El cine no es una ciencia, sino una industria

El sábado 14 de junio se proyecta en el Jamesonnotodofilmfest Weekend La pantalla herida, un documental donde profesionales del cine hablan sin tapujos sobre su industria, analizando las posibles salidas a la crisis. Por María Aller


13 junio 2014

General

 

No hay ayudas, el público está desinteresado, no hay leyes contra la piratería, las entradas son caras, etc. El sempiterno problema en España. Luis Ferrández explica con metáforas y de manera clara, como buen profesor de universidad que es, su recopilación de opiniones. Directores, actores, productores, técnicos, rostros conocidos y otros no tanto… No están todos los que son, pero sí son todos los que están, y se reúnen para examinar al cine español.

 

¿El cine siempre ha estado enfermo?

El cine es difícil desde que existe: desde que se inventó conlleva complicaciones, porque no es lo mismo que coger un lienzo y pintar, o que abrir una página y escribir. Se necesita material caro, un equipo, las localizaciones –como bien lo explica Hugo Silva en el documental. El cine siempre ha estado en crisis porque es “un capricho”, y ese encarecimiento siempre ha ido aparejado a la frase “no puedo hacer la película que yo quiero”; yo creo que se ha juntado esa queja con la necesidad económica que siempre ha sido importante. Ahora estamos atravesando un momento social y político cultural en España que está convulsionando el país y que hace que a esta industria, que es especialmente sensible a los cambios intelectuales y económicos, le afecte de una forma importantísima. Ten en cuenta que es el sector profesional al que más recortes se le han hecho en España.

 

Es cierto que en el documental se hace reflexión y también autocrítica, pero ¿quizá haría falta más de ésta última?

Bueno, la autocrítica que se hace aquí es muy importante, y toca problemas verdaderamente complejos para nuestra cinematografía. Yo en eso estoy muy satisfecho, porque ha habido gente muy valiente que se ha acercado a esos temas. También me gustaría saber qué gremio profesional ha hecho la autocrítica tan importante como la que ha hecho el cine con este documental. Yo todavía no he visto a los de las inmobiliarias, ni a los políticos de los ayuntamientos, que hayan debatido sobre sus crisis… Nosotros hemos hecho un documental en el que decimos “Sí, esto lo hemos hecho mal y lo queremos arreglar”. La autocrítica es difícil de hacer y más en este país, que no se siente nada cómodo con los juicios.

 

Como se comenta en el documental, ¿tanto los fracasos como los éxitos son de todos?

Bueno, el fenómeno actual de Ocho apellidos vascos es un éxito de una película concreta, de una productora concreta, con un equipo, unos actores, etc. No es un éxito global, eso sería hacer corporativismo. Yo pienso que igual que no nos podemos sumar a los éxitos del de al lado, no podemos tampoco desactivar los fracasos; no puede alegrarse uno del fracaso del compañero y lamentarse del éxito. Las victorias y los fallos son de las personas que hacen esas películas. Ahora bien, como colectivo tenemos que aprender a que cuando algo fracasa, hay que ver entre todos por qué ha ido mal. Luego además, éste es un gremio complejo porque hay muchos egos, y cuando se juega con los egos y la creatividad de cada uno, supone meterse en complicaciones… Los egos son muy malos consejeros a la hora de hacer unión y por eso éste es uno de los colectivos más desunidos que existen en España.

 

Gil

 

¿Crees que se tiene en cuenta al espectador actualmente?

El espectador manda, y en algunos casos sí y otros no. Hay una parte de la industria que ha hecho películas de espaldas al público, que simplemente ha generado largometrajes a raíz de unas ayudas y unos canales que no estaban hechos realmente para confrontar la película con la sala: se hacían películas simplemente por las lenguas, por las comunidades o cintas históricas, donde lo de menos era el espectador. Pero sí que hay ciertamente una serie de productores, como por ejemplo Enrique Lopez Laviñe, con Lo imposible, y otras nuevas generaciones que están dándose cuenta que el público es la única manera de sostener el cine, con lo cual empiezan a buscar proyectos que se cotejen con las personas que asisten a las salas.

 

¿Piensas que hay un género cinematográfico que sustente a los otros?

Resulta que la gente piensa que ahora funciona la comedia por los Ocho apellidos, pero se han hecho muchísimas comedias en los últimos cinco años que no ha ido a ver nadie. No hay uno que sustente a otro. Hay películas que sustentan a otras, unas funcionan y otras no, independientemente del género; de repente Rec pegó un pelotazo y sin embargo otras muchas de terror se pegaron un batacazo. Por ejemplo, volviendo a la comedia, Pagafantas no fue un éxito de taquilla pero fue muy reconocida, y la segunda comedia de Borja Cobeaga fue un fracaso; ahora escribe ésta (Ocho apellidos vascos) y ha triunfado. El cine, como apuntaba en el documental Eduardo Chapero-Jackson (Verbo) no es una ciencia, sino una industria. Nadie sabe lo que va a funcionar pero sí se puede intuir lo que no.

 

Se ha hablado del crowdfunding, que evidentemente no es la solución, pero ahora parece la medicina momentánea…

No es ni siquiera eso, el crowdfunding no es nada nuevo, es la tómbola de toda la vida, como cuando pedíamos a nuestros padres que nos compraran una papeleta para ir al viaje de fin de curso. Este sistema no puede sostener una industria entera, porque al final son los amigos y familiares los inversores. Además ha quedado obsoleto, la gente está harta de que le pidan dinero por todas partes.

 

Es momento de soluciones, ¿cuáles son para ti?

Si conociéramos la solución ya se habrían puesto en práctica, pero ahora mismo se ha abierto un debate de copiar el modo francés, donde las subvenciones se dan bajo preceptos anónimos, o donde aplican que una parte de lo que recaudan las majors americanas en cine vaya para hacer producción española, bajar el precio de las primeras entradas… Quizá también hay que revisar todos los convenios salariales. Ahora no tenemos dinero para pagar como se pagaba en los 90 o en los 80. Yo soy partidario de que una persona que haga cine cobre lo mismo que un médico, habría que cambiar el modelo de ayudas y subvenciones… Hay muchas por enumerar y hay que ponerlas todas encima de la mesa. El problema es que quizá no es tan fácil aplicar esas soluciones porque no convencen a todo el mundo. Pero se podría empezar a producir buenos guiones, dejar de financiar a gente que una tras otra no ha hecho éxitos de taquilla… ¡Soluciones hay muchas!

 

(La pantalla herida podrá verse este sábado 14 a las 17h en la Cineteca).

 

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