En casa de David Díez

Nueva entrega de la sección en la que nos colamos en casas ajenas para conocer de cerca el trabajo de las personas que las ocupan. Hoy, David Díez nos abre las puertas de la suya. Fotos y texto por Ana Himes.


21 abril 2014

 

Si David Díez hubiese nacido hace seis siglos, habría sido amigo del arquitecto Leon Battista Alberti. Fijo. Y es que éste dijo en una ocasión que “…el artista no debe ser un simple artesano, sino un intelectual preparado en todas las disciplinas y en todos los terrenos”. Y eso es lo que creo que es David: alguien que disfruta participando y bebiendo de distintos territorios artísticos y alguien que jamás antepone la falta de recursos materiales para crear. No le preocupa que algunos de sus proyectos se queden en eso, proyectos, y que jamás se finalicen; porque David disfruta del proceso de conceptualización, creación y gestación.

 

Me he adentrado en su casa de la calle Madera y también en su estudio DDZ, y la verdad es que hay mucha tela que cortar. Así que pasen, vean y lean.

 

En la biografía de tu web, te defines como “artista que busca la belleza pura; desprovista de cualquier rastro de contenido político, social o cultural. ¿Eso es lo que para ti es la belleza, entonces?
Soy consciente de que mucha gente, como por ejemplo mi admirado Rafa Doctor, con su tan necesario positivismo, no comparte esta visión des-comprometida del arte. Lo respeto y sin embargo no puedo evitar la intriga hipnótica que siempre me ha producido el hecho de que determinadas obras (principalmente de los formatos más clásicos, como pintura, fotografía y escultura) simplemente me mantengan atrapado durante horas. Esa sensación que todos y cada uno sentimos en algún momento ante cosas que no cuentan nada, que no hablan de nada, que no proclaman nada, que no superan nada pero que simplemente nos dejan “maravillados”. Una explosión. Una puesta de sol. Tres colores bien combinados. Esa acción de “maravillar” y “maravillarse” que tiene una definición tan difícil, es un lugar donde ubico mi definición de belleza.


¿Puede entonces la belleza ser abstracta o inmaterial?
Sí, puede ser inmaterial, desvinculada y no-explicable. Aunque es divertido tratar de controlarla o aprender de ella, como en nuestro proyecto The Twin, donde hemos tratado ingenuamente de replicar esa emoción.

 

¿Cuáles fueron tus comienzos en el diseño y cómo los percibes ahora, con una perspectiva temporal entre medias?
Mis orígenes fueron en la iglesia. Mientras mi madre atendía a las recomendaciones y plegarias del sacerdote, yo andaba con mi propia religión medio metro más abajo, sentado en el suelo y retratando con papel y boli robados de su bolso las caras de los feligreses. La gente estaba muy quieta ¡y eso facilitaba las cosas! Lo siguiente que pude copiar durante años fueron los dibujos de arquitectura de mi hermano Carlos mientras él estudiaba la carrera. Yo tendría unos cinco años. Pero por favor, ¡no dejéis a un niño de cinco años con unas tijeras de cincuenta centímetros junto a un dibujo en el que llevas trabajando dos semanas! (no había móviles entonces y te tenías que levantar a coger el teléfono).

 

Así que me hice arquitecto, que era el siguiente paso lógico. Arquitectura es una carrera en la que aprendes muchísimas cosas porque conserva aún ese aura renacentista de quererlo hacer todo. Un arquitecto siempre se cree el mejor y es conocido por ser un señor (las señoras son rara vez reconocidas) que hace edificios enteros él solo, con toda la complejidad que esto supone y además sabe muchísimo de las vanguardias rusas, de Bach y de los orígenes del cine. De los equipos que hay detrás se habla poco. El trabajo más complejo después de eso es reconocerse a uno mismo, ser capaz de quitarse algunas de las etiquetas. A mi aún me cuesta dejar de presentarme como Arquitecto (imprescindible A mayúscula), aunque con la terapia lo voy consiguiendo. Ahora me dedico a trabajar, disfrutar y dirigir DDZ, que es un traje caleidoscópico que he construido con ayuda, para que cada uno me vea como ellos prefieran y yo mientras pueda seguir haciendo un poco de todo.

 

¿Qué paralelismos o diferencias percibes con las personas que están comenzando precisamente ahora?
Pues lo he hablado recientemente con algunos artistas y creadores como Dourone o HeridaDeGato, que estaban becados en BluRoom (un proyecto precioso del que tuve la suerte de ser director durante unos cuantos meses). Cuando mi generación empezó a estar en disposición de sacar proyectos interesantes al mundo, alguien se encargó de que los objetivos importantes estuvieran confusos. Especialmente en arquitectura, terminamos de formarnos con la convicción de que el culmen de la profesión era ver tus obras publicadas. Y se publicaba lo irreal, lo utópico, lo provocador y lo fantasioso. Así que alguien construyó muchísimo, que es de lo que trata la arquitectura, de construir los espacios que la gente utiliza (con o sin música de Bach), mientras que muchos de nosotros que no fuimos tan listos como nos creíamos, hicimos maravillosos concursos, renders, videos, carteles, maquetas y dibujos, que incluso fuimos a presentar a la Bienal de Arquitectura de Venecia. No hubo demasiado contacto con la realidad de las cosas. Creo que es sintomático que los arquitectos más emblemáticos de esa generación han construido, entre todos, menos obras que cada uno de sus mentores por separado. Con esto en mente, me he sentado a hablar con gente más joven que hace ahora cosas maravillosas y te contestan: “preferimos hacer una colección que no sea demasiado rara, que la gente la entienda, la compre y la use. Además así podremos seguir haciendo cosas la temporada que viene”. Así que creo que la diferencia es evidente, a nosotros nos ha llevado diez años aprender algo que ellos traen de fábrica.

 

 

De un tiempo a esta parte hemos podido verte asociado a proyectos como DDZ, The Twin, BluRoom que ahora comentabas, docencia en el IED; a lo que hay que añadir tus sesiones fotográficas, los cine-fórums que organizas y un sinfín de pequeñas acciones culturales y visuales que llevas a cabo. ¿Qué te aporta cada una de esas facetas o vertientes?
Como te decía antes, DDZ es una especie de disfraz facetado que hace que cada uno me vea como más desee. Para quien está más interesado en la vertiente cultural hemos institucionalizado nuestra oficina como DDZ Headquarters, maravilloso lugar frente al Retiro por donde nos aseguramos de que pase mucha gente interesante y que acoge iniciativas como DDZ!ne (nuestras sesiones de cine con merienda-cena); o la Residencia Creativa DDZ, en la que ofrecemos todos nuestros medios a una serie de artistas para que vengan a trabajar a nuestra vera #siemprealaveritatuya durante unos meses. Precisamente esta semana termina la convocatoria de proyectos para las residencias de este año (no podía no decirlo), está toda la información en http://residenciacreativaddz.tumblr.com.

 

En el aspecto profesional alterno entre tres versiones de mí mismo: la que ha derivado de mi arquitecto original, que se llama Studio DDZ, es la que de momento nos da de comer y sobre todo la que genera tranquilidad, esa tranquilidad de las cosas que ya sabes cómo funcionan; la versión que más satisfacción nos trae a casa últimamente es Beauty Lab DDZ desde donde, como parece evidente, busco la belleza pura de la que hablábamos al principio; y por último, a veces soy el Pattern Factory DDZ, que mantiene esa ilusión de los proyectos geniales que aún están a punto de eclosionar, fábrica de diseños para estampación textil y de superficie que tiene un mochilón lleno de contenidos y que algún día ganará el coraje para presentarse en sociedad.

 

Y además me encanta enseñar a la gente a hacer cosas, sobre todo por lo que aprendo yo por el camino. Mi padre ha dado clase toda su vida y mi hermano Pedro también, supongo que algo se me ha quedado. Hace ya diez años que comencé a dar clase de forma oficial y desde entonces no puedo desengancharme. Cada escuela plantea panoramas totalmente diferentes: en el IED, que es casi donde comencé, me han acogido siempre con cariño y me han permitido proponer, lo cual es muy gratificante. En IE, el reto era otro, conseguir que estudiantes muy serios de Arquitectura se diviertan aprendiendo algo más amplio aún como es el Diseño. Estoy agradecido con cada lugar donde “me dejan dar clase” y por supuesto también cuando consigo montarme la clase yo en el estudio. Esto es, por ejemplo, lo que originó el proyecto The Twin. Durante años yo había realizado fotos exclusivamente de objetos quietos porque soy muy malo con la cámara y no me atrevía a pedirle paciencia a una persona durante el tiempo suficiente como para poder tomar una buena foto. Así que para mejorar mis habilidades organicé un proyecto con una serie de sesiones fotográficas que no haría yo sino cuatro fotógrafos de los que quería aprender. Y claro está, me lo monté para convencer a los mejores: Juanma Moncloa, Alberto van Stokkum, Ana Himes y Raúl Córdoba junto con Jorge Fuster. Iba a durar unos cinco meses y se supone que liaría sólo a los fotógrafos y a tres o cuatro personas más. Casi 30 meses después y cerca de 42 personas con las que estar agradecido, por fin estamos a punto de “empezar a terminar” el proyecto. Cruzando dedos, The Twin verá la luz a finales de año y mientras tanto yo ya tardo menos de seis horas en hacer un retrato.

 

¿A qué personas admiras y por qué?
Admiro a muchísima gente y, puf… no sé si tendría sentido citarlos a todos. Así que  trataré de contestar por categorías. Admiro, sobre todo, a dos tipos de personas por motivos opuestos: a los que están focalizados, porque jamás seré ellos y me da una envidia que me muero, y a los que han conseguido desprenderse de cosas para permitirse ser ellos mismos, porque espero ser así y me sirven de guía. De los primeros, y más para que me entiendas que otra cosa porque esta categoría engloba a mucha gente, me encantaría conocer a Cecil Balmond, a Tamara Rojo o a Charles Darwin. Les preguntaría cómo se apaga la voz de la cabeza que te incita siempre a probar todas las cosas y poder así centrarte en una sola para hacerla genial. Debe de ser un placer enorme. Si existe el cielo espero que el mío sea así, para compensar. De los que sueltan lastre y se reinventan también conozco a muchos, sobre todo de entre mis amigos. Parece que ahora no queda otra que hacer borrón y cuenta nueva de vez en cuando, pero creo que en ocasiones esto tiene especial mérito. Por eso me produce enorme admiración que mi amigo Luis Úrculo ponga ya sin tapujos “artista” debajo de su foto de perfil (después de haber estado estudiando arquitectura durante tantos, muchísimos años, como yo) o que mi hermano Carlos, ese al que le cortaba los planos en mi niñez, con sus cincuenta años muy bien llevados, no sólo se ha quitado lo de arquitecto sino que se ha cambiado hasta el nombre y ahora es Klaus, un actor alucinante. Ojalá yo me atreva algún día a hacer cosas de estas…

 

 

¿Qué opinión te merece la situación “ocio-cultural-intelectual” que actualmente hay en Madrid?
Hace un tiempo me hicieron esta pregunta en otra entrevista y contesté que me parecía que andábamos un poco asustados de proponer cosas y que íbamos siempre por detrás copiando tendencias garantizadas. Me gusta que me lo preguntes de nuevo porque creo que esto ha cambiado. Últimamente cada vez veo más cosas nuevas, interesantes y arriesgadas que ocurren en Madrid. Y creo que justo ese triángulo que propones (cultural, ocio e intelectualité) que fue marca de la casa de la pose madrileña más interesante de otros tiempos, está volviendo a darse en algunas lugares. Hay a quien le escuece un poco, pero yo creo que no hay incompatibilidad entre la conversación interesantísima sobre Balzac, una bloguera en un evento de Rebook y un concierto de Sakamoto o el “Spanish Sauce Mafia”.

 

Comparte con nuestros lectores tres rincones a los que te gusta acudir cada x tiempo.
Me encanta bajar en moto desde más arriba de Plaza de Castilla hasta Atocha. Por alguna razón, que prefiero no analizar, el hecho de que Madrid se pueda recorrer de norte a sur en el espacio (y de hoy a ayer en el tiempo) me produce mucho placer. Disfruto también paseando por la colonia de casas bajas que está junto al parque de la Fuente del Berro, justo cuando se asoma el Pirulí (qué bonito nombre). Creo que es donde fuimos la primera vez que nos escapamos de casa todos los amigos en grupo, con ocho años (#aquellosmaravillososaños). Nuestros padres vivían muy cerca, pero fue una aventura. Sigo yendo allí porque me recuerda las joyas que pueden producir los errores de proyecto. Ese barrio de casitas bajas surgió como consecuencia inesperada del sistema de urbanización del Barrio de Salamanca. Aquello eran las afueras, el campo, y para garantizar que la nueva cuadrícula del Madrid este se urbanizara correctamente y en plazo, se pagaba a las compañías constructoras con los terrenos periféricos, de forma que a éstas les interesaba que las calles y el alumbrado llegaran hasta sus nuevas casas lo antes posible. Terreno así con concesiones especiales que se ha convertido ahora en objeto de deseo de todos a los que nos gustaría vivir en una casa con jardín y para los que cruzar la M30 es estar fuera. Y a tomar algo trato de ir de vez en cuando al José Alfredo. Supongo que porque estaba cuando lo abrieron y me enorgullece ver cómo se ha convertido ya en clásico. Porque ellos son maravillosos y aunque lleve meses sin aparecer por allí, siempre me reciben con sonrisa y abrazo; porque tienen cerveza negra; porque está entre el IED y mi casa, así que cuando termina un curso puedo ir con los alumnos y tomar copas hasta que perdamos las formas y retirarme a casa andando.

 

Todas las creaciones que pares tienen un aura estética ciertamente pulcra. ¿Eres muy perfeccionista o también eres de los de “que le den, ¡se queda así!”?
Soy perfeccionista diagnosticado. Tengo incluso un carnet que lo dice y con el que me ceden los sitios del centro en el cine para ver la pantalla perfectamente frontal. Pero no diría que estoy orgulloso de serlo. En cierta medida trato de combatirlo. Parte de la razón por la que llevo muchos proyectos abiertos al mismo tiempo es para que no me quede más remedio que decir “que le den, se queda así o no me da tiempo a terminar el resto”.

 

Si no existieran espectadores, ¿crees que tus obras serían las mismas?
Esta es una pregunta magnífica. Honestamente, creo que sí y casi pondría mi mano en el fuego. Lo sé porque cuando termino una foto o un cuadro me da mucho placer volverlo a ver una y otra vez. Nunca los hice para nadie más que para mí mismo. Los miro y remiro para ver si siguen produciendo esa sensación que buscaba. Ahora bien, también te digo que esta pregunta me ha hecho plantearme las implicaciones que esto puede tener. ¿Debería tener más en cuenta la opinión externa? ¿Para reaccionar frente a ella? ¿Quiere decir esto que mi arte está ensimismado? ¿Se espera algo determinado de mí? Tengo grandes cantidades de obra antigua a la que me gustaría dar salida, dibujos y fotos sobre todo. Y soy curioso. Así que enviaré un original aleatorio a cada persona que me escriba contestando a estas cuestiones a dudaexistencial@daviddiez.com.

 

¡Vaya intensidad de respuestas, David, me has dejado loca!


Vamos a por la parte que nos toca: la casa, esta bendita y luminosa casa. ¿Cómo has ido amueblándola?
 
Pues la verdad es que yo soy un poco desastre para la casa; como verás tampoco es que esté muy amueblada… digamos que es algo así como economía de guerrilla, que voy haciendo cuando tengo tiempo; por ejemplo, la mesa del salón es un cajón con un cristal, con una base de patas de una silla. Cosas y algún mueble que cojo de los rodajes y que me voy trayendo, cosas de la familia (como el aparador de la habitación, que era de mi tía-abuela); pero poquito, porque no me gusta tener muchas cosas. Como verás, además, apenas hay cuadros en las paredes.

 

¡Vaya luz la de tu casa y cómo incide en todos los lados! Como en la colcha que tienes sobre la cama. ¿Quién la ha hecho?
Pues me la hizo la mujer que cuidó a mis hermanos mientras crecían en la calle Moratín. Como yo nací veinte años después y la mujer ya estaba muy mayor, no fue quien me cuidó a mí, pero aún así me tenía mucho cariño; así que un día me llamó para preguntarme mis colores favoritos y a las dos semanas me vino a traer esta manta tan guay.

 

 

¿Y esta estructura con las fotografías, qué es, una caja de luz?
Sí, es de un trabajo que hice para Absolut, y cuando llegó el momento de cambiar los modelos viejos por los nuevos y de decidir si los llevábamos al basurero, decidí llevarlo al estudio. Del estudio se vinieron aquí, después les cambiamos la foto (que es mía) y hasta ahora. Y es guay, porque por la noche da una luz muy bonita. La jaula me la regaló mi amigo Antoine Hertenberger, que habíamos trabajado en varias escenografías juntos y en una ocasión yo estaba trabajando en una y la idea que tuve era una especie de jaula gigante en la que había gente dentro, hice un dibujo de eso que yo me imaginaba, y a las dos semanas encontró en el rastro exactamente lo mismo que había dibujado yo, así que la compró y me la regaló.

 

 

¿Las minidiapos esas?
Pues las traje de un viaje a Portugal, y una de las tiras es la historia de Juana de Arco resumida en seis escenas y la otra es una historia de Lassie. Cuando lo vi me hizo mucha gracia, porque la una es una historia súper banal de cómo Lassie se cae a un pozo y la otra, en el mismo espacio, cuenta la vida de Juana de Arco (las guerras, la hoguera, todo…). Y la otra tira es del Monasterio de Lourdes.

 

 

¿Y esos muñecos de metal?
Los hace un artista que se llama Getulio (en Brasil), que vive en la calle, y va recogiendo basura con su carrito y después construye muñecos como éstos que me trajo una amiga en uno de sus viajes.

 

 

Tu objeto fetiche.
Pues en mi caso, como soy bastante desprendido para las cosas, he escogido a mis gatos, que llegaron a esta casa a la vez que yo.

 

Genial, cuéntame entonces la historia.
Hay un tipo en Madrid que es criador de gatos negros rusos, de esos que son grises grandotes, con los ojos azules o verdes… El padre de Frisbil y Pisbil es precisamente negro ruso, pero la madre es una de estas gatas de mil razas, con colores feos, entonces, algunos de los gatos de la camada salen como si fuesen negros rusos y los vende al precio que suelen costar, unos 600€, pero otros no salen así y entonces los vende mucho más baratos, como es el caso de los dos míos. Tienen la misma constitución y el pelo con la misma textura, pero con el color canela de la madre. Y allá que me fui, a por ellos, ¡uno en cada bolsillo de lo pequeños que eran! Y aquí llevan toda la vida… Son tranquilos, pero de vez en cuando se tiran por el balcón; de hecho se han tirado dos veces ya cada uno. Se ponen en el balcón y cuando ven pasar a las palomas pues sacan la pata un poco, después otro poco y al final ya la sacan tanto que el contrapeso les vence y se caen abajo. Uno de ellos tiene una placa de titanio y el otro también un clavo en la muñeca. Y puf, cada vez que se caen, es un drama…

 

 

 

¿El señor de la foto es tu padre?
Sí. Y es una imagen que me encanta porque es muy representativa de ese momento que tanto le gusta a él, por la mañana, con su pipa, su café y su periódico. Y además, en una fase de la vida que tiene ahora, que se ha ganado después de mucha batalla y de mucho crecimiento personal. Y… espera porque hay más, me parece también muy representativa porque como ves, lleva vaqueros; es la primera vez en su vida que los lleva y por eso, cuando veo la foto, me da alegría porque le veo ahí disfrutando.

 

 

Ya, viendo lo que estoy viendo, deduzco que esa lámpara-bidón también la has hecho tú, pero cuéntame.
Pues sí, así es (risas). Esta lámpara proviene de una instalación de hace diez años, coincidiendo con el primer aniversario de la revista Glamour en España. El sitio del evento era el Retiro, por la noche y, como teníamos muy poco presupuesto para hacer el letrero gigante en el que se indicaba “la fiesta de Glamour es aquí” pero tenía que aparentar algo grande y chulo, pues lo que hicimos fue hacer una composición con bidones a modo de megapíxeles, con bombillas azules y amarillas. Debimos de comprar unos 700 bidones para hacerlo y al final pues prácticamente todos nos quedamos con alguna lámpara de estas. El maniquí también está intervenido. Lo encontramos en la calle y me gustó mucho ver que por dentro está hecho de fibra de vidrio, de ahí que decidiese meterle una bombilla porque al iluminarse se percibe todo el interior, la trama, las manchas de la propia fibra y demás.

 

 

 

¿Quién es el autor de estos cuadros que parece que están hechos como a bolígrafo?
Pues soy yo también. Es una serie que hice que se llamaba “El retablo del homenaje”. Eran siete cuadros, así como en una composición de retablo renacentista, como siete sibilas mirando a una imagen central… Pero hice las cuatro primeras y puf, al final no lo terminé porque me llevaba mucho tiempo.

 

Me encanta esta caja que contiene tantas pequeñas cosas… ¿qué es cada cosa de lo que hay?
Los relojes son de mi bisabuelo y de mi abuelo. Este lo tengo cerrado porque es de los que no tenía espejo y las agujas se movían a mano, y así no se estropea. Y el otro es del abuelo de mi padre, Celso, que vivía en un pueblecito de Burgos y con este reloj iba a trabajar al campo todos los días; pero un día se cayó y la mula que tiraba del arado lo pisó. Pero se lo arreglaron y a día de hoy, como verás, sigue funcionando en cuanto le damos cuerda. Esto otro me lo regaló mi amigo Luis Úrculo, de un chico que hacía pistolitas con materiales como éste, que es un trozo de una rama de árbol y que es el mismo que me trajo de China unos zapatitos maravillosos que hay en la entrada. La postal es de un viaje que hice a Moscú. Y después la hoja con el abecedario es porque dos tías-abuelas tenían un colegio y, cuando fallecieron y tuvimos que limpiar la casa, tenían muchísimo material escolar, plumillas, plantilla, cosas tipográficas… Y decidí quedarme uno.

 

 

¿Y el bordado de la pared?
Lo hizo mi chica. Según ella, la figura de arriba soy yo, que me ha representado como un samurái dorado volador, y ella es la figura de abajo, que es algo así como un calamar de colores. Me parece maravilloso, pero reconozco que es un poco surreal.

 

Por la colocación del libro, se deduce que es importante, ¿qué es?
El libro este pequeñito fue el primer libro que publiqué. Son retratos que hacía en mi agenda cuando iba en el metro y en el autobús, y se llama “¿Me estás dibujando?” porque un día que iba yo en el último metro, cerca ya de las dos de la mañana, una de las personas que retraté estaba leyendo y al verme me dijo “¿Me estás dibujando?”, a lo que yo respondí con un “Mmm, sí”. Y ella añadió “Ah, vale”. Ella siguió leyendo y yo seguí dibujando. Decidí sacar este mini-libro y a los meses me llamaron de PhotoEspaña para decirme que llevaban un tiempo buscando al autor porque querían que lo expusiese, y bueno, de ahí surgió un vídeo. Así que bueno, tuvo una vida bastante bonita porque de algo que eran simplemente unos dibujos en mi agenda, derivó en todo eso…

 

 

¿Y ese momento papiroflexia y lámparas?
Pues nuevamente son de un rodaje. El uno es de cartulina y el otro de papel, y el grande es de caramelos Paco, pero el otro, el que tiene más volumen, lo compré en una tienda así como muy particular en Barcelona.

 

 

¿Por qué tienes tanto calzado? Siendo un chico, me llama aún más la atención, la verdad… Cuéntame el porqué, por favor. 
Pues ahí en el suelo habrá la mitad aproximadamente, porque en el armario tengo otros tantos. No es que sea fetichista, sino que me divierte. Me da mucha rabia tener que vestir aburrido, y creo que el calzado siempre aporta un toque que puede ser divertido. Yo es lo primero que elijo; después ya pienso el resto de la ropa. Y bueno, confieso que algunas de las zapatillas no son ni de mi talla y a veces voy malamente, pero oye, cuando me gustan mucho pues no me aguanto y me los compro igual. Y otras veces, lo que hago es comprar el mismo modelo varias veces, porque sé que los destrozo. No sé, es que creo que pierdo mucho tiempo decidiendo cosas (en general, en mi vida) así que cuando encuentro algo que sé que me gusta especialmente, pues pienso “¿para qué voy a andar con tonterías si ya no me va a crecer el pie más y el gusto no me va a  cambiar? Así ya tengo calzado para algún año más”.

 

 

Esta zona abierta dices que es en la que, cuando trabajas en casa, estás más cómodo y tranquilo. ¿Por qué?
Pues porque está al lado del patio interior y apenas hay ruido (salvo el piar de los pájaros), la luz que hay es muy constante y bueno, es importante. Porque en el otro ala de la casa eres mucho más consciente del paso del tiempo, la luz va recorriendo las estancias y sabes que es cierta hora porque hay más trajín, y esas cosas… ¿Y esta mesa en la que trabajas, de dónde es? Pues me la regaló mi hermano por un cumpleaños, que era de una tienda que había aquí en el barrio, con muebles que él reformaba; y la verdad es que me encanta porque es una pequeña joyita danesa. Y las sillas son de la calle, las he retapizado y estoy pendiente de darles una segunda mano de pintura para que estén más decentes, pero sí, ¡en la calle hay auténticas maravillas!

 

 

La cocina también es algo particular… 
Pues sí… quizá sea de las pocas cocinas que, en realidad, no es una cocina y que no tiene fregadero. Cuando compré la casa, aquí no había nada y bueno, la realidad es que llevo aquí seis años y no necesito tener un fregadero. No sé, la gente siempre me dice “David, que vas a estar más cómodo, ya verás…” pero es que, sinceramente, yo así, como estoy ahora, ya estoy cómodo. Cuando tengo que fregar ando unos pasos más y lo hago en el baño. Y cocinar, pues con los fuegos supletorios me apaño perfectamente. Vamos, que de hecho hago cenas para seis y ocho personas sin problemas. Y con respecto a las baldas y demás, pues, exceptuando la empapeladora, todo lo he hecho yo, lijado pintado, el encaje del mueble, la bandeja… No sé, casi todo.

 

 

 

Y con respecto al estudio, cuéntame.
Pues estamos aquí desde hace un año y medio aproximadamente. Esto inicialmente fue una vivienda, después creo que fue una oficina y ahora pues es un estudio. Hicimos la reforma y quisimos dejar este primer espacio de aquí algo neutro, blanco, diáfano y útil. Salvo la parte que da más a la calle, que es donde están nuestros despachos, preferí que todo lo demás fuese llenándose de cosas en función de nuestro propio crecimiento como estudio. No quise crear infraestructura antes de saber qué es lo que iba a necesitar. Es una disciplina y un criterio similar al que tengo en casa, como has visto.

 

 

 

¿Me puedes contar de dónde vienen todas estas sillas tan bonitas?

Las sillas que hay en el estudio algunas las he reconstruido o restaurado yo, otras son de la calle que me he encontrado en buen estado y así se han quedado y otras son compradas. Es que no sé, prefiero ir adquiriendo cosas concretas poco a poco. Cuando junté un poco de dinero compré estas Eames, o las otras… Las concibo como pequeñas inversiones. En lo que sí que gastamos dinero de manera sistemática es en biblioteca. Cada mes destinamos una pequeña partida para comprar libros y flores. ¡Y con eso sí que soy fetichista: con las publicaciones!

 

 

Explícame qué significa exactamente eso de “Zhunder Mambo” que aparece en las bolas.
Pues quiere decir que las cosas que hay que hacer son las que tienen mambo, con ese punto que tiene el mambo, lúdico, divertido, rítmico; pero que también son zhunder, duras, agresivas… De alguna manera viene a decir “pásatelo bien, pero trabajando”. Y las bolas es porque a principios de año S Moda me pidió (junto con otros diseñadores) hacer una interpretación de lo que era para mí una decoración navideña y de mi deseo para el 2014, y yo lo representé en una especie de bolas de los niños de San Ildefonso, algo así como “¡Lo que te deseo para este año es Zhunder Mambo!”.

 

28 julio 2016 by ROCÍO ÁLVAREZ

El regreso de la mecedora


Sí, la mecedora vuelve, pero reinventada y con aires de diseño de vanguardia con Mecedorama.


15 julio 2016 by SANDRA BÓDALO

Historias de porcelana


“Come on people” es la nueva campaña de la firma madrileña de joyas y bolsos Andrésgallardo.


19 mayo 2016 by SANDRA BÓDALO

Estampados con vida propia


Siesta es una firma de diseño que quiere colorear nuestros hogares con sus cojines estampados.



Comentarios:

Añadir comentario
Raúl Baeza says:

Grande David!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *