El Madrid más Lynch

Los próximos días 15 y 16 de octubre, el artista David Lynch estará en Madrid clausurando el festival multidisciplinar Rizoma. Aprovechando su paso por nuestra ciudad, proponemos a continuación algunas actividades de la agenda madrileña que entroncan con su personalísimo universo. Por Diego Parrado

 


10 octubre 2013

 

Si no tienes entrada (aunque a día de hoy todavía quedan unas pocas), te han disuadido sus precios o te quieres ahorrar la imagen de Lynch manoseado por los fans como si de una mascota de Disneyworld se tratara, puedes seguir esta ruta lynchiana y cruzar el cortinaje rojo sin gastar ni un céntimo ni un gramo de vergüenza.

Si ya has visto todas sus películas, camina conmigo.

 

1. Atraviesa el pasaje de Fuencarral 77.

En la mayoría de las películas de Lynch, la historia despega después de que su protagonista cruce algún tipo de portal. Así, del mismo modo en que Alicia cae por la madriguera del conejo blanco, la cámara de Lynch se cuela por el oído de una oreja amputada en “Terciopelo azul”, por el auricular de un teléfono en “Mulholland Drive” y entre los decorados de un set de rodaje en “INLAND EMPIRE”.

 

 

En nuestro caso, el viaje comenzará en el número 77 de la calle Fuencarral. Si te diriges a esta dirección, a la que ese número mágico no parece haberle brindado demasiada suerte, te encontrarás con una gran reja de hierro tras la que, como un enorme bostezo gris, se abre una galería. Cruza la puerta (si no es uno de esos días en los que permanece caprichosamente cerrada) y adéntrate en el lúgubre pasaje que comunica Fuencarral con la Corredera Alta; un pasaje atestado de locales vacíos en el que solamente queda en pie un negocio: la Joyería Monge, en cuyo escaparate los ricos relojes de pulsera se empeñan en recalcar (como si hiciera falta) que tampoco este sitio se ha librado de la tiranía del tiempo.

 

Frente a la joyería, dos conserjes de inquietante aspecto guardan la penumbra de un portal, impertérritos tras la mesa de recepción. La escalera que hay a sus espaldas tal vez conduzca al magnífico anfiteatro que hay en una de las plantas del edificio, como asegura que existe el dueño de la joyería si se le pregunta por el tema.

 

Siempre que paso por allí, fantaseo con que alguna frase en clave saca de su letargo a los dos conserjes, y que entonces le conducen a uno escaleras arriba y descorren unas cortinas rojas que cubren la entrada del misterioso anfiteatro, donde alguna mujer está cantando.

 

Pero estamos en España y esa imagen es sólo posible en nuestra imaginación: la Tesorería General de la Seguridad Social, encargada de gestionar el fantasmagórico edificio, tiene cerrado a cal y canto casi todas las plantas, y si subimos por las misteriosas escaleras, solamente encontramos la “Asociación Nacional de los afectados de Forum-Afinsa”.

 

2. Busca el cuerpo de Agustín Luengo.

Suele decirse, y creo que está bien dicho, que el gran tema de Lynch es el de lo grotesco. Atravesado ese umbral al que hacíamos antes referencia, sus héroes se adentran siempre en alguna cloaca (o “gruta”, precisamente) de la sociedad contemporánea. Podríamos decir por eso que en el cine de Lynch el viaje es siempre hacia dentro y hacia abajo: hacia ese nido de cucarachas que se descubría al principio de “Terciopelo azul” en las tripas de la idílica urbanización, o hacia el sórdido mundo de la prostitución que quedaba tan lejos del suntuoso casoplón de Laura Dern en INLAND EMPIRE.

 

En una de sus mejores films, sin embargo, el viaje es hacia afuera. Se trata de “El hombre elefante”, la película que plasma la desdichada vida de John Merrick, un hombre desfigurado que a Lynch le sirve como espejo de la sociedad victoriana: en la cinta descubrimos que lo grotesco no está en el abultado cuerpo de Merrick, sino en aquellos que lo contemplan con desprecios y burlas.

 

 

Pues bien, aunque por supuesto nuestro cine no se ha hecho todavía eco de ello, en España contamos con un caso similar al de Merrick: el del gigante Agustín Luengo, que llegó a medir 2,35 metros y fue vendido por su padre a una feria ambulante. En un reciente reportaje de El País se recoge su increíble historia, de la que creo que Pablo Berger podría sacar una buena peli.

 

Hoy, sus huesos, junto a un siniestro molde de su desdichada figura, se exhiben en el Museo de Antropología, a cuyo fundador Agustín empeñó su cadáver para lograr escapar de los tormentos del circo.

 

Curiosamente, también en la filmografía de Lynch encontramos un gigante: el habitante de una de las Casas de Twin Peaks que ayudaba al agente Cooper en sus pesquisas.

 

Frente a la vitrina que acoge los restos de Agustín, tal vez venga a la memoria la estremecedora reivindicación de Merrick en “El Hombre elefante”: “¡No soy un animal! ¡Soy un ser humano! ¡Un hombre!”.

 

3. Súbete a una “cunda”.

No te lo recomiendo, pero si realmente Lynch estuviera dirigiendo nuestro paseo, creo que al otro extremo de la galería de Fuencarral nos estaría esperando una “cunda”, uno de esos taxis de la droga que por unos pocos euros te llevan a pillar a la Cañada Real. Si recuerdas “Twin Peaks”, no habrás olvidado que en el corazón del bosque se levantaba el peligroso antro conocido como “Jack el tuerto”, donde Laura Palmer se echó a perder.

 

Aunque quién sabe si el taxi no nos llevaría a algún sitio mucho más céntrico de la ciudad….

 

¿En qué parte Madrid se está pudriendo?

 

El símbolo del burdel de Twin Peaks

 

4. Visita los sueños del Thyssen.

Es obvio que a David Lynch le gusta valerse de la mecánica de los sueños. Pese a ello, estoy seguro de que en la ronda de preguntas que se abrirá tras su conferencia del día 15, alguien levantará la mano y desperdiciará su turno interesándose por el orden en que uno ha de encajar las secuencias de “Mulholland Drive”, o por el caballo blanco de “Twin Peaks”. Para evitar esto, tal vez convenga darse una vuelta por la magnífica exposición que acoge el Museo Thyssen durante este invierno: “El surrealismo y el sueño”.

 

Es probable que después de contemplar las obras de André Breton, Paul Delvaux o Renée Magritte expuestas, se comprendan de golpe las palabras del maestro de ceremonias del Club Silencio.

 

"Silent Night" de Paul Delvaux

 

5. Compra un cuadro de Rubenimichi.

De paso, te recomendamos que te acerque a la Fresh Gallery y preguntes por la obra de Rubenimichi. Con un poco de suerte, podrás hacerte con alguna pieza de estos artistas, que bien podrían haber colgado de las paredes y estanterías de alguna de las logias de Twin Peaks.

Sus cuadros son como Laura Palmer: están llenos de secretos.

 

 

6. Asiste a una conferencia de la Asociación de Estudios Espiritistas de Madrid.

Otra de las constantes en la filmografía de Lynch es la presencia de un personaje con poderes sobrenaturales que advierte al protagonista de algún peligro que le acecha, o que le proporciona alguna pista clave en la solución del misterio en que se ha visto envuelto: la mujer del leño en “Twin Peaks”, el Hombre Misterioso de “Carretera perdida”, la médium de “Mulholland Drive” o la extraña vecina de Laura Dern en “INLAND EMPIRE” son algunos de ellos.

 

Para recibir alguna revelación similar, te recomiendo que acudas a alguna de las conferencias que se imparten los viernes en la Asociación de Estudios Espiritistas de Madrid. Es posible que alguna señora extravagante te aborde al final de la charla y te suelte aquello de: “Un niño pequeño salió a jugar. Al abrir la puerta, vio el mundo. Al pasar por la puerta provocó un reflejo: había nacido el mal. Y el mal siguió al niño”.

 

7. Cómete una buena hamburguesa

Estoy seguro de que a estas alturas del paseo estarás hambriento. Se ha hecho de noche y pronto será la hora de la cena, por lo que te animo a reservar mesa en alguno de los diner que han crecido como setas en nuestra ciudad. De entre todos ellos, los mejores son estos tres: “Alfredo´s Barbacoa”, “Home Burger” y “Mad café”. En este último hacen unas tartas a la altura de aquella de cerezas que era el plato estrella del “Double R Diner”.

 

8. Date un garbeo por La Garçonnière.

Por último, le recomendamos que se sacuda sus pesadillas bailando.

Inaugurado hace sólo un par de semanas en el Centro Gallego, “La Garçonnière” es el club de baile donde, viernes tras viernes, Miguel Agnes hace las delicias del enano bailón de Twin Peaks con su inagotable repertorio de oldies, que recordemos que son otro de los ingredientes fundamentales en las películas de Lynch (“In dreams”, “Blue velvet”, “I’ve Told Ev’ry Little Star”, etc).

Por lo que cuentan, “La Garçonnière” es precisamente el sitio que uno fantasearía encontrar al final de las escaleras del pasaje de Fuencarral, detrás de un pesado cortinaje rojo.

 

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Comentarios:

Añadir comentario
Mad Café says:

Gracias por incluirnos en el Madrid más lynchiano! Porque no es temporada, que si no preparábamos unas tartas de cereza en su honor.

cabezadeavestruz says:

Maravilloso.
No descarto lanzarme con el pelo revuelto a seguir la guía aquí mostrada…

cabezadeavestruz.blogspot.com

Celia says:

Diego, es genial el recorrido que propones. Y para rematar la noche, yo añadiría el Toni2, ambiente y decoración Lynchiana 100%.

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