El monstruoso universo de Olga de Dios

“Leotolda” (Silonia, 2016) es el quinto álbum ilustrado infantil de Olga de Dios y el proyecto expositivo que la ilustradora presenta en Swinton&Grant, donde la autora nos sumerge en su mundo creativo. Por Irene Calvo.


11 noviembre 2016

Cuando entramos en la sala de Swinton Gallery donde se expone “Leotolda” hasta el 4 de diciembre, lo primero que notamos son lo bajas que están las cartelas y las obras. Todo cobra sentido cuando un niño irrumpe en la sala y observamos que están ajustadas a su medida. “Leotolda” es una historia que invita a entusiasmarse por la creación, la amistad o la colaboración, a la vez que trata con naturalidad temas como la identidad transgénero –en los personajes de las sirenas de torso masculino-, o cómo la única especie que queda en el armario se ha extinguido –un divertido guiño a los dinosaurios-. Pero que no nos engañen las apariencias, “Leotolda” no se dirige exclusivamente a los más pequeños.

 

Olga de Dios con un ejemplar de "Leotolda" delante del muro colaborativo de la exposición. Foto: Swinton Gallery.

Olga de Dios con un ejemplar de “Leotolda” con el muro colaborativo de la exposición al fondo. Foto: Swinton Gallery.

 

¿Cuándo comenzaste a interesarte por el dibujo? ¿Por qué estudiaste arquitectura?

 

Siempre fui bastante buena en ciencias, pero me encantaba dibujar. Aunque quería ser artista mi entorno familiar y las presiones sociales me transmitieron la idea de que no se podía vivir de eso, así que empecé a estudiar Arquitectura, y una vez dentro no tuve el valor de abandonar. Durante la carrera formé parte del colectivo Zuloark. Me especialicé en imagen en 3d e infografías 3d y con el boom inmobiliario tuve bastante trabajo. Mientras, fui aprendiendo diseño gráfico aplicado a la arquitectura y al final empecé a trabajar en ámbitos del diseño gráfico fuera de la arquitectura. Paralelamente yo seguía dibujando.

 

¿Cómo entras en contacto con la ilustración infantil?

 

A los 30 años decidí que quería formarme en ilustración y me matriculé en la Escuela Arte 10. Por otra parte, desde hace mucho tiempo he sido activista LGTB, soy lesbiana, y he colaborado con Fundación Triángulo y otras asociaciones LGTB de Madrid, como diseñadora gráfica. Compaginé mis estudios de ilustración con mi trabajo como diseñadora gráfica y creativa en la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Allí fue donde, a través del área de educación, conocí los materiales existentes para hacer campañas escolares de divulgación de la diversidad, ejemplos de familias, los diferentes modelos que existen… Echaba de menos materiales que fueran divertidos y bonitos. Los modelos de los materiales estaban personificados y siento que ese tipo de literatura infantil estereotipa tanto que hace que mucha gente no se identifique. Ahí surgió mi ilusión por hacer unos materiales que permitiesen que mucha gente se encontrase en ellos.

 

 

¿Cómo surge tu primer libro “Monstruo rosa”?

 

Siempre me he sentido más identificada con seres de ficción y ya los dibujaba antes de pensar en contenidos infantiles. Todo ese universo creativo lo consolidé en el proyecto final de mis estudios de ilustración. Quise que mi proyecto fuera un cuento infantil que hablara de la diversidad de una manera abierta, así que hice un personaje que me sirviera para contar lo que quería comunicar. Escribí “Monstruo rosa” desde la perspectiva de una estudiante de ilustración con estas influencias de activista LGTB y la divulgación de la diversidad en el ámbito educativo, con el afán de compartirlo, ni siquiera tenía en mente dedicarme a esto.

 

¿Fue el Premio Apila Primera Impresión el empujón definitivo para que te dedicases a la ilustración infantil?

 

finalicé “Monstruo rosa” durante un periodo en el que me quedé sin oportunidades laborales en España. Estaba intentando agotar todas las oportunidades aquí antes de emigrar a otro país. En ese momento conseguí trabajo en el departamento de dirección artística de una gran editorial española de contenidos educativos, y por eso me quedé en España. Al poco de estar trabajando allí me concedieron el premio Apila. Cuando se publicó el libro, la primera edición se agotó rapidísimo; volvieron a reeditar pensando que les iban a devolver los libros, pero también se agotó… Ahora vamos por la octava edición. Esto me empoderó para dedicar todo mi tiempo a estos proyectos y tuve que asumir el gran riesgo de dejar mi trabajo para encerrarme en casa y dibujar.

 

Vista de la exposición "Leotolda". Foto: Swinton Gallery.

Vista de la exposición “Leotolda”. Foto: Swinton Gallery.

 

¿Cómo nacen tus obras? ¿Primero la historia o primero las ilustraciones?

 

Es un equilibrio. Primero pienso qué temas quiero tratar, sobre qué me gustaría hablar y, a la vez, voy dibujando personajes únicos y diferentes y, a lo mejor, la expresión que tiene el personaje en ese dibujo me da datos sobre su personalidad. Después, pienso historias que pueda contar a un peque y veo qué personaje se puede adaptar mejor a la historia. Los textos de mis libros son muy breves, por lo que hay que sintetizarlo todo, para eso cuento con la ayuda de una asesora lingüística muy buena que me echa una mano para que un párrafo ocupe tan solo dos líneas y contenga todo el mensaje que quiero.

 

¿Por qué comenzaste a registrar tu obra bajo la licencia creative commons?

 

Empecé a usar licencias libres después de la publicación bajo copyright de mi primer libro, que fue muy utilizado en entornos educativos y en aulas de educación especial, sobre todo con niñas y niños con autismo; tanto, que algunas profesoras y mamás tradujeron a pictogramas el libro y lo compartieron en internet, y eso son acciones, obra derivada, que el copyright no permite, sin embargo, creo que fue lo mejor que le podía pasar a mi trabajo. Así que me informé sobre creative commons y a partir de “BUSCAR”, todos los libros que publiqué los hice bajo esta licencia. Por otra parte, el poner a disposición de cualquiera la posibilidad de descarga de mis libros con licencia libre, permite llegar a comunidades que no tienen recursos o a países a los que tardarían en llegar mucho más los libros físicos.

 

Vista de la exposición "Leotolda". Foto: Swinton Gallery

Vista de la exposición “Leotolda”. Foto: Swinton Gallery

 

¿Se puede vivir de la ilustración?

 

Llevo tres años trabajando día y noche para vivir de mi trabajo, cualquier persona tiene derecho a vivir de su trabajo. No creo que debamos seguir creyendo, ni divulgando, ni esbozando, la idea de que una persona no puede vivir de un trabajo artístico. Desgraciadamente, en este país la creación artística se valora muy poco y se paga muy mal. El trabajo artístico enriquece a la sociedad pero, en nuestro país y desde muchos ámbitos, ni se entiende de esta manera, ni se valora, por eso hacen muy difícil la dedicación profesional a estas disciplinas; se deben cambiar la leyes, la manera de educar e incluso la forma de fiscalizar estos trabajos. Todas estas cosas hacen que dedicarse al ámbito artístico en este país sea un acto de valentía y de salto al vacío

 

¿Cómo surge el proyecto de “Leotolda”?

 

El germen de este proyecto fue ver una actividad infantil que una educadora, Eva Béjar, de Málaga, hizo con “Monstruo rosa”: les contó el libro a las niñas y los niños de su clase pero no se lo enseñó. Luego les pidió que dibujaran a Monstruo rosa y dibujaron monstruos geniales, todos diferentes. Al día siguiente ya les enseñó el libro y volvieron a repetir la actividad, y todos intentaron copiar mi dibujo. Así que me apunté en mi libreta: “Crear un libro en el que nunca dibuje al protagonista”.
Ha sido un trabajo que tenía muchas ganas de hacer y que me ha llevado bastante tiempo. Es una obra que pretende motivar a la creación, a la valoración de asumir riesgos y del trabajo colaborativo y la amistad e intenta transmitir la importancia de viajar para conocer otras culturas. En mis cuentos me gusta integrar también asuntos de actualidad que pueden resultar interesantes para la infancia, como el maltrato animal, en el caso de la perrita Laika que aparece en el libro, o la equality house, que es la casa de Leotolda.

 

Vista de la exposición "Leotolda". Foto: Swinton Gallery.

Vista de la exposición “Leotolda”. Foto: Swinton Gallery.

 

¿Por qué decides utilizar sólo tres tintas?

 

Al trabajar en digital en un código de color CMYK, cuando se imprime en offset los colores varían y termina habiendo una gran diferencia entre lo que creas y lo que se publica.
Silonia, la editorial con la que he trabajado para este libro, ya había editado en España los libros de Dahlov Ipcar, impresos en colores directos siguiendo el método de impresión que ella utilizó en los años 60 para sus obras.
Lo que yo he hecho en “Leotolda” es, en vez de trabajar con CMYK, hacerlo con tres colores directos. Las tintas son transparentes por lo que permite superposiciones, primeros y segundos planos, profundidades, control de los porcentajes de tinta…

 

¿Qué vamos a encontrar en la exposición “Leotolda”?

 

Al pensar en un proyecto expositivo, tuve claro que tenía que ser un proyecto para la infancia y que implicara a mis lectoras y lectores. Pensé que “Leotolda” era un proyecto muy adecuado para aplicarlo a un espacio expositivo: el muro del fondo se convierte en el lienzo abierto, donde exponer lo que los peques van dibujando en los talleres por las diferentes librerías, de tal manera que, al final, es una muestra colectiva.
En la primera parte de la expo, se ven algunos personajes que he creado sin saber por qué ni para qué, que son ideas para personajes definitivos, junto a los primeros dibujos de los que, luego, han sido los protagonistas de “Leotolda”. También explico cómo creo los escenarios, normalmente a partir de bocetos o cuadernos de viaje en los que hago apuntes de paisajes que me llaman la atención, y luego se convierten en escenarios. Y comento la diferencia entre obra gráfica original y obra seriada limitada, para que valoren y aprecien los diferentes tipos de obra que tenemos aquí.

 

¿Por qué te interesa que los niños y niñas entiendan tu proceso creativo?

 

Porque creo que para valorar las cosas, hay que saber cómo están hechas. Cuando a un peque le pones el plato de comida hecho, se lo come pero no lo valora. Si le dices: “¿Qué quieres que hagamos hoy de comer?”, y vais al mercado a comprar los ingredientes y luego los cocináis, el peque lo va a valorar mucho más. Pues eso es lo que intento que pase con mi trabajo y para que alguien lo valore tiene que entender qué hay detrás.

 

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¿En qué estás trabajando ahora?

 

Me estoy dedicando a difundir este trabajo. Todos los fines de semana de noviembre estoy contando el cuento en diferentes librerías de madrid, el “Leotolda tour”. Desde que empecé a hacer esto tuve mucho apoyo de las librerías, que recomendaban mi libro a sus clientes, y quería compensar a este gremio. Tenía tantas oportunidades de estar en sitios, que me pareció que lo más interesante era englobarlo todo y eso es lo que hago en esta expo, englobar mi proceso de creación, el libro y las librerías. En el futuro me gustaría llevarlo a otras ciudades.
Por otro lado, este domingo participo en una mesa redonda en GRAF, titulada: “Dibujante conoce tus derechos”.

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