¿Dónde estabas cuando se estrenó Trainspotting?

Preguntamos a varios cineastas de ahora sobre la primera vez que conocieron a Renton, Spud, Sick Boy y Begbie. Por María Aller.


23 febrero 2017

 

Este viernes se estrena una secuela. Pero no una secuela cualquiera: Danny Boyle enseña qué ha sido de los personajes de Trainspotting dos décadas después. Por eso, hemos querido pedir a varios directores que respondan a estas dos preguntas:

 

1. ¿Dónde estabas cuando se estrenó la primera ‘Trainspotting’?

 

2. ¿Cuál es tu escena favorita de la película?

 

Así la tendremos un poco más presente, ahora que llega su segunda parte. No sabemos qué nos trae, si estará a la altura de semejante predecesora, o si nos decepcionará. Al menos siempre nos quedará la primera.

 

Javier Giner

 

1. Pues no te creas, he tenido que pensarlo detenidamente porque no me acordaba. Creo que empiezo a estar mayor, porque se me olvidan cosas. Estaba en Nueva Orleans. Vivía en un piso diminuto, durmiendo en un colchón en el suelo, mientras terminaba la carrera, en mitad del French Quarter, la zona de Nueva Orleans que sale en todas las películas y series de televisión, rodeado de jazz y un rollo increíble. Mis padres no querían que estudiase cine así que primero me tocó hacer una carrera “de bien”, empresariales, pero yo me lo monté para hacer una versión de la misma que me permitía hacer dos años en USA para no tener que estar rodeado de gente de traje y repeinada, y elegí Nueva Orleans como destino, que me pareció muy mágico y diferente. No me equivoqué. Recuerdo esos dos años como unos de los más felices de mi vida. Después de allí me fui a Los Ángeles, no me dediqué a nada de la carrera y me fui a estudiar cine, que era lo que siempre había querido hacer.

 

2. Cuando pienso en Trainspotting siempre me viene una a la cabeza: la muerte del bebé con esa madre desesperada gritando por la casa y el grupo de yonquis siendo incapaces de consolarla porque no son capaces de consolarse a ellos mismos, y no tienen las herramientas para establecer vínculos entre ellos. El simple hecho de partir la película, después de toda la estilización, ritmazo, musicote y sofisticación con una secuencia tan brutal, que corta como un cuchillo y te enfrenta de la manera más descarnada posible a los efectos de todo lo que estás viendo, me pareció no solo de una valentía suicida, sino de una complejidad narrativa y de un riesgo cinematográfico envidiable. Luego podemos entrar a valorar lo que es la construcción de la secuencia en sí, cómo comienza a través del sonido de los gritos, con la omnipresente voz en off de Ewan McGregor y ese in crescendo hasta llegar al final, que es demoledor y bárbaro (tampoco quiero contarlo para no hacer spoilers). Me parece un set-piece dentro de la película verdaderamente brillante y muy, muy, muy atrevido. Mucho más que el resto de la película, que de alguna manera, es más “amable”, te lo pone más fácil a través de elementos como la banda sonora o el montaje.

 


 

Luis López Carrasco

 

1. Hace veinte años estudiaba segundo de BUP en el Instituto de Bachillerato Francisco Cascales de Murcia. Fue un trimestre marcado por las fiestas de Confirmación. Las propias parroquias organizaban unas fiestas bastante potentes como reclamo para adolescentes que no tenían, por lo general, ningún interés por profesar la fe católica. Las fiestas de Confirmación se celebraban en Viva Murcia, una discoteca enorme muy popular entre los quinceañeros, tenía tres ambientes (bachata, rock y dance) y una cantina especializada en bocadillos de pollo. Las fiestas se caracterizaban por la barra libre de cerveza y se alargaban hasta las cuatro de la mañana, lo que para un quinceañero era sinónimo de inéditas aventuras. Esa época dorada finalizaría de golpe cuando monté con unos compañeros un fanzine que se titulaba “Koprofagia Infantil”, por el que caeríamos en desgracia ante nuestros profesores y familias al ser acusados de enaltecimiento del terrorismo.

 

2. Recuerdo salir de Trainspotting dando, literalmente, saltos de alegría con mis amigos Jesús, Dani y Manolo. Creo que era la primera vez que pagaba una entrada de mi bolsillo para ver cine “europeo”. Si la memoria no me falla hubo una época en que el CD de la BSO se comercializaba antes que la propia película. Recuerdo conocer la música de Pulp fiction, Priscilla, la reina del desierto o El día de la bestia antes de ver los respectivos largometrajes y creo que me pasó eso mismo con Trainspotting: había imaginado toda una secuencia con una canción que me encantaba, “Sing”, de Blur. Por lo que mi escena favorita probablemente sea, a día de hoy, esa canción.

 

 

Carlos Vermut

 

1. A las doce de la tarde el veintiocho de enero de mil novecientos noventa y seis, seguramente estaría en Madrid. En la cama. Durmiendo.

 

2. No me gustó mucho Trainspotting. El mundo de los yonkis siempre he ha dado bastante angustia. Sólo la he visto una vez. Pero me gustó cuando aparece un excremento en una cama. Sólo recuerdo eso.

 


Andrea Jaurrieta

 

1. Hace 20 años estaba todavía en la escuela de mi pueblo, seguramente jugando al fútbol o haciendo gimnasia, o tocando el violín o cualquiera de las veinte cosas que hacía como niña hiperactiva que era. Mi padre era profesor en un instituto y un día vino a casa diciendo que los alumnos le pedían ver siempre en los autobuses de las excursiones un par de películas “fortísimas” y que a él le parecía mal ponerlas: eran Kids y Trainspotting. Por supuesto, grabé los dos títulos en mi mente y en cuanto fui adolescente y pude acceder a la biblioteca de adultos de mi pueblo (allá por el año 2000-2001) las cogí del archivo con mi amiga Marta. Trainspotting la vi dos veces seguidas en una misma tarde.

 

2. Recuerdo que me impactó mucho el momento de la sobredosis en el que a Ewan McGregor le traga el suelo y suena “Perfect Day” de Lou Reed. Todavía no eres consciente de que la escena es genial por cosas como esa, pero el contraste entre la crudeza de la escena y la música me dejó pegada al televisor.

 

 

Jorge Dorado

 

1.1997, casi nada… En plena crisis educativa de nuestro país, una de tantas, estudiando Comunicación Audiovisual en la UCM. El año anterior Amenábar había estrenado Tesis y, por supuesto, todos mis compañeros de promoción queríamos ser directores de cine, nos pareció que era una llamada a la acción, un verdadero “Sí se puede”. Hacíamos cortometrajes en Hi8 y los montábamos en un AB Roll, el único que había en los sótanos de la facultad. Ese año estrenaban Trainspotting y, si tengo que ser sincero, los carteles me daban miedo. Nivel de excitación máxima en el estreno de la película.

 

2. Probablemente no sea una de las mejores escenas de la película, pero sí una de las que más me impactó en su momento y que aún recuerdo: la presentación de Begbie, el personaje que interpreta Robert Carlyle. Begbie cuenta a los colegas en la parte superior del pub como asustó a un fanfarrón mientras jugaban al billar unos días atrás. Al terminar su relato, lanza su jarra de cerveza hacia atrás y la imagen se congela con esta en el aire. La narración vuelve atrás para contar otro punto de vista de la misma historia que esta vez sí vemos: en ella Begbie está a punto de matar a un chico que le despista en el billar tras abrir una bolsa de patatas. Cuando la historia regresa al pub la escena vuelve a tiempo real y la cerveza cae en la cabeza de una chica que acaba ensangrentada. Begbie baja las escaleras y grita en busca del culpable iniciando una absurda pelea en todo el pub. Boyle me parece un maestro en presentar personajes de las maneras mas extremas posibles, y esta me parece una de las más grandes de toda su filmografía, toda una lección de cine.

 

 

Pablo Hernando

 

1. Hace 20 años era 1997 y yo estaba en quinto de Primaria. Tenía 10 años porque los cumplo en junio y todavía es febrero. No me enteré mucho del estreno de Trainspotting (no me enteré nada en absoluto) y no la vi hasta algunos años después. Por supuesto no había leído la novela y tampoco tenía una opinión sobre el mundo de la heroína porque mi infancia fue normal. No sé si feliz, supongo que se puede decir que sí, recuerdo jugar mucho y tener amigos, pero también recuerdo tener muchas preocupaciones. Debajo de mi cama hubo un monstruo gigante con forma de ojo hasta bastante tarde y también había una chica que me gustaba y yo lo pasaba mal, por ejemplo. Ahora que lo pienso en 1997 ya había visto Pulp Fiction así que igual sí que tenía una noción difusa de la naturaleza de la heroína y sus efectos, aunque tampoco entendí por qué Mia Wallace se ponía enferma al esnifar la droga que había encontrado en la gabardina de Vincent Vega y la que tenía ella en otra habitación le sentaba bien. Repito que en 1997 yo tenía 10 años.

 

2. Mi escena preferida era la del retrete, porque sale Ewan McGregor metiéndose entero dentro de un retrete repugnante. Luego resulta que al otro lado (de la tubería, del umbral) había una especie de lago muy espacioso y limpio. Recuerdo esa escena más que ninguna otra, me habría gustado que la película siguiera las aventuras de Ewan McGregor al otro lado del retrete en vez de volver a la superficie, que estaba toda llena de mierda. Creo que en realidad no recuerdo nada más de la película, no he vuelto a verla. Recuerdo que con el monólogo del principio hicieron posters, eso siempre es mala señal. También había un bebé que trepaba por el techo y alguien tiraba un vaso de cerveza. ¿Salen trenes? Imposible saberlo.

 

 

Fernando Vilchez

 

1. Hace veinte años entraba a la universidad con 16 años. Tras flirtear con la literatura, la psicología y la economía, terminé estudiando Filosofía, la mejor facultad para ganar tiempo antes de ciertas decisiones irreversibles. También la mejor facultad para aumentar medida en miopía. La vida universitaria. Primer cigarrillo, primer libro de Pavese, primer CD con canciones para una extraña, primeros poemas, primer beso, primer fracaso. Todo era más fácil, pero también era peor. Tartamudeaba frente a desconocidos. Le gritaba a Saussure. Mi primer email, yahoo. Las primeras marchas contra Fujimori en Perú. Análisis exhaustivo de La guerra del fin del mundo. Días con Karen, Julio, Susy, Gerardo, Jose, Sissy. También con el Consejero, el Beatito, el León de Natuba, Joāo Abade, el pobre Galileo Gall. El cine era otro mundo. Me enamoré de Ángela Molina y Manuel Bandera con Las cosas del querer. Fuera de los cine clubs, Titanic batía todos los récords y si no ibas a verla, era porque eras más de “cine de autor”, que en esos días se trataba de Begnini y La vida es bella. Todo era peor, pero también más fácil.

 

2. Mark Renton deambula inquieto por la discoteca, fracasando una y otra vez cada vez que se acerca a una chica, mientras sus amigos ligan como si fuera la cosa más natural del mundo. La frustración. El ruido repetitivo. El insoportable lugar. La recaída… Y de pronto, Blondie. De pronto, la guitarra de Atomic, la batería de Atomic. Kelly Macdonald fumando sola al lado de la barra, lejos de los demás. Oh your hair is beautiful… Cabello corto, vestido brillante, cara de dinamitar el lugar. Oh tonight… Entonces, Mark Renton se enamoró.

 

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