El templo perdido de Malasaña

Ciertos lugares de Madrid tienen una cita con la eternidad. Ven pasar revoluciones populares, historias de amor y muchos inquilinos ilustres sin que la ciudadanía se percate del peso de esos ladrillos en la historia de la capital. Algo así le sucedió al número 14 de la malasañera calle de La Palma, un templo oculto redescubierto recientemente gracias a la apertura del Teatro Bosco. Por David Arias


17 septiembre 2015

COSTUS-1986

 

La Palma es el epicentro de la ciudad, una calle inmersa en las locas actividades del barrio Maravillas desde siempre. Ya en 1771, la calle genera noticias como la huida y captura de un papagayo del vecino Duque de Medina Sidonia, recogidas por la prensa. Historias absurdas que desnudan las miserias de la aristocracia pululan por el barrio. Poco después, sus adoquines presencian la carga francesa contra el cuartel de Daoíz y Velarde y, un siglo más tarde, sus vecinos dedican loas a un torero local conocido como el niño de la Palma. Pequeñeces comparado con lo que el destino le tenía reservado.

 

A mediados de los 70 del siglo pasado, el barrio se llena de prósperos comerciantes y asociaciones profesionales que salpican la zona de colorido y humanidad. Lejos de allí, dos artistas comparten el curso 74-75 en la escuela de Artes Aplicadas de Cádiz y empiezan a pintar juntos. Se llaman Juan Carrero y Enrique Naya. Deciden probar fortuna en Madrid después de su viaje de estudios y se alquilan un señor ático en la calle Pérez Galdós. Los cambios políticos y culturales del fin del franquismo les ofrecen un nuevo ámbito de libertad para desarrollar sus propios criterios artísticos, y entienden que la localización de su estudio es la clave para obtener una mayor repercusión. En junio de 1977 se mudan al 1ºA del 14 de La Palma y se inicia una ola de efervescencia en el viejo barrio Maravillas. Hacen buenas migas con un estudiante de arte asturiano de nombre Tino Casal, que será uno de sus fieles amigos hasta el último momento y con quien comparten inquietudes y noches de fiesta.

 

costus

 

Adoradores del arte pop de Warhol y de la dantesca casquería de papel cuché de las revistas del corazón, comienzan a destacar en el barrio y atraen a personajes díscolos con ganas de notoriedad y desfase. Establecen su estudio en ese número 14 de La Palma y uno de los pioneros en acudir allí, como siempre, es McNamara. Les bautiza como Las Costus, debido a que “estaban todo el día pegados a sus lienzos como las costureras y hasta sus cojines se hacían”. Comparten piso durante una época de revolución sociológica. En esta breve etapa de la capital, lo importante es lo novedoso en contraposición del doloroso pasado reciente, por lo que la vanguardia de estos dos pintores encaja en el ideario intangible de una nueva generación.

 

A Las Costus les llegan encargos como la decoración para la apertura de La Vía Láctea el 14 de julio de 1979, que marcará su trayectoria. Uno de sus dueños es David Krahe, sobrino del gran Javier Krahe, y aún hoy cree que significó un antes y un después en la estética de la noche madrileña. Los murales decorativos de Las Costus se basaron en la iconografía popular de la época con personajes como Ava Gadner, la Bardott o Fred Astaire. La obra fue el símbolo distintivo del local hasta su ampliación en 2002, cuando se retiraron para su conservación en un almacén.

 

Los dos artistas de La Palma transforman su hogar en un centro de acogida para todos los artistas y bohemios que deambulan por la zona buscando una oportunidad. Tienen suerte y encuentran un océano de posibilidades y personalidades dispuestas a crear una nueva cultura urbana. Este tiempo pasado contrasta con el escaso chance de muchos de los prometedores proyectos actuales dispersos por el Madrid del siglo XXI. Las Costus tienen en su casa una especie de Fabrik madrileño sin la suntuosidad de Andy Warhol. La pareja apuesta también por lo popular y pretenden elevar lo cutre a categoría de arte.

 

alaska

 

Un buen día a finales de los 70 acogen a una niña de 14 años llamada Olvido Gara. La cría tiene una fuerte personalidad y viene dispuesta a abrirse paso desde México. Ambos la apadrinan y viven momentos únicos. Alaska celebrará sus cumpleaños en casa de Las Costus hasta la mayoría de edad. Enrique se convierte en su protector mientras ella duerme durante un año en el sofá blanco de la salita de ese 1ºA. Confiesa que su pasatiempo favorito era pasarse por la casa de sus amigos a leer el Hola. El gran Paco Umbral usa su excelsa pluma para bautizar al lugar como La Casa-Convento de los artistas descarriados.

 

En La Palma, la lista de parroquianos es extensa. Cada tarde, te puedes encontrar a gente como Paloma Chamorro, Bernardo Bonezzi, Los Pegamoides, Bibi Andersen, Nacho Canut, Pablo Pérez Minguez o Miguel Ordoñez. Siempre vienen acompañados de botellas de ginebra, patatas fritas y alguna sustancia para animar la velada. Se impone el glam y la ambigüedad sexual. Las fiestas se organizan mientras los pintores conversan animosos sobre cosas banales o retratan en pop art a Carmen Polo, Alaska o Farah Diba. De vez en cuando se pierde en estos eventos Capi, el descubridor musical de gente como Tequila, Los Pecos, Mecano o Alejandro Sanz. Él es uno de los mayores apoyos de Las Costus justo en el momento en el que el término Movida acuñado por Ordovás, el mítico locutor de Diario Pop, empieza a causar furor.

 

Blanca Sánchez, experta en arte, se enamora del trabajo creado por la pareja en la calle de La Palma y decide introducir en ese amplio círculo a un joven Pedro Almodóvar. Allí conocerá a la aún menor Alaska, que en 1980 se convierte en una de las primeras chicas Almodóvar en “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón”, junto a Carmen Maura. La película no pasa desapercibida y se convierte en el tótem de la nueva Movida. La recomendación de Diario 16 en octubre de 1980 avisa de la importancia del film: “Todos muy locos por el rock, el pop y demás sustancias musicosociológicas”. La casa pasa a la posteridad mediante un retrato fílmico del ambiente y los personajes histriónicos que la moran.

 

Creditos-Pepi-Luci-Bom-y-otras-chicas

 

El boom de la película catapulta a Almodóvar a los escenarios musicales junto a McNamara y al estrellato del celuloide en solitario. También repercute en un aumento de reconocimiento para Las Costus. Blanca Sánchez invita a La Palma a Fernando Vijande, mecenas, dandy y marchante de arte. Se queda maravillado con las obras del piso y decide comprarlas todas. Las Costus entran pisando fuerte en el mercado del arte. Los elitistas círculos artísticos comienzan a hablar de Neo Loro Art, Post cacanutismo y sobre todo de Chochonismo ilustrado. Éste último se convierte en el género que define la serie de obras “El Valle de los Caídos”, donde aparecen todos los personajes de la Movida, desde Alaska hasta Tino Casal ataviado como el Caudillo. Terminarán de dibujarlas en 1987 cuando completen las 25 representaciones correspondientes a las diferentes estatuas que coronan el mausoleo franquista.

 

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Varios galeristas tratan de llevarles a NYC pero una discusión entre sus mecenas trunca su destino. A pesar de ello, el trabajo de Vijande en Madrid, antes de su fallecimiento a mediados de la década, funciona y la obra de Las Costus fluye en galerías como la Sen de María Eugenia de Suñer, en Barquillo. Suponen el reflejo de una generación peculiar donde, como dice McNamara, “lo sintético supera al visón, cuando la bisutería supera a la joya”.

 

En la cima de su reconocimiento se sienten más solitarios que nunca. Lejos quedan aquellas tardes de playa en Caños de Meca, cuna del nudismo, con Alaska y su bikini de leopardo. En 1982, todos los egos ávidos de gloria que pasaron por Palma 14 ya han establecido sus propias Movidas y son rostros del éxito imparable de una nueva industria cultural. Las Costus se distancian de Almodóvar, primero, Alaska, después y finalmente de casi todo su séquito, a excepción de fieles como Capi o Tino Casal. La superficialidad reinante acaba provocando que personalidades como Ouka Leele o García Alix rehuyan con ciertas dosis de razón del boceto kitsch de la movida de Palma, 14.

 

Las Costus entienden que su universo cañí se difumina y deciden abandonar Madrid destino México previo paso por una parada en la calle Monte Esquinza. Jamás volverán a residir en la ciudad. La experiencia mexicana apenas dura un año y se mudan a El Puerto de Santa María. Allí retratan “La Andalucía de Séneca”. No obstante, el estado de salud de Enrique se plasma en su cuerpo y sus pinturas. Tiene SIDA.

 

Durante su estancia en Cádiz provocan una rectificación de la revista Panorama a mediados de los 80. La hoy televisiva y siempre ruin María Eugenia Yagüe había publicado la ruina y abandono por parte de sus amigos de los dos artistas debido a la enfermedad de Enrique. Panorama recula, se desmiente y poco después se puede ver a la pareja en Madrid para presentar su “Valle de los Caídos” en el canto del cisne de la Movida. La crónica de El País se pregunta si aún existe tal movimiento en las líneas dedicadas en 1987 a esta multitudinaria expo celebrada en el Retiro. Unos meses después se mudan a Sitges y Badalona, alejados de todo lo que supuso Palma, 14. La tragedia se masca en tierras catalanas. Enrique muere de SIDA el 4 de mayo del 89, tan solo un mes después le acompaña Juan, cuya pena le impide proseguir su existencia sin su compañero. Sea casualidad o no, La Movida se va con ellos.

 

La vida de Las Costus se cerró aquella trágica primavera pero su espíritu ha impregnado el viejo caserón de Palma 14, que durante un tiempo ha permanecido en el olvido. En el 1ºA, domicilio de los artistas y decorado de “Pepi, Lucy, Bom y otras chicas del montón”, existe actualmente una agencia de comunicación. Sus empleados están acostumbrados a los reportajes y conocen con exactitud los detalles del rodaje. En la planta baja, donde antaño se organizaban expos clandestinas, fiestas salvajes o eventos culturales transgresores, se ha erigido su sustituto moderno. Allí ha abierto sus puertas el Teatro Bosco, una multisala, que destaca por unir exposiciones, actuaciones, teatro y una piscina para refrescarse. El resultado te traslada al punto de encuentro de Las Costus. El 1ºA de Palma 14 aún sigue siendo un templo perdido para los excéntricos intelectuales sin suerte. Un enclave en el que falta una placa que rece: “Casa de Las Costus. El germen de la Movida”, según reclama uno de sus huéspedes ilustres, McNamara.

 

Teatro Bosco

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Comentarios:

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Beatriz Naya Igueravide says:

Muchisimas gracias David, por tu reportaje, aun con algunos errores, me ha gustado mucho, todo lo que sea un homenaje hacia Costus, y hacia mi hermano Enrique, me llena de orgullo.
Lo que si te pido encarecidamente es que a ellos no les gustaba para nada que se utilizara el articulo “Las” delante de Costus, ellos en mil ocasiones, reclamaron que se llamaban simplemente “Costus”, por lo que te solicito que lo tengas en cuenta si es que vuelves a hablar de ellos. Gracias, mil gracias, por tu articulo.

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