El misterio de la calle Princesa

En los años 50 “El caso de la mano cortada” conmocionó a la sociedad española. Ocurrió en el centro de Madrid. Por Diego Parrado


23 junio 2014

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Solemos juntarnos los martes en un café del centro para contar historias de crímenes y misterio. Madrid, con su luz brutal y sus casas pegadas las unas a las otras, no es una ciudad demasiado misteriosa: Madrid es cruda y directa como una puta de Desengaño al sol de las dos de la tarde, así que nos hemos propuesto mantener viva el alma oscura de la capital (las pinturas negras de Goya, la Casa de las Siete Chimeneas), débil como la llama de una pequeña vela.

 

La última vez, Íñigo había leído mi artículo sobre el doctor Velasco y dijo conocer un caso parecido; otro caso de profanación de cadáveres ocurrido en la ciudad. Existe una canción popular que se inspiró en el suceso:

 

“En la calle de la Princesa

Vive una vieja Marquesa

Con su hija Margot,

A quien la mano cortó.

Moraleja, moraleja:

Esconde la mano que viene la vieja”

 

Ocurrió en enero de 1954, en el número 72 de la calle Princesa. Una sombra cruzó la calzada en dirección a los juzgados de instrucción. Se trataba de Luis Shelly, el hijo de la Marquesa de Villasante, que, con el horror tallado hoscamente en la cara, se plantó delante del juez decidido a presentar una denuncia contra su célebre madre. Temblaba en su voz una mezcla de espanto y vergüenza al desvelar el secreto de la marquesa: Doña Margarita Ruiz de Lihory Resino, de unos 67 años, tenía la costumbre de mantener siempre gran número de animales en casa, a veces hasta en número superior a cuarenta; animales a los que, a medida que iban muriendo, la marquesa diseccionaba cortándoles la lengua, sacándoles el corazón y arrancándoles el pellejo.

 

Tras un breve silencio, el juez salió de su asombró e informó al chico de que la macabra afición de su madre, si bien reprochable, no era constitutiva de delito. No hay justicia para los animales, dijo el juez encogiendo los hombros. Luis Shelly alzó una mano: no venía a denunciar el ensañamiento de su madre con sus mascotas, sino algo mucho más grave…

 

Su rostro se oscureció todavía un poco más cuando empezó a relatar lo sucedido unos días antes: el 19 de enero, su hermana Margot había fallecido a causa de una devastadora enfermedad que había contaminado su sangre. La marquesa, cuya hija le era especialmente querida, había solicitado entonces quedarse a solas con sus restos mortales para velarlos y llorarlos a sus anchas esa noche. También España lloró: Margot, que en vida había observado los preceptos de la Iglesia Católica con especial esmero, era considerada una santa por su dedicación a los más pobres, y es la resignación de una mártir la que quiso dibujar en su pálido rostro antes de cerrar para siempre los ojos, satisfecha de ese mensaje final: “Aunque pase por el más oscuros de los valles, no temeré peligro alguno, porque tú, Señor, estás conmigo”. 

 

Existe una fotografía de la marquesa escudriñando las sacras facciones de su hija.

 

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La mañana siguiente, Margot fue enterrada y el fatal episodio empezó a disolverse en la memoria de la familia. Pero unos días más tarde, una de las criadas abordó discretamente a Luis y, acongojada, le confió que su madre, la noche que velaba el cuerpo de Margot, había salido un momento del dormitorio y le había pedido que le trajera alcohol y algodón en abundancia. Unas grandes tijeras amanecieron sobre el lecho de muerte al día siguiente: al parecer, la Marquesa había hecho con su hija lo mismo que con sus mascotas.

 

¿Era posible tal atrocidad?

 

La policía registró el piso de la calle Princesa y las sospechas del joven se confirmaron: en una lechera apareció una mano perfectamente amputada. También dos ojos y un pedazo de lengua que, al exhumar su cadáver, se descubrió que le faltaban a la buena de Margot.

 

La marquesa justificó su acción sin apenas perturbarse. Alegó que había querido conservar algunas reliquias de su santa hija, porque, ¿acaso no despedazaron el cuerpo de Santa Teresa? ¿No veneraban todos su brazo incorrupto? La mano de Margot, que tanta hambre había calmado entre los pobres, tal vez pudiera ahora seguir obrando algún milagro, y un tanto de lo mismo sus ojos, que con tanto amor habían mirado al mundo, o su lengua, que tanto bien había dicho.

 

Sin embargo, fue otra explicación la que con el tiempo ganó más peso. Su fundamento residía en el pasado de la singular marquesa, que de joven había sido espía al servicio de Primo de Rivera en Marruecos. Allí, mientras se las arreglaba para llevar al Sultán mensajes cifrados por el gobierno español, se convirtió en la amante del rebelde Abd-el-Krim y entró en contacto con varias sectas islámicas, algunos de cuyos rituales terminó haciendo suyos. 

 

Se piensa que la mano, los ojos y la lengua de su hija, precisamente formaban parte de un ritual de inmortalidad. “A su manera”, concluyó mi amigo Íñigo, “la Marquesa de Villasante se propuso lo mismo que el Doctor Velasco de tu artículo: vencer la muerte. Al fin y al cabo, esa es la meta de todos los artistas, y ella había sido pintora y escritora de joven”.

 

Terminada nuestra reunión, alguien advirtió que la vivienda de la calle Princesa donde tuvieron lugar los hechos no estaba lejos de nuestro café, de modo que decidimos acercarnos para echar un vistazo. Una placa dorada en la fachada del edificio asegura que allí vivió y murió otro ilustre personaje de la ciudad: Pedro Chicote. Eran las once de la noche y de la cruz de la farmacia contigua caía una luz verde sobre las rejas del portal. “El color de la resurrección”, dijo alguien; “el color que bañaba a Kim Novak en la película Vértigo”, y un escalofrío me recorrió el cuerpo del espinazo a la punta de los dedos. 

 

¿Dónde está ahora Margot?

 

Otros datos de interés en la biografía de la Marquesa de Villasante:

 

– Doña Margarita fue una de las primeras abogadas españolas, y la primera corresponsal de guerra.

 

– En Marruecos trabó amistad con Franco, a quien se dice que salvó la vida al avisarle de un atentado que los rebeldes rifeños tenían planeado llevar a cabo. Según los rumores, la marquesa se libró de la cárcel y de mayor escándalo gracias a una llamada desde El Pardo el día de su detención.

 

– Entre otras importantes personalidades de la época, la marquesa fue amante de Manuel Aznar Zubigaray, el director del periódico El País en Cuba y abuelo del Presidente español José María Aznar.

 

– Blasco Ibáñez la introdujo en el mundo del cine, campo en el que Doña Margarita destacó guionizando y produciendo varias películas.

 

– Durante los años de la Alemania nazi, la marquesa acogió en su palacete de Albacete a dos científicos alemanes. En la pequeña ciudad se rumoreaba que en el sótano de la casa se realizaban extraños experimentos, y que la muerte de Margot se debía en realidad a su contagio con un potente virus que habían creado. 

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