El papel (mojado) de la movida en el museo ABC

Guiones, fotografías, carteles, pinturas, dibujos e incluso periódicos donde se efectúa una lectura (mainstream) de la Movida y de las consecuencias que produjo en el arte español. Esta exposición pretende ser el testigo temporal de una época determinada caracterizada por un gran cambio en la cultura. “El papel de la movida” es una muestra comisariada por Pablo Sycet Torres que se puede visitar en el Museo ABC hasta el día 22 de septiembre. Por Lara Alcz Miranda


10 septiembre 2013

 

Coincidiendo a finales de los setenta, heredera de tal década, y que se extiende hasta principios de los ochenta supuso una ruptura total con la cultura española. La Movida aparece en un contexto confuso, donde la Transición aún era algo muy reciente, con un propósito claro: destruir todo aquello que tuviera relación con la moral franquista y construir un nuevo espacio para la expresión y la creación libre y sin normas. Madrid fue el centro de la movida, que poniéndonos técnicos podemos definir como movimiento contracultural. Sin embargo existieron múltiples focos donde afloró un panorama más que interesante de características similares, como la de Vigo, Euskal Herria o Barcelona.

 

Grupos como Kaka Deluxe, Parálisis Permanente, Nacha Pop, los Nikis, Las Chinas, las Vulpes, Alaska y los Pegamoides, resonaban con fuerza en Onda 2 o El Búho. También surgió por aquellos años Disco Grande de Julio Ruiz, ese programa que hoy podemos seguir escuchando en Radio 3. Los medios de comunicación se hacían eco de la Movida, tanto en prensa, radio o televisión, especialmente programas de TVE como Aplauso, y después otros como la clásica Bola de Cristal. Sin embargo, lo que es más interesante de cómo La Movida se comunica no son aquellas informaciones que se transmiten a partir de la televisión pública, o de los diarios nacionales, son los canales de difusión propios e independientes. Aquí es donde aparece el gran amigo, el fanzine.

 

El fanzine, esa hoja gratuita, pintada, escrita y garabateada a boli bic sin ningún tipo de complejo resultó ser el medio de distribución cultural más fructífero para La Movida, pero también para las generaciones venideras. El fanzine sobrevive aún hoy como herencia y medio de información alternativo, siguiendo enfocado hacia ambientes musicales no comerciales, creación artística y cultura independiente. Posiblemente, los fanzines que hoy manejamos o compramos ya en librerías o tiendas de discos mantengan, no demasiados puntos en común con los primeros fanzines. Los que ahora producimos y compramos están pijamente maquetados, cuidan hasta el más mínimo detalle y se pagan hasta casi 20 euros por algunos de ellos. El encanto de fotocopiar hasta casi lo grosero, de cortar y pegar y luego fotocopiar, currarse las letras a boli y perfilar después con rotulador… El blanco y negro… (Porque no había otra cosa…) El mítico “La vanidad del imperdible” sólo tiene algunos nietos actuales que sigan su misma estética, normalmente dentro de la música. Otros fanzines son un híbrido, si bien cuidan mucho más la apariencia, siguen siendo más o menos asequibles y los contenidos son de calidad, originales y poco conocidos, que buscan ampliar las miras sobre música, arte, culturilla y miradas hacia el pasado. Pueden no mantener la forma del todo pero digamos que el contenido ha sido una buena evolución. Algún ejemplo de ello: Orfidal, Comando Chilena o el Feminizine.

 

¿Y quién habla de todo esto? Una veinteañera que sabe de la Movida lo que le ha podido contar su madre, escuchando recomendaciones de estos y de aquellos, que conoce lo que ha sobrevivido y que la mayoría de las veces resulta una imagen muy edulcorada de lo que en realidad fue. Demasiado romanticismo alrededor. O esa impresión me da.

 

Yo, que decidí ir a visitar la exposición del ABC porque quería ver carteles de conciertos y fanzines, me encontré con una muestra bastante rancia de La Movida, corta e incómoda. El comisariado de esta exposición, dentro de mi humilde experiencia como estudiante de Arte, no me sorprendió para bien. No es que contasen poco material, que también, sino que estaba mal gestionado y mal aprovechado.

 

La manera en que las obras están expuestas es bastante incómoda, sobre todo aquellas que han querido montar por grupos en diferentes tamaños y soportes en pared, donde una tiene que dejarse el cuello mirando hacia arriba para poder vislumbrar el último dibujo del conjunto. Esta opción de montaje funciona en determinados contextos, y este podía haber sido uno, pero no resulta práctico si lo que se quiere es hacer que cada una de las notas, dibujos o fotografías sean accesibles y bien contempladas para los visitantes. Aunque sí resulta bastante atractiva la disposición del espacio, sobre todo en lo que refiere a las vitrinas rosa fucsia que rodean la sala donde se sitúa la mayor parte de las obras.

 

El repertorio se organiza muy canónicamente para el tema que se está abordando: pintura, dibujo y collage por un lado, fotografía por otro, moda en una pared, portadas de vinilos por otra. El criterio es canónico y poco atractivo… No entretiene, documenta sin ningún afán de calado. Si bien cuenta con piezas potentes no se han sabido aprovechar del todo ni sacarles todo el partido que poseen. En el museo ABC no se vislumbra en absoluto ni una sola nota del espíritu de la Movida, se han limitado ha plantar una serie de obras en la parte baja como una exposición más, intentando no obstante que fuera algo adaptado al marketing actual de lo que fue La Movida, representando esa imagen románticona y dulzona de los ochenta de la que hablaba al principio.

 

¿Lo más incómodo de la muestra? Los cajones donde se pueden consultar documentos en papel sobre la movida (portadas, recortes de periódicos, revistas y ¡fanzines!) que están en medio del espacio: recurso poco práctico y cansado si lo que se busca es que algún visitante se interese por lo que hay dentro y vea todos los documentos que se ofrecen (cuando es la parte más cautivadora de todo lo que nos podemos encontrar).

 

Después de salir con torticolis del Museo ABC, la impresión que tengo es de desaliento y un poco de cabreo. Pienso que no contaban con tan poca obra, y que con piezas realmente interesantes y únicas, el comisariado no ha buscado ningún discurso apropiado o seductor que haga las buenas impresiones del público crítico con ganas de ver algo distinto a lo que se intenta vender como Movida ahora.

 

Me voy a tomar una relaxing cup of café con leche a la Plaza Mayor, o mejor a mi casa, “a mirarme en el espejo y ser feliz”.

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