Elogio de la banderilla

Si hay algo que entre mejor con una caña que una buena banderilla, que baje Dios y lo vea. Esta avinagrada delicia ensartada en un palillo es una de nuestras tapas más castizas y la reina indiscutible a la hora del aperitivo. Por: María Arranz.


21 febrero 2014

 

¡La banderilla!
¡Mire “usté” que poca cosa!

 

Así cantaba un poeta andaluz la gloria de las banderillas y, aunque él se refería a las toreras (y aquí, de taurinos, tenemos bien poco), la mitad de su cantar podría aplicarse por igual a esa tapa que luce exultante sobre las barras de casi todos los bares de la capital. Su encanto reside en su sencillez y, sobre todo, en la calidad de sus encurtidos: aceitunas, pepinillos, cebollitas, guindillas y pimientos, todos bien formales colocados en fila y atravesados por un palillo, que te hacen salivar desde el primer vistazo y te ponen ojitos para que les hinques el diente antes incluso de dar el primer trago a tu cerveza.

 

 

Reinventar una tapa tan arraigada y tan “de toda la vida” sólo tenía sentido si el que asumiera el reto lo iba a hacer con arte y a resolverlo con desparpajo, superando a la banderilla tradicional y haciendo que nuestras papilas bailaran al son de sus vinagres, combinados con productos un tanto inusuales pero siempre de primera. El que se atrevió con el desafío fue Kike Martínez, vallecano de pro y profesional con oficio donde los haya. Desde el puesto 28 del Mercado Villa de Vallecas, Kike y su equipo pinchan a mano una variedad de banderillas que uno es incapaz de imaginar hasta que presencia en directo la orgía de encurtidos que desfila por sus mostradores. El arte y el oficio le vienen de familia, y se le nota.

 

Ahora, de la mano de Casa Mariol y el estudio Bendita Gloria, su maestría ensartando ingredientes en forma de banderilla se ha convertido en una marca que está dando mucho que hablar y que nosotros, por madrileños, tenemos la suerte de poder ir a degustar en directo al propio mercado donde nacen, crecen y se reproducen estas perlas avinagradas. Bombas, Lagartos y Cohetes es el nombre de la criatura y también el de las tres variedades que Kike despacha en el mercado. Las bombas son unas gordal espectaculares rellenas de todo lo que te puedas imaginar: setas, pulpo, lacón, tomate seco, anchoa, mejillón en escabeche o jamón y queso son sólo algunas de las posibilidades. Los lagartos son criaturas con cuerpo de pepinillo riojano relleno de pimiento, bacalao, salmón, bonito o boquerón y patas de aceituna y cebollita. El tercer miembro de la familia, los cohetes, son verdaderas construcciones gastronómicas con cualquier ingrediente que se le ponga a tiro: chipirones, huevos de codorniz, aceitunas verdes y negras, arenque ahumado, boquerón, y por supuesto, guindilla. Su sabor es tan potente como el efecto visual que provocan, una explosión de colorido y creatividad que no deja indiferente a nadie que se cruce con ellas en el plato.

 

 

Decía también el poeta con el que abríamos este texto que la banderilla (la torera) nació de la chulería española, la misma que, aplicada en su justa medida, puede convertir a esas tapas tan “poca cosa” en un pincho digno de una ovación y muchos olés. Pues eso, olé, olé y olé.

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kike says:

Gracias este bonito artículo pronto novedades increíbles

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