edward weston y harry callahan

Hasta el 1 de septiembre en el Círculo de Bellas Artes puede verse la exposición Él, ella, ello, un diálogo fotográfico entre edward weston y harry callahan. Por lara alcz miranda

 


22 julio 2013

 

Dentro del programa de Photoespaña 2013 una de las exposiciones que se presenta es El, ella, ello. Diálogos entre Edward Weston y Harry Callahan. Dos maestros norteamericanos que se dan cita bajo el comisariado de Laura González para mostrar una visión sobre el desnudo y el erotismo por medio de una estética compleja, orgánica y muy sútil.

 

Callahan nace en Detroit en 1912, de formación autodidacta, tiene un estilo pictorista que se sostiene en una tensión constante entre imágenes iconográficamente representativas de la maternidad, donde fotografía a su mujer en múltiples ocasiones y durante su embarazo, combinándolas con otras de grandes extensiones paisajísticas y otras de erótica sensualista. Éstas última dentro de una perspectiva que evoca siempre afectos directos entre lo que el fotógrafo ve y lo que muestra, entre el cuerpo que se muestra y cómo decide mostrarlo. Su vínculo con la naturaleza se hace patente especialmente a partir de 1948 cuando toma unas fotografías en la nieve de unas hierbas, en las que dice descubrir una nueva concepción, etérea, sobre la fotografía y la representación, algo inspirador, casi sin textura.

 

Trabaja múltiples formatos, sobre todo pequeño y medio formato, juega con montajes fotográficos, crea composiciones que se adaptan perfectamente a la atmósfera que el autor desea transmitir dentro de ese vínculo del amor y los afectos con el medio natural.

 

Su estilo interactúa más con el espectador en un cruce de percepciones y sentimientos, donde los espacios tienen un papel de una importancia relevante, tanto interiores como exteriores y donde los personajes se integran en el espacio y no al revés.

 

Las multiexposiciones son de los trabajos más interesantes que se pueden observar en esta muestra, donde crea imágenes de diálogo entre paisaje y cuerpo femenino. El desnudo se trata dentro de unas composiciones geométricas que vienen dadas por el espacio en el que se encuadran, introduciendo en algunos casos incluso rayaduras sobre los revelados y las impresiones.

 

Transparencias y veladuras que se crean por medio de estos recursos y que en ocasiones, dotan a sus imágenes de un aspecto secreto, fantasmal e incluso espiritual.

 

Aunque Callahan no sólo realizaba estas fotografías de estudio previo, quizás más conectadas con la Academia, sino que también realizaba otro tipo de fotografía que recuerda más a la pintura alla prima de los impresionistas, donde cada día salía a la calle con una de sus cámaras y tomaba instantáneas.

 

Tanto para Callahan como para Weston la luz toma todo el protagonismo y gestiona la imagen final que se proyecta.

 

Weston nace en Illinois en 1886, y posteriormente se muda a California donde vive en contacto constante con la naturaleza. Empieza su producción bajo un estilo más pictorista, y termina con un estilo de tipo sintético- abstracto. Su viaje a México entre 1923 y 1926 marca su trabajo fuertemente y conoce a artistas de la talla de Diego Rivera, (incluso llega a retratar a Frida Kahlo) que también influencian su trabajo por aquel entonces. Reproducía imágenes de retrato y paisaje más concretas y sobrias, respondiendo a las características de la fotografía directa. Sin embargo, su carrera se popularizó gracias a la publicación de su libro de desnudos en 1958, aunque el posterior descubrimiento de los llamados Daybooks (Cuadernos de viaje) supuso un retorno al análisis de sus otras fotografías.

 

Esto último no ocurrió con Callahan, que no dejó textos sobre su obra, ni tan si quiera diarios o notas.

 

La fotografía de Weston pone de manifiesto un gran poso surrealista, incluso en una fotografía que se realiza entre 1921 y 1923 donde toma a una modelo con un parecido significativo a la musa Kiki de Montparnasse. En los desnudos de Weston, se observa cómo guarda similitudes con fotógrafos europeos contemporáneos como Man Ray.

 

Deja entrever ciertas tendencias en algunos de sus primeros trabajos un punto de exotismo que responde a una corriente en la estética imperante del arte europeo, e introduce dentro de sus sobrias escenografías elementos de corte orientalista como magnolias o abanicos.

 

A partir de los años treinta los cuerpos de la mujer que representa se vuelven más sexualizados, dando como resultado figuras más eróticas que buscan su encanto dentro de la cotidianeidad.

 

Uno de los puntos interesantes en el tratamiento que da a sus imágenes está en la pátina casi escultórica que infringe sobre sus fotografías, en la piel de las modelos, que parece pulida, brillante y suave, como una escultura griega clásica en mármol.

 

Su perspectiva es mucho más individualista cuando hablamos del desnudo, pretende contar o transmitir historias de personajes fuertemente individualizados por medio, de nuevo, de la concepción de los espacios empleando una cámara de placas de gran formato.

 

En cuanto a  formas naturales, hacía uso de grandes primeros planos de los que se servía para distorsionar la imagen de productos que representan la pureza de las formas. La luz es fundamental para aplicar y plasmar estas ideas, dotando a las figuras de un volumen de orden gigante. El detalle es observado, ampliado y representado.

 

Weston resulta bastante menos experimental y más conservador en la transmisión de conceptos eróticos o del desnudo de la mujer, que es precisamente una de las vías de observación temática en las que se centra el discurso de la exposición.

 

El espacio que se dispone para la muestra en el Círculo de Bellas Artes responde bien a las necesidades expositivas y lingüísticas de las obras, que se articulan por medio de un criterio temporal. Quizás esto sea uno de los puntos negativos de la exposición, desde mi punto de vista, este criterio está bastante superado, y resulta bastante más interesante interpretar las obras de arte no sólo desde la cronología sino desde las convergencias y divergencias estilísticas o aspectos más secundarios pero no menos condicionantes para el análisis de una obra, como la línea o el empleo y el tratamiento de los espacios, o los mecanismos y técnicas experimentales que los artistas utilizan para dotar de novedad a su obra. No obstante la misión de esta exposición es poner de manifiesto la lectura que cada uno de estos artistas da al desnudo, y cómo por medio de diferentes trayectorias y formación son capaces de crear un vocabulario similar que une naturaleza y cuerpo, pero que muestra dos mundos distintos también, el del autodidacta y el del, aunque moderno, academicista.

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Comentarios:

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Lullaby H says:

Fenomenal crítica ….echaba de menos artículos con un discurso coherente, objetivo y organizado. Enhorabuena.

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