro y un sitio de diseño prohibitivo. Y ya anda y tira para adelante entre su multicultural y castiza comunidad.

 
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El repertorio de películas va acorde con sus gustos, aunque no está tan delimitado: “Por ejemplo, apenas programo cine clásico porque he visto muy poco. Eso que me pierdo, lo sé”. Para la sala se centran en películas que han pasado desapercibidas por la cartelera. El aforo son de diez personas aunque a veces toca poner un par de sillas, como sucedió el mes pasado con “The Rocky Horror Picture show”. “Corre, Lola, corre” está funcionando muy bien en lo que llevan de noviembre. Buscan unas nueve o diez propuestas mensuales que sean llamativas para que la gente pueda elegir.

 

Con un suplemento de dos euros sobre la primera consumición, entras a la cómoda sala y disfrutas de una película. Este mes tienes “Corre Lola, Corre” o “I love you, Phillip Morris”, “Sicario” o “Tenemos que hablar de Kevin”. El cine, el bar, sus cañas o sus cafés y sus tartas te esperan en Lavapiés.

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