El destino cedió la gloria a otros

Norma Duval y Amparo Muñoz en 1973; Fabio McNamara y Pedro Almodóvar en los 80. Cuatro personas que coincidieron en el tiempo y el espacio pero que por una u otra razón representan la cara y la cruz del éxito y la gloria. Por Diana Aller.


15 noviembre 2013

Amparo Muñoz: Miss Universo

 

Certamen de Miss España de 1973. Representa a Madrid una joven altísima y un poco “caballuna”. Un miembro del jurado ve en ella cierto futuro y la contrata para televisión. Él es Valerio Lazarov y ella Norma Duval. Sin embargo la ganadora es otra chica algo más menudita, que es todo un oxímoron estético, porque posee una fortísima ligereza. Es guapa y dulce a rabiar y su nombre es Amparo Muñoz. Tras ese espaldarazo de fama, ambas inician carreras opuestas. La primera, sabedora de la importancia de la belleza femenina para conseguir objetivos en un mundo sexista, trepa con denuedo por entre directivos y empresarios. Aunque no es una preciosidad se cuida al máximo para asegurarse una carrera a costa de su cuerpo.

 

La segunda, Amparito, se alza al año siguiente con el merecido título de Miss Universo. Es la única Miss Universo española, y también la única que ha dejado su reinado colgado. A los pocos meses rehusó hacer un viaje a Japón. Le daba pereza, no lo veía claro y se sentía dirigida y manipulada. Decidió que aquello de ser la más bella del Universo era un latazo y renunció a su título.

 

Mientras Norma (llamada en realidad Puri Martín) escalaba de espectáculo en espectáculo y de hombre en hombre (previo paso por la muy liberada ciudad de París ejerciendo de vedette), Amparo rodaba películas del destape, que era lo que se estilaba por estos lares, y que venía a ser lo mismo: mostrar las carnes al aire ante la lasciva mirada de un montón de reprimidos. Lo que pasa es que resultaba más arty (más fino en aquella época) hacerlo dentro de un teatro que ante una cámara de cine.

 

La indómita e inocente Amparo Muñoz cayó enseguida en las redes de hombres indeseables que la trataban como un objeto. En el peor de los sentidos: un objeto decorativo, un trofeo… El caldo de cultivo perfecto para que se iniciara en las drogas en una época en la que –recordémoslo-  que una mujer actuara según su propia voluntad estaba mal visto y moralmente penalizado.

 

Norma Duval se plegó al ideal femenino y utilizó la doble moral para “casarse bien”, uniéndose solo con hombres con futuro o dinero, a los que intentaba sacar el mayor partido económico posible. Hoy medio vive con un exmillonario, por el que perdió el interés conforme menguaba su fortuna, se mantiene en forma, lleva una dieta saludable y en la revista ¡Hola! dice ser una feliz abuela.

 

Amparo murió en marzo de 2011. Su belleza fue escalofriante, y ahora hay quien se está dando cuenta de que sus interpretaciones no estaban mal. (En “Familia” de Fernando León, hay quien ve destellos de una gran artista que estéticamente andaba ya lejos de la deidad que fue). Murió después de haber sido politoxicómana y haberse embarcado sin saberlo hacia la autodestrucción.

 

Coincidieron en espacio y tiempo, y la que estaba llamada a la gloria, pereció por exceso de valía frente al interés de la otra.

 

McNamara y Amodóvar

 

 

1982, un emergente y todavía incomprendido director de cine, aparece en una fiesta de la revista Rock Espezial con un pintor/artista/presentador/”personajón”. Montan un show musical delirante que encandila a la concurrencia y al grisáceo e ilusionado Madrid de la “postransición”. Se trata de Fabio Macnamara, primero conocido como el novio de Tino Casal, y ahora convertido en un habitual de la noche de la capital; y también de Pedro Almodóvar, un  cineasta extrabajador de telefónica proveniente de un pueblo de Ciudad Real.

 

Las letras de sus canciones derrochan talento, locura cañí y rimas absurdas, muchas de ellas fruto de la improvisación etílica o de drogas. Van hechos unos espantajos con brillis y tacones, y rebosan arte. Aunque permanecieron artísticamente juntos una temporada, han llevado caminos diferentes; casi opuestos. Las primeras películas de Almodóvar, beben del prolífico y multiforme discurso de Fabio: el costumbrismo kitch, el despropósito conceptual e incluso los juegos de palabras. Eso que hoy se conoce como “estilo Almodóvar”, es la reminiscencia de aquel cine bien hilvanado y con mucha cara dura… Es la repetición de clichés “macnamarianos”, una y otra vez.

 

Por supuesto que hay talento en el cine de Pedro Almodóvar, pero la alargada sombra de la genialidad es netamente de Fabio, que, lejos de buscar la fama o el reconocimiento, se esforzó hasta dar su vida por ello, en divertir y divertirse.

 

McNamara mientras pintaba lienzos, salía y entraba, se desmadraba y se metía lo más grande. Un día tuvo una revelación divina, lo cuenta aquí  y cambió su adicción a las drogas por su adicción a Dios. Yo he tenido el privilegio de escucharle y es maravilloso ver cómo cuenta que se le aparece la Virgen María y le recomienda cremas de Shiseido. Está muy enfermito, muy delgado y mantiene esa indescriptible elegancia que tienen los genios. Mario Vaquerizo está preparando su  biografía. Sé que me va a parecer oportunista, porque de Fabio lo espero todo, porque cualquier reconocimiento le vendrá pequeño.

 

Mientras Almodóvar engorda, declina aparecer en actos públicos, ve Sálvame cada tarde, es venerado en el mundo entero y toma antidepresivos; Fabio va a misa al Oratorio de Caballero de Gracia y pinta cuadros llenos de horror y gritos silenciosos. No le toman muy en serio, pero es el primer artista que crea obras tenebristas y cargadas de color. Y dolor. Dolor para dentro. Tragedia y alegría. Pinta Bowies, calaveras, glitter… Warhol cuando vio a McNamara simplemente le dijo “You´re a star”. Y tenía razón.

 

Pero la gloria se la llevan otros…

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Comentarios:

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Hito Alés says:

El texto es maravilloso. Y describe una realidad.

No veo el autor por ningún lado… Soy yo que no lo encuentro o es que no aparece reflejado? Sea quien sea le felicito por el texto.

jaco says:

BRAVO!!!

Andres says:

Maravilloso texto, Diana.

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