El Madrid de Almodóvar

En la inefable Los Amantes Pasajeros, una Paz Vega bellísima y cadavérica está a punto de tirarse por el viaducto de Segovia, emblema del suicida madrileño. Desde Calle Mayor de Bardem, nadie había retratado tan bien ese imponente lugar como Almodóvar. Su cámara ama a Madrid y Madrid le ama a él. Hagamos un recorrido por esta historia de amor ciudad-cineasta a través de décadas de incombustible affair. Por Popy Blasco


11 marzo 2013

 

Cuando Pedro Almodóvar llegó a Madrid siendo aún un adolescente, con 17 años, dejando atrás la opresora y sombría Calzada de Calatrava, no dio crédito, entrando por la deprimente carretera de Extremadura, ante lo gris y desoladora que resultaba la capital. Pero, ¿ya imaginaba que Madrid iba a convertirse, muy pronto, en un personaje más de sus celebradas películas? La ciudad donde se estrenaban las películas, la ciudad donde se estrenarían sus películas. De noche no se veían las estrellas, pero no le importó. Si el cine de Woody Allen es una eterna carta de amor a Nueva York, el de Almodóvar es un monumento a Madrid, símbolo de libertad, cincelado a golpe de adoración.

 

No hay madrileño que se precie que no se conmueva ante la magnificencia con la que el manchego de oro retrata la villa y corte: el anuncio de detergente con la madre del asesino de Cuatro Caminos, Verónica Forqué violada por Paul Bazzo, el violador de Orcasitas. Ventas, las deprimentes casas colmena de la M-30 y el barrio de la Concepción donde Gloria friega escaleras en ¿Qué he hecho yo para merecer esto?. El caribeño Cuatro Caminos de Volver, como una Cuba en medio de Madrid, con las vecinas multiculturales ayudando a Raimunda a ocultar el cadáver de su marido…

 

 

Luci y Bom yendo a buscar a Pepi, al salir de la agencia de publicidad, en Cuzco, el Wall Street madrileño. El Matadero de Legazpi, mucho antes de volver a ponerse de moda, en Matador, el abigarrado Rastro de Laberinto de Pasiones, donde a Cecilia Roth se le iban los ojos a los paquetes madrileños. El convento de clausura de Entre Tinieblas, en la calle Hortaleza, con sus monjas lesbianas y sadomasoquistas, escritoras de novela rosa.
El Chueca de la droga y el trapicheo, mucho antes de convertirse en el Soho madrileño, donde Riky buscaba calmantes para las muelas de su amada Marina.

 

El Villarosa, sobre cuya tarima Miguel Bosé hacía el playback de “Un año de amor”, el colorido túnel de José Abascal, con una Rebeca derrumbada, la cárcel de mujeres de Yeserías, con Bibí Andersen de jefa máxima, haciendo coreografías en el patio, ante los vidriosos ojos de Cristina Marcos. La plaza del Alamillo donde Becky del Páramo pasó su infancia y dónde, recordándola, pisa una mierda.

 

 

El barrio de chabolas de la Ventilla, detrás de la Torres Kio, donde el amor de Liberto Rabal se encontraba con Ángela Molina. Javier Cámara admirando a Leonor Watling a través de las ventanas de la calle Príncipe, en pleno barrio de Las Letras, poco antes de que esta permaneciese en coma en la clínica Montepríncipe, que Almodóvar rebautizó como Clínica El Bosque, clínica en la que, por cierto, falleció el añorado Carlos Berlanga.

 

Los personajes de Almodóvar lloran a sus muertos en el cementerio de la Almúdena y piden taxis a Barajas, para impedir que Julieta Serrano le pegue un tiro a Fernando Guillén. Peter Coyote llega a Madrid a Atocha, en el AVE, el mismo tren que cogía la Roth en Todo sobre mi madre, huyendo de sus tragedias, persiguiendo su futuro. Y en el Círculo de Bellas Artes, Andrea Caracortada y Nicholas comentan que matar es como cortarse las uñas de los pies: da pereza, es fácil y siempre vuelven a crecer…

 

Blanca Portillo se confiesa en el Chicote donde Ava Gardner bailaba descalza, mientras, Juan Echanove zapatea para Marisa Paredes en la Plaza Mayor. Las vistas de la casa de Amanda Gris, en la Plaza de la Paja y el cartel de su Antología, cubriendo el edificio de la Fnac, en Callao. Y justo al lado, donde ahora hay un Benetton, cenaban los protagonistas de La Ley del Deseo, en la cafetería Manila.

 

 

La calle Sevilla donde vivía Kika, Bordadores, donde estuvo atada Victoria Abril, Marisa Paredes dándole dinero a un yonki para que la ayude a quitarse los botines en la plaza de Puerta de Moros. Antonio Banderas ponía contra las cuerdas a su aterrorizado amante en la plaza de los Cubos y llegaba el verano en Madrid, sin poder dormir del calor. Calle Conde Duque, Manuela Velasco, subida a caballito sobre Eusebio Poncela, observando cómo Carmen Maura le pedía a un barrendero que aplacase su calor con su manguera… “Riégueme, no se corte, riégueme”.

 

Cada madrugada que, paseando por Madrid, pasamos junto a un barrendero, recordamos aquel momento que no morirá nunca, ese momento de gran cine, ese deseo de atrevernos a pedir que nos rieguen a nosotros también.
En la calle Montalbán, Carmen Maura, exhausta, sentada en la terraza de su espectacular ático, mirando Madrid, le dice a Rossy De Palma: “Creo que no lo voy a alquilar. Me encantan las vistas…”.

12 septiembre 2018 by GRACE MORALES

La Pantalla de Madrid: La mansión de la niebla


Este film resulta ser uno de los mejores ejemplos del fantaterror español, un género difícil y escaso en nuestro país. Rodada en Madrid, bajo la dirección de Francisco Lara Polop en 1972.


18 mayo 2018 by GRACE MORALES

La Pantalla de Madrid: Contactos


La Pantalla recuerda el Mayo del 68 con “Contactos” (1970), dirigida por Paulino Viota, una de las primeras películas indies del cine español.


17 abril 2018 by GRACE MORALES

La Pantalla de Madrid: Duerme, duerme mi amor


La Pantalla cierra su homenaje al director Francisco Regueiro con una de sus comedias negras más críticas y arriesgadas: “Duerme, duerme mi amor”.



Comentarios:

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Marta says:

Precioso. Me dan ganas de volver a Madrid una y otra vez

VÍCTOR says:

Esto es un plagio de un artículo de Traveler hace ya bastantes semanas.
Qué vergüenza.

Rossy says:

Sí VÍCTOR, pero escrito con muchísima más gracia y salero

Little says:

Artículos sobre los sitios de las películas de Almódovar se han escrito por decenas, pero este me ha emocionado

Mayame says:

mucho adjetivo con calzador, pero cierto Víctor, plagio de tomo y lomo!

Angy says:

Casi lloro con el final. Precioso recorrido físico y sentimental. Y nada que ver con el reportaje del Traveler.

Luis says:

Por cierto, ¿qué tiene que ver “Calle Mayor” de Juan Antonio Bardem con el Viaducto de Segovia? Hasta donde yo sé, “Calle Mayor” retrata la ciudad de Palencia.

Trevor says:

Este tipo se ha limitado a adornar el articulo de traveler, y lo poco que aporta está lleno de errores garrafales, que morro, que cara más dura, y que poca vergüenza. Un poco de rigor y seriedad, y menos “mi artículo es muy sentido”, que esto no es una novela de E.L.James.

Javier says:

Víctor, no mires tanto el qué, mira el cómo y disfrutaras. Hay tantas formas de hacer lo mismo…

Paty says:

Este artículo, y especialmente el de Traveler, han extraído sus fotos y gran parte de la información del blog Todo Almodóvar en todopedroalmodovar.blogspot.com
Por favor, citen sus fuentes. Gracias.

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